Rigor profesional

Quiero dar mi """reconocimiento""" (!!!???) a Jesús Ynfante, que se ha hinchado a ganar dinero a base de calumniar al Opus Dei, de reirse del Papa y de lanzar mierda sobre la Iglesia Católica. Es muy eficaz: todos sus libros tienen el mismo contenido pero con títulos y presentaciones diferentes…para sacar más dinerillo.

Este señor ¿qué quiere? saber la verdad de las cosas o forrarse con el dinero. ¡Claro! el no puede admitir que la Iglesia, el Papa y el Opus Dei no son asosciaciones oscuras. No quiere ver la realidad porque perdería mucho dinero. ESTO SI ES RIGOR PROFESIONAL!!!

Me parece un poco duro tu mensaje. Pero aquí queda tu opinión

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Tumba y Resurrección de Jesucristo

Copio una noticia interesante relacionada con la que salió ayer: La Resurreción de Jesús

 

«una farsa publicitaria», afirma el arqueólogo judío Amos Kloner

Envuelto por el gran interés que producen las cosas relacionadas con Jesucristo, el año pasado National Geographic regaló al mundo el «evangelio de Judas» (que tenía poco de Judas y menos aún de evangelio), un texto gnóstico que dejó inamovibles los cimientos de la fe en Cristo.

Ha pasado casi un año y en todos estos meses hemos sido testigos de una persecución constante y aguerrida contra todo lo que dice cristianismo: desempleo de una azafata de la British airlines por portar un crucifijo, expulsión de una estudiante católica, belenes a la basura en España, moniciones a conductores cristianos de tv en Inglaterra, intolerencia (en nombre de la «tolerancia laica») hacia la opinión cristiana en temas éticos y sociales, exclusivas sacrílegas e innobles por un diario italiano… Y como coronamiento, precisamente en el periodo cuaresmal, Discovery Channel presenta el «hallazgo de la tumba de Jesús». Ya no les ha sido suficiente tratar de ir «talando» árbol por árbol; ahora, otra vez, se ha pretendido incendiar todo el bosque.
Se trata de una maniobra para vender

Muy poco le ha importado al canal que el arqueólogo judío de la universidad de Bar-Ilan y arqueólogo oficial del Distrito de Jerusalén, Amos Kloner, quien descubrió y supervisó las excavaciones de la tumba en 1980, haya declarado que la afirmación de que sea la tumba de Jesús «no esté basada en ninguna prueba y sea sólo una maniobra para vender». Obviamente la consideración del descubrimiento no se queda en la mera tumba sino en la afirmación de que las osamentas ahí encontradas sean las de Jesús y su familia.
Ciertamente el argumento no es nada novedoso. Ya la BBC había producido un documental similar 11 años atrás. La fantasía cinematográfica no ha sido menor, pero baste recordar aquella producción de hace algunos años («The body») con Antonio Banderas como protagonista. Llama la atención que sea Discovery Channel, cadena íntimamente ligada a la BBC y quien de ordinario no ofrece ruedas de prensa para anunciar los contenidos de sus series, quien se haya tomado la iniciativa. Hace un año la BBC se vio obligada a no reproducir la caricatura «Papa Town» donde se ridiculizaba al papado y la curia romana. El 14 de septiembre de 2006 la misma cadena fue, según Forum Libertas, la primera que empezó a difundir la tergiversación del mensaje pontificio en Ratisbona con las consiguientes repercusiones en el mundo musulmán. En octubre pasado el Daily Mirror publicó un artículo de Simon Walters donde el autor asegura, con base en declaraciones de un ex redactor de la BBC, que los ejecutivos de esta empresa están dominados por prejuicios anti-cristianos.

Contra Jesús es lo único que los une

Más allá del disfraz de «investigación científica» con el que se presenta el «hallazgo de la tumba de Jesús», está el considerar la intencionalidad de fondo. Cuando un trabajo está verdaderamente hecho por profesionales, periodismo e investigación deben llevar a la verdad; deben llevar a informar para aclarar las mentes de los que reciben el fruto serio de un proceso de trabajo y no para confundir con hipótesis que se aprovechan de la falta de preparación del auditorio y del morbo mediático que suscitan conferencias de prensa como la dada el lunes en Nueva York. Se aplica aquí aquello que escribió Guardini: «Es trágico ver que el mundo, desgarrado por el odio, se une por unos breves instantes contra Jesús». Seguramente que, como el «evangelio de Judas», sólo dejará con los bolsillos llenos a los implicados en la promoción y difusión de la serie.
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La Resurreción de Jesús

Estoy buscando informacion sobre el tema de la resurrección de Jesús, ya que me parece un tema muy interesante donde me puede recomendar dónde investigar acerca de este tema.

Sin mas espero no causar una molestia y esperando me pueda ayudar
 
Muchas gracias
Saludos!

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Precisamente hace un par de días estuve hablando con un amigo del tema.

Te copio algunos documentos que pueden ayudar:

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?
La Resurrección
Evidencias de la Resurrección

¿Cómo se explica la resurrección de Jesús?

La resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Los Apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).

Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedió, puede surgir una pregunta: ¿de dónde procede la afirmación de que Jesús ha resucitado? ¿Es una manipulación de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos discípulos? A esas cuestiones sólo es posible buscar una solución razonable investigando cuáles podían ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida después de la muerte, para valorar si la idea de una resurrección como la que narraban es una ocurrencia lógica en sus esquemas mentales.

De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas  aracterísticas singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas homéricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Platón, desde una perspectiva diversa había especulado acerca de la reencarnación, pero no pensó como algo real en una revitalización del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca venía a la mente la idea de resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno. 

En el judaísmo la situación es en parte distinta y en parte común. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos judíos antiguos no es muy distinto del Hades homérico. Allí la gente está como dormida. Pero, a diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la
tradición judía, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrección, al menos por parte de algunos. También se espera la llegada del Mesías, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados. Para cualquier judío contemporáneo de Jesús se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teológicas que se mueven en ámbitos muy diversos. Se confía en que el Mesías derrotará a los enemigos del Señor, restablecerá en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecerá
el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitará después de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginación de un judío piadoso e instruido.

Robar su cuerpo e inventar el bulo de que había resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mesías, resulta impensable. En el día de Pentecostés, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).

La explicación de tales afirmaciones es que los Apóstoles habían contemplado algo que jamás habrían imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con razón suponían que iba a suscitar, se veían en el deber de testimoniar.

BIBLIOGRAFÍA:
N. Tom W RIGHT, «Jesus’ Resurrection and Christian Origins»: Gregorianum 83,4 (2002) 615-635; Francisco VARO, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 202-204.
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La Resurrección

 Jesús vence a la muerte. Resucita al tercer día y se aparece a sus discípulos y a las santas mujeres… 

 

La acción de José de Arimatea y Nicodemo fue rápida y eficaz. Antes de que los judíos puedan darse cuenta de la muerte, ya está enterrado Jesús en un lugar que responde a la piedad de los suyos. Pero los judíos temen a Jesús y se acuerdan de la profecía de la resurrección al tercer día. Ellos habían destruido el templo del cuerpo de Jesús, y ahora recuerdan el verdadero sentido de la profecía. Por ello acuden a Pilato reclamando una guardia que resultó providencial, muy a pesar suyo.

"Al día siguiente de la Parasceve se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos ante Pilato y le dijeron: Señor nos hemos acordado de que ese impostor dijo en vida: Al tercer día resucitaré. Manda, pues, custodiar el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos; y sea la última impostura peor que la primera. Pilato les respondió: Ahí tenéis la guardia; id y custodiad como sabéis. Ellos marcharon y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia"(Mt).

La garantía

La muerte era un sello en la boca de Jesús. Los sellos intentan ser una garantía: seguridad, guardan el cadáver en su silencio. Y, en efecto, esos sellos serán garantía de la muerte verdadera de Jesús que yace en la losa del sepulcro con el corazón abierto, separada el alma del cuerpo. Y los guardias se convertirán en testigos privilegiados del gran día del domingo, del primer día de la semana cristiana.

Los guardias se asustan

Por ellos conocemos lo que sucedió al inicio del día primero, al nacer el alba: "Y he aquí que se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como de relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. Llenos de miedo, los guardias se aterrorizaron y se quedaron como muertos(Mt).

Habían pasado cuarenta horas desde el momento de la muerte: desde las tres del viernes hasta las siete del domingo. Un día completo, nueve horas del viernes y siete del domingo. Tres días. En ese tiempo el alma de Jesús desciende a los infiernos, como reza el credo cristiano. Pero el cuerpo estaba allí, en reposo total, sin conocer la corrupción, con la rigidez de la postura del crucificado, con sus llagas abiertas, cubierto por la sábana y rodeando el rostro con el pañolón del sudario. Un gran terremoto conmovió a los soldados, que se estremecen, cuando, de repente, ven al ángel de vestiduras blancas lleno de fuerza y poder, que desplaza la gran piedra con facilidad y se sienta en ella. Los soldados caen al suelo, se desploman sin sentido. El temor no nubla sus mentes, pues se dan cuenta de lo sucedido, pero aquello supera grandemente sus experiencias. Estaba sucediendo el hecho central de la salvación. En el sepulcro, aquel cadáver estaba volviendo a la vida.

Se fabrica una historia

Algunos de los soldados huyen de espanto, otros quedan removidos por lo sucedido, otros acuden a los sanedritas con la noticia. "Algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Reunidos con los ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de dinero a los soldados con el encargo de decir: Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos. Si esto llegara a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y cuidaremos de vuestra seguridad. Ellos tomaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy"(Mt).

Comienza una nueva etapa

Los sanedritas tenían ya el gran signo de Jonás. Tres días en el seno de la tierra, y volver a la vida. Todos los otros milagros palidecen con la grandeza de lo sucedido. Este milagro, realizado por su propio poder, manifestaba a Jesús como vencedor de la muerte y del pecado. Una nueva era acababa de comenzar. Pero, de nuevo, no creyeron. Y elaboraron una mentira rápida y burda: unos testigos dormidos testifican de lo que ha sucedido. Mientras dormían acudieron unos hombres y se llevaron el cuerpo. Era burda la mentira, pero el dinero acalla las conciencias. Los soldados, testigos involuntarios de los hechos, garantizan de una manera involuntaria la verdad de la resurrección de Jesús.

La gran victoria

La resurrección es la gran victoria. Jesús ha descendido todos los escalones de la humillación, uno a uno, como saboreando el abajamiento. Y, cuando ha llegado a lo más hondo, toma al hombre caído y lo eleva a niveles insospechados. La nueva vida es mucho más que lo que se puede alcanzar por una ética correcta; es un don de Dios que introduce a los hombres en la vida divina si se unen a Cristo resucitado y vencedor.

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 Evidencias de la Resurrección 

"Jesús vino a darnos una guía moral, y para demostrar que hablaba en serio, se dejó matar y se dejó ver después de muerto, para que le escuchásemos y fuésemos buenos".
No habiendo sido educado en ninguna religión particular, tardé mucho en descubrir que esta visión de la muerte de Jesús y su Resurrección (que conocí por mi abuela) tenía más en común con la película de ciencia ficción Ultimátum a la Tierra (de 1951, en Hispanoamérica se tituló El Día que Paralizaron la Tierra) que con la fe histórica de cristianismo. Pero esta visión de Jesús como si fuese el extraterrestre Klaatu, impresionando a los patanes con trucos espiritualistas para que escuchen su predicación, no es sino una de las muchas visiones "alternativas" de la resurrección de Cristo. En esta visión no es especialmente importante si Jesús resucitó corporalmente, con tal de que sus discípulos supiesen que Él estaba "realmente vivo", como un fantasma particularmente impresionante.
Para otros, no es importante si Jesús está vivo, aunque sea como un fantasma, con tal de que "viva en los corazones de sus paisanos". Ésta es más o menos la posición de supuestos "teólogos cristianos" como John Dominic Crossan, que alegremente relata estas simpáticas noticias en Jesus: A Revolutionary Biography (1994).
Lo que le pasó real e históricamente al cuerpo de Jesús se puede juzgar mejor observando como posteriormente los cristianos lenta pero firmemente aumentaron la dignidad reverencial de sus lugares funerarios. ¿Pero qué había en el principio que requiriese un volumen tan intenso de insistencia apologética?
Jesús, comida para perros
Si los romanos no observaron el decreto del Deuteronomio, el cuerpo de Jesús se habría dejado en la cruz, para las bestias salvajes. Y sus seguidores, que habían huido, lo sabrían. Si los romanos observaron el decreto, los soldados se habrían asegurado de que Jesús estuviera muerto y ellos mismos lo habrían enterrado como parte de su trabajo. En cualquiera de los dos casos -su cuerpo abandonado en la cruz o en una tumba superficial apenas cubierta de polvo y piedras- le esperaban los perros. Y sus seguidores, que habían huido, demasiado bien lo sabían. Observemos, entonces, cómo el horror de esa verdad brutal se sublima en su contrario mediante la esperanza y la imaginación.
Dicho de otra forma: el cadáver de Jesús era comida para perros desde hacía mucho tiempo, pero puesto que los apóstoles eran muy buenos en psicosis religiosas y en hacer limonada sin limones, podemos decir que la Resurrección está llena de "esperanza" en un sentido que solamente pueden entender teólogos sumamente avanzados como Crossan.
Hay otros que resuelven el problema de la Resurrección no dejando que Jesús muera. En esta visión, otra persona es crucificada en Viernes Santo (alguien que realmente lo mereciese, como Judas Iscariote), mientras Jesús se va a una jubilación bien ganada en algún sitio. Dependiendo de qué leyenda o Libro Impactante elijamos (por ejemplo, Holy Blood, Holy Grail, de Michael Baigent) ese "algún sitio" puede estar en cualquier lugar desde Japón a Francia. A menudo los escenarios del tipo "Jesús no murió" ofrecen finales de flores y corazoncitos, de los que gustan en Hollywood, en los que el Hijo del Hombre, jubilado, finalmente se lleva a su chica, como Clark Kent en Superman II, y ya no tiene que seguir su ingrata tarea de proclamar verdades. Por lo general, se le envía a algún viñedo con María Magdalena, para fundar una dinastía de Merovingios o algo similar. En lugar de ahorrarle del todo la crucifixión, algunas variantes admiten que fue crucificado pero insisten en que sólo se desmayó (posiblemente con la ayuda de un poco de vino drogado) y recobró la conciencia más tarde. Pero la reclamación central de todas estas variantes es que Jesús realmente no murió en la Cruz.
¿Un Jesús ilusorio o un cadáver robado?
Otros, a menudo involucrados en el movimiento de la Nueva Era, solucionan el problema diciendo que Jesús sólo era un espíritu (divino o angélico, dependiendo de la preferencia del autor) que parecía ser un hombre, como una especie de visión sagrada. Esto resuelve el problema de Su muerte haciendo de ella una ilusión: una limpia disposición de una crucifixión fastidiosa que preserva el final feliz. Mientras tanto, otros tienen explicaciones mucho más sencillas y más crudas: los discípulos robaron el cadáver, mintieron y fundaron un culto para su propia ganancia egoísta y por poder.
Un poco más amable que ésta es la Teoría de Alucinación Histérica, que dice que los bienintencionados apóstoles "alucinaron" la Resurrección.
Otros dicen que fue una generación posterior de cristianos la que añadió la Resurrección al Nuevo Testamento. Originalmente, era sólo una colección de memorias apostólicas sobre el Difunto Maestro y sus ingeniosas enseñanzas. Muchos creen que San Pablo está detrás de todo (véase, por ejemplo, Mythmaker: Paul and the Invention of Christianity, de Hyam Maccoby). Bajo la influencia del mito pagano, San Pablo supuestamente transformó a aquel rabino judío corriente en una figura del Cristo Cósmico. Los apóstoles originales, según esta escuela, estarían horrorizados por lo que Pablo le hizo a las enseñanzas del gentil e ingenioso Yeshuá.
Las teorías alternativas no encajan entre ellas
Una de las dificultades obvias de todas estas teorías es que no encajan bien entre ellas. Si tenemos que echarle la culpa a las generaciones posteriores de importar mitos sobre la Resurrección, no podemos culpar a las primeras. Si todo es culpa de Pablo, entonces no es de Pedro. Si los Once son ladrones de cadáveres, entonces no son alucinadores bienintencionados, y viceversa. Tales teorías demuestran lo que C.S. Lewis denominaba "la incansable fertilidad del desconcierto", y mucho más cuando sus adherentes intentan obviar la montaña de evidencias sólidas que apoyan la verdad de la propuesta cristiana. No es de extrañar, ya que estas "explicaciones alternativas" son todas mucho más difíciles de creer que la explicación cristiana de la Resurrección, que es bien resumida por San Pablo en 1 Corintios 15:1-14:
        "Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué… Si no, ¡habríais creído en vano! Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.
        Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
        Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe."
Éste, el primer resumen del Credo de la Fe, da base a mi primera e ignorante noción del significado y la naturaleza de la Resurrección. Ya que demuestra claramente que el alma y el corazón real de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre Jesús no es que fuese un predicador, taumaturgo, reformador, sabio o transmisor de profundas verdades y buenas ocurrencias, y muestra que la Resurrección no eran unos efectos especiales para impresionarnos y animarnos a seguir sus buenos consejos.
Sin Resurrección, no hay Evangelio
El primer hecho del Evangelio cristiano, según el Nuevo Testamento, es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la Resurrección, no tienes un Evangelio "original" de dichos ingeniosos, prudentes consejos y ejemplos modernos. Simplemente, te quedas sin Evangelio. Esa es la razón por la que cada uno de los Evangelios dedica una cuarta parte a un periodo de 72 horas en la vida de Jesús de Nazaret: Su Pasión y Resurrección.
Por eso el resto del Nuevo Testamento está concentrado, de forma abrumadora, en el significado de esa muerte y de la Resurrección, no en Sus gestos o dichos (casi ninguno de los cuales se preservan fuera de los Evangelios). Es por eso por lo que hoy prácticamente nadie, excepto los presentadores de televisión más ignorantes, mantienen la antaño popular idea de que la Resurrección fue añadida al Nuevo Testamento por generaciones tardías de cristianos tras la muerte de los apóstoles.
El hecho es que intentar explicar algo del Nuevo Testamento sin poner la Resurrección en el centro es como decir que la verdad sobre Abraham Lincoln consiste en tópicos sobre la paz y la justicia y que eso de la "guerra civil" fue sólo un mito inventado por hagiógrafos posteriores que no forma parte de la historia original. Si el "Evangelio original" era sólo una colección de cuentos sobre Jesús que iban diciendo "es bueno ser bueno", la pregunta que surge es: ¿qué era exactamente lo que resultaba tan interesante acerca de Él?
La única respuesta se encuentra en los mismos documentos del Nuevo Testamento, que empezaron a componerse en los 20 años que siguieron a la muerte de Jesús. Éstos ya contienen cosas como el credo previamente mencionado y la insistencia en que el Evangelio trata sobre nada más y nada menos que Jesús y la Resurrección (Actas 17:18).
¿San Pablo se inventaba cosas?
Muy bien, no podemos culpar a "generaciones posteriores" por inventarse la historia de la Resurrección. Por lo tanto, dicen algunos, echémosle la culpa a Pablo. El problema de esta teoría es que el mismo Pablo, y los testigos que conocen a Pablo (como Lucas), así como testigos no influenciados por Pablo (como Mateo y Juan) parecen tener la impresión de que el núcleo básico de la historia que cuenta Pablo no es invención de Pablo.
"Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí", o más prosaicamente, "os estoy dando la Tradición que me enseñaron". ¿Que le enseñó y quién? En el caso de Pablo, los apóstoles (Gálatas 1:18-21) y la catequesis primitiva normal, que se impartía en lugares como la Iglesia de Antioquia, donde Pablo vivió muchos años antes de empezar misión alguna (Hechos 13).
Pablo dice este tipo de cosas continuamente y parece que da por hecho no solamente que lo que tiene que decir sobre Jesús es conocimiento común a todos los cristianos (no sólo aquellos que él ha convertido) sino que ninguno de los otros apóstoles que se paseaban por el Mediterráneo -y ninguna de las Iglesias que ellos fundaron- iban a pelearse con Él por decir que Cristo ha resucitado. Si Pablo se hubiese inventado el mito del Cristo Resucitado mientras el resto de los apóstoles vagaban de aquí para allá compartiendo anécdotas sobre Su Amigo el Mártir Nazareno, podríamos pensar que alguien se habría dado cuenta.
En resumen, si la fe en la Resurrección es tan vieja como Pablo, es que es tan viejo como los apóstoles mismos. Él la predica por la misma razón que lo hacen ellos: realmente cree que él vio al Cristo Resucitado, igual que ellos dicen que vieron al Cristo Resucitado.
La invasión de los ladrones de cuerpos
Ah, sí. Dicen que Lo vieron. ¿Pero por qué los deberíamos creer? ¿Y si los Once eran sólo ladrones de cuerpos, robando el cadáver de Cristo para retratarse como los mejores camaradas del mártir y para fundar un culto con Jesús como cabeza putativa siendo ellos el Gran Queso que adorar?
Las dificultades de esta hipótesis son numerosas. En primer lugar, no actúan como ningún líder de culto que conozcamos. Los registros que nos han dejado no describen dinamos de coraje apostólico intrépidas, brillantes, felices, llenas de fe, perspicacia teológica y agilidad intelectual. Nos muestran un grupo de hombres cuya honradez los obligaba a dejar cuidadosamente registrado ante el público el hecho de que eran necios, esnobs, rencorosos, cobardes, partidistas, lentos de reflejos, ambiciosos, ciegos, egoístas y, cuándo llegó la prueba suprema, bastante deseosos de salir corriendo en la hora de la prueba terrible de su Capitán.
Comparemos esto con las exhalaciones adoradoras de la prensa de Corea del Norte acerca de las Incontables Virtudes de los Líderes Intrépidos, o la perfección inmaculada de Stalin según la prensa estalinista de los años treinta, o la hagiografía nazi de Hitler. Los apóstoles se aseguran de que su predicación en público y los registros públicos incluyen una recitación fiel de sus muchos, muchos pecados. Además, continúan predicando la Resurrección durante décadas, a pesar de la separación, persecución, pobreza, amenazas, tortura, y martirio (excepto Juan, que tuvo el placer de ver como ejecutaban a su hermano Santiago por su testimonio). En resumen, hablan y actúan como hombres sinceros, no como hombres que quieren ganar dinero o adquirir poder.
En efecto, tan sinceros son ellos que incluso hacen que Jesús parezca bastante poco divino. A Jesús nos lo presentan mostrando debilidad, miedo, confesando ignorancia y haciendo preguntas. Lo describen como incapaz de hacer ciertas cosas. El registro oficial de los discípulos Le hace decir cosas que suenan como peligrosas negaciones de su divinidad, como ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno (Marcos 10:18) o "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27:46).¿Hemos de creer que unos mentirosos astutos que cuidadosamente inventaron toda la historia para hacer aparecer a Jesús como el Señor Resucitado no se dieron cuenta de estos detalles perturbadores en su historia?
No. Lo que aparece con fuerza tremenda en el Nuevo Testamento es que el testimonio lo han dado personas que dicen la verdad, incluso acerca de hechos incómodos, que no favorecen inmediatamente sus tesis. Parece gente que auténticamente cree que Cristo ha resucitado, no personas que mienten sobre un cuerpo que saben perfectamente bien que fue robado o comido por los perros. Durante el resto de sus vidas (a través de la tortura y la ejecución), los apóstoles se comportaron como hombres completamente convencidos de que se habían encontrado al Cristo Resucitado.
¿Testigos inventados?
En efecto, están tan convencidos que incluyen numerosos detalles que, francamente, ningún mentiroso inventaría. Así, por ejemplo, ningún mentiroso judío del primer siglo llamaría como su primer testigo a María Magdalena. Porque la Magdalena era un testigo sin credibilidad por dos razones para una audiencia judía del primer siglo. Primero, porque era una mujer; segundo, porque era una mujer de la que se suponía que le habían expulsado 7 demonios… lo que marca un perfil psicológico más bien turbio (Marcos 16:9). Los Evangelios se leen como registros de personas honradas impactadas por los hechos, incluyendo el hecho de que una de las primeras testigos de la Resurrección fuese una mujer de reputación incierta.
Por supuesto, algunos replicarán que esto demuestra demasiado y que normalmente no prestaríamos atención al testimonio de un sicótico (esto es, "demoníaco"), así que ¿por qué molestarnos con María?
Porque María está entre los primeros testigos, no los últimos. Los registros señalan a cientos de testigos -la mayoría aún vivos en los tiempos en que se escribió 1Corintios- y dan un testimonio de la Resurrección que es, en general, coherente.
Una aparición a las mujeres, a los Doce en diversos momentos dentro y alrededor de Jerusalén, y a otros más en Galilea, seguida de una aparición a Pablo algunos años después (sin contar varios fenómenos de visiones, que son de un orden diferente). Los quisquillosos son aficionados a hablar de las discrepancias entre los Evangelios (libros escritos con décadas de diferencia para audiencias diferentes y con distintos propósitos teológicos). Pero lo que realmente destaca es qué parecida es la historia en todos ellos. Si las discrepancias menores que los distinguen realmente significan que son falsos, entonces debemos concluir también que John Fitgerald Kennedy nunca fue asesinado, dadas las numerosas discrepancias en los testimonios de los testigos.
En efecto, son a menudo los detalles los que resultan más persuasivos. De esta forma, otra cosa que nadie haría nunca es inventarse el lugar del entierro de Cristo: la tumba de José de Arimatea, un miembro del Sanedrín. Es exactamente el tipo de detalle que da a los Evangelios el aroma de la realidad. Si uno se inventa la historia, pondrá el cuerpo en la tumba de algún discípulo devoto, no en el sitio de descanso final de un miembro del organismo dominador al que oponemos lo más amargo del mensaje.
La tumba vacía, ¿no sería otra tumba?
La mención de la tumba conduce a algunos a otra de las teorías favoritas: concretamente, que los discípulos fueron a la tumba equivocada y llegaron a la conclusión de que Cristo había resucitado. Uno no puede sino preguntarse ¿de qué creen estos teóricos que está hecha la gente?
Que los apóstoles concluyan que Jesús es el Señor Resucitado y glorioso de todo lo creado, en base a una tal pifia, requeriría una estupidez sobrenatural no solamente por su parte sino por parte de las autoridades de Jerusalén. Aunque toda la Iglesia primitiva fuese tan obtusa que no pudiese encontrar el lugar de reposo final del Hombre que era el foco de su devoción, seguro que alguien en la élite de Jerusalén opuesta a la secta creciente de los nazarenos podría haber dicho: "Esto…, ¿chicos? Aquí está el cadáver. Estabais mirando en el lugar equivocado. La próxima vez preguntad para no perderos." José de Arimatea podría haber sido de ayuda aquí. Y también las mujeres, que vieron dónde se Le ponía. Una teoría así resulta el doble de tonta cuando tenemos en cuenta la fascinación de la Iglesia primitiva con las reliquias y las tumbas. Las primeras liturgias tendían a celebrarse en lugares funerarios, y sin embargo no hay culto en torno a la tumba más importante de todas. ¿Por qué? Es como si la tumba estuviese vacía o algo así…
"Jesús no murió, sólo quedó malherido y escapó"
Lo que nos lleva, en nuestra taxonomía de alternativas a la Resurrección, a las diversas teorías de "escapatoria de la muerte – desmayo", la idea de que Jesús de algún modo evitó la muerte, bien abandonando la ciudad y dejando un pelele que ocupase Su lugar, o soportando la crucifixión y escapándose de la tumba. Es difícil decir qué versión de esta teoría es más ridícula. Si hay un hecho histórico que no ha sido discutido ni siquiera por los historiadores más ateos, es el hecho de Su muerte. Aunque no supiésemos nada más sobre Él, sabríamos al menos que murió crucificado fuera de los muros de Jerusalén alrededor del 30 d. C.
Y aun así algunos insisten en que no murió. Como una especie de Elvis del siglo I, asumió una jubilación repentina y misteriosa, en contradicción aguda con todo lo que había dicho y hecho antes, para fundar una dinastía o estudiar filosofía o algo así en una tierra remota. ¿Cuáles son las pruebas de esto? Bien, en realidad no hay ninguna, sólo indicios, suposiciones, y "qué-pasaría-si"… Se parece bastante al pensamiento que subyace detrás de los libros de Von Daniken, Los Carros de los Dioses, sobre el origen extraterrestre de la raza humana. Es un caso de teoría en busca de pruebas, no de pruebas que dan lugar a una teoría.
Mientras tanto, la gente que estaba allí da testimonio, no de que Jesús dejase la ciudad justo después de la Última Cena (una cena en la cual específicamente predijo Su Pasión con una exactitud extraña que reduciría a Pedro a lágrimas cuando se cumplió) sino que Jesús se dirigió hacia la traición, el juicio y la crucifixión. Y de nuevo, ¿para qué los fundadores del nuevo culto se habrían inventado esta profecía y su embarazoso cumplimiento? En efecto, testigos oculares como Juan vieron a Jesús tanto en el juicio como en la crucifixión. Así que no hay muchas formas de que Jesús escapase de la ciudad dejando a alguien que cargase con el fardo.
¡Ah! Pero es que Juan sólo creyó que veía morir a Jesús. En realidad el Nazareno recibió un vino drogado: se desmayó luego y despertó en una tumba, fría como un congelador, en una fresca mañana de abril. ¡El escenario perfecto para recuperarse drásticamente de los azotes, la crucifixión, la pérdida masiva de sangre, el impacto y una herida de lanza en el corazón, como recomiendan nueve de cada diez doctores! Entonces salió tambaleándose (después de librarse de algún modo de las vendas selladas a Su carne rota) y empujando la piedra de un montón de toneladas que sellaba la tumba, se fue a donde los discípulos cojeando con Sus pies ensangrentados, les enseñó Sus manos (completas con pulgares permanentemente inmóviles debido a un daño nervioso irreparable), y jadeó una especie de saludo entre puñaladas de dolor espantoso por la herida de lanza.
La mayor parte de la gente, enfrentada con un espectáculo tan horroroso, marcaría el 911. Los discípulos, en cambio, lo saludaron como el Conquistador Glorioso de la Muerte y Señor del Universo y fundaron una religión.
La teoría de las alucinaciones masivas tangibles que comen pescado
"Vale, de acuerdo", dice el escéptico inasequible al desaliento, "Jesús murió. Y los discípulos no robaron el cuerpo y no mintieron. Simplemente alucinaron. Juntos. Los quinientos. Durante 40 días. No, si realmente…"
Incluso dejando a un lado el molesto tema de la tumba vacía (con los ropajes funerarios vacíos en su interior) queda aún un problema acerca de la naturaleza de las alucinaciones. La alucinación de masas es sumamente rara. Tan rara, de hecho, que se invoca normalmente sólo para explicar cosas como, ¡vaya!, la Resurrección. El resto del tiempo, cuando 500 personas dicen que vieron a alguien y hablaron con él, los creemos, especialmente cuando no tienen nada que ganar con ello… o cuando por decirlo se les condena rutinariamente a muerte.
Y tenemos otros problemas que tratar si queremos considerar la Teoría de la Alucinación Masiva. Ante todo, está el hecho curioso de que se supone que alucinaciones como esta son el resultado de fantasías que intensamente se desean ver cumplidas. Los testigos probablemente querían que Jesús estuviera vivo con tanta fuerza que se autoengañaron y pensaron que Lo veían. Sin embargo, sus discípulos no supieron reconocerlo en al menos tres ocasiones. Se nos dice que estaban tan desesperados por verlo que se autoengañaron para verlo, pero al mismo tiempo vemos que caminaron con Él medio día y no se dieron cuenta. Extraño. Y más aún, ¿qué alucinación se puede tocar y come pescado?
El Jesús-ilusión de los neognósticos
Ello nos lleva a la escuela de pensamiento gnóstico o New Age de Jesús-como-ilusión-divina. Pero si el Cristo Resucitado fue realmente una ilusión puramente espiritual enviada por la Divinidad para enseñarnos elevadas verdades sobre la insignificancia del cuerpo y la necesidad de superar nuestra humanidad, ¿existe algo que oscurezca más esta enseñanza que un cuerpo que Tomás podía tocar, un cuerpo que respira aire y come pescado? De todas formas, no parece que los apóstoles se hayan quedado con esas verdades superiores. Por el contrario, enseñan que Cristo Resucitado ha resucitado corporalmente, y que no sólo es completamente Dios sino también completamente humano, aunque glorificado.
Un cuerpo resucitado. Glorificado. Completamente Dios y completamente hombre. Cuando las alternativas se han consumido todas en una estéril demanda de nuestra atención, es la vieja historia cristiana lo que nos persuade. Es la historia del Conquistador de la Muerte que ha sufrido el aguijón de la muerte y ha elevado nuestra naturaleza humana sacándola del sepulcro para que también nosotros seamos resucitados. Lo puedes leer todo en el Nuevo testamento, sin explicaciones alternativas. Un libro de lo más convincente, especialmente cuando tantos escépticos nos llevan a murmurar "¡casi me persuades de hacerme cristiano!".
La Resurrección es la piedra angular objetiva de la fe cristiana. Sin ella, no tienes un Evangelio purificado de superstición. Lo que tienes es una basura de conclusiones "reales" de renta baja para la historia de Cristo que son mucho más difíciles de comprar que la explicación cristiana. Al final del día, lo que permanece es que "si Cristo no ha resucitado, vano es entonces que prediquemos, y en vano es nuestra fe" y "de todos los hombres, somos los más dignos de lástima" (1 Corintios 15:14, 19). Pero eso nunca pareció preocupar a Pablo, ya que "la verdad es que Cristo ha sido resucitado de entre los muertos, la primicia de entre los que duermen". (1 Corintios 15:20).

 

 
 

 

  
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Opus Dei II (Jesús Ynfante)

Josemaría Escrivá es uno de los personajes de la Iglesia del siglo XX de los que se cuenta con una documentación más exhaustiva. Como todos los hombres que han promovido iniciativas de gran proyección, el estudio de su biografía está lejos de alcanzar su versión definitiva; es preciso contar con mayor perspectiva para valorar adecuadamente el alcance de su vida y de su actividad. Sin embargo, son numerosísimos los estudios que aportan aproximaciones —desde diversos ángulos— al conocimiento del fundador del Opus Dei. Jesús Ynfante presenta una nueva biografía con el pretencioso calificativo de “completa”. Desde un punto de vista historiográfico no ofrece ningún elemento original: encadena referencias ya publicadas, tomadas de fuentes de valor muy desigual. Por ejemplo, utiliza elementos de algunos de los estudios más rigurosos, generalmente fuera de contexto y adaptados a sus propios esquemas interpretativos. Toma, por otra parte, abundantes anécdotas y relatos de la bibliografía espuria y de la literatura denigratoria sobre el fundador del Opus Dei. El resultado es una mezcla heterogénea, que mantiene como único hilo conductor la imagen estereotipada y caricaturesca con la que el autor analiza a priori la figura de Josemaría Escrivá.

Esta imagen está forjada a partir de unos supuestos ideológicos frontalmente opuestos a los que definen el marco en el que se desarrollan las enseñanzas de Josemaría Escrivá: la doctrina de la Iglesia Católica. El autor es muy libre de analizar una determinada realidad desde sus propias premisas intelectuales; resulta más discutible, sin embargo, que presente el resultado como objetivo, científico o imparcial. Es un poco tramposa la división que establece entre hagiografías (según él, todo lo que se ha escrito hasta ahora sobre el fundador del Opus Dei) y biografía (la que él ahora presenta). Estamos simplemente ante una recopilación de anécdotas espurias, comentarios bufos, ironías de dudoso gusto, datos muy desiguales y deslavazados, todo ello integrado en una actitud despectiva ante el personaje, que no duda en traspasar frecuentemente los límites del insulto.

Entre los supuestos ideológicos más recurrentes de este libro se encuentra la oposición a la dictadura del general Franco. Ynfante permanece anclado en esas coordenadas culturales. Cualquier realidad que haya coincidido temporal y espacialmente con esos años de la historia de España queda marcada por la “contaminación” del franquismo. Independientemente de que su origen sea anterior a ese régimen, y de que su proyección posterior supere amplísimamente ese marco geográfico e histórico, el Opus Dei sigue siendo para el autor un retoño del franquismo y un heredero que perpetúa lo peor de aquellos años de la historia de España. Franco es, con gran diferencia, el personaje más citado a lo largo del libro; más que los colaboradores más estrechos de Josemaría Escrivá, o que las autoridades eclesiásticas de la época. Casi la mitad del libro está dedicado a la actividad de Josemaría Escrivá y de otras personas del Opus Dei en la España de Franco, y el resto de las páginas están impregnadas de referencias a esos sucesos.

El libro, en definitiva, resulta irrelevante y reiterativo. Se cuenta entre los peores que se han escrito sobre Josemaría Escrivá, con el agravante de que —en el momento en el que ha sido redactado— se dispone ya de un aparato documental que exigiría un estudio mucho más matizado que el que presenta el autor. Da la impresión de que el autor no ha manejado la documentación técnica y científica, y se ha limitado a citar publicaciones divulgativas (y ni siquiera las más recientes), sobre todo aquellas que son calumniosas. Esta biografía aparece en fechas próximas a la canonización de Josemaría Escrivá. Sin embargo, no se puede decir que sea un libro de oportunidad. Se trata, más bien de un libro oportunista. Todo su valor comercial reside en el equívoco creado por la portada, en la que no se manifiesta el carácter beligerante del libro, sino que se intenta transmitir una imagen de imparcialidad o incluso de afecto al personaje. Tal vez se intente atraer, de este modo, la atención de quienes estén interesados por el Opus Dei desde una perspectiva objetiva y científica; o de personas vinculadas a su fundador en un plano más emotivo. Unos y otros se sentirán profundamente decepcionados ante el contenido de estas páginas.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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Opus Dei (Jesús Ynfante)

El libro es un detallado estudio del Opus Dei. Comienza con la biografía de su fundador y continúa con el relato de la fundación ("fundaciones", de acuerdo con su tesis), desarrollo y situación actual de la Obra. El libro sigue, por tanto, un esquema cronológico.
El autor no aporta datos originales: se limita a una labor de síntesis de la amplia bibliografía disponible sobre el Opus Dei, tanto favorable como contraria. Si sus fuentes son plurales, no se pude decir lo mismo de su enfoque: acepta sin fisuras y acríticamente todas las objeciones dirigidas contra la Obra; y descalifica a priori los argumentos esgrimidos por quienes la defienden. El libro no es una simple exposición de hechos, ni un trabajo de análisis en el que las conclusiones se sigan de los datos reunidos. La conclusión está presente desde el comienzo, y determina la interpretación de cada uno de los sucesos narrados.

Desde este punto de vista, nos encontramos con un trabajo de carácter dogmático, acientífico e ideológico. En ningún momento se admite, ni siquiera como hipótesis, que las explicaciones ofrecidas por el Opus Dei o por sus miembros merezcan la más mínima credibilidad. Es el típico modo de argumentar que no admite ningún diálogo, pues las posible objeciones a su tesis que el autor no escamotea son descalificadas y despreciadas en bloque. El autor presupone que cualquier persona del Opus Dei, cuando habla sobre esta institución, no solamente habla desde la ignorancia, sino que positivamente procura engañar.

Esta afirmación no es exagerada, pues basta un rápido repaso al libro para encontrar que, según el autor, los miembros del Opus Dei actúan con un "objetivo inconfesado" (p. 211), recurren a la "falsedad" (p. 299), buscan sus fines a través de "maniobras" (p. 300), recurren a la "manipulación" (p. 323), merecen los calificativos de "pérfidos" y "astutos" (pp. 333, 340), gozan de "escasa credibilidad" (p. 343), realizan una "política de escaparate" (p. 345, 378), intoxican la opinión pública a través de "campañas de prensa" (p. 346), no dudan en acudir al "ocultamiento" (p. 352), presentan distintas realidades como "tapadera" de sus verdaderos intereses (p. 356), disfrazan los hechos con "desfachatez" (p. 362), ocultan sus actividades por medio de "artificios" (p. 415), son gente "sin escrúpulos" (p. 431) que, en definitiva, se dedican a "falsear datos" (p. 465).

Las objeciones, sin embargo, merecen toda la credibilidad. Este esquema, rígido y cerrado, convierte al libro en una gran cloaca, en la que convergen todas las interpretaciones peyorativas sobre el Opus Dei: el anecdotario más bufo, los elementos de la leyenda más negra, los puntos de vista más adversos. La Obra aparece como la suma de todos los males, sin mezcla alguna de bien.

La desmesura, el desequilibrio manifiesto del libro en cada una de sus páginas, lo convierten en un trabajo poco ponderado e indigesto para un lector que busque un rastro de objetividad. Si algún mérito cabe reconocerle es el de haber reunido en un solo tomo un material hasta ahora disperso: la opinión adversa y con frecuencia agresiva de algunos personajes contrarios al Opus Dei.

En sus presupuestos ideológicos, el autor del libro manifiesta su deuda con una "cultura de la sospecha", muy en boga en los tiempos en los que se formó intelectualmente. La realidad, sobre todo si es calificada como "burguesa", no puede ser tal y como se nos presenta. No podemos ser tan ingenuos como para aceptar que las cosas son como nos las explican, ni siquiera como lo manifiestan los hechos y las actitudes de las personas. Es preciso buscar lúcidamente los motivos escondidos, las ambiciones inconfesables, los traumas no asumidos, las infraestructuras ocultas por el follaje de una ideología.

Para llevar a cabo esta labor de desocultación, el autor recurre a los argumentos típicos de los calificados como "maestros de la sospecha". Por ejemplo, la personalidad de la fundador del Opus Dei es abordada desde la perspectiva del psicoanálisis. "Con una madre tan 'maternal' afirma el autor , se iba a producir la inevitable fijación del niño a su madre y, como consecuencia, un infantilismo persistente agravado más tarde con el obscurecimiento del padre, por no sacar adelante económicamente, de forma satisfactoria, a su propia familia". A partir de estos "hechos", el autor concluye: "se comprueban, en efecto, tendencias edípicas que, al ser expresadas puerilmente por un niño, consisten en desear para sí sólo a uno de los padres…" (p. 13).

Este batiburrillo de filosofía freudiana presente por lo demás en la interpretación de numerosos sucesos de la vida del fundador del Opus Dei (cfr., p. ej., pp. 120, 121, 188-189 y 198) se combina con unos toques de pensamiento nietzscheano. En general, su vida va a ser presentada como la expresión de una "voluntad de poder", como el empeño por realizar a toda costa una ambición sin límites. Sucesos menudos, anécdotas que tendrían una sencilla explicación desde una elemental consideración cristiana de la existencia humana, son presentados por el autor desde esta otra perspectiva: "en aquellos tiempos (años del Seminario) José María Escrivá iba a demostrar una enorme voluntad de poder que mantendría a lo largo de toda su vida y ya en el seminario repetía incansablemente una jaculatoria en latín, invocando a la Virgen María: 'Domina, ut sit! Domina, ut veam!' (sic)" (p. 17).

Este cóctel ideológico se completa con unas gotas de materialismo histórico. El verdadero estudio del Opus Dei, más allá de las explicaciones piadosas o doctrinales, debe concluir a juicio del autor es el desenmascaramiento de los intereses económicos y las relaciones de producción. Según se nos informa, el modelo en el que se inspira el pensamiento del Opus Dei es la sociedad medieval, con su organización estamental y el dominio de la Iglesia sobre las relaciones de producción. En este proyecto de retorno a épocas pasadas, el Opus Dei coincide nos revela el autor con el Papa Juan Pablo II (cfr., p. ej., pp. 58, 79, 470, etc.). Detrás de la actividad del Opus Dei se oculta lisa y llanamente el anhelo restauracionista de una "época feudal" en la que la "burocracia eclesiástica mantuvo continuamente su presencia política en España"; es decir, de un "Estado teocrático enquistado en las clases poseedoras" (p. 243).

De aquí se deriva la comparación del Opus Dei con una multinacional, es decir, con un "conglomerado financiero de carácter transnacional" (pp. 338 ss.). La pujanza o la decadencia de la Obra está en función de su capacidad de generar y acumular recursos económicos, pues "negocios y política fueron al fin y al cabo las dos vías principales que escogió para el apostolado de las elites en los países de tradición católica" (p. 415).

Esta interpretación desde el punto de vista del materialismo histórico se complementa con una referencia a la dialéctica. Así, para fundamentar su vaticinio según el cual "el ominoso Opus Dei está abocado a una desaparición lenta e irremediable" (p. 466), el autor alecciona a los lectores con perfecta ortodoxia hegeliana: "en el interior de cada etapa tiene lugar mientras tanto un proceso que se presenta a la vez como el proceso que le da forma y como la dialéctica que le hace pasar a otro. Mientras el crecimiento del Opus Dei se había realizado por su lado más vistoso y espectacular, estaban apareciendo los graves síntomas de una profunda crisis…" (p. 465).

El concepto de "alienación religiosa", aplicado superlativamente al Opus Dei (cfr., p. ej., pp. 169 y 191), pero dentro del contexto de una crítica general la religión, esta tomado también de la misma tradición marxiana.

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Muchas más cosas se podrían decir del libro. Se podría aludir, por ejemplo, a los numerosos errores en los que incurre, a la precipitación con la que extrae conclusiones, a la reiteración con la que relata una y otra vez los mismos sucesos y que delata el carácter precipitado de esta mezcla de elementos heterogéneos, a la escasa actualización de muchos datos (el libro es una curiosa galería en la que, junto a informaciones recientes, se presentan como actuales sucesos ocurridos hace décadas), a la publicación de una versión en español de los Estatutos del Opus Dei con errores de bulto que modifican el sentido de importantes disposiciones.

Pero cabe preguntarse: ¿quién será el interlocutor en este intento de acercamiento crítico al libro? No, desde luego, su autor. Su descalificación apriorística de cualquier punto de vista favorable al Opus Dei impide todo intento de diálogo. Sólo queda conservar estas páginas como una curiosidad, como una especie de summa horribilis sobre el Opus Dei, y esperar que el avance de posteriores investigaciones proyecte algo de luz sobre sucesos de nuestra historia reciente que libros como éste no hacen sino oscurecer.

(tomado de Opus Dei: verdades, críticas y secretos)

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