Historia oral del Opus Dei II (Alberto Moncada)

El libro Historia oral del Opus Dei es un alegato contra la figura y la actuación del Fundador, y contra la realidad de la Institución. Ignora su finalidad, exclusivamente espiritual y apostólica, y no encuentra nada bueno en ella. La imagen que resulta es deforme y los rasgos con que la dibuja son casi exclusivamente negativos.
I. EL LIBRO: ¿HISTORIA O ALEGATO?

1. Un alegato contra el Opus Dei y su Fundador

El libro Historia oral del Opus Dei es un alegato contra la figura y la actuación del Fundador, y contra la realidad de la Institución. Ignora su finalidad, exclusivamente espiritual y apostólica, y no encuentra nada bueno en ella. La imagen que resulta es deforme y los rasgos con que la dibuja son casi exclusivamente negativos.

Presenta al Fundador del Opus Dei como un oportunista intolerante y pragmático. Considera la Obra como un ejemplo de "integrismo religioso" (p. 158) y "anticonciliar" (p. 156), similar a "una secta fundamentalista" (p. 120). La describe como un fenómeno "de la burguesía tradicional" (p. 120), "negación flagrante del espíritu evangélico" (p. 9) y dice que su "clientela" son "los sectores más ignorantes, menos sofisticados de las clases medias emergentes, para quienes la pertenencia a la Obra es un símbolo de ascenso social" (p. 120). Los miembros del Opus Dei se hacen de la Obra a su juicio "por un cierto morbo de formar parte de algo distinto" (p. 120).

2. Contar en público unas conversaciones

El propósito del autor es, según confiesa, "contar en público unas conversaciones" (p. 10) con cinco personas que abandonaron el Opus Dei. En realidad, se trata de cuatro: reconoce que una de ellas decidió guardar sus declaraciones para otro libro. De los otros cuatro, tan sólo el de uno es relevante: sin él, no hubiera sido posible este libro, ha reconocido el autor. En los otros tres casos, los declarantes aparecen con mucho menor frecuencia, y con afirmaciones que en ocasiones contradicen las tesis generales del libro. Por otra parte, el autor no se limita a "contar unas conversaciones", sino que utiliza breves relatos o anécdotas para ilustrar sus personales puntos de vista. Con frecuencia, se pasa de una opinión más o menos crítica de un declarante a la descalificación global y absoluta de la institución por parte del autor.

La forma aparente con la que se presenta el libro un estudio sociológico desapasionado y objetivo, a partir de unas declaraciones no consigue ocultar su realidad: un alegato frontal contra una institución de la Iglesia, a partir de unas determinadas premisas ideológicas. Entre estas premisas expuestas en esta ocasión y en otras anteriores por el autor se pueden destacar: la exaltación de una "nueva moral", el repudio de la institución familiar, la crítica a la religión, la negación del sentido cristiano de obediencia, y la valoración de la fidelidad doctrinal como opuesta a la libertad de las conciencias, etc.

3. ¿Un "animus" generalizado?

Otro punto de partida del autor es la presunción de un "animus" generalizado contra el Opus Dei. Afirma que no ha hecho más que "ratificar lo obvio": un consenso negativo que "existe ya entre los conocedores del fenómeno" (p. 10). En realidad, no existe tal consenso negativo: son numerosísimas las citas positivas y de alabanza a la labor del Opus Dei por parte de Pontífices, de numerosos cardenales y Obispos, de altas personalidades del mundo cultural, político, económico, etc., y de miles de personas de todo tipo y condición que no pertenecen al Opus Dei, publicadas en la prensa internacional. Y también existen numerosos testimonios de personas que han dejado el Opus Dei, pero que guardan gran afecto hacia la institución a la que dedicaron parte de su vida.

Unos datos para mostrar esta realidad, fácilmente comprobables: pidieron la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización de Mons. Escrivá de Balaguer 69 cardenales y cerca de 1300 obispos de todo el mundo, es decir, más de un tercio del episcopado mundial. Y existen miles de testimonios que ponen de manifiesto la vida santa del Fundador del Opus Dei frecuentemente injuriado en estas páginas-o los fines espirituales de esta institución, escritos por personalidades del mundo civil y eclesiástico. Por citar sólo a algunos cardenales, son particularmente expresivos los testimonios del cardenal Cooke (Nueva York), Paul Leger (Montreal), Lercaro (Bolonia), Malula (Kinshasa), Manning (Los Angeles), Muñoz (Ecuador), O'Boyle (Washington), Oddi (Pref. S. C. del Clero), Otunga (Kenia), Pappalardo (Palermo), Poletti (Pres. C. E. de Italia), Sin (Filipinas), Cody (Chicago), Hoffner (Alemania), König (Austria), Landázuri (Perú), Marty (París), etc.

4. Una extraña selección

También merece atención otro punto de partida del autor: considera que las versiones que proporcionan los miembros del Opus Dei son necesariamente oficiales y parciales, y acude a personas que abandonaron la institución y que mantienen hacia ella una actitud negativa. Sin embargo, no se encuentra una razón concluyente por la cual resulte más valiosa como el autor propone la opinión negativa de unas personas que han abandonado el Opus Dei que la valoración positiva de centenares de personas, miembros o no del Opus Dei, que conocen y viven diariamente la realidad de ese fenómeno espiritual. La garantía que debe buscar un historiador es la fidelidad a los hechos por parte del declarante, por encima de sus personales adscripciones.

¿Cómo se debe valorar la declaración negativa de personas que, en algún caso, reconocen que se mantuvieron en una postura inestable dentro de la Institución "yo no demostraba excesivo interés ni en la labor interna, ni en el proselitismo" (p. 84); "yo me dedicaba cada vez más, casi exclusivamente, a mi profesión" (p. 143); "yo procuré no hacer apostolado" (p. 151) , frente al testimonio de otros miembros del Opus Dei de la primera hora que han conocido con profundidad su historia a lo largo de estos años?
El objeto de esta reseña no es presentar un testimonio verdadero contra otro falso, ni confrontar opiniones. Se trata de mostrar, con datos contrastados, algunos aspectos resulta innecesario hacerlo de todos en los que el libro contradice la realidad de las cosas. No se hacen por tanto juicios de intenciones, tan frecuentes, por otra parte, a lo largo de las páginas del libro. Tampoco se valoran los antecedentes de cada uno de los declarantes: sus autores conocerán los motivos que han tenido para interpretar así un periodo de su vida, pero saben también que nadie en el Opus Dei dará esas explicaciones, por un elemental respeto a la intimidad de las personas, que impide ni siquiera aludir a los motivos por los que abandonaron el Opus Dei.

El principal testimonio contra la interpretación que se hace en este libro es, por tanto, la realidad de los hechos que intenta describir; unos hechos accesibles al que quiera conocerlos, y perfectamente contrastables. De modo secundario, se puede aludir además a la ventajosa situación en la que se encuentran para hablar de una institución de la Iglesia aquellas personas que, libremente incorporadas a ella, viven a diario su espíritu, y lo ven concretado en multitud de realizaciones prácticas de servicio a Dios y a los hombres. La fidelidad, además de ser la actitud normal y natural, capacita de un modo especial para conocer e interpretar el Opus Dei.

Cualquier persona puede conocer e informar sobre el Opus Dei, independientemente del grado de relación que tenga con esta institución. Sólo se necesita el deseo sincero de alcanzar la verdad, libres de prejuicios, y acudir a la abundante bibliografía y, sobre todo, a la vida concreta y real de las personas e instituciones que encarnan o muestran el espíritu de la Obra. La fidelidad a ese espíritu no ha de estar necesariamente presente en el ánimo del que informa, pero sí en la realidad de la que informa, puesto que la historia del Opus Dei es, ante todo, la historia de la fidelidad de su Fundador al carisma recibido de Dios, y de muchos miles de personas que han incorporado a su vida, libremente, el espíritu del Opus Dei.

Por eso, resulta extraña una selección de declaraciones que eliminan de raíz esa característica fundamental: la fidelidad. Como extraña sería la imagen que obtuviera de la anatomía un cuerpo sano el que la estudiara en un tratado de patología. Por eso también, aunque ellos lo hagan, por respeto hacia su intimidad, y porque no se pretende en estas páginas juzgar en modo alguno sus conductas, no se citarán aquí los nombres de estos cinco declarantes. Esta reseña pretende sólo analizar un libro, no juzgar a unas personas, (aunque se trate de un libro que juzga acremente, muchas veces a tantas personas).

II. METODOLOGIA Y FUENTES

1. No es un libro de historia. Ni de sociología

El autor del libro no es un historiador. Esto que ofrece no es propiamente, como hemos visto y el autor reconoce, un libro de historia. Tampoco de sociología: no tiene ni el rigor científico, ni el aparato crítico, documental, estadístico, etc., propio de los estudios sociológicos. Se le puede aplicar la crítica que apareció en una carta publicada en Triunfo (nº 616) a propósito de su libro El Opus Dei, una interpretación: "es un producto híbrido de relato personal, reflexiones culturales y exhortaciones intrarreformistas del Opus Dei, que se queda a medio camino en todo".

Además de la ausencia de fuentes documentales y de aparato crítico, el presunto carácter científico del libro queda en entredicho por las graves acusaciones muchas veces contradictorias entre sí que contiene, sin garantías históricas de credibilidad. Y esas acusaciones con frecuencia apasionadas se contradicen con los testimonios de miles de personas, y ante todo con los hechos mismos que se intentan describir. Se enfoca la realidad del Opus Dei desde una perspectiva tan alejada de la comprensión de la fe como del rigor histórico.

Se puede elaborar una historia oral cuando faltan las fuentes escritas: no es éste el caso. También se puede construir una historia con declaraciones de seis personas, cuando son las únicas de las que se dispone. Tampoco es el caso: el autor podría haber contado con multitud de testimonios publicados e inéditos , pero ha elegido sólo unos determinados, en concreto seis. La dificultad entonces es ésta: ¿cómo aceptar que un relato, construido con unas pocas declaraciones, muy parciales y negativas, pueda llegar a convertirse en la "historia oral" del Opus Dei; o sea en la historia de la vida de más de 73.000 personas de noventa nacionalidades durante sesenta años? ¿Qué credibilidad merece esta "historia" cuando se elabora de espaldas a las fuentes documentales y a una elemental observación, en su realidad concreta, del fenómeno que describe?

2. Esquemas de interpretación

Salvo escasísimas referencias a otros países, todos los declarantes hablan del Opus Dei en España y se limitan a descripciones ancladas en una época concreta, pasada y singular: el franquismo. Ninguno de los entrevistados ha conocido directamente la realidad del Opus Dei en estos últimos años. Además, para el autor y sus declarantes, que rondan entre los cincuenta y cinco y los setenta años de edad, el Opus Dei es, por lo que se deduce de sus apreciaciones, fundamentalmente un "fenómeno español" al que juzgan con categorías mentales muy particulares del periodo franquista y que en gran medida se han vuelto obsoletas. Así, al hablar del mundo "de los numerarios maduros" (p. 156), el autor no considera que hay miembros del Opus Dei de noventa nacionalidades y centra su crítica en "la incorporación de tantos miembros de la Obra a la política franquista". Cuando se habla del afán apóstolico universal del Fundador se reduce todo a un concepto propio del periodo franquista: "lo que luego se ha dado en llamar la reserva espiritual de Occidente" (p. 92). Eso les lleva a interpretar una realidad universal en su espíritu y en su vida con categorías ligadas a una época histórica muy concreta y ya superada.

Esas constantes alusiones a cosas antiguas hacen que el libro se vuelva difícilmente comprensible para un gran sector de lectores españoles no vinculados con el franquismo, prácticamente críptico para los lectores no españoles y sorprendente para muchos menores de treinta años. Por ejemplo, muchos jóvenes no entenderían ni la referencia a la "reserva espiritual", ni a la mantilla (p. 122), prenda en desuso desde hace años. Los liberales españoles del periodo democrático que son miembros del Opus Dei se quedarían posiblemente perplejos al leer que se puede ser liberal en la Obra sólo "con un esfuerzo mental casi esquizofrénico" (p. 122); y las decenas de millares de miembros del Opus Dei esparcidos por todo el mundo (desde Japón a Australia y el Zaire; desde Canadá y Suecia a Filipinas y Hong-Kong) no entenderían a qué se refiere el texto cuando habla de "añadiduras externas" puestas al parecer por señoras "de la burguesía bilbaína" (p. 105, 123). En todos estos casos, la vida real de los miembros del Opus Dei contradice, sin más comentario, unos esquemas interpretativos obsoletos y cerrados.

3. Parece que…

Ante la ausencia del dato histórico, el autor acude a numerosas suposiciones y para ello utiliza un recurso acientífico: anteponer un "parece que…" (por ejemplo, pp. 15, 17, 22, 23, 24, 59, 116, 166, etc.). Refiriéndose a la actividad del Fundador del Opus Dei en los primeros años se afirma: "No parece que sus primeras intenciones fueran el alentar a sus seguidores para tomar partido de una forma inmediata y entrar en la política activa de entonces" (p. 59). Los hechos demuestran que no sólo mantuvo esa actitud al comienzo, sino a lo largo de toda su vida: no hay ningún escrito suyo, ni hay declaración alguna en la que invitara a tomar un partido político concreto. Defendió siempre que no existen dogmas en las cuestiones temporales. Declaraba en 1966 a Tad Szulc, de New York Times, que la Obra no propone a sus miembros "ningún camino concreto, ni económico, ni político, ni cultural. Cada uno tiene plena libertad para pensar y obrar como le parezca mejor en este terreno" (Conversaciones, n. 48).

Pueden citarse otros muchos ejemplos significativos para mostrar el uso del "parece": "Parece que la estrategia del Opus en Barcelona (…) tenía acentos singulares" (p. 102); "A mediados de los sesenta, Escrivá parece que se fue convenciendo de que aquella etapa había que superarla" (p. 116), etc.

4. Juegos de palabras

El lenguaje que se utiliza, con resonancias políticas y terminologías extrañas, responde adecuadamente al contenido del libro, pero resulta impropio y confuso para hablar de una institución de la Iglesia. Por ejemplo, se habla de "adoctrinamientos" (pp. 99, 106), de adictos" (p. l5), de reclutamientos (p. 109), de "focos de propaganda" (p. 117), etc.

Estos juegos de lenguaje quitan la posible apariencia de seriedad científica. Y llegan muchas veces a la manipulación pueril: llama a la casa de Bruno Buozzi primero palacete (p. 37) y tres líneas más adelante la convierte en palacio: "hizo los bocetos de ampliación de la zona posterior del servicio del palacio" (p. 37).

Por medio también de juegos de palabras, asegura en las pp. 44 y 45 que la Obra compró el Banco Atlántico. Sin embargo, basta acudir a la lista de accionistas para comprobar que esta afirmación es errónea.

A veces, en esta búsqueda de forzados paralelismos, la manipulación queda especialmente en evidencia: "el estado mayor de la Obra se lee se sitúa en el «Hotel Sabadell», de Burgos, en el mismo lugar del estado mayor de Franco". El pretendido "paralelo" cae por su peso ante el análisis de la realidad histórica: el Fundador del Opus Dei vivía en la misma habitación con otros tres más en ese modesto hotel, hoy sede de la Policía municipal. Ese "estado mayor" que imagina el autor estaba compuesto por José María Albareda, Francisco Botella y Pedro Casciaro. Estos dos últimos, jóvenes, prestaban servicio militar en el Cuartel General, y tenían tan poco dinero que debían comer del rancho del cuartel para economizar. Y tuvieron que dejar esa habitación por falta de recursos.

Sigue diciendo: "allí parece que Escrivá conoció y trató a muchos de los personajes civiles y militares que serían luego importantes en el primer franquismo" (p. 17). El sesgo político de la frase es evidente, pero la realidad histórica fue mucho más rica: el Fundador del Opus Dei hizo apostolado siempre no sólo en Burgos con todo tipo de personas: estudiantes y catedráticos, gente humilde y de toda condición; hizo centenares de kilómetros, cuando no tenía medios económicos ni para sostenerse, para visitar y alentar espiritualmente a todos. Y cuando no podía ir personalmente, hacía que algún miembro de la Obra viera a esas personas. En esa época, hizo, por ejemplo, que atravesaran media España en guerra para atender y alentar espiritualmente a uno de los declarantes de este libro. Predicó a laicos y a religiosas, dio cursos de retiro y trató a numerosos sacerdotes, como D. Casimiro Morcillo, D. Pedro Cantero, D. Antonio Rodilla, D. Daniel LLorente, entre muchos otros.

La utilización de frases redondas hace incurrir al autor y a sus declarantes en errores notables. Se lee: "A partir de los años sesenta no vi más evangelio que Camino". Sin embargo, la predicación constante del Fundador siempre fue la de meterse en las escenas del Evangelio "como un personaje más". Y, como es conocido, el segundo punto de Camino alienta a leer el Evangelio, y se estimula a su lectura en numerosos puntos de esa obra; entre otros en los nn. 416, 470, 583, 586…

5. Un crédito de confianza

En obras anteriores, como argumento de credibilidad y como justificación de sus afirmaciones , el autor proponía al lector un crédito de confianza. Un articulista de El Comercio de Gijón (10.VIII.74) afirmaba con motivo de la aparición de su primer libro contra el Opus Dei: "con sus confidencias imprecisas deja en el lector un amplio margen para sospechar cualquier cosa, sin ofrecerle los datos que confirmarían esas suspicacias". Pero ya no puede excusarse el autor, como entonces, con censuras o presiones: si no proporciona los datos es porque no los conoce, porque no los tiene o porque no existen. Por eso, tras la lectura del texto, surgen las interrogantes: ¿cómo aceptar la objetividad de unos juicios, habitualmente negativos, cuando no se aporta ninguna fuente aparte de las declaraciones de sus interlocutores y la del propio autor? ¿Cómo valorar las afirmaciones de esos interlocutores cuando se refieren con frecuencia a conversaciones con otras personas, a menudo ya fallecidas, y de las cuales, si viven, no se ofrece su versión de los hechos? ¿Cómo aceptar sus versiones cuando se conocen, avaladas por numerosísimas personas, y con todas las exigencias del rigor histórico, otras versiones de sentido radicalmente contrario? ¿Cómo prestar crédito a un libro plagado de errores y confusiones históricas y cronológicas como las que se describen en estas páginas?

6. El problema no está en el archivo

El problema no proviene de la dificultad de acceso a las fuentes de información, como afirma el autor: "sería muy importante que se abriera para la ciencia parte al menos del momumental archivo que tan celosamente se guarda en la casa romana de Bruno Buozzi" (pp. 11 12). Esos archivos están abiertos, en efecto, para la ciencia; y han tenido acceso a ellos historiadores rigurosos. Peter Berglar, historiador alemán, autor de numerosos estudios y de importantes biografías (entre otras, de Metternich, Adenauer, Moro, Droste-Hülshoff, Schiller, la Emperatriz María Teresa, Mathias Claudius, von Humboldt, etc.) comenta en el capítulo I de su libro Opus Dei. Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá de Balaguer: "He contado con un rico material de fuentes históricas, que comprenden (junto con los escritos del Fundador y aquellas publicaciones sobre su persona y sobre el Opus Dei que son asequibles para el público en general) gran número de documentos y cartas de Mons. Escrivá que permanecen aún inéditos en la Postulación, a disposición de la Causa de Beatificación y de Canonización. He podido conversar largamente en España con muchos de los primeros miembros, con personas que trataron en su juventud al Siervo de Dios, que conocieron los primeros años de la Obra y que se pueden contar entre las personas más cercanas y más fieles al Fundador". A pesar de eso, por la próximidad histórica sesenta años reconoce: "este libro no puede ser una labor definitiva de historiografía" (pp. 20 21).

Un dato revelador para valorar este libro que no aporta una sola cita documental (se hace esporádicamente alguna referencia habitualmente errónea a algun documento "en general"): el estudio histórico El Fundador del Opus Dei, de Vázquez de Prada, ofrece al lector 910 citas de notas y documentos publicados e inéditos.

Para justificar la endeblez documental del libro, el autor recurre al fantasma del secreto, presente por todas partes. Afirma, por ejemplo, que las subvenciones a la Universidad de Navarra estaban "más o menos escondidas" (p. 86), cuando esas subvenciones aparecían claramente en la Ley de Presupuestos del Estado. Y llega a mencionar un inexistente "voto de secreto" (p. 154).

III. ALGUNAS FALSEDADES SIGNIFICATIVAS

1. Un muestrario de falsedades

Pero lo que resta decisivamente calidad y rigor científico al libro es su propia construcción interna. El lector imparcial busca en un libro de historia datos que fundamenten los juicios. Sin embargo, en este caso, el autor le ofrece juicios y le escamotea los datos. Y para alcanzar las conclusiones establecidas de antemano se manipulan datos y hechos sobre la vida de una persona y de una institución cuya historia está rigurosamente documentada: Mons. Escrivá de Balaguer y el Opus Dei.

Resulta imposible reflejar en el marco forzosamente breve de una reseña todos los errores, reduccionismos, manipulaciones y confusiones de este libro. Se exponen, a continuación, sólo algunos ejemplos.

2. Inexactitudes e imprecisiones

El autor pone de manifiesto su ignorancia en cuestiones relativas al derecho canónico, como cuando asimila las diócesis personales a las prelaturas personales (p. 20). El texto carece de rigor en numerosos lugares: por ejemplo, se alude a "aquel libro de San Alfonso María de Ligorio que circulaba por los seminarios"; es pródigo en generalizaciones de todo tipo; incluye acusaciones anónimas: "solía obtener exenciones", se dice en la p. 19, refiriéndose al Fundador del Opus Dei. ¿Cuándo? ¿Cuáles?.
Es fácil encontrar numerosas inexactitudes históricas (afirma por ejemplo, en la p. 21, que D. Alvaro del Portillo "a su vuelta a Madrid explicó a Escrivá que era necesaria su presencia personal". Esto es falso: no volvió; se lo comunicó por carta). Dice que calmaba "las inquietudes" que provocaba la construcción del Colegio Romano (que sitúa, en la p. 37, a partir del año 1950) con la batalla para la aprobación de la Obra. No advierte que esa aprobación se dio ya en 1947 y, de modo definitivo, en 1950. Estas confusiones son constantes: sitúa el comienzo de la labor con los sacerdotes diocesanos en 1955 cuando en realidad empezó en 1952, y pasa de una época a otra con gran facilidad (por ejemplo, en la p. 48, de los años 50 a los 70). Aplica criterios de unas épocas a otras: por ejemplo, afirma que, en los comienzos de los años sesenta, la causa por la que las familias enviaban a sus hijos a los colegios del Opus Dei era "el clima español de creciente libertad de costumbres".

3. En el lecho de muerte

Afirma el autor, al hablar del final del expediente jurídico del Opus Dei, que "la última firma de Pío XII se consiguió literalmente en su lecho de muerte. Parece que incluso el documento original conserva las huellas de esa circunstancia" (p. 24). Sin embargo, en el párrafo siguiente aparece la fecha correcta de la aprobación definitiva de la Obra: el 16 de junio de 1950. Y Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.

4. Una audiencia con Pío XII

Se lee en la p. 21 el relato de la audiencia de D. Alvaro del Portillo con Pío XII, que se sitúa en el año 1945: "Poco después, Alvaro del Portillo, ya ingeniero de Caminos y vestido con el uniforme de gala del cuerpo, presenta por primera vez a Pío XII un proyecto de Institutos seculares y de Constituciones del Opus Dei". Y continúa diciendo: "el proyecto iba preparado con el mismo formato con que se preparan en España los proyectos de los ingenieros de Caminos y había cierta sensación de que aquello impresionaría allí". Todo por una razón: se esperaba "«que en la Curia romana estuvieran menos adelantados en materia de métodos y sistemas». Un monseñor agregado a la embajada de España en Roma, llamado Ussía, preparó la entrevista y ayudó en ese primer contacto oficial".

Este texto muestra elocuentemente cómo se ha elaborado el libro. En primer lugar, la audiencia no tuvo lugar ese año, sino el 4 de junio de 1943. En segundo lugar, la documentación presentada no incluía ningún proyecto de Instituto Secular. En tercer lugar, resulta pueril asegurar que se pretendía impresionar a la Curia Romana con… una encuadernación o formato. Y en cuarto lugar, D. Marcos Ussía no era Monseñor en aquella época, ni agregado de la Embajada de España, ni siquiera sacerdote se ordenó en 1949 , sino un joven seminarista de Vitoria. Fue nombrado Prelado de honor muchos años más tarde, en 1959.

5. De la Escuela del Debate a la Oficial

Afirma el autor: "Parece que Escrivá fue introducido en la Escuela de periodismo del Debate y allí se familiarizó con las consignas propagandísticas de la Iglesia oficial" (p. 59). En realidad, Mons. Escrivá fue profesor de Etica General y Moral Profesional en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fundada y dirigida por D. Pedro Gómez Aparicio, como consta en numerosos perfiles biográficos que se han publicado desde hace décadas.

Por otra parte, en este punto aparece una de las contradicciones internas del libro. Dice en la p. 59 que su primer contacto en los años 30 fue "en los ámbitos de la Accion Católica y en particular de los propagandistas". Afirma luego falsamente como hemos visto que se introdujo en El Debate. ¿Cómo conciliar esta afirmación con lo que se dice en la p. 17, donde se asegura que había "cierta confrontación, desde un primer momento, con la Acción Católica y en particular con la Asociación de Propagandistas?" Si la había, ¿por qué le ofreció Herrera (cosa que no menciona) la dirección de la Casa del Consiliario? ¿Cómo es posible entonces que un sacerdote del Opus Dei fuese, a petición de los interesados, Consiliario de la Juventud Universitaria de Acción Católica desde 1949 a 1951? (Vid. 1000 nombres de la Iglesia de España, p. 643).

6. El título de Licenciado

Se afirma en el libro: "Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado derecho. Nunca vi su título de Licenciado" (p. 19). Como consta en el expediente académico personal que se conserva en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Mons. Escrivá de Balaguer inició en 1923 sus estudios de Derecho en la Universidad civil de Zaragoza, donde obtuvo el grado de licenciado el 15 de marzo de 1927. Esa Universidad le expidió el título el 12 de junio de 1934, y fue enviado al Rectorado de la Universidad de Madrid para su entrega al interesado el 22 de agosto de ese mismo año. También se conserva la orla de promoción de Mons. Escrivá de Balaguer en la que aparece con otros alumnos que concluyeron la carrera ese año.

7. Eijo y Garay y el Opus Dei

Se afirma también que a Eijo y Garay "le costó trabajo aceptar la labor de Escrivá" (p. 18). La realidad histórica fue muy distinta. Fue el Patriarca quien animó en varias ocasiones al Fundador del Opus Dei a presentar la documentación pertinente para la aprobación como Pía Unión el 19 de marzo de 1941. Y el 24 de mayo de 1941 escribía al Abad-Coadjutor de Montserrat, Dom Aurelio M. Escarré, refiriéndose al Opus Dei: "Desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos; de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos y… en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos".

Por otra parte, esa afirmación resulta contradictoria con el mismo contenido del libro: en la p. 20 se presenta a Mons. Eijo y Garay como el defensor de Mons. Escrivá de Balaguer frente a las insidias. En este mismo sentido, dice en la p. 23 que todos los Obispos dieron su visto bueno a la aprobación del Opus Dei. Y en la p. 62 se afirma que en ese periodo tenía "confrontaciones con el mundo eclesiástico", salvo con Eijo y Garay.

8. El Opus Dei y el Concilio

Se afirma que Mons. Escrivá de Balaguer se alinea con las "corrientes integristas y anticonciliares de la Iglesia" (p. 156); que durante el tiempo del Concilio "se prohibía internamente la lectura y el comentario de los documentos conciliares" (p. 26), etc. La realidad también difiere notablemente en este caso de la afirmación señalada. En el Concilio intervenían, como Padres Conciliares, varios miembros del Opus Dei. En especial, el actual Prelado, Mons. Alvaro del Portillo: en las etapas previas del Concilio Vaticano II, fue Presidente de la Comisión Antepreparatoria para el Laicado y formó parte de otras Comisiones preparatorias; más tarde fue designado entre los cien primeros peritos del Concilio. En los años de desarrollo del Concilio fue Secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano y Consultor de otras Comisiones Conciliares: la de Obispos, la de Religiosos, la de la Doctrina de la Fe, etc. Pablo VI le nombró Consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis, de la S. C. para la Doctrina de la Fe y de la S. C. para el Clero.

El Fundador del Opus Dei, a raíz de una audiencia con Juan XXIII, escribió una carta a los miembros del Opus Dei el 2 de julio de 1962, para que se le unieran en agradecimiento por haber tenido otra vez "el honor y la alegría" de ver al Papa, y pidiéndoles oraciones "por el feliz éxito de esa gran iniciativa que es el Concilio Ecuménico Vaticano II".

Son numerosos y cualificados, por otra parte, los testimonios de personalidades eclesiásticas en los que se reconoce a la doctrina de Mons. Escrivá de Balaguer como figura precursora del Concilio Vaticano II. Pueden citarse, entre otros: Card. Baggio (Avvenire, Milán, 26-VII 75), Card. Frings, Card. Casariego (L'Osservatore Romano, 14-VII 75), Card. König (Corriere della Sera, Milán, 9-XI 75), etc.

Además, en ese Concilio está el punto de partida para la figura jurídica definitiva del Opus Dei: la Prelatura personal; y fueron los textos del Concilio los que recogieron la llamada universal a la santidad, que había venido recordando desde hacía treinta años el Fundador del Opus Dei. Entre otros muchos ejemplos, cabe recordar que un miembro del Opus Dei publicó la versión castellana de todos los documentos del Vaticano II (Ed. Palabra, 1968).

9. La "batalla campal" del César Carlos

Se elevan anécdotas irrelevantes a la categoría de acontecimientos. Por ejemplo, se deforma la realidad en la p. 63 al contar el pequeño incidente entre estudiantes universitarios del César Carlos y la Moncloa. Cuenta que "un grupo de numerarios fue al «César Carlos» y organizó una batalla campal a puñetazos. Aunque aquello no pasaba de ser un lance estudiantil, reflejaba las tensiones entre hombres, casi todos doctores, que, con el tiempo, llegarían a la cúspide del poder franquista y pelearían entre sí por el mayor control de la situación". Efectivamente, estudiantes que residían en el César Carlos fueron una noche a insultar con cantos al Opus Dei y a su Fundador; y una o dos noches después, cinco o seis residentes de la Moncloa fueron al César Carlos para pedir explicaciones: el único puñetazo fue el que dio Antonio Salgado miembro de la Obra, y conocido falangista y activo miembro del SEU a Pío Cabanillas. Calificar de doctores a casi todos y afirmar que llegarían a la cúspide del poder franquista resulta, cuando menos, una exageración. Difícilmente se podría presentar este suceso como un precedente de posteriores disputas sociales, cuando la afiliación política de ese miembro del Opus Dei contradice el simplista esquema de esas supuestas disputas.

10. La constructora EOSA

Se afirma, en el deseo de vincular al Opus Dei con actividades libres de sus miembros, que tres personas de la Obra crearon una empresa Eosa (Edificios y Obras S.A.) "que pudieran suministrar materiales o servicios a las obras del Consejo" (pp. 33 34).

Sin embargo, la realidad es que la Empresa Eosa, como se puede verificar fácilmente en sus archivos y como consta por los testimonios de Fernando Valenciano, que trabajó en ella durante 30 años, desde 1945, no construyó nunca nada para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

11. Unos Ministros en Irún…

Afirma el autor que "el Fundador decidió e hizo cumplir que cada vez que él llegara a España lo fueran a esperar, junto a las autoridades de la Obra, todos los ministros de Franco pertenecientes a ella" (p. 72). Y llega a decir que eso hacía que tuvieran que desplazarse a veces desde Madrid hasta Irún. Los hechos descritos en este relato, descalificado por el testimonio de los aludidos, no ocurrieron nunca: ni a ellos, ni a ninguna otra persona, en razón de su cargo público, les pidió semejante cosa.

12. …y otros en Santiago de Compostela

Con objeto de vincular a Carrero Blanco con el Opus Dei, se afirma que "veraneaba en Galicia y un día le invitaron a una Residencia del Opus Dei en Santiago, «La Estila», donde había un acto académico en el que dio una conferencia López Rodó sobre la reforma administrativa. A Carrero le gustó mucho" (p. 67). Pero ni Carrero veraneaba en Galicia ni asistió jamás a una conferencia de López Rodó en «La Estila». El ministro que presidió el acto al que se refiere el libro fue D. Jesús Rubio García-Mina, Ministro de Educación. Se sigue diciendo que "los años 53, 54, 55 y 56 son años de la consolidación de la influencia política de López Rodó" (p. 68). En realidad, la entrada en política de López Rodó no tuvo lugar ni en el 53, ni en el 54, ni en el 55, y por poco, ni en el 56. El primer nombramiento político de López Rodó, como Secretario General Técnico de la Presidencia del Gobierno, tuvo lugar a finales del 56: concretamente el 14 de diciembre.

13. Empresas y empresarios

Toda la historia que se hilvana en estas páginas sobre Ruiz Mateos, basada en la dependencia económica-religiosa del empresario a Luis Valls, al que coloca, por ser "superior interno con competencias espirituales y temporales", en la "cúpula del poder religioso y temporal", carece de fundamento: Ruiz Mateos no pidió la admisión hasta 1964 y Luis Valls no fue en los años 6O lo que el autor llama "superior interno" (p. 55 §2). Valls cesó en el cargo que ocupaba en la Comisión Regional de España en 1961. Además, durante el tiempo que ocupó ese cargo, no tenía competencias temporales como no las tiene ningún Director.

No es verdad que en las empresas de Ruiz Mateos trabajaran cientos de supernumerarios y cooperadores: trabajarían algunos, los que quisieran, con absoluta libertad, tanto por parte del interesado como por parte de Ruiz Mateos; muchos siguieron a su lado profesionalmente y otros tuvieron las naturales diferencias profesionales con él, con total libertad. Son falsas las afirmaciones sobre supuestas entregas monetarias al Opus Dei (p. 55 §4). La Oficina de Información del Opus Dei en España ha precisado exhaustivamente la realidad.

14. Lucidez madura

Por este camino, todo lo sobrenatural queda relegado a puro interés o necesidad económica, material o coyuntural. Se llega a afirmar que la Sección de mujeres nace por problemas de intendencia (p. 104) y la labor con personas casadas para apoyar el apostolado juvenil (p. 108 109). Aparecen otras afirmaciones que no resisten el más somero análisis: el autor pretende demostrar que todo el Opus Dei vivió prácticamente durante cinco o seis años (los años de construcción del C.S.I.C.) a costa de los honorarios de uno de los declarantes (p. 34 §5). Se lee que "muchas voluntades eran contrariadas hasta el borde del suicidio" (p. 149); que había en Roma, donde vivía el Fundador, docenas de cajas de bombones "por si le apetecía uno" (p. 107); que "en una ocasión pidió la séptima tortilla porque las seis anteriores no estaban a su gusto" (p. 107); que en la posguerra los miembros del Opus Dei jugaban al fútbol, pero "los de mejor origen social, practicaban el montañismo" (p. 99); que existe "el conocido precepto de pedir permiso incluso para beber agua entre comidas" (p. 20); etc., etc.

El autor considera que esto es criticar "el fenómeno Opus Dei desde una lucidez madura" (p. 11).

15. Otras contradicciones

Las contradicciones internas son frecuentes en las obras de este autor contra el Opus Dei. En El Opus Dei, una interpretación ofrecía un buen elenco (pp. 11, 13, 81, 89, 126, etc.). Afirmaba, por ejemplo, que no conocía obreros del Opus Dei y aseguraba a continuación "que se ganan adeptos en el obrero seducido por la sociedad de consumo" (p. 47). En este nuevo libro se descubren con facilidad numerosas contradicciones internas.

Dice que tras el Concilio Vaticano II "se congela la investigación teológica propia" (p. 117), cuando precisamente una de las cosas que hizo el Fundador para activar la investigación teológica tras el Concilio fue… fundar una Facultad de Teología en Navarra.

Se establecen leyes generales que luego desmienten las propias declaraciones. Por ejemplo, refiriéndose a la imaginaria "persecución" que dice padecer uno de sus declarantes, afirma el autor: "La problemática de la salida y posterior persecución del Opus Dei suele seguir, corporativamente, esa línea de obstrucción profesional por los superiores de la Obra" (p. 163). Después de establecer la ley general, no se demuestran casos concretos: uno de sus declarantes afirma que después de abandonar su vocación "me querían traer a su esfera de influencia, proponiéndome unas colaboraciones que nunca llegaron a plasmarse o la participación en una enciclopedia, en la cual aparezco al lado de personas de su grupo" (p. 160). No se entiende cómo esto puede significar una persecución.

En la página 11, afirma Moncada que uno de los declarantes "tuvo que sufrir una de las persecuciones más tenaces" al abandonar la Obra (p. 11). La realidad fue muy diferente: jamás nadie hizo lo más mínimo para perjudicarle, entre otras cosas, porque esa persona vivía voluntariamente aislada y pocos advirtieron su marcha. Más aún, un miembro del Opus Dei se puso en relación con él, en esas circunstancias, para intentar ayudarle en lo que necesitase, como siempre se ha hecho. Y el aludido explica claramente en la p. 164: "en ningún momento me he sentido perseguido por el Opus Dei". Otro atestigua: "conservo amigos maravillosos" (p. 121). Y testimonia que encontró en los socios de la Obra de lo años 30 y 40 "una gran generosidad. La encuentro aún. También en muchos otros de mi generación y en algunos que he tratado hasta 1979. Los he querido y los quiero" (p. 128). Y al describir el itinerario biográfico de otra persona queda de manifiesto la ausencia de cualquier persecución. En este caso, no sólo la realidad de las cosas, sino también el mismo testimonio de la mayoría de los interlocutores contradicen al autor.

IV. FALSEAMIENTO DE LA VIDA Y DE LAS ENSEÑANZAS DE MONS. ESCRIVA DE BALAGUER

1. Frases falsas

Se le describe al Fundador del Opus Dei como un oportunista que acomodó el mensaje del Opus Dei a las circunstancias cambiantes de los momentos que le tocó vivir. Esa valoración es totalmente contraria a lo que muestran los diversos estudios históricos, bien documentados, que han aparecido sobre el Opus Dei. Se deduce de ellos que hay un rasgo decisivo y fundamental en el actuar de Mons. Escrivá de Balaguer: su continua fidelidad al carisma fundacional.

Además, sin esa fidelidad no se entendería ni su oración ni su trabajo constante a lo largo de varias décadas para lograr la fórmula jurídica que respondiese plenamente a ese carisma fundacional. La perfecta sintonía entre sus escritos a lo largo de los años (desde los 30 a los 70) son un testimonio irrecusable de esa fidelidad.

Para dar una aparente fundamentación a su personal interpretación, tanto el autor como algunos de sus declarantes ponen en labios del Fundador numerosas frases que jamás pronunció, y cuentan hechos que no sucedieron nunca.

Es falso que el Fundador "hubiera dejado en penumbra siempre las conocidas dificultades económicas de sus padres" (p. 127). Mons. Escrivá había hablado repetidas veces a lo largo de su vida de esa circunstancia que le hizo conocer la penuria económica, y agradecía a Dios la dignidad y sentido sobrenatural con las que sus padres la sobrellevaron.

Nunca dijo: "somos ese resto de Israel, elegido por Dios para iniciar la conversión" (p. 29). Y tampoco afirmó que había que situar a una "nueva aristocracia de la inteligencia en la cúspide de todas las actividades humanas" (p. 92). El autor confunde dos frases en una. La idea que Mons. Escrivá repetía es que había que poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, y que había que promover entre personas de toda condición social, y especialmente entre los intelectuales, una efectiva vida cristiana en medio de las realidades ordinarias de su vida, para la santificación de su trabajo profesional. Las confusiones de este tipo son frecuentes a lo largo del libro.

Estas afirmaciones resultan, en ocasiones, calumniosas. El Fundador del Opus Dei jamás hizo promesas de influencia política o comercial a cambio de favores, como afirma el autor sin aportar ninguna prueba en la p. 53 §2 y 3. Se conservan, por el contrario, numerosísimas cartas en las que Mons. Escrivá de Balaguer se niega a hacer las recomendaciones que le piden; lo dice de forma delicada, pero muy clara (por ejemplo, la que escribió el 23.II.43 a D. Epifanio Lorda; el 29.III.57 al doctor D. César Serrano; el 20.IV.61 a D. Domingo Fumanal; en diciembre de 1969 a Mauricio Albás, etc.).

Tampoco dijo nunca (p. 37) que "el fin justifica los medios". Por el contrario, predicó constantemente la rectitud y la honradez en todas las actuaciones humanas y subrayó, de acuerdo con las normas de la moral, que el fin no justifica los medios.

Es falsa también la frase, y el sentido que le da el autor, puesta en labios del Fundador del Opus Dei, acerca de fundaciones de frailes y monjas "que nacen para hacer cosas evángelicas y terminan dedicándose a educar niños ricos" (p. 15). Mons. Escrivá manifestó constantemente, con palabras y con obras, su amor al estado religioso, como atestiguan numerosas comunidades de religiosos, y una entrega constante a todos.

Son falsas las palabras que pone en labios del Fundador del Opus Dei contra el Papa Pablo VI (p. 27). Su actitud fue muy distinta a la que describe en el §3. El nombre del nuevo Papa se supo, aproximadamente, a las 12 de la mañana del 21 de junio; y las primeras palabras que un grupo numeroso de miembros de la Obra oyó de su Fundador fueron, casi textualmente: "no puedo olvidar que la primera mano amiga que encontré en Roma fue la de Mons. Montini". Y añadió, lleno de fe, que estaba seguro que durante ese pontificado se darían los primeros pasos para la solución jurídica del Opus Dei. Eran las dos de la tarde.

Y es falso también el juicio sobre Pablo VI: "Montini no apreciaba la fogosidad y el talante de Escrivá" (p. 26). Este juicio de intenciones contradice los testimonios que constan documentalmente, que incluyen palabras de estímulo y aliento de Pablo VI hacia el Fundador. El 1 de octubre de 1964 dirigió un quirógrafo a Mons. Escrivá de Balaguer en el que le manifestaba: "consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea".

Dice un declarante: "Yo le oí muchas veces decir lo que él luego escribió en la Instrucción de San Gabriel y es que nosotros no tendríamos nunca Universidades" (p. 78). En realidad, esa Instrucción no afirma tal cosa. La única referencia que incluye a la Universidad aparece en una relación de los ámbitos en los que los fieles del Opus Dei pueden prestar su servicio a la sociedad y a la Iglesia. Por el contrario, lo que el Fundador del Opus Dei declaró en repetidas ocasiones es que llevaba rezando muchos años por la creación de lo que luego sería la Universidad de Navarra.

2. Frases desfiguradas

Inducen también a error las frases que son ciertas en sí mismas, pero que quedan desfiguradas en el contexto, de tal forma que adquieren un sentido distinto al que el Fundador quiso darle.

Al referirse a los comienzos, se afirma que el Fundador del Opus Dei hablaba de la "obediencia ciega", en un sentido distinto al que le daba cuando empleaba esta expresión. Si en algún momento escribió (Camino, n. 941) que había que obedecer ciegamente, es preciso entender este término que indica la disponibilidad plena que requiere la obediencia cristiana en el contexto de sus constantes enseñanzas sobre esta virtud. En otro escrito de esa época afirma: "Obedecer dócilmente. Pero con inteligencia, con amor y sentido de responsabilidad, que nada tiene que ver con juzgar a quien gobierna (Surco, p. 372). Desde el principio, especificó concretamente que la obediencia en la Obra no debe ser perinde ac cadaver, como si se tratara de una obediencia irresponsable. El ejercicio de esta virtud supone una perfecta comprensión del fin, y una amplísima iniciativa en la disposición de los medios. La obediencia se enseña a vivir en el Opus Dei, a diferencia de como la presenta el autor (sumisión ciega, gregarismo fanatizado, etc.), como una virtud propia del espíritu cristiano, virtud necesaria para los que quieren reproducir en su vida los sentimientos de Jesucristo, que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Por otra parte, el objeto de esa obediencia, dentro del Opus Dei, cae siempre en el ámbito de los fines específicos de la Prelatura: la santidad personal y el apostolado.

En otro momento, el autor afirma que, cuando el Fundador indicaba que había que tener fe en la Iglesia "a pesar de los pesares", aludía en tono acusatorio "al pontificado autoritario de Pío XII" (p. 22). El mismo Fundador explicaba el sentido de esa frase: se refería a todas las miserias humanas, pese a las cuales la Iglesia es santa; solía decir a su interlocutor como consta en numerosos testimonios , si le preguntaba a qué se refería: "a mis pecados personales y a los tuyos" (Cfr. Es Cristo que pasa, 131).

Se dice que "Escrivá no tuvo la menor duda, a la hora de estallar la guerra civil, de que su lugar y el de su apostolado, estaba en la zona nacional a la que se pasó cuando pudo" (p. 60). La realidad histórica es que dudó antes de pasar; y que lo hizo guiado por razones apostólicas, y porque por su condición de sacerdote se encontraba en constante peligro de muerte. No es correcta la interpretación de esa actitud como una manifestación de "fervor nacionalista". Mons. Escrivá alentó en su predicación a la virtud cristiana del patriotismo, pero nunca al nacionalismo en su sentido excluyente.

Carece de fundamento la afirmación de que en Camino "pueden rastrearse notorias referencias a lo que el mundo católico español llamaría la Cruzada" (p. 60 §6), cuando es notorio que gran parte de los puntos de Camino se contienen en Consideraciones Espirituales, publicado antes de la guerra civil, en 1934. Dice el autor que el Fundador del Opus Dei "respiraba un clima de nacionalcatolicismo" (p. 150). Sin embargo, basta comparar los primeros escritos del Fundador del Opus Dei (Camino, Surco, Forja) con otras publicaciones posteriores (por ejemplo, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios) para observar que contienen una doctrina homogénea y que no hay en ellas el menor rastro de lo que algunos llaman nacionalcatolicismo.

3. Reduccionismos e interpretaciones parciales

Son numerosas además las injurias directas contra el Fundador y los errores en la interpretación de su actuación y sus enseñanzas: (pp. 13, 15, 19, 22, 24 27, 36 37, 47, 53, 61, 63, etc., etc.).

Las referencias que intentan presentar al Fundador del Opus Dei alentando empresas con finalidad económica son particularmente insidiosas. Cuando los miembros de la Obra han promovido este tipo de empresas lo han hecho siempre en el ejercicio de su libertad y bajo su exclusiva responsabilidad personal. La institución no tiene nada que ver con ellas. Por eso, uno de los declarantes, que ejercía en el momento en que sitúa su relato un cargo de gobierno en el Opus Dei, tuvo que oír de labios del Fundador esta respuesta al hablar de "nuestras empresas" refiriéndose a las que libremente promovían los miembros del Opus Dei: "¿qué empresas tienes tú, si ninguno de los Directores nos hemos metido en eso?" Y Mons. Escrivá hizo que se escribiera una nota para corregir ese error.

El autor interpreta en sentido puramente temporal la actitud del Fundador cuando afirma que insistía "en la necesidad de conseguir puestos docentes" (p. 142), como manifestando una apetencia de poder. Todos los testimonios orales y escritos que se poseen muestran con unanimidad que Mons. Escrivá de Balaguer recordó la necesidad de convertir todas las profesiones en instrumento de servicio a los demás, de santificación y de apostolado.

El autor fuerza el sentido de las palabras cuando interpreta el "apostolado de la mala lengua" (que está claramente explicado en Camino, p. 580) como "la adopción de actitudes machistas" (p. 143). Añade: "También muchos postulantes fueron introducidos allí en el uso del tabaco asociado a la normalidad masculina" (p. 143).

Afirma en otro momento que Mons. Escrivá formó parte "del grupo de sacerdotes que daba ejercicios espirituales al General" Franco, y que "mantenía largas conversaciones con él acerca de la unión entre la Iglesia y el Estado, que luego sus críticos vendrían en llamar nacionalcatolicismo" (p. 62). En realidad, el Fundador del Opus Dei no formó parte de ningún grupo, y entre los numerosísimos ejercicios espirituales que predicó en esa época, sólo uno estaba dirigido al general Franco. Peter Berglar cuenta en su libro (o.c., p. 327) una anécdota mucho mejor documentada: "Cuando Mons. Escrivá de Balaguer, en los años cuarenta, dirigió unos días de retiro espiritual al Jefe del Estado y a su familia, consideró que no le vendría mal una meditación sobre la muerte. El Jefe del Estado escuchó con atención sus consideraciones espirituales sobre este punto y dijo que, desde luego, había pensado alguna vez en este asunto y que tenía tomadas las medidas oportunas. Se ve que en aquel momento la muerte para él significaba fundamentalmente un problema político… Más tarde, cuando el Obispo de Madrid tuvo conocimiento del hecho, le comentó en la primera ocasión en que coincidieron: «Después de ésta en España nunca será Obispo…». «Me basta contestó el Fundador del Opus Dei ser sacerdote». También en Franco veía, antes que nada, un alma".

4. Amor a la libertad

En varios momentos se relata la actuación de miembros de la Obra en actividades temporales y se pone en entredicho la libertad con la que desarrollaban esas actividades. Cuando el Fundador estimulaba a estar presentes en todo el tejido social, lo hacía con respeto a la libertad personal. En esos ámbitos, los miembros del Opus Dei, como cualquier fiel cristiano, gozan de la más completa libertad para formar su criterio: no tiene más límite que la ley de Dios y la fidelidad a la Iglesia santa. Para comprobar esto basta acudir a la realidad histórica. Por ejemplo, en el caso concreto de España, los miembros de esta institución de la Iglesia han mantenido posturas muy diversas, y en muchos casos contrapuestas, durante el régimen franquista y el periodo democrático. Se trata de una realidad tan patente que incluso aparece en alguna de las declaraciones recogidas en el libro: "era muy difícil presionar en aquellos hombres" (p. 73).

Se habla de una supuesta "maniobra del Padre Escrivá que movía los hilos desde Roma y pretendía aparentar una confrontación de ideas" (p. 47). Las personas del Opus Dei que actuaron en la vida pública durante esos años han testimoniado públicamente su libertad de actuación, sin presiones de ningún tipo. Por el contrario, siempre que tenía ocasión el Fundador del Opus Dei recordaba la libertad política de la que gozan todos los miembros e insistía en la necesidad de respetar la libertad y la opinión de los demás: cada uno hace lo que quiere en lo temporal, siempre que no se aparte de la fe católica; pueden defender todas las opiniones compatibles con la fe católica.

Se afirma también que "la gente de la Obra se siente particularmente incómoda en la sociedad pluralista" (p. 170). Esta afirmación gratuita contradice un hecho históricamente innegable: algunos miembros del Opus Dei han participado, con plena autonomía y responsabilidad personal, en la vida pública de la democracia.

Se califican como "disensiones" a las consecuencias lógicas del pluralismo de opciones políticas entre los miembros de la Obra, cuando es, precisamente, una muestra de la libertad de la que gozan en asuntos temporales. Una anécdota elocuente en este sentido: en 1953 el Secretario General del Opus Dei y el Consiliario de España estaban preocupados por la campaña de prensa falangista contra algunos miembros de la Obra Florentino Pérez Embid, Rafael Calvo, etc. , que habían comenzado a actuar en política. Aprovechando el paso por España de Mons. Escrivá de Balaguer, fueron a verle los dos a Molinoviejo, una casa de retiros en la provincia de Segovia. Estando presente D. Alvaro del Portillo, preguntaron al Fundador del Opus Dei si sería oportuno para acallar esa campaña indicar a esos miembros del Opus Dei que abandonaran durante algún tiempo su libérrima actuación política. Mons. Escrivá de Balaguer les contestó muy claramente, de acuerdo con lo que había vivido siempre, que no tenían ningún derecho a dar esa indicación; que su deber como directores era respetar la libertad de actuación de cada uno de los miembros de la Obra. Y, para expresar gráficamente ese criterio que conocían bien, porque lo habían oído y se había practicado siempre en la Obra y porque lo habían transmitido a los demás , les dijo que, cuando canonizaran a algunos fieles del Opus Dei, los representarían en los retablos con unas rosas en las manos que se abrían solas; y añadió: "pero no hay rosas sin espinas, lo que sucede es que, de ordinario las espinas me tocan a mí". Entendieron que, para respetar la libertad, para defender los derechos de cada persona, tenían que soportar con paciencia esa contradicción de la campaña de prensa.

V. FALSEAMIENTO DE LA REALIDAD DEL OPUS DEI

Como consecuencia de todo lo anterior, la realidad del Opus Dei queda fuertemente desfigurada. Se citan sólo algunos ejemplos indicativos.

1. El director "típico"

El autor utiliza numerosos clichés para describir distintas situaciones en el Opus Dei, como el cliché del director "típico" de obras corporativas: "un supernumerario mayor, poco intelectual" o un militar, porque "se muestran mucho más fiables" (p. 156). La realidad de las cosas desmiente esta afirmación. Ignora, además, la condición secular de los miembros del Opus Dei que es su situación de hecho y de derecho cuando afirma que algunos numerarios llevan "un estilo de vida casi conventual", que apenas se rozan con "la realidad exterior" (p. 157).

2. Problemas con la madurez

Se lee que "aquellos estudiantes de los años treinta (…) se dedicaban al estudio y al apostolado. Sería después de la guerra, con la madurez profesional, cuando empezarán los verdaderos problemas" (p. 141). El declarante manipula un caso particular (una crisis de vocación, que se pretende hacer coincidir con el desarrollo de la vida profesional) y lo convierte en un rasgo histórico de toda una generación. ¿Qué sucede entonces con los numerosos miembros del Opus Dei que han sido fieles a su vocación y que han alcanzado un sólido prestigio profesional, sin pasar necesariamente por los "verdaderos problemas"?

3. Poca gente con inquietudes intelectuales

"Conocí a muy poca gente con inquietudes intelectuales se afirma-interesada en leer otras cosas que no estuvieran relacionadas con los estudios y la profesión: igualmente, pocos con preocupaciones artísticas". En otro momento se asegura que "la poca gente que se dedicaba en serio a ello abandonó la institución o sus preocupaciones intelectuales" (p. 94). Estos presupuestos que se presentan rígidos y concluyentes no se sostienen ante unos hechos evidente: con el ambiente que se describe no se hubieran podido formar los numerosos intelectuales españoles, periodistas, profesores universitarios, etc., como el futuro creador del Consejo de Investigaciones Científicas, un Director General de Bellas Artes, catedráticos, académicos prestigiosos o pintores como Delapuente, a los que el autor no ha considerado como "excepciones" (como en el caso de Calvo Serer), sino representantes arquetípicos del Opus Dei. Frente a estas simplificaciones, se encuentra el ejemplo de numerosos miembros del Opus Dei (tanto Numerarios y Agregados, como Supernumerarios) que se dedican activamente a tareas intelectuales y que han alcanzado gran prestigio en el marco universitario y científico.

4. Jóvenes con poco interés por la teología y la mística

Se puede hacer una valoración semejante de las afirmaciones siguientes sobre los jóvenes del Opus Dei de los primeros tiempos: "Tampoco había mucho interés por la religión, en su sentido teológico o místico" (p. 144). Esta afirmación, que olvida de paso los estudios institucionales de teología y filosofía que desde el primer momento comienzan a realizar los numerarios del Opus Dei, refuerza los rasgos de normalidad y de espíritu laical de los primeros miembros del Opus Dei. El interés por la mística no era ni es habitual en el ambiente cotidiano de un joven de primeros cursos de universidad. Lo que interesa habitualmente en esa edad es vivir las virtudes propias de un buen cristiano y poseer la formación doctrinal adecuada.

5. Los Obispos y los demás

En el Opus Dei los sacerdotes numerarios que son nombrados Obispos viven con normalidad en el ambiente familiar de la Obra, sin ceremonias de ningún tipo; por tanto no se les besa la mano, ni hay ceremonias especiales con ellos, entre otras razones porque están en su casa, con sus hermanos, y cada uno procura no singularizarse. El trato con todos es sencillo, espontáneo y natural, sin solemnidades ni protocolos.

En la p. 29 §3 se deforma esta norma de conducta, clara y razonable. Lo que es manifestación espontánea de cariño (besar la mano al Fundador) se presenta como obligación impuesta; lo que responde al comportamiento natural de una persona en su hogar se presenta como servilismo.

6. Desconocimiento de instituciones eclesiásticas

Algunas valoraciones del libro evidencian una ignorancia notable acerca de las realidades de la Iglesia. Por ejemplo, la siguiente afirmación referida al Fundador: "Llegó incluso a introducir en la burocracia curial a dos o tres numerarios que fueron componiendo la tela de araña de la influencia" (p. 25). La ignorancia va unida, en este caso, a la falta de coherencia interna: en la misma página, líneas más abajo, se lee que los Obispos les daban "tareas eclesiásticas de corte tradicional, que generalmente ellos rehusaban". No se entiende que rehusaran si buscaban tener influencia.

Se da a entender que el rectorado del Patronato de Santa Isabel de Atocha era un reducto que encontró tras la guerra civil ("allí se refugia con su gente", dice en la p. 17), cuando ese rectorado se lo había concedido el gobierno de la República. El 31 de enero de 1934, el Director General del Ministerio de la Gobernación para los asuntos de la extinguida Real Casa acordó acceder a que ocupara la casa destinada al Capellán. El 11 de diciembre del mismo año, un Decreto oficial firmado por Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República, y por Oriol Anguera de Sojo, Ministro de Trabajo, le designaba como Rector del Patronato de Santa Isabel.

7. El Opus Dei, Prelatura personal

Se describe el empeño del Fundador por alcanzar una forma jurídica clara y adecuada a la realidad del Opus Dei como una doble estrategia: "por una parte, lograr un régimen jurídico autónomo, en el sentido de que la jerarquía ordinaria de la Iglesia no tuviera la posibilidad de intervenir en la gestión del Opus y por otra, constituirse en entidad individual, que no hubiera más que un solo ejemplar, el suyo, de la nueva modalidad canónica a establecer" (p. 19). Esta afirmación supone el desconocimiento de esta nueva institución de la Iglesia en la que la potestad del Prelado ordinaria de régimen o de jurisdicción se refiere exclusivamente al fin específico de la Prelatura, dejando siempre a salvo los derechos del Ordinario del lugar. Numerosos obispos han expresado públicamente su reconocimiento ante los frutos de esta realidad, garantizada además por los documentos jurídicos correspondientes. La Declaración de la Congregación para los obispos, publicada en la edición semanal en lengua española de L'Osservatore Romano el 5.XII.82, establece las normas para "la coordinación pastoral con los Ordinarios del lugar y la fructuosa inserción de la Prelatura Opus Dei en las Iglesias locales". Entre otras cosas, dispone que "para la erección de cada Centro de la Prelatura se requiere siempre la venia previa del Obispo diocesano competente, que tiene además derecho de visitar ad normam iuris esos centros, sobre la actividad de los cuales es informado con regularidad".

Las Prelaturas personales son estructuras jurisdiccionales de carácter personal y secular, erigidas por la Santa Sede para la realización de actividades pastorales peculiares; en el caso concreto del Opus Dei, la atención espiritual de sus miembros y la difusión de una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado en el trabajo profesional y en la vida ordinaria. Está integrada por laicos y sacerdotes, bajo la jurisdicción de un Prelado que es su oridnario propio. Esta figura jurídica responde a los deseos del Fundador, que quería para la Obra una estructura secular de jurisdicción personal.

Por otra parte, esta configuración jurídica de la Prelatura Opus Dei no se establece en el marco de una ley privilegiada, sino del derecho común de la Iglesia (cfr. Código de Derecho Canónico, cánones 294 297).

VI. EL AUTOR

1. Alberto Moncada

Alberto Moncada Lorenzo nació en 1931. Fue miembro del Opus Dei desde 1953 a 1969. Tras abandonar esta institución ha publicado varios libros, en muchas ocasiones con afirmaciones de signo anticristiano. Algunos, como el que ahora se reseña, se dirigen contra el Opus Dei.

Aunque intenta presentar el libro como un testimonio elaborado desde el respeto a la fe (p. 11), silencia su condición de no creyente declarada públicamente en otras ocasiones y su propia actitud, con frecuencia beligerante contra principios de la fe católica. La misma realidad del libro y la de numerosos escritos del autor en los últimos años prueban esta actitud. Se muestran a continuación algunos ejemplos significativos de las premisas ideológicas declaradas por el autor, y que aparecen como hemos visto en la elaboración del libro.

2. Matrimonio y familia

Moncada critica en este libro, como en otros anteriores, la institución familiar; y si en su primer libro contra el Opus Dei presentaba la fidelidad a la doctrina católica sobre el matrimonio como una mezcla de medievalismo e imperialismo político, en éste que ahora se reseña critica el amor a la familia que enseña la Iglesia, y por tanto el Opus Dei, y ese "énfasis en los sentimientos y espíritu de servicio al marido y a los hijos" (p. 119).

Consecuente con la exaltación de "la nueva moral", abierta a todas las "liberaciones del sexo", interpreta la virtud de la castidad como "represión sexual y afectiva" (p. 157), como "un mecanismo más de manipulación autoritaria, en una fórmula de autodesprecio (…) que engancha a las personas en una dialéctica autodestructiva". "Y cuanto más sinceros, peor" (p. 158).

3. Sobre la libertad de enseñanza

Describe a la "clientela" de la enseñanza privada, como "pequeñoburguesa, fundamentalista, con miedo al cambio, que ve en peligro su paulatina ascensión económica, con los términos nefandos sexo, droga y comunismo siempre en boca…" (Diario 16, 22.XII.83). En un artículo sobre los acuerdos entre España y la Santa Sede en materias educativas, mostraba de diversos modos su aversión a la Iglesia Católica.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Historia oral del Opus Dei (Alberto Moncada)

El libro constituye un alegato contra la figura y la actuación del Fundador del Opus Dei y contra la realidad de la institución, de la que ofrece una imagen deformada, con rasgos únicamente negativos. A pesar de su título, no se trata de un libro de historia: no hay fuentes documentales ni aparato crítico. Se encuentran, por el contrario, numerosas acusaciones insuficientemente fundadas y, en ocasiones, contradictorias entre sí. El tono del libro tampoco es el propio de una investigación histórica, ya que refleja una postura hostil previa y muy asentada. Se ocultan o se desacalifican con simplismo los puntos de vista distintos de los del propio autor. En todo momento se ignora o se niega el rasgo fundamental del Opus Dei: su finalidad espiritual y apostólica. Como muestra del escaso rigor del libro, puede señalarse el continuo recurso al «parece que…»: tras esta fórmula se difunden suposiciones e hipótesis erróneas o indemostradas (por ejemplo, pp. 15, 17, 22, 23, 24, 59, 104, 116, 166, etc.).

Algunas falsedades y errores

Los errores son tan continuos que, para analizarlos con detalle, haría falta un volumen similar al propio libro. Se señalan a continuación algunos:
-Afirma el autor, al hablar del final del expediente jurídico del Opus Dei, que "la última firma de Pío XII se consiguió literalemente en su lecho de muerte. Parece incluso que el documento original conserva las huellas de esa circunstancia" (p. 24). En realidad, Pío XII firmó ese documento el 16 de junio de 1950, ocho años antes de su muerte (9 de octubre de 1958).
-"Parece que Escrivá fue introducido en la Escuela de Periodismo del Debate y allí se familiarizó con las consignas propagandísticas de la Iglesia oficial" (p. 59). En realidad, Mons. Escrivá fue profesor de Etica General y Moral Profesional en otro Centro: la Escuela Oficial Periodismo de Madrid, fundada y dirigida por D. Pedro Gómez Aparicio. Se trata de un dato recogido en las biografías publicadas de Mons.Escrivá.
-"Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado Derecho. Nunca vi su título de Licenciado", se dice de Mons. Escrivá (p. 19). Como consta en el expediente académico personal que se conserva en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, el Fundador del Opus Dei inició en 1923 sus estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el grado de licenciado el 15 de marzo de 1927. Esa Universidad le expidió el título el 12 de junio de 1934, y fue enviado al Rectorado de la Universidad de Madrid para su entrega al interesado el 22 de agosto de ese mismo año. También se conserva la orla de promoción de Mons. Escrivá en la que aparece con otros alumnos que concluyeron la carrera ese año.
-Se afirma que al arzobispo de Madrid, Mons. Eijo y Garay, "le costó aceptar la labor de Escrivá" (p. 18). Por el contrario, fue Mons. Eijo y Garay quien animó en varias ocasiones al Fundador del Opus Dei a presentar la documentación pertinente para la aprobación como Pía Unión, que tuvo lugar el 19 de marzo de 1941. Y el 24 de mayo de ese año escribía al Abad-Coadjutor de Montserrat, Dom Aurelio M. Escarré: "Desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos, de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos… y en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos".
-Se afirma que Mons. Escrivá de Balaguer se alinea con las "corriente integristas y anticonciliares de la Iglesia" (p. 156); que durante el tiempo del Concilio "se prohibía internamente la lectura y el comentario de los documentos conciliares" (p. 26), etc. La realidad es que en el Concilio intervenieron, como Padres Conciliares, varios miembros del Opus Dei. En especial, el actual Prelado, Mons. Alvaro del Portillo: en las etapas previas del Concilio Vaticano II, fue Presidente de la Comisión Antepreparatoria para el Laicado y formó parte de otras Comisiones preparatorias; más tarde fue designado entre los cien primeros peritos del Concilio. En los años de desarrollo del Concilio fue Secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano y Consultor de otras Comisiones Conciliares: la de Obispos, la de Religiosos, la de la Doctrina de la Fe, etc. Pablo VI le nombró Consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis, de la S. C. para la Doctrina de la Fe y de la S. C. para el Clero.
Además, en ese Concilio está el punto de partida para la figura jurídica definitiva del Opus Dei: la Prelatura personal; y fueron los textos del Concilio los que recogieron la llamada universal a la santidad, que había venido recordando desde hacía treinta años el Fundador del Opus Dei.

Falseamiento del sentido de las enseñanzas de Mons. Escrivá de Balaguer

El libro, a pesar de su pretendido carácter histórico, recurre a numerosos mecanismos de manipulación del lenguaje, como: cita de frases con sentido forzado o sacadas de contexto; asociación, en el mismo plano temporal, de sucesos separados por largos espacios de tiempo; generalizaciones; juicios de intenciones; suposiciones infundadas, etc. La terminología empleada no se adapta a la realidad estudiada una institución de la Iglesia Católica , sino que está tomada de contextos diversos las sectas, los sistemas dictatoriales, las estrategias políticas y empleada en sentido peyorativo. Se exponene algunos ejemplos:

-Abundan las frases tomadas de escritos de Mons. Escrivá que, en su contexto, tienen un sentido muy distinto al que propone el autor de este libro. Por ejemplo, interpreta el "apostolado de la mala lengua" como "la adopción de actitudes machistas". Esta expresión, utilizada en Camino, n. 580, expresa una realidad distinta.
-Supone el autor que, cuando el Fundador del Opus Dei indicada que había que tener fe en la Iglesia "a pesar de los pesares", aludía "al pontificado autoritario de Pío XII" (p. 22). El sentido de esta frase es explicado por el propio Mons. Escrivá: se refería a todas las miserias humanas, pese a las cuales la Iglesia es santa. Solía decir a su interlocutor como consta en numerosos testimonios su se le preguntaba a qué se refería: "a mis pecados personales y a los tuyos" (cfr. Es Cristo que pasa, n. 131).
-El libro recoge también frases inventadas o compuestas con retazos de varias afirmaciones puestas en labios del Fundador del Opus Dei. Por ejemplo, se le atribuye la expresión: "somo ese resto de Israel, elegido por Dios para iniciar la conversión" (p. 29). Ningún texto de Mons. Escrivá recoge esa expresión, que se contradice con el conjunto de sus enseñanzas. En otro momento (p. 92) se le atribuye una frase según la cual habría que situar "una nueva aristocracia de la inteligencia en la cúspide las actividades humanas". La verdadera frase del Fundador del Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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