¿No cree que la mortificación corporal no encaja la vida de personas mínimamente civilizadas?

No comprendo todo lo que se dice sobre las tremendas auto-torturas a que se someten los del Opus Dei. ¿Es esto realmente cierto? Si es así, ¿no cree que la mortificación corporal no encaja la vida de personas mínimamente civilizadas?

En el Opus Dei se recomienda huir de las penitencias grandes. Se procura que los fieles vivan el sacrificio escondido y silencioso en las cosas pequeñas de la vida. Sobre todo que procuren fastidiarse a sí mismos en aquellos detalles que hacen la convivencia más agradable a los demás.

El fundador ha repetido la idea de que muchas veces la “mortificación” que más cuesta es la sonrisa, es decir, saber atender con cariño a las personas que tenemos alrededor, aunque en ese momento estemos pasando algún apuro o nos falte el tiempo.

Sin embargo, continuando la tradición de la Iglesia, los fieles del Opus Dei pueden hacer (como muchos otros católicos) mortificaciones corporales, que no son "auto-torturas" ni nada parecido, sino pequeñas molestias que se buscan por amor a Jesucristo.

Entre los que popularizaron estas mortificaciones entre los seglares están santos de la categoría de San Ignacio de Loyola. La Iglesia las aprueba si se practican con espíritu de verdadera penitencia, con moderación, con discreción, sin daño para la salud, etc.

El Opus Dei no tiene argumentos para derogar esas prácticas que han ayudado a muchos cristianos a lo largo de los siglos y que han practicado los santos de todas las épocas. Si la Iglesia Católica algún día dispone que se dejen de utilizar, en la Obra se cumplirá esa orientación, como se hace con todas las indicaciones.

Mi experiencia me dice que en la atención de los fieles pocas veces se anima a emprender un camino de duras penitencias. Al revés, generalmente se procuran reconducir los deseos de mayor penitencia hacia la práctica de las virtudes más importantes: la caridad, la humildad, la laboriosidad, etc.

Me gustó un suceso que narraba el protagonista: habló con Josemaría Escrivá y le comentó que estaba pensando acudir a una mortificación extraordinaria para ofrecer a Dios ese sacrificio por un amigo suyo. San Josemaría le dijo que ordenase el armario de su habitación (que estaba manga por hombro) y se olvidara de lo otro. Como se ve, no puede haber reglas generales y cada uno decide, pidiendo consejo si lo desea.

No hay que olvidar que es obligación grave de los directores del Opus Dei cuidar en la medida de sus posibilidades de la salud física y espiritual de los fieles de la Obra, por lo que no tolerarían jamás que alguno se excediese en esas prácticas. No hay noticia de que esto haya ocurrido.

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