¿Qué significa santificar el trabajo?

Significa trabajar según el espíritu de Jesucristo: trabajar bien, con calidad, de acuerdo con la justicia y respetando las leyes, con el fin de amar a Dios y servir a los demás. De ese modo se contribuye a santificar el mundo desde dentro y a hacer presente el Evangelio en todas las actividades, tanto las que parecen brillantes como las más humildes y escondidas, porque delante de Dios lo importante no es el éxito humano, sino el amor que se pone en el trabajo.

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Buscando a Dios en el trabajo ordinario

Cardenal Albino Luciani, Patriarca de Venecia
Articulo publicado en IL GAZZETTINO
Venecia, 21–VII–78
En 1941, al español Víctor García Hoz le dijo el sacerdote des­pués de confesarse: «Dios le llama por los caminos de la contem­plación». Se quedó desconcertado. Siempre había oído que la «con­templación» era asunto de los santos destinados a la vida mística, y que solamente la lograban unos pocos elegidos, gente que, por lo demás, se apartaba del mundo. «En cambio, yo escribe García Hoz–, en aquellos años ya estaba casado, tenía dos o tres hijos y la esperanza –confirmada después– de tener más, y trabajaba para sacar adelante a mi familia.»

¿Quién era aquel confesor revolucionario, que se saltaba a cuer­po limpio las barreras tradicionales, proponiendo metas místicas incluso a los casados? Era Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español, fallecido en Roma en 1975, a los setenta y tres años. Es conocido, sobre todo, por ser el fundador del Opus Dei, asociación extendida por todo el mundo, de la que los periódicos se ocupan con frecuencia, pero con muchas imprecisiones. Lo que en realidad son y hacen los socios del Opus Dei lo ha dicho su mismo fundador:

«Somos -declaraba en 1967– un pequeño tanto por ciento de sacerdotes, que antes han ejercido una profesión o un oficio laical; un gran número de sacerdotes seculares de muchas diócesis del mundo; una gran muchedumbre formada por hombres y por muje­res – de diversas naciones, de diversas lenguas, de diversas razas – que viven de su trabajo profesional, casados la mayor parte, solteros muchos otros, que participan con sus conciudadanos en la grave tarea de hacer más humana y más justa la sociedad temporal; en la noble lid de los afanes diarios, con personal responsabilidad, expe­rimentando con los demás hombres, codo con codo, éxitos y fracasos, tratando de cumplir sus deberes y de ejercitar sus derechos sociales y cívicos. Y todo con naturalidad, como cualquier cristiano consciente, sin mentalidad de selectos, fundidos en la masa de sus colegas, mientras procuran detectar los brillos divinos que rever­beran en las realidades más vulgares».

Con palabras más sencillas, las «realidades vulgares» son el tra­bajo que nos corresponde hacer todos los días; los «brillos divinos que reverberan» son la vida santa que hemos de llevar. Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, ha dicho constantemente: Cristo no quiere de nosotros solamente un poco de bondad, sino mucha bon­dad. Pero quiere que lo consigamos no a través de acciones extraor­dinarias, sino con acciones comunes; lo que no debe ser común es el modo de realizar esas acciones. En mitad de la calle, en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos, pero con la condición de cumplir el propio deber con competencia, por amor de Dios y alegremente, de modo que el trabajo diario no sea la «tragedia diaria», sino la «sonrisa diaria».

Cosas semejantes había enseñado San Francisco de Sales, hacía más de trescientos años. Desde el púlpito, un predicador había con­denado al fuego públicamente el libro en el que el santo explicaba que, con ciertas condiciones, el baile podía ser lícito, y que incluso contenía un capítulo entero dedicado a la «honestidad del lecho conyugal». Sin embargo, en algunos aspectos, Escrivá supera a Francisco de Sales. También éste proponía la santidad para todos, pero parece que enseña solamente una «espiritualidad de los lai­cos», mientras que Escrivá ofrece una «espiritualidad laical». Es decir, Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios utilizados por los religiosos, con las oportunas adaptaciones. Escri­vá es más radical: habla incluso de «materializar» – en el buen sentido – la santificación. Para él, lo que debe transformarse en oración y santidad es el trabajo material mismo.

El legendario barón de Múnchausen contaba la fábula de una liebre «monstruosa», dos grupos de patas: cuatro debajo de la tripa y cuatro sobre el lomo. Perseguida por los perros y sintiéndose casi alcanzada, se daba la vuelta y seguía corriendo con las patas de refresco. Para el fundador del Opus Dei, es un «monstruo» la vida de los cristianos que pretendiesen tener dos grupos de acciones:

Uno hecho de oraciones, para Dios; otro hecho de trabajo, diver­siones y vida familiar, para sí mismos. No –dice Escrivá–, la vida es única y hay que santificarla en su conjunto. Por eso se habla de espiritualidad «materializada».

Y habla también de un justo y necesario «anticlericalismo», en el sentido de que los laicos no deben robar métodos y funciones a los curas y a los frailes, ni viceversa. Creo que heredó este «an­ticlericalismo» de sus progenitores, y especialmente de su padre, un caballero sin tacha, trabajador infatigable, cristiano convencido, enamoradísimo de su mujer y siempre sonriente. «Lo recuerdo siempre sereno escribió su hijo; a él le debo la vocación…: por eso soy "paternalista".» Otra pincelada «anticlerical» le viene pro bablemente de las investigaciones hechas para su tesis doctoral en derecho canónico, en el monasterio de las monjas cistercienses de Las Huelgas, cerca de Burgos. Allí, la abadesa había sido al mismo tiempo señora, superiora, prelado, gobernadora temporal del monasterio, del hospital, de los conventos, de las iglesias y de las villas dependientes, con jurisdicción y poderes reales y «quasi» epis­copales. Otro «monstruo», a causa de los múltiples oficios contra­puestos y superpuestos. Amasados así, estos trabajos no reunían condiciones para ser como pretendía Escrivá–, trabajos de Dios. Porque el trabajo decía–, ¿cómo puede ser «de Dios» si está mal hecho con prisas y sin competencia? ¿Cómo puede ser santo un albañil, un arquitecto, un médico, un profesor, si no es también, en la medida de sus posibilidades un buen albañil, un buen arqui­tecto, un buen médico o un buen profesor?. En la misma línea, había escrito Gilson en 1949: «Nos dicen que ha sido la fe la que ha cons­truido las catedrales en la Edad Media; de acuerdo… pero también la geometría». Fe y geometría, fe y trabajo realizado con compe­tencia. Para Escrivá van del brazo; son las dos alas de la santidad.

Francisco de Sales confió su teoría a los libros. Escrivá hizo lo mismo, utilizando retales de tiempo. Si se le ocurría una idea o una frase significativa, quizá mientras continuaba la conversación sacaba del bolsillo la agenda y escribía rápidamente una palabra. Media línea, que más tarde usaba para un libro. A propagar su gran empresa de espiritualidad dedicó una actividad intensísima, aparte de sus divulgadísimos libros, y organizó la asociación del Opus Dei. «Dad un clavo a un aragonés dice el refrán–y lo clavará con su cabeza.» Pues bien, «yo soy aragonés -escribió- y necesitamos ser tozudos». No perdía ni un minuto. Al principio, en España, durante y después de la guerra civil, pasaba de las clases a los uni­versitarios, a hacer la comida, a fregar suelos, a hacer las camas y a atender a los enfermos. «Tengo en mi conciencia –y lo digo con orgullo miles de horas dedicadas a confesar niños en los barrios pobres de Madrid. Venían con los mocos hasta la boca. Era necesario empezar por limpiarles la nariz, para limpiar después aquellas pobres almas.» Así ha escrito, demostrando que vivía de verdad «la sonrisa diaria». Y también: «Me iba a dormir muerto de cansancio. Cuando me levantaba por las mañanas, todavía can­sado, me decía: Josemaria, antes de comer te echarás un sueñecito". En cambio, apenas salía a la calle, contemplando el panorama de los trabajos que me esperaban en aquella jornada, añadía: 'Josemaría, te has vuelto a engañar”” ­

Sin embargo, su gran trabajo fue fundar y desarrollar el Opus Dei. El nombre llegó por casualidad. «Esto es una obra de Dios», le dijo uno. «He aquí el nombre exacto, pensó: la obra no es mía, sino de Dios. Opus Dei.» Vio crecer ante sus ojos esta obra hasta extenderse a todos los continentes: comenzó entonces el trabajo de sus viajes intercontinentales para las nuevas fundaciones y para dar conferencias. La extensión, el número y la calidad de los socios del Opus Dei ha hecho pensar en no se sabe qué intenciones de poder y de férrea obediencia de gregarios. La verdad es lo contrario, sólo existe el deseo de hacer santos, pero con alegría, con espíritu de servicio y de gran libertad.

«Somos ecuménicos, Padre Santo, pero no hemos aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad», se atrevió a decir un día Escri­vá al Papa Juan XXIII. Este sonrió: sabía que, desde 1950, el Opus Dei tenía permiso de Pío XII para recibir como cooperadores a los no católicos y a los no cristianos.

Escrivá fumaba cuando era estudiante. Cuando entró en el semi­nario, regaló las pipas y el tabaco al portero y no volvió a fumar. Pero el día en que fueron ordenados los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, dijo: «Yo no fumo, vosotros tres tampoco: Don Alva­ro, es necesario que empieces a fumar tú…; deseo que los demás no se sientan obligados, y que fumen, si les gusta». Ocurre a veces que un socio, a quien el Opus Dei solamente ayuda a tomar res­ponsablemente decisiones libres, también en política, ostenta un cargo importante. Eso es asunto suyo, no del Opus Dei. Cuando en 1957, una alta personalidad felicitó a Escrivá porque un socio había sido nombrado ministro en España recibió esta respuesta, más bien seca: «¿Qué me importa que sea ministro o barrendero? Lo que importa es que se santifique con su trabajo». En esta respuesta está todo el pensamiento de Escrivá y el espíritu del Opus Dei: que uno se santifique con su trabajo, aunque sea de ministro, si tiene ese puesto: que sea santo de verdad. Lo demás importa poco.

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¿En qué se concreta en el día a día?

Leo que en el Opus predicáis la "santificación del trabajo".

1. ¿Eso en qué se concreta en el día a día?
2. Qué tiene que ver el trabajo con Dios y ayudar a los demás.

Se concreta todos los días, a todas horas: santificar el trabajo implica muchas cosas: realizarlo con la mayor perfección posible, cuidando los detalles, viéndolo como un servicio los demás. Mucha gente, al entrar en contacto con la Obra, se queda sorprendida de la cantidad de luces nuevas que reciben para su vida ordinaria. Se hacen las mismas cosas que antes, pero de otra manera.

Me resulta difícil explicar aquí todo lo que implica la santificación del trabajo. Te remito a estos textos:

  • Homilía Trabajo de Dios
  • Homilía En el taller de José
    y a estos otros:

  • Card. Albino Luciani (Juan Pablo I) – Buscar a Dios en el trabajo cotidiano
  • Testimonios varios sobre la santificación del trabajo.
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    Quiero hacer bien mi trabajo y santificarme

    Apreciado Antonio, y digo apreciado porqué aún sin conocerte, a través de tus escritos he llegado a hacerlo. Te diré que tengo 46 años y  una vida hasta  hoy un poco conflictiva, pero gracias a paginas como la tuya y libros católicos ha crecido en mi algo que me empuja hacia Dios. He cambiado muchas cosas, pero solo estoy empezando mi camino. El caso y el motivo de mi correo es que quiero hacer bien mi trabajo y, como dice San José, santificarme a través de el. Nunca he disfruté de mis obligaciones laborales, y no cumplía con ellas. Quiero cambiar eso, por este motivo me gustaría que me aconsejaras algún libro inspirador al respecto.

    También me gustaría acercarme al Opus Dei, ya que después de diversas lecturas comparto la manera de enfocar vuestra  vida  .Vivo en la provincia de Barcelona y aunque dispongo de poco tiempo mi primer compromiso será acercarme a alguna parroquia y buscar un director espiritual para avanzar en este camino y ser una persona digna a los ojos de Dios y de la gente. Quiero recuperar mi vida, o mejor dicho, quiero empezarla.
    No te voy a entretener más,  solo felicitarte por tu página. Deséame suerte y reza por mi. Un saludo.
     
    ———————–
     
    Me alegro de todo lo que me cuentas.
     
    También rezo por ti, para que esa conversión que estás teniendo sea efectiva y duradera.
     
    Como sabes, el Opus Dei es un camino de santificación en el trabajo ordinario y en las cosas de cada día. Es decir, que viene a recordar que todos podemos ser buenos cristianos -ser santos- haciendo bien el trabajo y cumpliendo con nuestras obligaciones.
     
    Pero no sólo eso, sino que podemos encontrarnos con Dios en la vida corrente de cada día. Esto es algo sorprendente y muy estimulante.
     
    Para profundizar más en el tema, te recomiendo algunos libros de San Josemaría, el fundador del Opus Dei:
    Amigos de Dios: tiene una homilía sobre el trabajo en la que explica muy bien el tema.
    Camino: uno de sus capítulos trata sobre el trabajo.
     
    Si quieres conocer algún director espiritual del Opus Dei, creo que lo mejor es que vayas a alguna casa del Opus Dei en Barcelona y preguntes allí. En mi antiguo blog (http://soydelopusdei.blogspot.com/ ) hay unos cuantos enlaces en la columna derecha. Varios son de casas de la Obra en Barcelona.
     
    Espero haberte ayudado.
     
    Antonio.

     

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    ¿Podrías resumir sencillamente en cincos puntos concretos qué mensaje predicáis?

    Veo que tienes mucha información sobre el Opus en tu página. Para los que no lo conocemos, ¿podrías resumir sencillamente en cincos puntos concretos qué mensaje predicáis?
    Muchas gracias por esa pregunta. A veces se echa de menos poder hablar tranquilamente de estas cosas aquí.

    Ya que preguntas por temas fundamentales, te contesto remedando palabras de San Josemaría, su fundador. Puedes leer en este enlace unas preguntas básicas, respondidas por él mismo.

    Aquí te resumo cinco puntos clave:

    1. El objetivo único del Opus Dei es contribuir a que haya en medio del mundo, hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario.

    2. Cada uno de los fieles se gana la vida y sirve a la sociedad con la profesión que tenía antes de venir al Opus Dei y que ejercería si no perteneciese a la Obra.

    3. La actividad principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros y a las personas que lo deseen los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo.

    4. El Opus Dei les ayuda a conocer la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia y les proporciona un espíritu que les mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres. Se trata, en una palabra, de comportarse como cristianos: conviviendo con todos, respetando la legítima libertad de todos y haciendo que este mundo nuestro sea más justo.

    5. El Opus Dei es todavía muy joven. Su tarea es colaborar con todos los demás cristianos en la gran misión de ser testimonio del Evangelio de Cristo; es recordar que esa buena nueva puede vivificar cualquier situación humana. La labor que tiene por delante es ingente. Es un mar sin orillas, porque mientras haya hombres en la tierra, por mucho que cambien las formas técnicas de la producción, tendrán un trabajo que pueden ofrecer a Dios, que pueden santificar. Con la gracia de Dios, la Obra quiere enseñarles a hacer de ese trabajo un servicio a todos los hombres de cualquier condición, raza o religión. Al servir así a los hombres servirán a Dios.

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    ¿Por qué no hay en el “Opus Dei” numerarios auxiliares?

    ¿porque no hay en el "Opus Dei" numerarios auxiliares? ya va siendo hora de que la mujer solo esté al servicio del hombre parece que es algo demasiado injusto, por no decir al ma ás fuerte, no les parece?
    No es deshonroso dedicarse a llevar las tareas del propio hogar. Creo que tienes un concepto “elitista” del trabajo: ¿consideras más digno tu trabajo que el de llevar un hogar?

    A mi me parecen dignísimos todos los trabajos honestos… y especialmente el que se realiza en el hogar, que tanto contribuye a la paz familiar y a mejorar la sociedad.

    Por otro lado, también los sacerdotes, que son varones, se dedican a servir a todas las almas (hombres y mujeres) y se dejan la vida en ello, renunciando a todo lo demás. Y no están por ello discriminados…

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    Opus Dei ¿conservador o progresista? ¿y feminista?

    Opus Dei ¿conservador o progresista? ¿y feminista? ¿qué opina de la mujer independiente, con estudios, que quiere salir adelante y en la que recibe ayuda del marido para las labores domésticas? ¿Hay parejas modernas de ésas en la Obra? ¿No lo considera Escrivá de Balaguer poco varonil y pueblerino? ¿Están a favor de que el hombre se encargue conjuntamente de la educación de los hijos, e incluso de la limpieza o de la comida?

    La mujer que describes es la que, gracias a Dios, hay ahora mismo en la sociedad. Y también en el Opus Dei.

    Me viene a la cabeza un caso que conozco, de un supernumerario que lleva la casa, y su mujer, que es psicóloga, trabaja en una institución sanitaria oficial. No es lo más corriente, ni en la sociedad de mi país, ni en el Opus Dei, pero se da, claro. ¿Por qué no?

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