Politizar la Iglesia.

¡Hola! ¿Qué tal estás? (espero que me permitas tutearte)

Muchas gracias por este magno trabajo digno de admiración.

Quisiera comentarte por qué la gente se empeña en politizar la Iglesia. ¿Es verdad que los cónclaves para elegir Papa son brutalmente políticos? No paro de leer en periódicos, éste es progresista, éste otros es duro y conservador. Por ejemplo, ponen de "progre" a Madariaga y de ultraconservador a "Ratzinger". Asimismo, me gustaría me explicaras que es eso de la Teología de la Liberación, al parecer según algunos periodistas es un invento comunista para acabar con la tradición de la Iglesia y Juan PAblo II la rehusó, ¿Qué hay de cierto? ¿En qué consiste? ¿Por qué siempre ponen a Juan XXIII de progre y socialista y a Juan Pablo II de "muy conservador"? Mi punto de vista de éste último es que fue muy humano, gran comunicador y congenió extraordinariamente con la juventud ¿Es insustituible? Algunos sectores de la IZDA acusan a Juan PAblo II de no haber avanzado el Concilio Vaticano II promulgado por Juan XXIII ¿Qué hay de cierto? ¿De qué va? Saludos

El principal enemigo de Dios, y por tanto de la Iglesia, es la ignorancia.

Los que quieran ver diferencias doctrinales entre

a) el papa Juan XXIII

b) el papa Juan Pablo II

c) los documentos del Concilio Vaticano II

es por una sóla razón: PORQUE NO HAN LEIDO LO QUE DICEN NINGUNO DE ELLOS.

Pueden existir otras razones, claro, pero son más inconfesables incluso que la ignorancia.

Decir que el Concilio Vaticano II promovió la Teología de la Liberación es un síntoma preocupante de no haber leído del Concilio ni la primera página.

Pregunta relacionada:

¿Es cierto que el opus es de ultra derecha y que nunca estuvo deacuerdo con la teologia de la liberacion y la opcion de la iglesia por los pobres?

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Evangelio y Vaticano II en el espíritu de Josemaría Escrivá de Balaguer

Cardenal Ángel Suquía, Arzobispo de Madrid. Presidente de la Conferencia Episcopal Española
Artículo publicado en ABC. Madrid, 9–I–92

El próximo 17 de mayo, el Santo Padre Juan Pablo II beatificará en San Pedro del Vaticano a Josemaría Escrivá de Balaguer, que nació un día como el de hoy, hace noventa años. Con este acto, la Iglesia habrá propuesto solemnemente a los fieles un nuevo ejem­plo de santidad, y un eficaz intercesor ante Dios. Tras la alegría por la llegada a los altares de este sacerdote español –particular­mente para nuestra diócesis de Madrid, en la que residió durante casi veinte años–, viene el momento de la reflexión sobre el sentido del reconocimiento público de una vida santa en la Iglesia de hoy.

Como ha sucedido a lo largo de toda la historia, también ahora el Espíritu Santo suscita hombres de Dios que tienen como misión abrir camino, hacerlo andadero para los que vengan detrás. Esos hombres de Dios se adelantan a su tiempo y lo acercan al querer de Dios. Uno de esos hombres de Dios fue precisamente Josemaría Escrivá de Balaguer, que recibió aquí, en la diócesis de Madrid, la llamada clara del Señor para encarnar y difundir un mensaje de alcance universal.

Es Jesucristo quien alienta cada uno de los pasos de la Iglesia y guía todos sus caminos, bajo el impulso vivificante del Espíritu. Y ha sido el Espíritu Santo quien -como recordaba el Santo Padre– «ha hablado a la Iglesia de hoy y su Voz ha resonado en el Concilio Ecuménico». La Iglesia, por sus legítimos pastores – los romanos pontífices y los obispos-, ha reconocido el carisma del Opus Dei y alienta la labor apostólica de los miembros de la Prelatura, cons­ciente de que su dinamismo apostólico, junto al de tantas otras rea­lidades de la Iglesia, es expresión de la vitalidad espiritual del pueblo de Dios y responde plenamente al espíritu del Concilio para nuestro tiempo. Un tiempo necesitado de respuestas sólidas y coherentes, que requieren en el fiel cristiano, junto con la asidua recepción de los Sacramentos, una profunda formación ascética y teológica, pre­supuesto ineludible para la honda tarea de evangelización a la que nos convoca Juan Pablo II en los albores del tercer milenio cristiano.

También ahora los sacerdotes y los laicos, cooperando orgáni­camente en la tarea evangelizadora, cada uno desde su peculiar misión, deben afrontar los retos que plantea una sociedad descris­tianizada y deben dar una respuesta coherente con su fe bautismal: la respuesta comprometida y responsable de hombres que viven su fe las veinticuatro horas del día como cristianos consecuentes. Este es uno de los puntos en donde se manifiesta la profunda trascen­dencia del carisma que Nuestro Señor dio a Josemaría Escrivá en aquel 2 de octubre de 1928, cuando fundó el Opus Dei «por ins­piración divina», como destaca Juan Pablo II en la Constitución Apostólica «Ut Sit».

Ya se ha señalado la sintonía que existe entre el mensaje de Mon­señor Escrivá y el Vaticano II: la llamada universal a la santidad de todos los hombres y el valor santificador de todas las realidades humanas rectas. Urgencia de santidad, de vida divina, de unión con Dios por medio de la Iglesia, que ha sido el nervio de la tarea reno­vadora suscitada por el Espíritu al acercarnos al tercer milenio de la Iglesia. Así quedó patente en el Sínodo Extraordinario de los Obispos, de 1985, al hacer balance de los frutos que ha traído a su Iglesia aquel gran Concilio Ecuménico.

Quiero señalar, por mi parte, que no se trata sólo de una sintonía de carácter estrictamente teórico. El deseo de Monseñor Escrivá se ha convertido en realidad en la vida de muchísimas almas: su predicación ha dado frutos vivos de santidad en la Iglesia; sus pala­bras han prendido su luz y su calor en la vida de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Ahora se aprecian los frutos de esa gran labor catequizadora, que hacía recordar a Monseñor Escrivá de Balaguer la autenticidad, la fidelidad y la sencillez de los primeros cristianos, aquellos hombres que navegaron a contracorriente en medio de un mundo paganizado, para transformarlo como el fer­mento en la masa y llevarlo a Cristo.

En efecto: sólo una profunda formación cristiana puede servir a los hombres de esta sociedad nuestra para que vivan con el señorío de los hijos de Dios, sin dejarse arrastrar por las ideologías de huma­nismos sin Dios, materialistas o cegados por actitudes permisivas. Se comprueba ahora con especial agudeza que los criterios autén­ticamente cristianos facilitan el convivir y amar -que es mucho más que respetar o tolerar- a todos, sin excluir a nadie, pero abarcando particularmente a los más menesterosos: los pobres, los enfermos, los marginados, los ancianos, los sin trabajo.

Sé que Monseñor Escrivá soñaba con que los catecismos hicie­ran mucho más hincapié en las obligaciones sociales que comporta la fe católica: deberes cívicos, profesionales y de justicia social. Nosotros podemos y debemos convertir en hermosa realidad su sueño.

En el pensamiento de Monseñor Escrivá, la formación laical significa luchar por resolver esas rupturas en la vida de los hombres que tan certeramente señala el Concilio Vaticano II: la fractura entre la fe y la conducta personal; entre la fe y la cultura; entre lo sobrenatural y lo auténticamente humano. Se encamina a res­tablecer latinidad de vida del cristiano, superando esa múltiple esci­sión dislocadora de una efectiva vida cristiana.

Para soldar esas fracturas se necesitan muchos cristianos seria­mente formados que acojan con alegría y plenitud la doctrina católica, tal como es propuesta por el Magisterio; que se unan con espon­taneidad a los obispos y se integren en la pastoral diocesana; que compartan, en sincera comunión con sus hermanos, el mismo Pan Eucarístico. Es necesario que los cristianos sepan poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, con libertad y res­ponsabilidad personales, como hicieron aquellos primeros cristia­nos que se santificaron en el mundo pagano.

Y aquí radica en parte, al menos a mi entender. el atractivo del mensaje profundamente evangélico del fundador del Opus Dei: enseñaba que la fe no debía llevar a un espiritualismo raquítico. a una «teoría espiritual» desgajada de la existencia real, sino que debía impregnar hasta los más recónditos entresijos de la vida cotidiana.

Es necesario recordar de nuevo, como enseña el Concilio Vati­cano II, que los laicos deben santificarse en medio del mundo, en medio de este mundo nuestro que se aleja de Dios. El hombre de la calle debe aprender a santificarse en su trabajo realizado con amor de Dios y con pericia profesional. Porque la credibilidad del testimonio de los cristianos dependerá -cada vez más- del pres­tigio profesional que posean, y la eficacia de su contribución a la evangelización estará condicionada por una sólida preparación en el trabajo. Esta gran catequesis que impulsó el fundador del Opus Dei está dando abundantes frutos de servicio y representa una ayu­da muy significativa en esa gigantesca obra de evangelización del mundo moderno en la que está comprometida toda la Iglesia.

Mi buen amigo Álvaro del Portillo, obispo prelado del Opus Dei, recordaba que el «anhelo del fundador del Opus Dei se plasmó en un lema de resonancias heráldicas: “para servir, servir”. Esto es, para ser útiles hace falta tener espíritu de servicio y demostrarlo con obras. El único honor que siempre deseó fue el de servir a la Iglesia una, santa, católica y apostólica; y el derecho de renunciar a todo derecho que no fuera ofrecerse en un continuo holocausto de oración y de trabajo».

Escribió Pablo VI que la Obra promovida por Monseñor Escri­vá de Balaguer era una «expresión de la perenne juventud de la Iglesia». De esa Iglesia que ahora peregrina en un mundo pluralista en el que desea construir la civilización del amor y contribuir a una auténtica cultura de vida. La noticia de la próxima beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer nos lleva a un canto de acción de gracias al Espíritu Santo Vivificador.

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Configuración canónica del Opus Dei

El Opus Dei –o más exactamente la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, o simplemente Prelatura del Opus Dei– es una Prelatura personal. Tal figura jurídica fue creada por el Concilio Vaticano II, en el Decreto Presbyterorum Ordinis n. 10, y está recogida por el Código de Derecho canónico de 1983. Hasta el momento presente la única prelatura personal que ha erigido la Santa Sede es el Opus Dei. Una Prelatura personal es una entidad de carácter jurisdiccional, prevista por el derecho canónico como una ayuda de la Santa Sede a la misión pastoral de las Iglesias particulares, dedicada a una función pastoral concreta. Se puede componer sólo de sacerdotes, y también de laicos y sacerdotes. Es, por lo tanto, fruto de la sollicitudo omnium Ecclesiarum, o solicitud por todas las Iglesias particulares del Romano Pontífice. Se rigen por el Código de Derecho Canónico y por sus Estatutos, que aon aprobados por el Romano Pontífice. En el caso del Opus Dei los Estatutos fueron promulgados por el Papa Juan Pablo II mediante la Bula Ut sit, el 28 de noviembre de 1982. En la Bula Ut Sit se establece que la Prelatura del Opus Dei está compuesta por sacerdotes y laicos. Sus Estatutos estableen que el Opus Dei depende de la Congregación de los Obispos, en la Curia Romana.

Al frente de una Prelatura se encuentra el prelado, el cual es el Ordinario propio de los fieles de la Prelatura para los fines específicos de la Prelatura. De acuerdo con sus Estatutos, en el gobierno del Opus Dei, el prelado cuenta con la colaboración de un consejo de mujeres, la Asesoría Central, y otro de hombres, el Consejo General. Ambos tienen su sede en Roma. Como Ordinario propio, el prelado puede erigir seminarios para la formación de los futuros sacerdotes de la prelatura. También puede incardinar a los candidatos al sacerdocio. En el Annuario Pontificio consta que hay dos seminarios erigidos por el Opus Dei.

Los estatutos establecen además congresos generales, que se celebran ordinariamente cada ocho años, con participación de miembros procedentes de los distintos países donde está presente el Opus Dei. En esos congresos se estudia la labor apostólica de la prelatura y se proponen al prelado las líneas para su futura actividad pastoral. El prelado procede en el congreso a la renovación de sus consejos.

Cuando es preciso nombrar nuevo prelado, se convoca con este fin un congreso general electivo. El prelado es elegido -según las normas del derecho universal y particular- entre los componentes del presbiterio de la prelatura que reúnen ciertas condiciones: edad, antigüedad en el Opus Dei, experiencia sacerdotal y otras. Su elección ha de ser confirmada por el Papa , que de ese modo confiere el oficio de prelado. El prelado no es, necesariamente, obispo; hasta el momento presente el Papa ha designado Obispo a los dos prelados que ha habido, Mons. Alvaro del Portillo -prelado de 1982 hasta 1994, y obispo desde 1991- y Mons. Javier Echevarría, prelado desde 1994, y obispo desde 1995. En ambos casos el Papa les ha dado sedes titulares.

El Opus Dei se distribuye en áreas o territorios, denominados regiones. Al frente de cada región -cuyo ámbito puede o no coincidir con un país- hay un vicario regional, con sus consejos: Asesoría Regional para las mujeres y Comisión Regional para los hombres.

Algunas regiones, a su vez, se subdividen en delegaciones de ámbitos más reducidos. En este caso, se repite la misma organización del gobierno: un vicario de la delegación y dos consejos.

Finalmente, a nivel local existen los centros del Opus Dei, que organizan los medios de formación y la atención pastoral de los fieles de la prelatura de su ámbito. Los centros son de mujeres o de hombres. En cada uno hay un consejo local, presidido por un laico -la directora o el director- y con al menos otros dos fieles de la prelatura. Para la específica atención sacerdotal de los fieles adscritos a cada centro, el Ordinario de la prelatura designa un sacerdote de su presbiterio.

Ningún cargo de gobierno, salvo el del prelado, es vitalicio.

Al Opus Dei puede pertenecer cualquier fiel católico de cualquier condición, soltero, casado o viudo. Los fieles se incorporan mediante un contrato, que se celebra verbalmente. Por lo tanto sólo pueden incorporarse los católicos mayores de edad. Además, al calor del Opus Dei se forman los Cooperadores: puede recibir el nombramiento de Cooperador del Opus Dei cualquier persona -también los no católicos, o los no cristianos- que deseen, con su oración, sus donativos o su trabajo, alentar y ayudar al trabajo del Opus Dei, o a las labores sociales y apostólicas que desarrollan los fieles del Opus Dei. Por el nombramiento de Cooperador no se entra a formar parte del Opus Dei.

Los estatutos del Opus Dei también constituyen la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz: se trata de una asociación, indisolublemente unida a la Prelatura del Opus Dei, y cuyo Presidente General es el prelado. A ella pertenecen los sacerdotes incardinados en la Prelatura del Opus Dei, y aquellos sacerdotes seculares, incardinados en sus respectivas Iglesias particulares, que deseen recibir su dirección espiritual al calor del Opus Dei. Su incorporación a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, por lo tanto, no altera su dependencia orgánica de su Obispo, el cual sigue siendo su Ordinario.

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¿Por qué se dice la Misa en latín?

seguramente tú vives en un centro de la Obra. Quisiera preguntarte, y para que sirva de aclaración a los interesados, porqué se dice la Misa en latín.  ¿Es la misma Misa Tridentina? Muchas gracias.

En los centros del Opus Dei se dice la Misa normal y corriente, nada de misas tridentinas.

Sobre el uso del latín, se suele usar en los centros porque lo recomienda, para algunas ocasiones o circunstancias, el Concilio Vaticano II: Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, cuya lectura recomiendo a todo el que tenga tiempo: es un documento que ayuda mucho a entender y vivir la liturgia de la Iglesia.
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Tamayo y la Asociación Juan XXIII

¿Quién son todos estos teólogos de la Asociación Juan XXIII, Tamayo y compañía que salen tanto por la televisión Española ahora? ¿Realmente ellos custodian las esencias del Concilio Vaticano II? Con todo mi afecto hacia Juan José Tamayo, aquí expongo algunos datos para los lectores menos habituados a los temas eclesiásticos.

La Asociación de Teólogos/as Juan XXIII no tiene estatuto canónico (no es católica, vamos), sino que es es una Asociación civil a la que pertenecen también, por ejemplo, teólogos protestantes.

A Tamayo ninguna autoridad le ha encomendado enseñar en Instituciones de la Iglesia y según la Conferencia Episcopal Española, Tamayo sigue en sus publicaciones una trayectoria que se aparta de la comunión eclesial.

Y para el que no lo sepa, a Hans Küng no lo condenó Juan Pablo II, sino Pablo VI el 15 de febrero de 1975. Aquí cito la fuente y la página web de la Santa Sede donde aparecen los datos (ver aquí):

Declaración referente a dos libros del profesor Hans Küng (Declaratio de duobus operibus professoris Ioannis Küng in quibus continentur nonnullae opiniones quae doctrinae Ecclesiae Catholicae opponuntur), 15 de febrero de 1975
AAS 67 (1975) 203-204; DOCUMENTA 24

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Prelatura personal y “vida interior”.

He leído acerca de que la Obra es una Prelatura Personal. Si es correcto entender que una persona que pertenece a la Obra, obedece al Ordinario de su diócesis, y lo quiere, en todo lo que no es su ¿vida interior? no sé si sea el mejor término, y que al Prelado de la Obra le obedece justo en este punto; además siendo la vocación a la Obra tan universal, en cualquier trabajo ¿Puede haber más prelaturas personales? ¿No el Opus Dei agota el tema? Podrías dar algún caso hipotético de otro caso, sólo por entender mejor. Gracias por la atención.

La jurisdicción del Prelado no se refiere a la "vida interior", como tú dices, sino a los fines propios de la prelatura. La "vida interior" es un concepto muy amplio, en el que hay una lógica variedad y libertad en la Iglesia y en el Opus Dei también. Y una enorme variedad de "fuentes" y "ayudas": la primera son los sacramentos, y luego una amplia gama de exhortaciones, consejos y sugerencias que dan los pastores del pueblo de Dios: el Papa, los obispos, etc.

¿Habrá más prelaturas personales? Pienso que sí, que es una de las novedades del Concilio Vaticano II y que da a la Iglesia una enorme flexibilidad y capacidad de adaptarse a las necesidades del apostolado cristiano. Seguro que veremos más.

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Moral heterónoma

el simple hecho de que exista esta página de carácter "apologético" sobre el opus dei ya es manifiesto de que algo va mal en vosotros. No habéis acogido por completo el concilio vaticano II, y aún seguís con una moral heterónoma… entre otros muchos más errores que seguís cometiendo.
El simple hecho de que escribas afirmando que el Concilio Vaticano II cambió la doctrina moral de la Iglesia indica que algo va mal en tu estudio de las enseñanzas de la Iglesia o en ti. Rezo por ti y animo a los lectores a hacerlo. También te animo a leer los documentos emanados por el Concilio, para que no hables de oídas.

Y no me negarás que con personas como tú, que dicen esas barbaridades, una página "apologética" es bastante necesaria. ¿O pretendes atacar y que nadie te responda? ¿Esa es tu libertad y tu moral?

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