Test de personalidad


EL AMORFO

 

Características del amorfo

 

·      Extravertido inadaptado.  Vagotónico acen­tuado.

 

·      Su rasgo fundamental es la pereza.  Pereza fá­cilmente visible (distinta de la del nervioso).  Debilidad de la tensión psicológica.

 

·      Personas bien equilibradas y que se adaptan fácilmente a todos los medios.

 

·      Está entre el nervioso y el sanguíneo.  Hay amorfos paranerviosos y amorfos parasan­guíneos.

 

·      Se abre pasivamente a las solicitudes del am­biente y a las tentaciones de la facilidad.

·      Son más perezosos los paranerviosos.  Manos vacías, cabeza vacía, brazos colgantes.

·      Los parasanguíneos no aceptan el reproche de pereza (esto sirve para diferenciarlos).  Es­tos cumplen dócilmente el trabajo impuesto si es exigido por una autoridad competente.

 

Abandonados a sí mismos no harían nada.  Nunca hacen más de lo pedido.

 

·      Si tienen que esforzarse, «lo dejan para ma­ñana».  Hace las cosas a última hora (para que le ayuden los que han terminado).  Es el menos puntual.

 

·      Los parasanguíneos muestran una pereza

electiva.  A veces lo hacen bastante bien en

lenguas vivas y en geografía (si se interesan por las matemáticas no son amorfos).

 

·      Si come, duerme y juega como los demás, su pereza es del carácter (si no es así, es que es asténico).

 

·      Comilón (el más lento y el que más come).  Gran atracción por la cama y el sueño.  Poco cuidadoso de su asco.

 

·      Hace gustosamente deporte (deportes colec­tivos).  No gimnasia.  Conformista (hacer co­mo los demás).

 

·      Le falta sentido práctico.  Es el prototipo del «pasmado».  Es torpe.  Siempre quiere acabar pronto; «ya está bien así».

 

·      Es desordenado (une torpeza y pereza).  Se expresa mal.  Tiende a hablar económicamen­te, acortar relatos, etc.

 

*     Tiende a derrochar comida, papel y dinero: persuadirle de que no actúe así.

 

·      Defectos sociales (poco servicial, etc.).

 

·      Le gustan mucho, al que más, los juegos de azar.

·      Sin gusto por la acción.  Tiene más éxito en el trabajo que exige paciencia y poca imagina­ción y sentimiento.

·      Ejemplo de amorfo ilustre: La Fontaine.

 

 

Tratamiento del amorfo

 

·      Necesita una clara y firme autoridad.  Com­prensiva firmeza.

·      Una vigilancia exacta (contra la pereza).  No le sirven planes para el futuro, ni resultados a largo plazo.  Movilizar, no su vanidad, sino el sentido de sí que esta supone.  Encerrarlo en un pasillo: a un lado, esfuerzo impuesto y re­compensas prácticas 0 morales; al otro, debe presentir el reproche y la sanción.  Realizará el esfuerzo. «Sanciones»: supresión de una golosina o de un postre, de una diversión 0 de un paseo; privarle de alguno de sus gustos.

·      Revelación de sí.  Señalarle su gusto por la inactividad, su negligencia en el trabajo, su fuerte tendencia a aplazar las cosas.  Mostrar­le que son tentaciones innatas en él y que las puede vencer.  Hacerle ver que es para su éxi­to. (Con todo los resultados serán pequeños).

 

·      Procurar un trabajo colectivo.  Si en este se le confió un esfuerzo adecuado, lo cumplirá (tiene muy en cuenta las críticas, las burlas o reproches de sus compañeros).  Los ejercicios deben ser adecuados, nada de temas abstrac­tos.  Darle ocasión de unir el pensamiento a la

 

actividad.

·      Atraer constantemente su interés (en la fami­lia y en el colegio) hasta que adquiera el há­bito de interesarse y esforzarse.

·      Ayudarle a tener un plan de pequeños sacrifi­cios en tomo a su sueño y comida.

·      Deporte: hacerle notar la alegría en el depor­te (de correr con estilo, de hacer un lanza­miento exacto, etc.). Esto le da cierto gusto por el esfuerzo.  Interesan las excursiones.

·      Misión de la familia: no dejar que se confine en la tibia inercia del hogar.  Darle ejemplo de energía, entusiasmo y actividad.  Advertirle sus desfallecimientos.  Encerrarle en una red de obligaciones firmes y constantes.  No ad­mitirle pretextos para faltar a sus obligacio­nes (cumplir su horario).  Hacerle que tenga orden en su habitación, se limpie los zapatos, etcétera.

o Hacerle que luche contra su falta de exacti­tud verbal, contra su tendencia a derrochar, su afán de pedir prestado y su poca puntualidad.

0 Incitarle a que cada día haga algo por los demás.

o Le conviene cambio de aires

 

 

La inteligencia del amorfo

 

Está muy condicionada por el carácter (el bi­nomio inactividad-primariedad obstaculiza el de­sarrollo de las aptitudes intelectuales).  Carece de tensión mental.  Razona con mucha lentitud y de forma superficial.  Está incapacitado para el razonamiento abstracto.

Al alumno amorfo no le interesa ninguna ma­teria y huye de cualquier esfuerzo.  Suele aplazar y descuidar las tareas que se le encomiendan y tien­de a aprovecharse del trabajo de sus compañeros.  Se muestra indeciso, torpe, desordenado, abúlico e inadaptado.  No se mueve si no le remolcan.  La fal­ta de curiosidad hace que no observe ni lea nadapor su cuenta.

No destaca en ninguna asignatura.  Tiene una capacidad aceptable solamente en geografía, histo­ria, dibujo y música.  Y está especialmente mal dotado para las matemáticas.

Solo tiene un interés moderado hacia las cues­tiones de tipo positivo: botánica y zoología.  No sir­ve para preparar unas oposiciones largas y difíci­les.  Más bien le van cargos administrativos, etc.

 

Cómo orientarle en el estudio

 

El amorfo necesita un control muy estrecho en el estudio diario, sin admitir excusas para su pere-

za. Hay que fomentar también el desarrollo de hábitos de orden y disciplina en la realización del

trabajo.

Conviene combinar el trabajo individual (para desarrollar actitudes de compromiso) con el traba­jo colectivo (como estímulo para su falta de ener­gía y pasividad).

El método de enseñanza y estudio debe ser ac­tivo y práctico.  Se trata así de aprender «hacien­do», a partir de problemas y situaciones reales y por medio del descubrimiento personal.

 

EL APASIONADO

características del apasionado

Hay dos tipos de apasionados:

*Acentuados:       Severos, sombríos, ensimisma­dos, aislados, muy ¡repulsivos, impacientes, susceptibles, críticos, intolerantes, encerra­dos en sus ideas, intratables; quieren do­minar.

 

·      Reflexivos: Ni severos ni sombríos, menos ensimismados, reflexivos, paciencia media, tolerantes, abiertos a las novedades y no do­minadores.

 

·      Fondo común: Violencia, acción decidida, concepción rápida, sentido práctico, ampli­tud de miras, independencia, don de obser­vación, buena memoria, ausencia de van¡­dad, cierta falta de valor ante el peligro.

 

Apasionado reflexivo

 

·      Se entrega a las tareas escolares; nunca ocio­so; sus juegos son complicados inteligentes (le gustan los mecanos, por ejemplo).

·      Le interesan cosas, personas y acontecimien­tos por los problemas que presentan.

·      Devora los libros de clases, los de lectura y de ciencias.  Libros y cuadernos minuciosamen­te cuidados.

·      De los trece a los catorce años instalados en su madurez.

·      A veces, expansiones de ternura.  General­mente, reserva y tensión.  Vigorosos senti­mientos familiares.

*No muy emotivo.  Perseverancia tranquila y totalmente continuada.  Impulsividad poco marcada, saben dominarse, bastante buen carácter (conciliador).

·      Es el que menos problemas presenta a sus padres y para quien la acción educativa es menos necesaria.

·      Su violencia es «vigor rápido».  Sin ostenta­ción hará a menudo el papel de Quijote.  Tampoco temerá obstinarse si cree que su causa es justa.

·      Decidida penetración para elegir sus actos.

·      Independiente (no le influyen las malas com­pañías).  Gusta de trabajar solo.

 

 

Apasionado acentuado

 

·      Se encuentran pocas personas que sean apa­sionadas acentuadas.

 

·      Plantea problemas educativos especiales y difíciles.

 

·      Hay varias clases:

 

·      Melancólico: meditativo o vindicativo.  La melancolía, borrada por la actividad, puede aparecer bajo el efecto de una enfermedad o de un choque moral.  Susceptibilidad muy vi­va. Escolar exacto y constante.  Pasión por la lectura seria.

 

·      Impetuoso: fuerte emotividad y fuerte activi­dad.  A veces apariencias de colérico.  De ellos, los estrechos dirigen con ciencia y voluntad en una sola dirección.  Terquerías hurañas.  Los anchos atentos a lo que desean y a cuan­to les rodea.  Estos ceden ante una convicción razonada.  Un impetuoso mediocremente do­tado no aceptará su fracaso.  Querrá compen­sarlo con trabajo excesivo o imponiendo su autoridad a los demás.

 

·      Ejemplos de apasionados famosos: Napo­león, Pascal, Miguel +ngel.

 

Tratamiento del apasionado reflexivo

 

·      Vigilar nuestra actitud ante él: juzga y sufre.

·      El trabajo en equipo -que no es su tenden­cia- le da sentido social y ocasión de ser un notable entrenador.  Le convienen excur­siones.

·      Llevarlo a la práctica deportiva.  Hay que de­mostrarle los beneficios del deporte (para su vida personal y para su salud).

*     Ejercitarle desde el punto de vista del valor (para el que está mal dotado).

·      Educación física, entrenamiento.

*     Fomentar el gusto por las artes plásticas y por la música.  Darle argumentos.

 

 

Tratamiento del apasionado acentuado

 

·      Necesita una sólida dirección, pero nunca in­comprensiva y brutal.  Hay que hacerle ver que se le comprende y se le ayuda.  Evitar ofenderle o decepcionarle gravemente (es un hiperemotivo).

·      A los acentuados impetuosos hablarles al co­razón al mismo tiempo; persuadirles y con­vencerles a la vez.  Si se obstinan, dejarles con sus meditaciones y discutir amigablemente sus objeciones.  No usar jamás de la burla.

 

*Acostumbrarle a meditar sus actos y, para conseguirlo, usar plenamente de la convic­ción razonada.  Plantearle claramente los problemas y se habituará hacerlo así. o Hay que estar atento a los chicos que medi­tan largamente las injusticias de que se creen haber sido víctimas.  Esta tendencia puede detenerse en un ambiente abierto, acogedor, optimista, después de cierto tiempo. o Habituarles a conocer los límites de su poder, no cediéndole en nada una vez se le haya no­tificado una razonable prohibición. 9 Proporcionarle un ambiente agradable.  Utili­zar la autoridad de la convicción afectuosa.

 

 

La inteligencia del apasionado

 

Tiene una tensión muy alta, al estar movilizada plenamente por el carácter.  Es una inteligencia muy apta para la abstracción y el razonamiento ló­gico.  Posee capacidad inventiva y gran memoria.  Tiene buena atención, imaginación y compren­sión.  No tiene ninguna incapacidad.

Está siempre ocupado y suele obtener buen rendimiento en todas las materias escolares.  Tiene afición al estudio y le gusta todo tipo de tareas.  Es prototipo de «buen alumno».  Prefiere trabajar solo.  Estudia de forma ordenada y metódica.

 

Aunque obtiene buenos resultados en todas las materias, destaca especialmente en matemáticas,

ciencias físicas y naturales, historia, lectura y redacción. Sus intereses son de carácter social, metafísico

y político.

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Es el alumno que menos ayuda y orientación necesita.  Pero, por esta misma razón, hay que exi­girle buenos resultados.  Hay que procurar también que salga de su aislamiento participando en activi­dades comunes y orientando a otros estudiantes con menos capacidad que la suya.  Es recomenda­ble igualmente, hacerle reflexionar acerca de cómo llevar a cabo las distintas tareas.

 

EL APÁTICO

Características del apático

·      Imita bastante bien una riqueza interior, de que carece totalmente.

·      De pequeño suele ser enclenque, sin resisten­cia.  Infancia sin vigor.  Pubertad expuesta a reacciones de semioposición (fugas, peque­ños hurtos, mentiras).

·      Pereza.  Carece de tensión y fuerza psicológi­ca. Enfadadizo.  Irreconciliable, testarudo, niño de principios, ahorrador.

·      Se divierte poco, responde parcamente, man­tiene largos silencios.  En el descanso se aísla 0 marcha entre los grupos sin quedarse en ninguno.

·      Es muy rutinario.  Es esclavo de su pasado.  Piensa, habla y obra como ha pensado, ha­blado y ha obrado siempre.  Esto da la impre­sión de fuerza y tenacidad, pero es simple inercia.

·    Es quizá el carácter más desolador.  Le faltan los recursos de la energía.  No se interesa por sí mismo ni por sus compañeros.  Vive blanda y pasivamente.  Es el menos charlatán de los niños.  Encerrado en sí mismo y secreto.  Hu­mor variable.  Gusto por la soledad.  Docilidad aparente (interiormente no acepta).  El me­nos compasivo.  Hostilidades frías y sola­padas.

 

Siente horror por la «novedad».  Crueldad pa­ciente y fría.

 

o Ejemplo de apático famoso: Luis XVI.

 

 

Tratamiento del apático

 

·      Utilizar con él los métodos activos y los procedimientos estimulantes, el trabajo en equipo.

 

·      Integrarlo en un medio social comprensivo y vivificante.

 

·      Forzarle a salir de sí mismo para volcarse ha­cia los otros; cultivar desde el principio las virtudes altruistas; hacer llamadas frecuentes a su interés.

 

·      Para hacer surgir la actividad: revelarle las satisfacciones del esfuerzo personal; poner este esfuerzo al alcance de sus posibilidades.

*     Sacarle de la rutina y del automatismo buscando un comportamiento autónomo y deli­berado.

o Elevar sus aspiraciones.

 

 

La inteligencia del apático

 

Es, junto con la del amorfo, la que posee me­nos aptitudes.  Carece del estimulo de la emotivi­dad y de la ayuda de la actividad.  Por esta razón permanece casi en estado potencial, sin movilizar; prácticamente sin tensión.  Es una inteligencia muy mal dotada para extraer lo esencial, para la abstracción y para el establecimiento de relaciones lógicas.  El pensamiento es incoherente y pobre de ideas.

No le suele interesar ninguna actividad escolar, lo que unido a la falta de capacidad y de esfuerzo en todas las materias, origina malos resultados.

Tiene aptitud moderada solamente para la his­toria.  Carece prácticamente de intereses intelec­tuales (solo manifiesta cierta curiosidad por lo de tipo positivo).

 

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Hay que combinar la motivación con la exigen­cia.  Por una parte, convendrá rodearle de un ambiente familiar estimulante para su trabajo, interesarnos por lo que hace y proponerle metas de dificultad progresiva.  Por otra parte, hay que controlar estrechamente sus deberes escolares y fomentar hábitos de trabajo y actitudes de apertura y colaboración con sus compañeros de estudio.

 

Los métodos de enseñanza y de estudio deben ser activos y prácticos.

 

EL COLÉRICO

Características del colérico

·      Extravertido, sonrisa amable, jovial, movi­mientos prontos y graciosos.  Muy cordial.

·      Juguete de su impulsividad, violento, excita­ble, susceptible y con simpatías muy marca­das.  A la búsqueda de impresiones siempre nuevas.  Deseoso de resultados inmediatos, pronto consolado, mentiroso por tendencia a la exageración, muy charlatán y hablando más de sí y de los otros que de las cosas.

·      De pequeño es el alumno turbulento, inesta­ble, agitado, atento a todo, que colecciona en su bolsillo o pupitre los objetos más varia­dos.  Pubertad penosa (rebelde en exceso, ofensivo, pendenciero).  Se insubordina con frecuencia.

·      Sin complejos.  Audacia, acometividad.  Acti­vo, expedito, emprendedor.  Es de gran efica­cia en segunda línea, dirigido por un jefe que tome la responsabilidad.

 

·      Alterna los arranques afectuosos con las bruscas violencias y las actitudes casi de ren­cor.  Escoge sus afectos de un modo exclusi­vo. Se opondrá con una hostilidad ostentosa (plantea muchos problemas).  El círculo fa­miliar le parece estrecho y mezquino.  Quiere libertad.  Voluntad de independencia.

·      La camaradería es una predilección suya: in­fluye pronto en un grupo con la brillantez de su palabra, etc.

·      Participa con gusto en trabajos en equipo.  Lo hará con entusiasmo si ha contribuido a de­cidir.  Dispuesto, indistintamente, para lo me­jor y lo peor (prestar un servicio con total en­trega o armar alborotos).

·      Generoso, compasivo y servicial.  Solo se in­teresa por los que aprecia.  Alegre y de buen humor.  Bromista pintoresco, grosero a veces por efectuar la broma.

«> Es práctico y tiene inventiva.  Es francamente honrado.  No miente para engañar.  Hincha, embellece, colorea y pinta su conversación. o Capaz de una poderosa concentración para afrontar una urgencia (brillante exhibición en un examen oral).

·      Optimismo total.

·      Sensible a lo que se diga, a la oratoria, a las apariencias.  No sintetiza.  De ahí su conducta siempre cambiante (no mala fe).

·      Sueña con todo sin decidirse por nada.  Desea vagamente sin escoger.

·      Tiende a la improvisación y a la precipi­tación.  Su rapidez intelectual está relaciona­da con inestabilidad emotiva, arrebatos, etc.

·      Ejemplos de coléricos famosos: Víctor Hugo, Mirabeau.

 

 

Tratamiento del colérico

 

·      Ofrecerle salidas a sus deseos de actuar (de­portes, etc.).

 

·      Hay que llegar a él por el corazón, nada de razonamientos lógicos.  Una orden dada le impulsa a la rebeldía, y hace justamente lo contrario.  Sugerirle, inspirarle decisiones fe­lices.  Necesita una personalidad -padre, pro­fesor- que se le imponga para precederle.  Se dejará conducir si le domina una confianza viva y firme, sonriente y vibrante.

 

·      Debe sentir constantemente nuestra simpatía, incluso al hacerle vivos reproches.  Evitar re­proches públicos y humillantes, no porque conserve una herida definitiva, sino porque se rebelará o huirá.  Decirle las cosas a solas, ha­ciéndole ver que su falta no es digna de él, que

vale mucho más de lo que su gesto parece de­mostrar.  Así se halagará y se movilizará útil­mente.

·      No se conseguirá nada si no se le ofrece un objetivo que alcanzar, que le tiente.  Respetar sus proyectos, cultivarlos, precisarlos y man­tenerlos en un cierto nivel.  Recordarle que debe consagrase por entero a su preparación.

·      Beneficio doble: orienta su fogosa actividad e introduce en ella constancia y unidad.  Discipli­na activa apoyada en la emotividad y una aspi­ración elevada y dinámica.  Vivir su vida con él: agradecerá profundamente esta atención.

·      Procurar integrarle, lo más vivamente en el ambiente escolar.

·      Emulación.  Jalonar el camino del colérico con algunos éxitos que le animen.  Buscar la emulación personal (compararle consigo mismo).

·      Estar atentos a sus rápidas camaraderías.  Su conducta depende de sus compañías.  Sería bueno que un buen amigo le tratase.

·      Escoger para él empresas en que los obstácu­los sean solo dificultades que su viveza supe­rará.  Sustituirá, así, la acción de oposición por la acción positiva.

·      Debe señalársela su capacidad de poderosa concentración para que sepa actuar ante un acontecimiento extraordinario.

·      Organizar atentamente su trabajo (dinamis­mo en su tarea escolar).  Necesita de una is­ciplina en su trabajo.  Comienza bien.  Hay que renovarle constantemente objetivos y atractivos.

·      Hay que evitar orientarle simplemente, de­jándole en la ignorancia de sí mismo.  Procu­rar revelarle su modo de ser.

 

 

La inteligencia del colérico

 

Está inclinada, por el carácter, hacia lo concre­to, lo inmediato, lo imaginativo y lo técnico.  Es una inteligencia práctica que comprende con rapi­dez y demuestra capacidad de improvisación.  Po­see mucha tensión.

Su principal limitación reside en la dificultad para el pensamiento abs!Tacto: está mal dotado pa­ra establecer generalizaciones y hacer síntesis.  Ello está relacionado con su escasa capacidad para integrar conocimientos nuevos dentro de esque­mas más amplios.

Está habitualmente ocupado, pero es irregular y poco disciplinado en la realización del trabajo.  Le cuesta mucho llevar a cabo las tareas que no coinciden con sus intereses.  Por otra parte, prefie­re el trabajo en equipo al trabajo individual.  Suele cambiar de actividad de manera frecuente y capri chosa y sin terminar lo que ha empezado.  Tiene tendencia a la chapucería.

Las materias que se le dan mejor son las que requieren sentido práctico, capacidad de impro-,i­sación y fluidez verbal: lectura, dibujo y recitado.  Destaca también en geografía e historia.  Está mal dotado para las matemáticas y ciencias físicas y, en general, para las cuestiones teóricas.

Sus intereses se centran en los problemas de la vida concreta.  Son, por tanto, intereses positivos, sociales y políticos.

 

Bueno para profesiones de acción.  Tiene el pe­ligro de contentarse con poco.  Se le debe fijar la di­rección general de sus fines y de su trabajo, ya que tiene decisiones cambiantes.  Conseguido esto, do­cumentarle con lecturas que concretarán su cami­no, subrayándole pequeñas victorias escolares o personales, hacerle ver que marcha, día a día, a un futuro que ha escogido.  Todo esto es «disciplina de la imaginación».

 

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Hay que acostumbrarle a que reflexione sobre cada tarea antes de iniciarla: en qué consiste; cuál

es el mejor procedimiento para llevarla a cabo; qué material necesita, etc.  Hay que exigirle que trabaje

con orden, que se centre en una sola actividad cada vez y que termine todo lo que empieza.  No debe admitírsela la chapucería.

Para lograr lo dicho anteriormente será útil ayudarle a elaborar y seguir un plan de trabajo y un horario de estudio.  Habrá que controlar tam­bién, de algún modo, el cumplimiento de lo pro­gramado.

Dada su dificultad para la abstracción, convie­ne partir siempre de cuestiones concretas y actua­les y facilitarle la aplicación práctica de lo estudia­do. Además conviene respetar Sus proyectos y tenerle siempre ocupado.

 

 

EL FLEMATICO
Características del flemático

·      Extravertido.  Es el menos preocupado de los hombres.  Hay introversión en los Temáticos anchos.

·      En el colegio es activo, cuidadoso, hábil en el razonamiento.  En días festivos se dedicará a juegos propios, prefiriéndolos solitarios.  Acepta sin protestas y sin entusiasmos las compañías.  Es el escolar del trabajo exacta­mente hecho.  Es ordenado en cuadernos, li­bros y pupitre.

·      Su vida familiar se desliza exacta, sin histo­ria, dócil y desprovista de efusión.  Ama a sus padres por sentido del deber y del agradeci­miento.  No causa nunca inquietudes a su fa­milia ni dificultades a sus profesores.

·      Frialdad y mucha calma.  De ahí que se le con­sidere frío, distante, impasible y altanero.  Se aislan gustosamente estos chicos de vez en cuando.  Les gustan los mecanos y las partidasde naipes.  Notables jugadores de ajedrez. Poco hablador, franco, sencillo y natural.

·      Practican a veces el «humor en frío».  Son fá­cilmente adaptables.  No son innovadores.  Son disciplinados.

·      No es expansivo.  Intereses intelectuales.  Ma­nía del orden.  Extrema limpieza.  Si se le en­carga un trabajo de dirección lo cumple con precisión fría  Voluntad de hacer bien las co­sas.  No teme el esfuerzo si se trata de intere­ses propios (intereses activos, profundos, pe­netrantes en los estrechos, múltiples y cambiantes en los anchos).  Curiosidad inte­lectual.  Relación.  Poco deportivo. -9 No es de grandes arranques (le falta emotivi­dad), pero obra por convicción y con cons­tancia.

·      Ahorrador, puntual, digno de confianza.  Ni vanidoso ni ambicioso.

·      Ejemplos de Temáticos ilustres: Kant, Fran­klin, Bergson.

 

 

Tratamiento del flemático

 

o Despertarle la emotividad.  No se conseguirá nada con tentativas violentas.

o Flemático ancho: procurar contactos con él y el ambiente y los seres.  No serán simpatías, pero puede empezar «comprendiendo a losdemás».  Le van bien las excursiones. Él cree que los demás hacen comedia; hacerle ver que no. Misión de la familia es lanzarlo hacia la vida y abrirle las perspectivas de los demás.

·      Flemático estrecho: atacarle en su punto más débil: los argumentos.  A veces se muestra alegre, cordial, casi afable.  Recordarle luego estos momentos, rodearle de los compañeros que más le han gustado, cortar de raíz sus manías, introducir en su vida la novedad y lo inédito.  No dejarle complacerse en sus medi­taciones, en su separación, en sus dibujos complejos, geométricos y misteriosos.

·      Ponerle en contacto con la naturaleza, que en principio no le dice nada.  Hacerle ver, por ejemplo, la belleza de un paisaje.

·      Intentar meterle en juegos colectivos, partici­par en conversaciones.  Su actividad triunfa (es su elemento positivo; en él hay que apo­yarse).  El ambiente debe ser motor e imán de esa actividad.

 

 

La inteligencia del flemático

 

Es lenta, pero profunda.  Está muy favorecida por el carácter y se adapta a todas las materias es­colares.  Es de tipo conceptual, con buena aptitud para comprender lo esencial, ordenar, clasificar y sistematizar lo que aprende.  Está muy bien dotado para las ciencias abstractas.

Posee también buena capacidad memorística y de concentración.  En cambio, tiene poca imagina-

ción y un estrecho campo mental.

Se adapta fácilmente a los horarios estableci­dos; trabaja de forma intensa y metódica; es regu­lar y tenaz; tiene un claro sentido del deber; es dó­cil y puntual.  Todo eso explica por qué siendo lento obtiene normalmente buenos resultados, únicamente tiene incapacidad para la redac­ción.  Está muy dotado para la geografía, historia, dibujo, matemática, filosofía y ortografía.

Posee intereses matemáticos, sociales, filosófi­cos y políticos.

 

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Al flemático hay que sacarle del reducido marco en el que vive.  Ello supone despertar en él nuevas inquietudes e intereses, llevándole del intelectualis­mo abstracto a la experiencia vivida; estimular hábitos de convivencia y participación; abrirle a nuevos conocimientos, ideas y puntos de vista; de­sarrollar en él virtudes altruistas (compañerismo, generosidad … ); introducir en su vida lo diverso y lo desacostumbrado; estimular su creatividad…

 

EL NERVIOSO

Características del nervioso

·      Extrovertido e inadaptado.

·      El más primario de todos los primarios.

·      Sensibilidad tumultuoso e incoherente, inte­ligencia desordenada, pronta a entusiasmos y contradicciones, voluntad sujeta a todos los cambios.

·      Huye de la soledad; adora el cambio y la no­vedad; aficionado a la risa y las diversiones; contento de sí; vanidoso y deseoso de ho­nores.

·      Es móvil; aspecto de persona atareada; tra­baja a sacudidas; es violento y susceptible; busca emociones profundas y nuevas; su pensar y su vida se contradicen; es el más predispuesto a la mentira; es hipercrítico y desconfiado; deseos fuertes e inconstantes (grandes planes abandonados); habla sin ce­sar de sí mismo; hábil para embellecer sus palabras.

 

 

·        Es «agudo», tiene «salidas» ocurrentes.  Es un imitador consumado.  Elabora planes magníficos pero lleva pocos a feliz ténnino. o Emite juicios absolutos, que cambiarán por completo con una nueva impresión.  Esto le hace poco objetivo.  Adorna la realidad lle­gando hasta la mentira. o Hay diferencia entre:

·        Nervioso estrecho: preocupado de sí; conmo­vido de sí; atento a sí; actitud altanera y des­preciativa; quiere imponerse por la hazaña fácil, la protesta, etc.; parece decir: «¿os ha­béis fijado?».

 

·        Nervioso ancho: generoso y pródigo; amable y afectuoso; indiferente y compasivo; «niño simpático», pero que no se somete a ningún esfuerzo.

 

 

Tratamiento del nervioso

 

·      Necesitan educadores muy francos y muy ge­nerosos.

·      Partir de su emotividad para explotarla y orientarla.  Está contraindicado la severidad.

*     Mucha vigilancia y gran delicadeza de trato.  Los reproches, las censuras, no le educan; el estrecho puede contestar violentamente.  Puede satisfacer su afán de figurar.

 

TEST DE CAR+CTER                   51

 

·      Corregirle suavemente cada vez que yerre.  Procurar calma: evitarle excitaciones, etc.

·      Hacer el vacío.  Indiferencia aparente.  Frial­dad mesurada.  Hacerle comprender, luego, lo

ridículo de su actitud espectacular; elogiar discretamente el dominio de que da prueba un compañero suyo,

·      Vigilar las evasiones: observar su atracción por juegos, espectáculos y relatos crueles; co­r-regirle suavemente.

·      Frenar y fijar: mediante un interés renovado, un elogio que subraye los primeros éxitos, unos objetivos a su alcance y una pedagogía activa y viva.

·      Dominio y afirmación propia.  En la pubertad proponerle el dominio de sí mismo.  Analizar­le una emoción particular determinada; apartarle de sus falsas originalidades y llevar­le a una originalidad auténtica, meditada y decidida.

·      Dominar la inteligencia.  Atraerla hacia la abstracción.  Enseñarle a ver las cosas desde arriba y a distancia, a buscar sus explicacio­nes y su ley, si la tienen.

·      Dominar la motricidad.  De la agitación de­sordenada a los ejercicios disciplinados.  To­dos los deportes sirven.  Muy útiles los tra­bajos manuales.  Como siempre, objetivos limitados y sucesivos.

·      Indecisión: se lanza fácilmente sin deliberar y sin prever consecuencias.  Para esto lanzar­le a la acción: actos en que se ponga en juego su reputación.  Excursiones.  Utilizar como cebo su amor propio.

·      Impulsividad.  Hacer el vacío ante el impulso (terquedad, palabras, gestos).  Dejarle descar­garse, si no es demasiado grave y aprovechar el apaciguamiento para revelarle su servi­dumbre.

·      Movilidad de intereses, simpatías y tentati-

vas.  El ambiente escolar, con su regularidad

y obligaciones, sirve para luchar contra esto.  Ha de secundar esta acción la familia: negati­vas envueltas en una explicación sosegada y afectuosa.  No ser tímidos con los nerviosos. o Movilidad en el trabajo.  Disciplina.  Un hora­iio de trabajo.  Que no deje las cosas para ma­ñana.  Suavidad pero finneza. o Primariedad afectiva (tendencia a olvidar ca­si instantáneamente las emociones y los sen­timientos a los que se debe respeto y cons­tancia).  Repetición, discreta insistencia. o Falta de objetividad y tendencia a la mentira (mentira de embellecimiento y de apuro).  Dar poco alimento a su imaginación.  Am­biente sin concesiones y sin severidad. *Vanidad y orgullo.  No extinguir su orgullo (una de sus fuerzas); transformarlo.  Pasar su

 

TESTDECAR+CTER                     5.3

 

satisfacción de su persona a sus actos.  Darle ocasión de conseguir un éxito.  Tener cuida­do de enseñarlo (elogio al esfuerzo y su re­sultado).

·      Enfados del nervioso.  No ceder.  Revelación acompañada de indiferencia (ni tiranía ni castigo).  Desmontar sus enfados brevemente y con calma.

·      Ejemplos de nerviosos famosos: Baudelaire, Poe, Chopin, Sthendhal.

 

 

La inteligencia del nervioso

 

Su inteligencia opera con imágenes.  Destaca por la concepción rápida, la imaginación viva y la expresión espontánea.

Hay que subrayar que su inteligencia se en­cuentra muy perjudicada por la inestabilidad del carácter, hasta tal punto que apenas es aprovecha­da para la actividad escolar.  Está mal dotada para la comprensión, la memorización, la abstracción y el razonamiento lógico.

El nervioso tiene poca capacidad para el es­fuerzo y le resulta muy difícil centrarse en el traba­jo: es perezoso, distraído, inconstante e ir-reflexivo.  Al estar distraído, se absorbe en sus imaginaciones y es superficial en sus juicios, poco práctico e incli­nado a repetir las opiniones de otros.  Trabaja sola mente a sacudidas, es decir, cuando la tarea coinci­de con sus intereses momentáneos.  Es irregular, incoherente y disperso en la realización de activi­dades.

Es un artista.  No es sabio ni filósofo: le faltan la exactitud, el método, el espíritu sistemático.

Prefiere las materias «emotivas» (las que enla-

zan más con su gran sensibilidad): idiomas, geo-

grafía, historia, dibujo, música…  En cambio, rehú-

ye las frías: matemáticas, física…

Tiene pocos intereses intelectuales y manifiesta

poco interés hacia cuestiones sociales.  Lee poco,

retiene mal, no le gustan los juegos intelectuales.

 

TEST DE CAR+CTER                  55

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo orientarle en el estudio

 

El nervioso necesita disciplinar su trabajo.

Para ello hay que ayudarle a centrarse en lo que

hace y a organizarse (por ejemplo, mediante un

horario de estudio).  También debe exigírsela que

no se precipite y tertnine bien las distintas tareas.

Este alumno requiere un control diario y de

forma muy concreta, pues de lo contrario descuidará una y otra vez sus deberes escolares (a pesar de los buenos propósitos).

Junto a la exigencia, necesita metas asequibles

relacionadas entre sí y de dificultad progresiva.

Conviene, igualmente, renovar su interés por el estudio con procedimientos de este tipo: elogiar los buenos resultados; hablarle al corazón, «por las buenas», evitando amenazas y reproches.

Conviene desarrollar hábitos de puntualidad, orden, autodominio y responsabilidad en el traba­jo por medio de encargos fijos.

 

 

EL SANGUÍNEO

Características del sanguíneo

·      Es el más extravertido y el más optimista de todos los caracteres.  Es un carácter que se re­conoce fácilmente.

·      Gran atención a lo exterior, interés por lo ac­tual y lo próximo, tendencia a lo concreto.

·      Grandes posibilidades a la educación.  Nor­malmente, buen alumno.  Por la educación puede transformar en cualidades muy positi­vas tendencias casi indiferentes.

·      Unos sanguíneos bordean a los coléricos; otros se acercan a los amorfos.  En los para­coléricos, el acto domina.  De pequeño, gran atracción por los escaparates de juguetes y más aún por las pastelerías.  Emprendedor, luchador, deportista, vehemente.

·    En los próximos a los amorfos, menos activi­dad.  Ignora expresiones mortificantes y se organiza según hábitos activos.  Busca en el diccionario palabras escabrosas, compra li­bros prohibidos, etc.

·      «Pobreza interior».  De ahí arranca la curiosi­dad.  Atento a todo.  Los paramorfos, ávidos lectores de periódicos políticos.  Los paraco­léricos, de periódicos deportivos y novelas de aventuras.

·      «Débil vida moral».  Puede cometer pequeñas indelicadezas, hurtos y mentir fácilmente.  Insensible cuando se le encuentra en falta.

·      Es optimista (optimismo sin entusiasmo).  Fuerte tendencia a pensar que «las cosas se arreglan siempre».

·      Es calmoso, independiente en su juicio, tiene sentido de la réplica (contestación para todo).

·      Le seduce la novedad.  Plasticidad.  Inteligen­cia disponible.  Todo le interesa.  Interés que flojea en cuanto surgen las dificultades.  Vo­luntad mediocre.

*     Generalmente afectuoso, afecto vuelto hacia sí. Egoísta.  Quiere a los seres por lo que le dan, no por lo que son.  Bondad apagada.

·      De fácil reconciliación.  Oportunista y versá­til.  Diplomático: «es mejor no dar de cabeza contra las paredes y tomar las cosas y las gentes como son».  Muy permeable a influen­cias colectivas: «otros lo hacen».

·      Hábil y cortés (calma, circunspección, presencia de espíritu).  Se desenvuelve con facili­dad (viajes, autoestop, etc.).

·      Ama el deporte.  Tiene un sentido muy preci­so del tiempo y un sentido muy seguro de la orientación.

·      Persigue fines inmediatos.  Muy trabajador.  Tendencia a la chapucería, no por pereza, sino por pasar a otra cosa.

·      Peligro de abandonarse, de buscar licencia­turas fáciles o cargos administrativos.

·      Ejemplos de sanguíneos famosos: Montes­quieu, Anatole France.

 

 

Tratamiento del sanguíneo

 

·      Contener y orientar su curiosidad, que cons­tituye una excelente palanca para éxitos fu­turos.

·      Prevenir su formación moral (es el más de­seoso de dinero).

·      Incitarle a justificar la confianza que tiene en sí y en sus tentativas.

·      Transformar su bondad, un poco externa, en bondad interna y profunda.  Hacerle ge­neroso.

·      Movilizar su buena inteligencia.  Sujetar su espíritu a un esfuerzo, y esfuerzo conti­nuado.

·      Suscitar una verdadera sensibilidad.

·      Integración profunda en el ambiente fa­miliar.

·      Disciplina firme y vigilancia atenta, pero dis­creta.

·      Subrayarle la dulzura de la madre, los sacii­ficios del padre, etc.

·      La misión de la madre es decisiva en este ca­rácter: ella puede llevarle al sacrificio, al tra­bajo, a la simpatía.  Que no le deje ignorar el dolor ajeno.

·      Es útil proponerle pequeños sacrificios en la mesa (autodominio).

·      Transformar su optimismo de pacotilla en verdadero optimismo.  Hacerle ver a cada paso lo que ha descuidado; revelarle la verda­dera causa de sus fracasos y de su poca «suerte,,-, Destacar en el triunfo ajeno el fruto de un esfuerzo continuado.

 

 

La inteligmda del sanguíneo

 

Tiene muchos «puntos fuertes»: comprensión rápida; claridad y precisión en las ideas; capacidad crítica; flexibilidad y expresión objetiva.  En cam­bio, está mal dotado para la síntesis y le falta con­tinuidad y sistematización en el pensamiento.  Ne­cesita un ambiente firme y reglamentado: cuidar su trabajo; seguir su tarea (pedir resultados, co­mentarlos y criticarlos, sin acritud pero con clari­dad); exigir esfuerzo, fijando medios y plazo.

Le interesa todo.  Su amplia curiosidad le lleva, por ejemplo, a «devorar» todo tipo de lecturas.  Suele estar bien adaptado al ambiente escolar.  Es buen observador y muy independiente en sus opi­niones.

Aunque es buen trabajador, sin embargo, se deja llevar con frecuencia por la superficialidad y la chapucería.

 

No tiene incapacidad para ninguna materia es­colar.  Está especialmente dotado para las ciencias naturales, geometría, geografía, historia y dibujo.  El sanguíneo inteligente obtiene resultados más brillantes en Letras que en Ciencias.  El peligro está en su falta de perseverancia y en contentarse con poco.

Sus intereses son de tipo positivo, técnico y po­lítico.  Por ser práctico puede ser un hábil nego­ciante.

 

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Necesita cultivar la sensibilidad.  Este objetivo se puede lograr a través de actividades relaciona­das con el arte (pintura, música, etc.).

Es bueno encomendarle una misión, hacerle responsable de un equipo o de un trabajo.  Pone se-

riedad y cuidado.

Hay que suscitar también motivos elevados

para realizar el trabajo escolar y exigirle -con au-

toridad fuerte- que desarrolle las tareas de manera

puntual, ordenada y acabada.

Conviene ayudarle a perseguir objetivos con­cretos en el estudio y a seguir un plan de trabajo.  De este modo luchará contra la dispersión.

Hay que encargarle trabajo con días de antici­pación.  En su trabajo debe realizar cuadros sinóp­ticos, situar acontecimientos, cronologías, etc.

Hay que proponerle que ayude a sus amigos y compañeros de estudio, aunque ello le suponga al­gún sacrificio.

Por último, necesita orientación y control en las lecturas, con el fin de prevenir y corregir los riesgos de la avidez lectora.

 

EL SENTIMENTAL

Características del sentimental

·      Introvertido típico.

·      Busca la soledad; detesta el cambio y la nove­dad; se complace en las costumbres habitua­les y en los viejos recuerdos; encerrado en sí mismo y mohíno; algunas veces melancólico y sombrío; descontento de sí; se preocupa poco de su aspecto; tímido y temeroso.

 

·      Hay unidad en su conducta presente y en su historia.  Mirada sincera y reservada.  Palabra escasa.  Dócil.  Le hiere profundamente una reprimenda.  Variaciones de humor, tardías y profundas.  Es honrado y generalmente ve­raz.  Conserva largo tiempo y sólidamente las alegrías y las penas de su infancia.

 

·           Cada experiencia se interfiere con tendencias íntimas e impresiones ya arraigadas.  Vacilan­te, meditativo, no se entrega con facilidad; teme los objetos y el mundo; desconfía de los demás, de las cosas y de sí mismo; irresoluto y carece de sentido práctico.

·      Tiene una tendencia natural a la tristeza y a la melancolía, a ver las cosas negras, a dete­nerse en los aspectos difíciles.  Es sombrío, deprimido, desconfiado, afectado.  El más ce­rrado de todos los caracteres.

 

*     Cuando la introversión evoluciona puede lle­gar la altanería, el desdén y la insociabilidad.

·      Todo le causa impresión: un pequeño repro­che, una pena, un castigo.  No está hecho para alternar con la muchedumbre.

 

·      Es de importancia decisiva su comporta­miento en el colegio: necesita de un ambien­te acogedor.

 

·      Indecisión y escrúpulos.

·      Tiene costumbres y manías.

·      Lentitud embrollada del pensamiento.

·      Se abur-re (por inactividad e indecisión).  Bas­tante tendencia a la inquietud.

·      Gusto por la soledad llena de sí mismo; sabo­rea recuerdos.

·      Hay diferencia entre:

 

*     Sentimental estrecho: actitud tirante y frial­dad; orgullo estático, inactivo, y sentimental ancho: cierta amabilidad exterior; su timi­dez va acompañada de una sensibilidad do­lorosa.

 

 

 

Tratamiento del sentimental

 

·      Evitar en su infancia tanto los golpes peno­sos como una atmósfera demasiado tierna y suave.

·      Ayudarle a lograr una armonía suficiente con el ambiente, una sintonía que sea «profundo acuerdo entre un ser ampliamente conscien­te de sí y la vida» .

·      Hay que mantenerle, hasta pasada la adoles­cencia, en un medio que, en todos los senti­dos, «le comprenda».

·      No atacar la introversión en sí: atacar el gus­to por la soledad, por el pasado, la entrega a los recuerdos infantiles, la actitud cerrada, la tozudez, etc.

·      Estimularle, valorar sus primeros éxitos y ro­dearle de un ambiente de constante ayuda.  Mucha indulgencia; no subrayarle jamás sus debilidades, precisar un fin al que debe aspirar.

·      Es primordial el ambiente familiar (benevo­lencia sin halagos) .

·      Ayudarle a olvidar, a aceptar, a adoptar «lo hecho, hecho».  No adivinar sus escrúpulos más que para resolverlos alegremente.

·      No dejarle creer que su falta de éxito es grave.

·      Ayudarle a decidir en dosis modestas y pro­gresivas.  Pequeñas determinaciones; encar­garle gestiones, visitas, etc.  También la activi­dad podrá librarle de sus costumbres y manías.  Descubrir actividades que le intere­sen (excursiones, filatelia, pequeños trabajos de arte, etc.). No dejarle demasiado en el ocio del poema o del diario íntimo.

·      Ayudarle a seguir un razonamiento; impul­sarle a despejar una idea.

*     Sorprender sus veleidades, precisarlas, alen­tarlas y disolver los «no vale la pena».  Aun­que no decida nada, ocupemos sus días.  Ayu­darle a transformar sus pasividades en decisiones autónomas.

*     No hay remedios específicos para la timidez (facilitar contactos con la realidad humana).

·      Para la inquietud: cariño firme y atento de los que le rodean; ocupaciones apropiadas.

·      Evitar humillaciones (su sentido de la digni­dad).  Los sentimentales abúlicos aprovechan la humillación para despreciarse; los senti­mentales tensos para conservar rencor y odio.

·      Confianza, aliento constante, señalar discretamente las faltas cometidas (o total silencio)

y facilitarle excusas siempre.

 

La inteligencia del sentimental

Tiene poca tensión, al estar relajada por este carácter.  Está centrada preferentemente en los ob­jetos, por lo que puede considerarse como de tipo concreto.  Tiene escasa aptitud para comprender, para la organización lógica y para la abstracción.  En consecuencia, manifiesta poca facilidad para las ciencias abstractas y técnicas.

El alumno sentimental trabaja con interés, or­den y método y le gusta hacer las cosas bien.  Sin embargo, se desalienta pronto ante las dificulta­des, desconfía de sus posibilidades y es lento, tanto en la concepción como en la realización de las ta­reas.  Tiene problemas para adaptarse a nuevas ac­tividades y para el esfuerzo prolongado.

Tiene buenas aptitudes en las materias y traba­jos relacionados con sus intereses efectivos: histo­ria (evocación del pasado), redacción.  Manifiesta, por el contrario, ineptitud para la aritmética y las ciencias físicas porque exigen esfuerzo prolonga­do, requieren capacidad de abstracción.  Además, es mal observador: está más centrado en sí mismo que en la realidad externa.  Tampoco está bien do­tado para la filosofía.

 

Cómo orientarle en el estudio

 

Hay que infundirle confianza en sí mismo,

mostrándole comprensión y cariño.  También valo-

rando los menores éxitos y restando importancia a

los fracasos.

Conviene hacerle ver el lado positivo de todas las cosas, con el fin de que sea más optimista.  Ade­más, hay que ayudarle a seguir un orden lógico en su razonamiento, de forma que extraiga alguna consecuencia.

Es muy interesante fomentar su participación en actividades comunes, como los trabajos en equipo.

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