¿Libros prohibidos?

En el Opus Dei sigue habiendo libros y autores prohibidos, como tenía antes la Iglesia y como había en España en la época de Franco. ¿Por qué no les dejan leer lo que les plazca?

En el ambiente en el que se mueven, los fieles de los Opus Dei procuran estar al tanto de las cosas de su profesión u oficio y también están al corriente de las ideas filosóficas, políticas, económicas, etc., que palpitan en cada momento en sus respectivos países.
Esto les lleva a tener un gran interés por la cultura, y leen mucho y muy bueno.

En el mundo del cine es corriente que haya clasificaciones, para orientar a los posibles espectadores. Es una pena que en el mundo de la literatura casi nadie se preocupe de ello. Así como la mayoría de la gente no llevará a sus hijos a ver ciertas películas, tampoco les pondrá en sus manos ciertos libros. Todos podríamos citar de memoria cuatro o cinco libros buenísimos, pero que –sin embargo– no pondríamos en manos de nuestros hijos o de algunos parientes y amigos, dependiendo de su edad, su madurez, su carácter, etc.

La Iglesia Católica mantuvo durante un tiempo el llamado “Indice” de libros perjudiciales. Hace décadas este “índice” desapareció, pues no se vio oportuno llevar esa relación, con las consiguientes dudas acerca de libros que están en el “límite”, o que tienen pasajes excelentes junto a páginas que moralmente dejan mucho que desear.

Pero una cosa es que no exista ese índice y otra que desde ese momento cualquier libro pase a ser “moralmente aceptable” para la Iglesia Católica.

Por eso, es preferible buscar y ejercer un asesoramiento personalizado en lo que a las lecturas se refiere. Es corriente, entre todo tipo de personas, preguntarse unos a otros por los libros que han leído o que piensan leer.

Pues eso mismo procuran hacer en todo el mundo muchísimos padres de familia y directores espirituales: estar al tanto del tono moral de determinados libros y autores, para poder dar un consejo oportuno cuando se lo pidan.

No es algo propio ni exclusivo del Opus Dei: es una costumbre buena, cristiana, que ayuda mucho a la gente y que les ahorra quebraderos de cabeza y pérdidas de tiempo.

Y no se puede decir que vaya contra la libertad, porque el consejo sólo se puede dar al que lo pide.

«Siempre he tenido un dilema: ¿Qué leo? Intentaba escoger lo más esencial. ¡La producción editorial es tan amplia! No todo es valioso y útil. Hay que saber elegir y pedir consejo sobre lo que se ha de leer» (Juan Pablo II, ¡Levantaos! ¡vamos!, p. 89).

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