¿Gente TOP? Oigaaaaaaa, que yo estoy aquiiii

¿Gente TOP? Oigaaaaaaa, que yo estoy aquiiii.

 (Y la verdad que un poco cansada, por lo del elitismo, porque asi me quedo fuera y se que no lo estoy).

Conocí el Opus Dei con 25 años, ya bastante madura para saber lo que queria y hacia, nadie me obligo a nada, porque no he sido una niña bien, y me a costado ganarme los cuartos como se suele decir, y no soy ingeniero, ni arquitecto, entonces trabajaba en una linea de trabajo en cadena y ganaba 100.000 ptas.

Soy la mujer mas feliz del mundo, porque lo que el Opus Dei me ha aportado, es levantarme todo los dias, pensando que tengo muchas cosas por las que luchar y a mucha gente a la que amar.

Por cierto, salirse del Opus Dei es muy facil, porque no tienes que darle explicaciones a nadie… solo a Dios, de ese NO.

Gracias por tu mensaje. Me vas a permitir que comente tu última frase, pues creo que no es exacto simplificar las causas de la salida del Opus Dei: algunos salen porque no es lo suyo: periodos de prueba hay para comprobar tanto la propia vocación como la idoneidad para los compromisos que se adquieren. Viva la libertad.

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Una historia.

Hola amigo. No sabía si aburrirte con una historia personal más. Pero he decidido escribirte para que seas tu quien decida si te interesa leerlo o no.
He estado vinculado a la Obra desde pequeño. Vi mi vocación de adolescente. No sin esfuerzos fui (numerario) durante unos pocos años, hasta que el ritmo de vida debilitó mis fuerzas y tras enfermar, concluí que lo único que podía hacer era dejarlo. Estoy tremendamente agradecido a Dios y a la Obra por todo lo aprendido y "lo crecido" en tantos años maravillosos.

He procurado seguir conservando mis amistades con gente de la Obra y con cierta frecuencia acudo a recibir atención espiritual con un sacerdote del centro donde vivía.

Conocí a la que ahora es mi novia en largas charlas nocturnas sobre qué es el Opus Dei. Por diversos motivos ella quería saber cosas de la Obra pues tenía un amigo supernumerario y ella no conocía nada (nada bueno, ni nada cierto) del Opues Dei. Cuando mi novia decidió acudir a un centro de la Obra terminó mi misión informativa sobre el Opus Dei.

Desde este año mi novia es supernumeraria y yo estoy felíz porque tengo la impresión de que el Señor lo tenía todo previsto y en cierto modo me siento utilizado como intrumento de Dios en toda esta historia. He tratado de averiguar más de una vez si Nuestro Padre había dejado escrito algo dirigido a los que abandonamos la Obra. Sin éxito. He preguntado quizá no lo suficiente o no en el sitio adecuado… sin éxito.

Y al encontrarme con tu blog he encontrado la respuesta a muchas cosas que andaba buscando. Sólo quiero rogarte que continues con esta importantísima ciberlabor -mucho más de lo que imagines- con la que estás ayudando a miles de almas. Rezo por ti y te pido que lo hagas tu también por mí. Mi cariño y admiración. No tengo ningún interés en que publiques mi mensaje, salvo que tu lo consideres oportuno. Un fuerte abrazo.

Perdona, pero claro que tengo interés en publicar esto tan bonito, que para nada es aburrido. Además, conozco casos similares. Dios tiene sus caminos. Enhorabuena.

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Buscaré otras fuentes

Muy agradecida.Deseo darle las gracias por su respuesta a mi pregunta. Y tiene toda la razón del mundo a mí personalmente me duele leer esas cosas pues no me deja impasible, así que buscaré otras fuentes que las habrá seguro y, me ayudaran más.Solo me queda rezar por estas personas que seguro que no quieren hacer mal a la Obra solo que han perdido un poco el norte, y la brújula les guia por el camino equivocado.

Gracias por su respuesta.

Como siempre, gracias a los lectores por preguntar.

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Wenas!!

Wenas!! Thanks por esta pagina, lo 1º. no es preguntar lo q kiero hacer, sino dar las gracias a todos los miembros de la prelatura x preocuparse tanto por los demas con cualquier problema, xo sobre todo x rezar ya sea x el vecino o por alguien de la otra punta del mundo; Ah!! y con el tema de xq' se ha difundido tanto la devoción c/ las "estampas" , solo decir q yo me alegro xq (jeje) d mas de un apuro me ha sacado S.Josemaría x pararme a rezar un poco; a parte de eso, soy estudiante , y animo a mis colegas a q se encomienden especialmente a Isidoro Zorzano, (a el sí q le debo favores.., sobre todo con los examenes de matemáticas y fisica!!!) "Thanks xq no me fallas!!"… Gracias x parar a leer esto ( y quien lo lea q x favor rece o q se acuerdese de las/os pringaillos q estamos de examenes x ejemplo: SELECTIVIDAD… jejeje, ADIOS!! *no dejo el e-mail xq va a ser q no necesita esto una respuesta individual* xo gracias 🙂

Wenas a ti. Ya me gustaría escribir tan bien como tú, con esas abreviaturas tan molonas, pero yo estudié la EGB y el BUP y eran otros tiempos, ya sabes.

Aquí pongo un enlace con datos para quienes no conozcan y quieran conocer a Isidoro Zorzano.

xo gracias a ti 🙂 [No sé muy bien qué es "xo" y espero que sea algo bueno; lo de ":)" me suena más].

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Monseñor Escrivá de Balaguer y el Opus Dei

Mons. Antonio Quarracino, Obispo de Avellaneda. Secretario General del Celam
Artículo publicado en EL MUNDO
Medellín, 5–XI–81

No tuve oportunidad de conocer personalmente a Monseñor Escrivá de Balaguer, ni me he detenido en profundizar sus escritos. Hace muchos años leí Camino, y no hace tanto algunas de sus plá­ticas y homilías. Debo decir ante todo que me llamó la atención su facilidad de presentar como «a la mano» -encarnado, dicen hoy– el llamado universal a la santidad.

Tampoco mis contactos con el Opus Dei han sido tales que jus­tifiquen una exposición detallada de su espíritu y apostolado. He tratado a algunos de sus miembros; y debo decir que me han pare­cido todos excelentes. Me han atendido afectuosamente en sus cen­tros e informado de sus labores en los diversos ambientes del pueblo de Dios.

Afirmaría que mi conocimiento de esta Obra y de su fundador es un conocimiento «al revés», esto es por sus detractores, los cuales a la verdad, me causan una sensación extraña, mezcla de pena y de gracia. Algunos ataques y testimonios muchas veces son una expresión de mal gusto, por decir lo menos… es una institución de la Iglesia que ha recibido golpes muy furibundos, que recuerdan la desfachatez diabólica. Y por cierto que no todos vienen de afuera…

Pienso entonces en aquello de que las obras de Dios son pro­badas por la adversidad y la persecución… Recuerdo lo que San Lucas relata en el capítulo 5 de «Los Hechos» acerca del prudente Gamaliel: «Si este asunto es cosa de los hombres… pero si es cosa de Dios… no se vayan a encontrar luchando contra Dios». Como creo que estas palabras conservan su validez, por una parte me asal­ta cierta especie de pena porque, naturalmente, no me agrada que se golpee a una institución de la Iglesia; y también cierta gracia entre socarrona y lastimera porque me parece ver a los que golpean, in contrario sensu, como instrumentos de la comprobación de que una obra es de Dios. Algo parecido a los «abogados del diablo». Considero muy útil y necesario el papel que deben desempeñar esos abogados; ¡pero me parece tan antipático!

No sé si Monseñor Escrivá será canonizado. ¡Qué extensa es la lista de grandes figuras de la Iglesia que no lo han sido! Pero cuando personas serias, ponderadas y prudentes, que conocen el sentido de las palabras, tanto lo exaltan y de santo lo califican, me digo que por algo debe ser. Es un hecho sin precedentes contar con la petición de 69 cardenales y 1.300 obispos -entre ellas la mía– dirigidas al Santo Padre solicitando la apertura del proceso. Y como me quedo pensando que si me pidieran el nombre de un pastor -obispo o sacerdote– que yo hubiera conocido personal­mente en mi vida, y a quien considerara digno de que su causa fuera introducida, daría el de uno solo, y con algunas advertencias pre­vias, se me ocurre que tampoco tantas personas piensen y hablen apresuradamente.

Por otra parte, hay algunos hechos que muchos podrán juzgar irrelevantes, pero que yo considero significativos si se los mira desapasionadamente.

El caso de Camino, por ejemplo, que ese libro tan sencillo, algu­nos de cuyos pensamientos han sido criticados con ridícula ligereza, haya tenido tiradas millonarias y traducciones en más de treinta lenguas, ¿no llama la atención? Ya escucho a algunos: «es que la institución…», «Sí, ya sé, interrumpo yo: ¡los de la Obra son tan geniales que lo editan y luego queman los ejemplares, o los venden como papel viejo!, pese a la pequeñez de su tamaño. ¡Muy inte­resante su explicación!».

Otro hecho; cuando murió Monseñor Escrivá, el Opus Dei, así tengo entendido, contaba con mil sacerdotes, más o menos. Estimo que ningún fundador dejó al morir una heredad semejante a la Iglesia.

El tercero: es conocida la amplísima gama de profesionales y estudiosos que pertenecen a la Obra. Se trata, pues, de gente que naturalmente no dejó enmohecer su materia gris. Soy lógico si pien­so que se trata de personas cuya asociación al Opus Dei no ha sido hecha a tontas y a locas, o como llevada por la nariz, o engañadas como niños, o por medio de un espeluznante lavado de cerebro, o después de pasar una temporada en un hospital psiquiátrico del Este…

«¿Ladran, Sancho? Señal es que cabalgamos». (De un libro vie­jo, pero siempre actual.)

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Esto hace mucha falta

Felicidades y mucho ánimo, esto hace mucha falta. Rezaré por su iniciativa.

Pues nada, que cunda el ejemplo.

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Gracias… me estaba envenenando de medias verdades

Gracias por esta página y por las respuestas enviadas a mi correo personal, me estaba envenenando de medias verdades divulgadas por otros medios virtuales…

Gracias a ti por tener la nobleza de preguntar y por no conformarte con las medias verdades.

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Cansada de escuchar calumnias.

he mandao un mi opinoon personal del opus dei por que estaba cansada de escuchar tantas calimnias de opus dei y no me lo han publicao.me gustaria que lo hicieran.gracias
Pues no consigo saber qué mensaje enviaste, sobre todo porque desde el formulario llegan "mensajes" anónimos, y si no dejas tu dirección de correo no puedo localizarlo. Si me lo envías de nuevo… te lo agradezco.

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Uno de mis mejores amigos es un Dominico.

Buenos días.

He conocido tu página por casualidad, navegando buscando información sobre la Obra, y he de dedirte que me parece encomiable la labor que haces, amén de la paciencia que demuestras 🙂 Te animo a que continues con esta labor.
Rezaré para que Dios te siga dando fuerzas para "aguantar".
Soy católico practicante, y aunque no pertenezco al Opus, si tengo muchos amigos que pertecenen. Cada día entiendo menos (o más, según se mire) la necesidad de la gente en buscar morbo y hacer peliculas para saciar sus absolutas faltas de conciencia.

Si analizas tu web (que lo habrás hecho en multitud de ocasiones ), la mayoría de preguntas o acusaciones no van encaminadas a conocer más sobre la obra o despejar algún tipo de duda razonable, unicamente buscan el morbo por el morbo; el ocultismo, las sectas, el cilicio……… Al fin y al cabo, es lo que "vende", y bien sabes tú cuanta gente se ha aprovechado de esto ultimamente, como nuestro "amigo" Brown. El opus es una secta, los Legionarios son curas ricos y los franciscanos evangelizaban espada en mano.

Uno de mis mejores amigos es un Dominico, y te sorprendería las conversaciones que tenemos cuando nos juntamos con otros amigos del opus, con él, con amigos que estudiaron conmigo en un colegio religioso y ahora se declaran ateos convencidos. Siempre terminamos diciendo lo mismo: tenemos que escribir un libro 🙂 !!

En fin, no quiero robarte más tiempo, tan solo me he visto en la necesidad de escribirte un par de lineas y, me repito, darte animos para que continues no sólo con la página, sino con tu labor.

Un fuerte abrazo y hasta siempre,

Un amigo.

Ahí queda lo que vives. Te agradezco tu sinceridad y tus ánimos.

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Una amistad de 43 años

Mons. Pedro Altabella Canónigo de San Pedro de Roma
Doctor en Teología y Derecho Canónico
Artículo publicado en EL NOTICIERO
Zaragoza, 29–VII–76
El día 26 de junio de 1975, Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer pasaba a mejor vida. En aquellos momentos nos fue dado estar junto a su cadáver –parecía que estaba dormido más que muerto, celebrar la Santa Misa de corpore insepulto y dar rienda suelta a nuestro afecto de amigo.

Hoy quisiera evocar siquiera algún rasgo de su rica personalidad sacerdotal. Creo que un trato frecuente que tuve con el a lo largo de 43 años me autoriza a intentarlo.

Conocí a Josemaría Escrivá de Balaguer apenas llegué al Semi­nario Conciliar de la Plaza de la Seo, el año 1925, en Zaragoza. Josemaría, que residía en el Seminario de San Carlos, venía como Superior del Seminario de San Francisco de Paula a acompañar a los seminaristas que venían a clase al Conciliar. Le veíamos vestido con man­teo –no llevaba beca porque era Superior- y con porte distinguido. Creo que en aquellas fechas había recibido sólo las Ordenes Menores.

Luego, circulaba por el Seminario nuestro la noticia de que Jose­maría estaba en Madrid. Allí terminaba sus estudios de Derecho Civil, y trabajaba en el apostolado entre universitarios. No sabía yo entonces más de él.

El año 1934, en enero, fui llamado por don Angel Herrera que pidió el permiso al señor arzobispo Domenech– a la casa del Con­siliario, en Madrid. Morábamos en la calle Villanueva, 15.

Fue precisamente en esa casa y en ese tiempo donde me saludó por primera vez don Josemaría Escrivá. Me lo presentó don Emilio Bellón, nuestro director, diciéndome: «Ven acá; vas a conocer a un paisano tuyo, gran sacerdote y apóstol». Bromeó don Emilio sobre mi persona al presentarme a don Josemaría y, en un fuerte abrazo que nos dimos, quedó fundida una amistad que nunca ya vino a menos.

Hablamos de nuestros ideales sacerdotales y apostólicos. Me invitó a visitar su academia DYA, que tenía en la calle Ferraz. Me impresionó en aquel momento el garbo y la alegría con que trataba a aquellos chicos y el gran afecto que le tenían. Pero, sobre todo, quedó grabado en mi alma el gran aprecio que ponía Josemaría Escrivá en la oración, y que supo transfundir en los espíritus de aquellos universitarios. La capilla estaba llena de jóvenes recogidos en oración. Eso, entonces, no era corriente.

Es ésta de la oración una nota fundamental de la personalidad de Escrivá de Balaguer. Diría yo que era para él la oración su fuerza, su refugio, su mejor quehacer, su hora de luz y de amor. Allí supo escuchar a su Dios y Señor, y prometió y cumplió seguirle fielmente hasta morir. ¡Cuántas veces le he oído que todo lo hablaba en la oración! Recuerdo que en los momentos más graves de su vida, que yo conocí o que le oí contarme, sea en las horas brillantes, sea en las amargas y oscuras, con fe intrépida, con gran decisión, con enorme poder de convicción, me decía: «Verás que todo lo resolverá el Señor de la mejor manera. Recemos sin desmayo».

Sugiero destacar, asimismo, otra nota para mi característica de su persona y de su acción. Se ha escrito y dicho reiteradamente que la idea central de su espiritualidad era y es que el cristiano común puede y debe santificar el trabajo y santificarse en el trabajo. Sea así. Pero creo que los diálogos de amistad que tuve con Jose­maría Escrivá me han dado a ver otra idea fuerte que quizá nos haga ver claro, y bajo la luz especial, el alcance de su vida y de su acción. En nuestras conversaciones, siempre destacaba con fuer­za la acción de Dios, de su gracia divina. La acción preponderante de Dios en nuestra santificación –sine me nihil–, pero, a su vez, la acción del hombre con toda su alma, con su entrega total, sin términos medios, con audacia moral. ¿No puso a su academia como lema Dios y Audacia? Pues bien, para mi quedó clara esta su postura espiritual un día en el que con entusiasmo inaudito me decía: «Me saca de quicio, Pedro, ese Cristo verus Deus et verus homo Cristo verdadero Dios y verdadero hombre–. La fuerza omnipotente de Dios, amasándose con el hombre al cual ha destinado a su Gloria».

Ahí está toda la luz de la teología aplicada a la vida nuestra: Cristo es el modelo. Las acciones de Cristo son tan divinas como humanas, tan humanas como divinas, theandricas dicen los teólogos. Nos parece que para comprender la ascética, la vida y los idea les apostólicos de Josemaría Escrivá, se debe partir de aquí. Sobre todo para conocer su Obra, el Opus Dei. Por eso Escrivá de Bala­guer quería a sus hijos muy santos y muy hombres. ¿No arranca de ahí la luz que ha transformado tantas conciencias en el mundo por medio del Opus Dei?

La claridad de esa idea le llevó a potenciar todo lo humano como don de Dios en un momento en que predominaba en los rasgos cristianos un «angelismo» deshumanizado. Pero esa misma luz nos puede aclarar hoy por qué no ha caído el Opus Dei en ese huma­nismo híbrido que ahora se predica desde tantos púlpitos y en el que Cristo –y, como consecuencia, el cristiano ya no tiene o no debe tener nada de divino. Hemos mutilado a Cristo: antes, por negar o no afirmar su humanidad benditísima; hoy, por reducirlo a un hombre, quizá un «superman», que nada hace ni dice de Dios.

Creo que aquí radicaba el arrastre de Josemaría Escrivá sobre las gentes. Su fuerza era de Dios, pero su humanidad se derramaba envuelta en lo divino.

Quizá a Josemaría Escrivá se le ha conocido en algunos ambien­tes a través de quienes lo presentaban como desencarnado, como «beatificado». Nada más contrario a la verdad. Era humano como pocos. Con un corazón que no se cansaba de amar: a su Dios y a sus hermanos. Para nosotros, el perfil sacerdotal y humano de Escrivá de Balaguer lo podríamos encontrar en aquellas palabras de San Pablo que Josemaría meditaba tantas veces: «Omnis pontifex ex hominibus assumptus, pro hominibus constituitur in iis quae sunt ad Deum»: Todo pontífice escogido de entre los hombres es cons­tituido para los hombres en las cosas que miran a Dios. No es apología fácil y gloriosa la nuestra. Josemaría Escrivá era todo un hom­bre, pero de Dios. Cuarenta y tres años de amistad nos autentizan a afirmar en conciencia que, como hombre, era un superdotado, pero que su fuerza la traía de Dios. Tenía para él y para sus hijos como gran exigencia el ser muy humanos. Pero enraizados en Dios. ¡Cuánto se podría hablar de este tema!

Pero, a su vez, para los hombres –pro hominibus constiluitur–. ¡Cómo le brillaban los ojos ante los hijos de Dios!– ¡Cómo era su verbo cálido, incisivo, directo, sacerdotal! Había yo sostenido muchas veces el bien que hacía al ponerse en contacto con aquellas muchedumbres que le escuchaban. Le oí más de una vez sus impre­siones sacerdotales después de un extenuante viaje apostólico. No se saciaba nunca. Y eso, a pesar de que nunca, en la historia de la Iglesia, Dios concedió a un Fundador, durante su estancia terre­na, ver tantas y tales multitudes de cristianos que le seguían en su aspiración a la santidad.

En las cosas que miran a Dios – in iis quae sunt ad Deum–. No quería saber otra cosa. El día que se escriba su vida, se verá cuán errados andaban quienes vieron en él aspiraciones terrenas, contar con poderes del mundo… Cada día se interiorizaba más y gemía por su amor al cielo. Escribimos de lo que hemos visto y oído, no por impresiones. Y decimos en conciencia lo que creemos era vida de su vida. La salvación de las almas. ¡De todas las almas! Ese era su ideal.

Hemos querido, a vuela pluma, evocar algunos de los recuerdos de nuestro trato con Josemaría Escrivá de Balaguer. Séame per­mitido terminar recordando dos cosas. La primera, que en el terre­no de la amistad conmigo fue siempre él el primero y más fiel. Quizá más de una vez hubiera tenido motivos para dejarme u olvidarse de mí. Todo lo contrario. Tengo mil testimonios profundamente indicativos de su lealtad de amigo. Y era quien era; y yo… ¿qué contaba ni cuento?

Quiero añadir una segunda cosa. Nunca vino de él una palabra directa o indirecta en que me invitara o siquiera me sugiriera per­tenecer a su Obra. No ya de sus íntimos, pero ni siquiera de entre los sacerdotes diocesanos. Y sabe muy bien el Señor que este tema de la santidad sacerdotal nos llevó muchos ratos de conversación. Quiero que se sepa porque ha habido quienes me han colocado en los rangos del Opus Dei. Era Josemaría Escrivá muy comprensivo. Sabía muy bien que la amistad es una cosa y que la llamada de Dios a una vida específicamente dedicada a Dios dentro de unas coor­denadas como las de su Obra es otra cosa muy distinta. Por eso, entre otras cosas, nos quisimos. Creo que su amistad fue un don de Dios para mí. Y seguimos cada uno el camino que nos trazó el Señor.

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