Numeraria auxiliar: María Emperatriz Cantalejo

Numeraria auxiliar: María Emperatriz Cantalejo Opus DeiMaría Emperatriz tiene 37 años y es numeraria auxiliar del Opus Dei (quienes se encargan de las tareas domésticas y administrativas en los centros y residencias de la organización). Da clases en la Escuela Fuenllana de hostelería, en Madrid, que es una obra corporativa del Opus Dei. Conocí el Opus Dei en los años 80, exactamente cuando dejé mi ciudad natal, Talavera de la Reina, y vine a Madrid.
En Madrid estuve trabajando en un colegio mayor [residencia asociada a una universidad, en las que a veces funcionan centros del Opus Dei], donde yo conocí a gente que pertenecía a la “Obra”.
En esa época supe realmente cuál era la espiritualidad del Opus Dei. Conocí a mucha gente que trabajaba en la administración de los centros de la “Obra”, a unas cocineras muy profesionales que me ayudaron a decidir, sobre todo observando su trabajo, que podía estudiar hostelería.
Me puse luego a trabajar y a estudiar, y pedí la admisión como numeraria auxiliar.
El tema de decidir ser numeraria auxiliar es una cosa que va cuajando por dentro. Es una llamada de Dios, una vocación sobrenatural. Esto supone entrega, sacrificio. Por ejemplo, renuncias a casarte y tener hijos.
Actualmente doy clases teórico-prácticas en la escuela en la que estudié, la Escuela Fuenllana de hostelería, que es conocida en España y es una obra corporativa del Opus Dei. Enseño cocina y repostería, atención al cliente en el restaurante donde las alumnas hacen prácticas, y ayudo a las alumnas a que aprendan a planchar y coser.
Ellas van a ir trabajando luego en distintos sitios de la sociedad. Por supuesto, también pueden trabajar en centros del Opus Dei.
En un día común me levanto, hago media hora de oración y voy a misa. En ese momento le ofrezco a Dios ese día de trabajo, porque luego durante la labor sinceramente no te puedes poner a rezar. Si hay una pequeña contrariedad pongo buena cara, no pasa nada, adelante. Eso forma parte de la santificación del trabajo.
En el Opus Dei se dice que las numerarias auxiliares son como la columna vertebral. Hacen todos los trabajos tanto en los centros donde viven hombres como en los que viven mujeres; atienden colegios mayores, residencias en las que la gente va a lo mejor a pasar unos días de ejercicios espirituales o cursos de retiro, o a estar una semana en unas conferencias, unas convivencias.
Son las que se encargan de que el desayuno esté preparado, de que la mesa esté bien puesta, de que haya unas flores en un sitio determinado, de que la ropa esté muy limpia, de que la puerta y el teléfono estén atendidos. Las compras también. O sea, lo que haría una madre de familia en su casa.
Es cierto que los hombres no tienen que estar cuando entran las mujeres a su centro a hacer las tareas. A lo mejor lo que se hace es dividir la casa en dos zonas y se limpia primero una y después otra, de forma que los hombres puedan seguir trabajando en la biblioteca de la casa o en su habitación.
¿Por qué? Pues porque si una persona, que puedo ser yo misma, le he entregado mi vida a Dios y he decidido vivir en celibato apostólico, puedo estar tentando al trabajar cuando por medio puede haber hombres.
En la práctica, la mayoría de las tareas las desarrollan las mujeres. No porque los hombres no puedan hacerlas, sino porque si ellos tienen su trabajo profesional el centro puede convertirse en una especie de casa sin control (…) Ellos llegarían a su casa y aquello estaría destartalado, un poco descuidado si no hubiera administración.
Y luego también porque la mujer tiene ese carisma especial del detalle, de la intuición. Hay hombres a los que también se les dan mejor los trabajos de la casa, pero la mayoría de las mujeres pueden hacer ese trabajo quizás con esa mano femenina que deja cada cosa en su sitio, con orden, atención, esmero.

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¿Por qué escribes este blog?

Acabo de leer este blog y no entiendo porqué estás metido en todas esas movidas: ¿te obligan tus superiores? Igual que con lo del blog. ¿Te han ordenado que lo escribas o lo haces porque quieres? Me alegra que me hagas esta pregunta. Hago este blog porque debo mucho al Opus Dei y quiero agradecérselo de esta manera. Cuento estas cosas, para que muchos como tú puedan saber de primera mano qué es el Opus Dei, o la Obra, como otros le llaman. También lo hago porque me da pena la gente que habla mal del Opus Dei. Normalmente lo hacen porque no lo conocen, o porque se han criado en un ambiente lleno de prejuicios. Creo que no tienen la culpa y rezo por ellos. Comprendo su postura, pero no la comparto. Quiero que este blog consiga que cada vez más gente conozca la maravilla que es la Obra.
Estoy metido en todas estas “movidas” porque pienso que a Dios le agrada que lo haga, y eso me da mucha alegría. Me considero una persona muy feliz, si consigo consolar, aunque sea un poco, a este Dios que está tan ofendido en los tiempos que corren. Trabajo todo lo que puedo, porque creo que le gusta. No lo hago porque me obliguen, ni porque me lo manden, sino porque me da la gana. “En el Opus Dei -como decía san Josemaría- el mandato más fuerte es un por favor”: yo esto lo he comprobado muchas veces.

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En el campo mexicano

En el campo mexicano Opus Dei Bernardo Sánchez es campesino. Vive en Quebrantadero, México. Me llamó la atención oír que el trabajo que uno hace se puede santificar, si se ofrece al Señor cada día, y se hace bien.

Me gustó ver que en los medios de formación se tuviera muy en cuenta al Papa, y que siempre se pidiera por sus intenciones y por sus necesidades. Todo esto me ha ayudado a sostenerme firme en la fe.

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¡Soy numeraria auxiliar y me gusta servir!

¡Soy numeraria auxiliar y me gusta servir! Opus DeiKatia Blondeau, 34 años, es una numeraria auxiliar del Opus Dei. Actualmente, trabaja en la Escuela de Hostelería Dosnon cerca de Soissons (Francia). ¿Qué significa para ti ser numeraria auxiliar?
Para mí, una numeraria auxiliar es una cristiana, una persona del Opus Dei que vive el celibato, y que procura poner a los demás (su familia, sus clientes, sus amigos) en el centro de su trabajo, -en mi caso, la hostelería- y de esa forma servir a Dios, conocerle y quererle.
Busco crear un ambiente familiar allí donde trabajo, y espero contribuir así al equilibrio y al bienestar de las personas a las que llego con mi profesión.
¿Cómo se concreta eso? En el cuidado que procuro poner en los detalles: por ejemplo, al poner la mesa para comer; o prestando atención para escuchar las necesidades de los demás. Es decir, se trata de hacer felices a los demás.
Actualmente, trabajo como monitor técnico de la Escuela de Hostelería Dosjon. En concreto, me responsabilizo de la atención y el servicio de los asistentes que acuden a las actividades de formación y a los retiros espirituales al Centro de Encuentros Couvrelles, vecino a la escuela de hostelería.

¿Cómo ha reaccionado tu familia ante esta elección vital tuya?
Mis padres no conocían el Opus Dei cuando yo comencé a frecuentar un centro, por lo que lógicamente quisieron informarse un poco. Me hicieron preguntas, y yo se las fui respondiendo. Poco a poco, pudieron conocer el espíritu de familia que hay en la casa donde vivo y se encontraron satisfechos y a gusto en el ambiente de la casa.
Hace poco, mi padre, cocinero de profesión, vino para preparar una cena de gala que ofrecíamos a una de nosotras por su cumpleaños. Y regularmente los dos vienen a la Escuela Dosnon a las actividades que organizamos.

¿Cuál ha sido tu recorrido profesional?
Cuando terminé mis estudios de hostelería, trabajé durante un tiempo en el restaurante de un gran grupo. Aprendí mucho y a buen ritmo, pues los trabajos de hostelería no se improvisan. Trinchar y flamear ante el cliente, el arte de la mesa, neología… todo iba muy bien, pero yo quería trabajar para mi familia, el Opus Dei. Así que comencé a trabajar las tareas domésticas de diversos centros de la Obra.
Actualmente, soy profesora de restauración en una escuela de hostelería donde, además, el Opus Dei ofrece a las alumnas que lo desean una formación cristiana. Allí es donde procuro transmitir todos mis conocimientos profesionales junto con la atención a los demás que considero tan interesante.
Hoy día ha aumentado el interés por las profesiones directamente relacionadas con el servicio a los demás, anteriormente menos valoradas. ¿Qué te parece este cambio de mentalidad?
¡Me parece muy positivo y, a la vez, lógico!
Es como redescubrir el valor que tiene cada persona y la necesidad que tenemos de ser amados. En mi opinión, gran parte de los problemas de la sociedad surgen de la indeferencia con que a veces nos tratamos unos a otros.
Considero que estas profesiones relacionadas con el servicio contribuyen muy directamente a crear una sociedad más humana y calurosa. Por eso me parece lógico que cobren un nuevo valor: es una ganancia enorme para la sociedad.

¿No te parece que en una época en la que todo el mundo busca tener cada vez más derechos y trabajar menos, vuestro ritmo de trabajo puede parecer excesivo?
Quienes trabajamos en el sector de servicios y en la hostelería sabemos que nuestras ocupaciones no tienen nada de ordinario: trabajamos cuando los demás descansan, tomamos las vacaciones a destiempo, etcétera.
En cuanto al ritmo, evidentemente es exigente: ¡basta con mirar al personal de sala o de cocina de un restaurante en un día de afluencia alta! Por mi parte, yo me siento satisfecha respecto a mis compañeros con mis 35 horas de trabajo.

¿Los días festivos, por lo tanto, son sinónimo de más trabajo para ti?
¡Claro! Ya que los días en los que se celebra algo piden un poquito más de atención, te tienes que volcar un poco más para, por ejemplo, preparar el plato favorito de alguien o imaginar una nueva decoración para la mesa, algo original e inesperado.
Me gusta dar esta dimensión familiar a mi trabajo y manifestarlo en estos detalles de cariño hacia mi gente. A mi, estos detalles no me suponen una carga de trabajo. Son más bien una alegría, porque sabes que los demás están disfrutando con ello.
Es algo que siempre he experimentado en los centros del Opus Dei: allí la gente intenta hacer la vida alegre a los otros, especialmente si están pasando un momento difícil, por motivos de trabajo, salud u otros. Creo que las numerarias auxiliares tenemos un papel muy importante en este campo y eso me estimula a llevar a cabo mi trabajo con mayor profesionalidad y cuidado.

¿Te parece que los trabajos de servicio están bien remunerados?
Mi sueldo se corresponde con mis conocimientos y mi trabajo. No es desorbitante, pero sí suficiente.
Actualmente, estoy contratada por la Escuela de Hostelería Dosjon. Yo me encargo de mi mantenimiento: vestido, alimento, libros, entretenimientos, etc.
Procuro gastar el dinero con sentido de responsabilidad, sabiendo que –al igual que cualquier persona en el Opus Dei– puedo ayudar económicamente, siempre que me sea posible, a un gran número de iniciativas sociales, culturales y educativas que personas de la Obra llevan a cabo en todo el mundo. Me gusta poder contribuir –aunque sea con pequeñas contribuciones- al desarrollo de iniciativas en países necesitados.

¿Cuál es la frase de San Josemaría que más te gusta?
“Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor”.

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Numeraria y profesora: María Marcos

Numeraria y profesora: María Marcos Opus DeiMaría, de 40 años, es numeraria del Opus Dei -los miembros célibes- y vive en un centro femenino de la organización en Madrid. Trabaja como profesora de derecho procesal de la Universidad de Alcalá de Henares. Mi decisión de pedir la admisión al Opus Dei fue solamente porque vi que era una vocación divina. No tuvieron que ver mis amigos. Mi madre, que es del Opus Dei, tampoco nos había insistido mucho a mí y a mis dos hermanas.
Cuando conocí el Opus Dei a través de “Camino” [el libro fundamental de Josemaría Escrivá de Balaguer], fui comprendiendo qué es lo que dios me pedía: que entregara mi vida para servir a la iglesia, para acercar a otras personas a dios.
Ése fue el principal motivo que me llevó a entregarme a dios en el Opus Dei cuando tenía 14 años.
En un día normal hago oración por la mañana, por la tarde. Asisto a la santa misa y luego me voy a la facultad. Allí preparo mis clases, las doy, atiendo a mis alumnos. Todo esto intento que sea con un diálogo personal con el Señor: le voy ofreciendo las cosas, le voy pidiendo ayuda.
Luego, pues, trato de ser coherente con esa alegría que yo tengo, intentando transmitírsela a los demás. Es una aventura cada día.
Procuro vivir las virtudes: la puntualidad, la intensidad, la ética profesional, el servicio a los otros.
Intento también dar en las clases un contenido acorde con la dignidad humana. Trato de aportarles a los alumnos no una visión meramente legalista; procuro que ellos tengan armas para entender bien cuáles son las leyes que más benefician a una sociedad, siempre respetando lo que ellos piensan.
Cuando llego a casa [el centro en el que vive] trato, aunque esté cansada, de remontar un poco. Pues empieza otra etapa muy importante del día, que es el rato que estás con tu gente: cuento las cosas que me han pasado y escucho lo que les ha ocurrido a los otros, como en cualquier familia. Es una convivencia alegre, natural, espontánea, sencilla.
Como en la vida de otras personas, mis días tienen luces y sombras. Por la noche pido perdón por lo que en ese día no haya ido bien y me hago una pequeña propuesta para mejorarlo el día siguiente.
El proselitismo no me genera ninguna tensión, porque no es tanto que yo tenga que convencer a alguien para que venga al Opus Dei. De ninguna manera. Como la vocación es una cosa que es de dios, o sea que dios llama a las personas, pues quizás yo puedo ver a mi alrededor a gente a la que dios le pide la vida o que se una al Opus Dei.
Yo trabajo y si resulta que en ese ambiente alguien me dice que quiere conocer más el Opus Dei, pues entonces ahí podríamos efectivamente intensificar un poco ese conocimiento.
La fidelidad [al Opus Dei] no me recorta libertades. Al revés. El hecho de saber que tengo un norte claro, algo por lo que me parece que vale la pena luchar, me reafirma.
Como mujer no reclamaría nada. La mujer en la “Obra” tiene un papel muy importante, que es sacar adelante todo el clima de familia y luego, pues, llevar el espíritu del Opus Dei allá donde ella esté: en la Universidad, en mi caso.
Las mujeres numerarias no fumamos. En mi caso es un sacrificio que le quiero ofrecer a dios dentro de mi entrega. Ellos [los hombres] fuman, supongo que tampoco todos. Pero [esta diferencia] no es una cosa que me moleste.
Las mujeres tenemos quizás una mayor capacidad de sacrificio, podemos tener más fortaleza para soportar también la “Obra” como familia. Creo que es simplemente un sacrificio que la parte femenina aporta.
La mortificación es algo que la iglesia recomienda para poder estar siempre dispuesto a servir a los demás, a servir a dios. Es como un estar en forma desde el punto de vista espiritual y muchas veces la manera es tratándose con un poquito de exigencia o disciplina. Pero no son cosas que dañen la salud ni sean horribles.
Hay distintos tipos de pequeños sacrificios que uno ofrece, en la línea de la comida, de la bebida. A veces se busca un poco más la incomodidad en las posturas, pues para estar un poquito más entrenados.
Son muchas cosas de San Josemaría que me guían en la vida cotidiana. Una cosa, por ejemplo, es el amor a los demás, saber ir de la mano de los que no piensan como uno.
Hay personas que tienen otra manera de concebir la vida en cuestiones muy claves como el divorcio, el aborto o el matrimonio entre homosexuales, muchas cosas que hoy están muy en boga.
Se puede no estar de acuerdo con estas ideas, pero siempre hay que respetar a la persona, admirar todo lo bueno que tiene y disculpar, perdonar, comprender.

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