Testimonio de una vocación al Opus Dei

Mi historia en el Opus:

Me presento: mi nombre es Jesús, tengo 36 años y soy psicólogo.
Por cierto yo desde los 16 años dejé de ir a Misa y de rezar. Bueno rezar en contadas ocasiones, para pedir algo.
Cuando tenía 18 años, alguien me presento a un compañero que hacía Derecho y que vivía en un colegio mayor de la prelatura del opusdei.
El chico era simpático pero pese a ello nunca consiguió que me acercase por el colegio mayor, ni por ninguna de las actividades.
¿Por qué? Pues muy sencillo, todos me decían que el Opus era una organización peligrosa. Y, la verdad, todo era ocultismo: no se sabía nada, nadie contaba nada, y encima parecía elitista. La cosa es que yo nunca fui. Si a todo esto sumamos que yo por aquellos años era muy tímido pues -qué narices- me dio miedo.

Pasados los años me trasladé a Madrid, ciudad en la que viví algún tiempo, y allí conocí a un compañero de trabajo, que -casualidades de la vida- era numerario. Tampoco consiguió que me acercase a ninguna labor, ni tan siquiera ver un centro desde fuera. (Igual se me pegaba algo).

Regresé a Galicia y mantuve con este amigo correspondencia por e-mail. Él seguía insistiendo en que visitase un centro en mi localidad, y yo en mis trece: “que NO, pesado”.

Bueno, instalado en mi ciudad, escribí una carta a través de la web del Opus Dei, para que me diesen la dirección del centro. A los pocos días recibí un Emilio (como veréis no recurrí a mi amigo, es más: ni se lo comenté; quería ser yo sin mediación de nadie).

Desde el centro me escribieron una carta invitándome a visitarlo. Así que, visto lo visto, digo: “pues lo siento, no voy”. (Aun sigo siendo algo tímido). Mi amigo sin saber nada seguía insistiendo, y yo diciéndole que no era lo mío.

Pasó un año o algo mas, y otra carta a la web. Esta vez me llamaron por teléfono al trabajo, mi secretaria me pasó la llamada y quedamos (yo seguía desconfiando así que lo cite en mi despacho; en mi terreno). Un agregado, fallecido recientemente, me visitó en mi despacho. No me dijo nada, sólo me invito a ir por un centro, a lo que yo me comprometí asistir ese mismo viernes. Además, me dejó una estampa de San Josemaría.

Llegó el viernes. Durante la semana mi secretaria -que tiene un ojo algo superior- me decía “no te juntes con esos del Opus, que son peligrosos, son como las sectas…”, y le digo “qué dices del Opus, el chico que vino el lunes es del Opus” y le digo “de eso nada”, respuesta “ya, ya…”. Todo esto lo aderezaba en los cafés de la mañana, con todo tipo de cosas y chismes sobre la Obra. Así que, ante tanto mal ambiente, digo: “pues no voy”.

Salí de trabajar el viernes a las 17:00, pasé por una librería a comprar unos libros, y al pagar se salió las estampa del Padre (toda la semana había estado en la cartera y no salió del sitio). Al rato me llama este agregado para preguntar si voy a ir y me invento una excusa, pero sin cerrar del todo la posibilidad.

Al salir de allí me voy a un centro de enseñanza, que tenía junto con otros dos socios. Al llegar, en el despacho había una señora pagando algo, no recuerdo el qué. Sólo sé que me pidieron cambio, al abrir la cartera la estampa del Padre otra vez por el suelo… (Aquí comienzo a preocuparme: tanta casualidad no es normal).

Suena el móvil y otra vez me llama el agregado: “que si vienes, que te espera D. Jose”. La verdad, pasaba ya media hora de la hora fijada, pero digo, “sí, que me espere, que voy”.
Crucé la ciudad andando (es una ciudad pequeña, y entre el centro de formación y el centro hay unos quince minutos andando). Llegué, me enseñaron el club de forma rápida, y una charla con el cura.
Al salir me sentí como nuevo, como con una energía que antes no tenia. Desde aquel momento comencé a ir a la formación, a las charlas … Hasta hoy que soy uno mas de esta casa.

Parece una historia preparada, o sacada de alguna publicación de la Obra, pero es mi historia tal cual ocurrió.

Por cierto, mi amigo numerario se enteró de todo cuando ya había entrado como colaborador. Hasta esa fecha ni palabra. ¿Por qué? Quería ser yo el que entrase, el que viese las cosas. Y no que alguien me pudiese empujar.

Los caminos que Dios tiene para cada uno son insospechados.
Doy muchas gracias a Dios por tu vocación.
No tengo nada más que decir. Ya se ve cómo actúa la Gracia de Dios en las almas.

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