Torreciudad

No sé si conocerás el santuario de Torreciudad… tiene bastante historia, ligada a San Josemaría y al Opus Dei.

Tiene su página web Torreciudad.org, que está algo anticuada, pero en breve saldrá la nueva versión, y un grupo de facebook Torreciudad, donde puedes dejar tus preguntas y testimonios sobre el santuario, o conocer a otras personas que hayan pasado por allí.

Como anécdota, copio un artículo sobre la curación de San Josemaría por mediación de la Virgen de Torreciudad:

    A lo largo de nueve siglos, desde los días mismos de la Reconquista, se ha rendido culto de modo ininterrumpido a Nuestra Señora de Torreciudad en su ermita colgada a pico sobre los imponentes acantilados que dominan el cauce del río Cinca en el último tramo angosto que este río ha excavado para ganar las tierras llanas del Somontano de Barbastro, a unos 22 kilómetros al noroeste de esta localidad. Durante tanto tiempo, generación tras generación, los pueblos de la comarca han mantenido viva la costumbre de acudir en peregrinación a este lugar para rezar ante la Virgen, confiarle sus alegrías y penas, pedir por sus necesidades y agradecerle favores y gracias.

    La historia de Torreciudad llega viva hasta nuestros días, y recogió a comienzos del siglo XX un nuevo capítulo, inserto plenamente en una tradición de siglos de fe cristiana y piedad mariana. Este episodio se halla íntimamente ligado a la vida del Fundador del Opus Dei, y en él se inscribe la construcción del nuevo santuario donde hoy se rinde culto a la Madre de Dios, bajo la advocación de Nuestra Señora de Torreciudad, Reina de los Ángeles.

    Este capítulo es también parte entrañable de la historia del Opus Dei, y se abrió en 1904, en Barbastro (Huesca, España). San Josemaría Escrivá de Balaguer, cuando apenas tenía dos años de edad, contrajo una grave enfermedad y fue desahuciado por los médicos. Éstos, perdida ya toda esperanza, anunciaron a los padres que al niño le quedaban pocas horas de vida. En esos momentos de ansiedad, cuando los medios humanos ya nada podían, la madre, doña Dolores Albás, pidió confiadamente a Nuestra Señora de Torreciudad —por la que sentía gran devoción— el favor de la curación de su hijo, prometiéndole que, si se salvaba, lo llevaría a la ermita para ofrecerlo a la Virgen, en peregrinación de acción de gracias.

    Nuestra Señora acogió su oración. La noche en que el médico había abandonado la casa la enfermedad hace crisis y comienza a remitir. Cuando a la mañana siguiente vuelve el doctor Camps y, en tono ya de condolencia, pregunta: —“Pepe, ¿a qué hora ha muerto el niño?”, los padres contestan con alegría: “No solo no ha muerto, sino que está perfectamente”. El alborozo fue grande en la casa, y el agradecimiento a la Virgen también.

    Los padres cumplieron puntualmente su promesa. No era fácil, por los caminos de entonces, llegar desde Barbastro a Torreciudad; y el viaje se hacía más incómodo, y hasta peligroso, en la última parte del recorrido, cuando había que seguir los vericuetos de un escarpado sendero que remontaba a media altura las empinadas laderas de la hoz del Cinca. La memoria de aquella romería permaneció viva en el hogar de los Escrivá, y allí, Josemaría oiría más tarde el relato de la aventura. Se le quedó muy grabada, y habría de recordarla a menudo: “Me trajeron mis padres —contaba—. Mi madre me llevó en sus brazos a la Virgen. Iba sentada en la caballería, no a la inglesa, sino en silla, como entonces se hacía, y pasó miedo porque era un camino muy malo”.

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