¿Por qué nadie quiere entrar en la Obra?

por qué nadie quiere entrar en la obra???

Algunos sí que quieren. Pero no es cuestión sólo de querer: antes tiene que haber una vocación que Dios da.

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¿Cuando el río suena, agua lleva?

No suelo creer las habladurías. Pero el caso del Opus Dei es inquietante, pues ha sido criticado por muchísima gente, desde dentro y desde fuera de la Iglesia. Aunque me faltan datos, no puedo olvidar el refrán: “cuando el río suena, agua lleva”.
La verdad es que ese río cada vez suena menos y las críticas de los años iniciales han ido disminuyendo en cantidad y en vehemencia.
Ahora mismo se puede decir que el Opus Dei es una de las instituciones más queridas de la Iglesia y que la devoción a su fundador es un verdadero fenómeno de piedad popular extendido por los cinco continentes.
Lo malo de las acusaciones falsas, como siempre, es que obligan al que las recibe a demostrar algo que no existe. Una justicia cabal pediría que la carga de la prueba recayera sobre los acusadores.
Los buenos cristianos siempre han perdonado de corazón a sus perseguidores y han recibido de Dios la gracia y la paciencia para saber sufrir en sus carnes diversas afrentas por amor a Jesucristo.
San Josemaría Escrivá no solía referirse en público a las calumnias de que fue objeto –sólo en contadas ocasiones– y siempre sin citar nombres.
Perdonó de corazón a todos aquellos que con mejor o peor intención se sintieron con el derecho de echar basura sobre el Opus Dei o sobre su persona.
De todos modos -repito- el El fantasma de la Obra El periodista Rodolfo Brancoli describe el cambio en el modo de percibir el A la vuelta de Roma, por Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela (Diario de Noticias, 15/10/2002).
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Sobre la pregunta acerca de los sacerdotes de la Obra

Sobre la pregunta acerca de los sacerdotes de la Obra, te doy las gracias, quedó perfectamente explicado. Adhiero con oración por la Obra, por ti y tu página, y por nuestros hermanos del mundo (de cualquier Credo, ateos, etc.) para que se hagan "Amigos de Dios". Adelante.

Gracias a ti por preguntar.

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Mi encuentro con su personalidad y su Obra

Mons. Johannes Pohlschneider, Obispo de Aquisgrán
Artículo publicado en DEUTSCHE TAGESPOST
Würzburg, 11–VII–75
Cuando el día 27 recibí por teléfono la noticia de la muerte total­mente inesperada del fundador y presidente general del Opus Dei, me quedé profundamente consternado y conmovido. Me resultó como si, de repente, una estrella luminosísima se hubiese apagado en el cielo de la Iglesia.

Durante los últimos veinte años, en numerosos encuentros con esta personalidad de sacerdote, verdaderamente única, y con su obra, he recibido impresiones que no podré olvidar jamás.

Siempre que le he encontrado -por ejemplo, durante el Con­cilio Vaticano II, o también el año pasado-, me ha parecido un hombre del todo extraordinario, de altas dotes intelectuales. Pero mucho más potentes aún que las fuerzas de su inteligencia eran los impulsos que su corazón irradiaba a su alrededor. Espontáneamen­te me viene a la cabeza lo que dice la Iglesia del gran apóstol de la juventud don Bosco, en el Introito de la Misa en la fiesta de este Santo: Dedit illi Deus sapientiam et prudentiam muham nimis, et latitudinem cordis quasi arenam quae est in littore maris. Esa latitudo cordis en la que cabían todos y todo, pero muy especialmente el Amor de Dios y del prójimo, era la característica esencial de este sacerdote. Amaba, quería a los hombres en el sentido más verda­dero de esta palabra, y se preocupaba y cuidaba de ellos. Cuando hablaba de su preocupación apostólica por la salvación de los hom­bres, entonces parecía no sólo que temblase su corazón, sino que vibrase al mismo tiempo el cuerpo entero. Su celo de almas no conocía límites. No se paraba ni ante pueblos ni ante países ni ante con­tinentes. Y siempre pensaba en el bien del hombre entero. En el bien terreno, pero muy especialmente en la salvación eterna. Todo su pensar estaba, en el fondo, anclado en lo sobrenatural. Para él, la fuente inagotable de fuerza era su fe católica: la fe en la Reve­lación Divina tal como Cristo nos la ha entregado y como la Iglesia la guarda y transmite. Aquí no conocía concesiones ni compromisos con el variable espíritu del tiempo. Ante todo, la fidelidad al Papa y a los obispos; ésta era, a sus ojos, una condición imprescindible para cualquier eficaz labor de almas.

El Opus Dei es un fenómeno asombroso de nuestro tiempo. Aunque comenzó sólo en el año 1928, cuenta ahora con unos 60.000 socios de 80 países del mundo, hombres y mujeres de las más diversas condiciones sociales y profesionales. Con frecuencia, he tenido ocasión de observar su vida y su labor muy de cerca, no sólo en Alemania, sino en otros países, como especialmente en España, Italia, en Kenia y en Nigeria, etcétera. En todas partes he visto su empeño admirable, prudente, desinteresado por la edifi­cación del Reino de Dios, su amor a la Iglesia y su piadosa vida de oración. A menudo creía poder sentir cómo en todos ellos estaba presente el espíritu del fundador. Estoy firmemente convencido de que Monseñor Escrivá era el instrumento elegido de Dios. Y el Opus Dei es una obra verdaderamente providencial, que habrá de contribuir decisivamente a sacar a la Iglesia de un tiempo de gran confusión espiritual y a reconducirla a nuevas orillas de un futuro mejor.

Monseñor Escrivá ha muerto. Los 60.000 socios del Opus Dei lloran la muerte del padre que se les ha ido. Pero después de su muerte le guardarán su fidelidad interior, porque saben lo que le deben. Pueden decir, con palabras de Lacordaire: «La felicidad más grande que un hombre puede encontrar en la tierra es haber encon­trado en la vida a un verdadero hombre según el corazón de Dios, a un auténtico sacerdote». El Opus Dei que él ha dejado en la tierra está firmemente ensamblado en sus estructuras, tal como su fun­dador, prudente hombre de derecho, lo ha concebido. Pero nunca las solas estructuras podrán garantizar la estabilidad de una obra edificada por hombres; es el espíritu el que da vida. Confiamos en que el espíritu de su fundador no se perderá jamás en la Obra.

El espíritu del fundador es, ante todo, el espíritu del amor, del Amor a Dios y a los hombres. Decía, como el apóstol Pablo: Caritas Christi urget nos. Y: «Ay de mí, si no anunciara el Evangelio».

Lo que debe seguir vibrando en el Opus Dei –y seguirá vibran­do- es especialmente también el fuego del entusiasmo de su fundador. A él le empujaban las palabras de Cristo Ignem veni mittere in terram, et quid volo, y ¿qué otra cosa quiero sino que el empeño por el Reino de Dios no sea un empeño por una causa perdida?. El creía en la victoria de Cristo y de su Iglesia. Haber pasado a los que le han seguido esta confianza, llena de fe, éste es el misterio de su personalidad arraigada completamente en Dios. Seguro que, desde la eternidad, sigue llamando a todos sus discípulos que ha dejado en la tierra, como en su tiempo San Agustín: «¡Amad lo que creéis. Anunciad lo que amáis!».

Mientras permanezcan vivos en el Opus Dei el espíritu apos­tólico y el optimismo seguro que animaban al fundador, no hemos de temer por su futuro. Sigue siendo válido lo que dijo el Papa Pío XII hace ya más de veinte años: «El futuro pertenece a los que creen, no a los incrédulos ni a los que dudan. El futuro será de los valientes…, no de los hombres de poca fe ni de los indecisos. El futuro será de los que aman, no de los que odian. La misión de la Iglesia en el mundo, lejos de llegar a su fin, va al encuentro de nuevas pruebas y de metas nuevas».

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No me explico que los fieles del Opus Dei den su dinero a la Obra con tanta generosidad

No me explico que los fieles del Opus Dei den su dinero a la Obra con tanta generosidad. Alguien los está engañando.

 

La financiación de la Iglesia continúa siendo un tema debatido en todo el mundo. Unos y otros critican las ayudas estatales en los países modernos, que ya no son confesionales.
El Opus Dei es bastante avanzado en este sentido: no le cuesta un duro a los contribuyentes de ningún país del mundo.
Los propios fieles del Opus Dei se responsabilizan de mantener a los sacerdotes de la prelatura. Aparte de eso, la prelatura hace frente, con las aportaciones de los fieles, a algunos otros gastos: los justos para mantener la sede central y las oficinas de las sedes regionales en cada país.
No hay que confundir lo que es la prelatura con lo que son las distintas labores apostólicas a las que el ¿Organización religiosa-cultural-economica?
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OpusDei, Pus Dei, Lopus Dei, el Opus, la Obra, Opus Day… y el Camino Neocatecumenal

Hola, lo mejor es conocer y tratar de entender lo que cada uno de las alternativas te dice y de acuerdo a cómo eres tú, qué es lo que buscas eliges, yo soy catecúmeno y conozco personas que ahora son del Camino y estuvieron en el Pus Dei y están más llenos, me imagino que también poasa al revés.
Un abrazo
Christian de Chile
(esto apareció como comentario a El “opusdei” y el camino neocatecumenal de Kiko Argüello)

Últimamente he visto muchas formas de referirse al Opus Dei. Por ejemplo OpusDei, Lopus Dei, el Opus, la Obra, Opus Day… Pero nunca había oído hablar de Pus Dai.

En fin, vamos con la pregunta.

Creo que lo que más llena a cada uno es lo que Dios le pide (¿Qué no es la vocación?,
¿Qué es la vocación? ¿Cómo y cuándo llama Dios?).

Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Si lo descubrimos y lo seguimos, seremos unas personas felicísimas: estaremos plenamente llenos (Fidelidad a la vocación y La vocación: ¿un arrebato o una llamada?).

Creo que tienes toda la razón en lo que dices.

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Etiquetas: camino neocatecumenal, vocacion

OpusDei, Pus Dei, Lopus Dei, el Opus, la Obra, Opus Day… y el Camino Neocatecumenal
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