Vocación de los hijos

No debe verse con inquietud la posible vocación de un hijo simplemente porque no hay certeza absoluta de que sea su camino, o ante la incertidumbre de que pueda no ser fiel a su vocación. Esa incertidumbre se da en todas las elecciones de la vida: desde el matrimonio a la vida profesional. Hay unos plazos para el discernimiento de la vocación, como existe el noviazgo antes del matrimonio. El temor al riesgo que entraña toda vocación es comprensible, pero ese riesgo existe siempre en casi todas las decisiones importantes de la vida.

Si, por la razón que sea, unos padres piensan que su hijo carece de la madurez necesaria para la entrega, lo normal será comentarlo con confianza a las personas que mejor lo conocen. En estas edades de continuo cambio, es arriesgado pensar que uno mismo es el único que lo conoce bien. Es mejor contrastar opiniones. El Fundador del Opus Dei decía: "… los papás hacéis muy bien de ver las cosas de tejas abajo. De modo que cuando veis el porvenir de los hijos, tenéis obligación de pensar en las cosas terrenas; y si los hijos os vienen con una novela demasiado sobrenatural, y les hacéis un poco de probatina de acuerdo con el confesor –con el confesor del chico, se entiende– pues hacéis muy bien; hacéis muy bien porque debéis acompañar a vuestros hijos en todo el camino de su vida"

El Fundador del Opus Dei habla familiarmente de una probatina, no de una prueba.

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