Textos para clases de teatro

ALGUNOS TEXTOS ESCOGIDOS

HAMLET (Shakespeare)

(Acto 4, escena IV)

¡Cómo me acusan todos los sucesos y cómo aguijonean mi torpe venganza!
¿Qué sería el hombre, si el principal bien y el interés de su vida
consistieran tan sólo en dormir y comer?
Una bestia, nada más.
Seguramente, Aquel que nos ha creado con una inteligencia tan vasta
que abarca lo pasado y lo por venir,
no nos dio tal facultad y la divina razón para que se enmoheciera en nosotros
por falta de uso.
Ahora, sea olvido bestial o algún tímido escrúpulo de reflexionar en las consecuencias
con excesiva minucia
-reflexión esta que de cuatro partes tiene una sola de prudencia
y siempre tres de cobardía-,
no comprendo por qué vivo aún para decir:
“Eso está por hacer”,
puesto que tengo motivo y voluntad
y fuerza y medios para llevarlo a cabo.

(Acto 3, escena I)

¡Ser o no ser; he aquí el problema!
¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna,
o tomar las armas contra un piélago de calamidades y,
haciéndoles frente, acabar con ellas?
¡Morir… dormir; no más!
¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón
y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!

LA VENGANZA DE DON MENDO (Muñoz Seca)

(Jornada primera)

Los cuatro hermanos Quiñones
a la lucha se aprestaron
y al correr de sus bridones,
como cuatro exalaciones,
hasta el castillo llegaron.
¡Ah del castillo! –dijeron-.
¡Bajad presto ese rastrillo!
Callaron y nada oyeron,
Sordos, sin duda se hicieron
los infantes del castillo.
¡Tended el puente!… ¡Tendello!
Pues de no hacello, ¡pardiez!,
antes del primer destello
domaremos la altivez
de esa torre, habéis de vello…
Entonces, los infanzones
contestaron: ¡Pobres locos!…
Para asaltar torreones,
Cuatro Quiñones son pocos.
¡Hacen falta más Quiñones!
Cesad en vuestra aventura,
Porque aventura es aquesta
que dura porque perdura
el bodoque en mi ballesta…
Y a una señal, dispararon
los certeros ballesteros,
y de tal guisa atinaron,
que por el suelo rodaron
corceles y caballeros.
Y, según los cronicones,
aquí termina la historia
de doña Aldonza Briones,
cuñada de los Quiñones
y prima de los Hontoria.

ROMEO Y JULIETA (Shakespeare)

(Acto 2, escena II)

Julieta.-    ¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes a sorprender mis secretos?

Romeo.-    No sé de cierto mi nombre, porque tú aborreces ese nombre, amada mía, y si yo pudiera, lo arrancaría de mi pecho.

Julieta.-    Pocas palabras son las que he oído de esa boca, y sin embargo te reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de la familia de los Montescos?

Romeo.-    No seré ni una cosa ni otra, ángel mío, si cualquiera de las dos te enfada.

Julieta.-    ¿Cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las paredes de esta puerta son altas y difíciles de escalar, y aquí podrías tropezar con la muerte, siendo quien eres, si alguno de mis parientes te hallase.

Romeo.-    Las paredes salté con las alas que me dio el amor, ante quien no resisten aún los muros de roca. Ni siquiera a tus parientes temo.

Julieta.-    Si te encuentran, te matarán.

Romeo.-    Más homicidas son tus ojos, diosa mía, que las espadas de veinte parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable.

LA VIDA ES SUEÑO (Calderón de la Barca)

¡Ay, mísero de mí! ¡Y ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
¿qué delito cometí
contra vosotros, naciendo?
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos,
dejando una parte, cielos,
el delito de nacer,
¿qué más os pude ofender
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?

FUENTEOVEJUNA (Lope de Vega)

El Rey.-    ¿Quién mató al Comendador?

El pueblo.-    ¡Fuenteovejuna, señor.!

El Rey.-    ¿Y quién es Fuenteovejuna?

El pueblo.-    ¡Todos a una, señor!

TEXTO 11

    ¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?
    ¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?
¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?
¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?
¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?
¿Vamos a visitar esta tarde el museo de ciencias naturales?

TRABALENGUAS

–    “Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal”.

–    “El cielo está enladrillado, ¿quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será.

–    “El arzobispo metropolitano de Constantinopla se quiere desarzobispometropolitanoconstatinapolizar, ¿quién lo desarzobispometropolitanoconstantinapolizará? El desarzobispometropolitanoconstantinopolizador que lo desarzobispometropolitanoconstantinopolitanice, buen desarzobispometropolitano- constantinopolizador será”.

–    “Pablito clavó un clavito, ¿qué clavito clavó Pablito?”

–    “Tengo una cabra ética, pelética, pelamelamética y peluda, que tiene siete cabritos éticos, peléticos pelamelaméticos y peludos. Si la cabra no hubiera sido ética, pelética, pelamelamética y peluda, no hubiera tenido siete cabritos éticos, peléticos, pelamelaméticos y peludos”.

DIÁLOGO 22

•    ¿Podríamos mantener una conversación en voz baja?
–    Dígame usted al oído lo que quiere.
•    Es que, como tengo esta vocecita, no sé si me oirá.
–    Pues hable con un poco más de volumen.
•    Pero, entonces, se me debilitará la voz.
–    Pues dígame lo que quiere a gritos.
•    Sí, para que se entere todo el mundo.
–    A mí no me grita usted de esa manera.
•    Pero si yo no estoy gritando.
–    ¿No? ¿Y quién daba esos alaridos de antes?
•    ¿Yo alaridos? Pero si le estoy hablando en un murmullo.

DIÁLOGO 23

•    Estoy ensayando para cantar un rock.
–    Pero esta melodía no me gusta demasiado.
•    No me sermonees con esa voz de gato.
–    Mejor sería que aprendieras algo de solfeo.
•    ¿Para qué? ¿Para hacer gorgoritos como tú?
–    ¡Pues anda que tú! Si pareces un gangoso cuando cantas.
•    Y tú, un yanki cantando gospel.
–    Por lo menos no doy esos berridos atronadores.
•    ¿Qué vas a dar tú, con esa vocecita de pajarito?
–    Mejor que tú, con tu ronquera.
•    ¿Ronquera? Es la voz ideal para cante jondo.

BRINDIS

Cuando en la taberna estamos
de todo nos olvidamos
sin que nada nos impida
pegarnos la buena vida.
Es en la alegre taberna
donde el oro manda y reina
y todo cuanto allí ocurre
divierte y jamás aburre;
sinvergüenzas asociados
beben y juegan a dados.
Hay quien pensó que jugando
su cartera iría llenando;
ahora está el pobre pagando
pobre, desnudo y llorando.
Todos olvidan la muerte
si el dios Baco está presente.
Siempre se encuentra un buen caso
para tener lleno el vaso:
¡Brindemos por los cautivos!
¡y por los presentes vivos!

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