No es bueno para el OpusDei reclutar a gente tan joven.

No es bueno para el Opus Dei reclutar a gente tan joven. Al final, esto se vuelve en su contra, pues recibe unas críticas que tiene muy merecidas. ¿Por qué no esperar a que sean mayores y decidan con más conocimiento de causa?
Quizá a la gente joven del Opus Dei no le haría mucha gracia oír esos razonamientos. Sobre todo porque ponen en duda su madurez.

Y todos sabemos que lo que más molesta a los jóvenes es que se ponga en duda su capacidad de emplear –como les dé la gana– su libertad y su responsabilidad.

Si una chica de 18 años decide marcharse a vivir a un piso con un compañero –por supuesto, accidental– algunos columnistas y redactores de cierta prensa lo aplaudirían con entusiasmo: qué valentía, qué sinceridad, qué autenticidad, qué libertad.

Ahora bien, si decide ser del Opus Dei y dedicar su vida a Dios y a los demás, entonces está loca, le han comido el coco y es poco menos que retrasada mental.

Qué le vamos a hacer. Vistas las cosas desde esa perspectiva, el diálogo se hace difícil.

Afortunadamente, cada uno puede pensar qué es lo que prefiere y cuál es su ideal de autenticidad.

La formación que el Opus Dei da a los jóvenes está a la vista de cualquiera. En la canonización de San Josemaría Escrivá llamó la atención de todo el mundo la impresionante presencia de gente joven, cifrada en un 40% de los asistentes.

Y no sólo llamó la atención su número, sino también su serenidad, su participación consciente y atenta en las ceremonias litúrgicas, su sonrisa, su alegría y los proyectos maravillosos de entrega a los demás que sacan adelante en cientos de centros juveniles del Opus Dei por todo el mundo.

Podríamos decir que cada uno tiene la juventud que se merece. La Iglesia Católica –y el Opus Dei dentro de ella– ha recibido de Dios el tesoro de una juventud generosa, limpia y entregada a los demás.

Quizá este contraste con la "media" sociológica es lo que sorprende a algunos, que desde sus tribunas en la prensa han querido atraerse a los jovencitos y a las jovencitas –es su lenguaje– animándoles a "colocarse y al loro", a la promiscuidad total y a todo género de conductas por el estilo, todas ellas muy "progres". Podríamos preguntarnos, en este momento, quién será más feliz.

No he respondido, por ser ya evidente a estas alturas, a las críticas sobre la edad en que una persona puede decidir sobre su vida. Según los Estatutos de la prelatura, no se puede pertenecer al Opus Dei antes de los 18 años.

De todos modos, si alguna persona es inmadura, no conseguirá ser admitida, aunque haya cumplido esa edad. El Opus Dei es el primer interesado en no tener en sus filas gente incapacitada para un compromiso de amor serio y definitivo.

En los Estatutos está previsto que si una persona –que reúne los requisitos de madurez– desea pertenecer al Opus Dei, pero aún no tiene la edad oportuna, puede ser, desde un par de años antes, "aspirante". Los aspirantes tienen muy claro que no pertenecen a la prelatura y van aprendiendo, poco a poco, a santificarse según el espíritu de la Obra. En cualquier momento pueden marcharse, pues no tienen vínculo jurídico alguno con el Opus Dei. Piden a Dios que les ilumine y les confirme en su vocación al Aspirantes.

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