¿Promovió el fundador del Opus Dei que sus miembros se incorporaran a la división azul?

Francisco Ponz, Mi encuentro con el Fundador del Opus Dei (Madrid, 1939-1944), pág. 80-81, 1ª ed., junio de 2000:

"Por ese tiempo, se acusaba al Opus Dei ante algunas embajadas de Madrid de que sus miembros eran aliadófilos, mientras se decía en otras que eran germanófilos. En los ambientes políticos y universitarios de Madrid se fomentó, sobre todo entre los oficiales provisionales de la guerra civil, la inscripción voluntaria en al División Azul. Algunos del Opus Dei se inscribieron y otros no. Yo, que no había pasado de soldado, no me inscribí. El Padre, a pesar de que esa inscripción podía entorpecer la labor de la Obra, respetó la libertad de sus hijos. Como hubo bastantes más voluntarios inscritos que plazas disponibles, se eligió por sorteo a los que se podrían incorporar a la División Azul . La oración resultó eficaz y ninguno del Opus Dei resultó elegido." (pág. 81)

Andrés Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, II Tomo, pág. 237-238.
No había aún acabado la guerra civil española, cuando la Alemania de Hitler estaba empeñada en una política de reivindicaciones y anexiones territoriales que llevarían a una guerra europea, luego mundial. Y los españoles vieron con estupor cómo las fuerzas soviéticas y nazis, que pocos meses antes se habían enfrentado en suelo español, pactaban cínicamente el reparto de Polonia. Invadida Polonia en septiembre de 1939, vino después la invasión de otros países. En mayo de 1940 las tropas alemanas ocuparon Bélgica y Holanda para lanzarse sobre Francia, que atravesaron de norte a sur, hasta alcanzar en el mes de junio la frontera española por Hendaya.
El gobierno español adoptó inicialmente una política de neutralidad. En junio de 1940, modificó su postura inicial y pasó a la de "no beligerancia" que, con bandazos, mantuvo hasta 1943, en los años de los espectaculares avances y victorias alemanas. Durante ese periodo, hubo de negociar con sus antiguos aliados del Eje (entrevista de Franco con Hitler en Hendaya: 23 de octubre de 1940; y con Mussolini en Bordighera: 12 de febrero de 1941) y pasó el país por muy serias amenazas, reflejadas en su política exterior. A partir de la primavera de 1943, el gobierno español cambió nuevamente de rumbo y tomó la posición de una estricta neutralidad, deslizándose cada vez más en favor de los Aliados. España, finalmente, no entró en la guerra .
Gran parte de la Falange, partidaria del totalitarismo nazi, y con varios Ministros en el Gobierno, pretendió desde el primer momento favorecer la causa alemana y arrastrar al país al lado del presumible vencedor. De modo que en los primeros años de guerra Franco hubo de hacer inverosímiles equilibrios sobre la cuerda floja. Después de la ocupación de Francia, las presiones alemanas para cruzar España, tomar Gibraltar y pasar a África fueron tan fuertes que parecía muy difícil resistirlas (y lo mismo volvería a ocurrir a finales de 1942 con motivo del desembarco Aliado en el norte de África). En vista de la gravedad del momento, don Josemaría pensaba en sus hijos, que estaban casi todos en edad militar. Los veía desparramados otra vez por los frentes, y paralizado de nuevo el desarrollo de la Obra. Así, unas semanas antes de la entrevista de Franco con Hitler, el 1 de octubre de 1940, a aquellos de sus hijos que se habían reunido en Madrid en la víspera del décimo segundo aniversario de la fundación de la Obra, les replanteó la pregunta ya hecha antes de la guerra civil: Si yo me muero, ¿continuarás con la Obra? .
En 1936 la guerra española había truncado la esperanza de comenzar en París. Ahora, en 1940, la guerra mundial cortaba los planes de salida al extranjero de los jóvenes del Opus Dei, que deseaban estudiar en las Universidades europeas. Con espíritu abierto, católico, ponían como primera patria a España; y, como segunda, al mundo. Y esta generosa apertura, cuyas raíces estaban en el espíritu de la Obra y en el ejemplo de su Fundador, se traducía en una mentalidad de comprensión hacia quienes sostenían opiniones contrarias en cuestiones políticas.
Mientras tanto, la ideología nazi inficionaba rápidamente a la juventud universitaria, que, falta de experiencia y sobrada de ardor juvenil, caía en la intolerancia. Por eso, no entendían algunos que los miembros del Opus Dei se negaran a secundar, colectivamente, las órdenes y consignas emanadas del sector falangista que entonces prevalecía en el poder.

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¿Es antirreligioso?

todo ustedes saben que el opus dei es una secta antirreligiosa, ¿por qué negar lo que es un común entendido de geentees prudentes y cristianas?

Bueno.. esto sí que es una sorpresa. El Opus Dei ha estado en manos de las autoridades de la Iglesia desde sus primeros pasos. Ha recibido todas las aprobaciones necesarias, en estos 76 años de existencia. Su fundador ha sido canonizado por Juan Pablo II en octubre de 2002.

Para que veas que "gentes cristianas y prudentes" aman mucho el Opus Dei, aquí te pongo dos enlaces donde encontrarás cientos de artículos de Papas, Cardenales, Arzobispos y Obispos sobre el Opus Dei: opiniones de protagonistas.
Testimonios de gran valor histórico. Recopilación de intervenciones de personalidades eclesiásticas entre los años 1975 (fecha de fallecimiento del fundador del OPUS DEI: documentos, artículos y testimonios sobre el Opus Dei y su fundador.
Varios documentos sobre el Opus Dei y su fundador en la página de un Club juvenil de Alcorcón. Incluye el texto completo de varios testimonios presentados ante la Santa Sede para el proceso de canonización de Josemaría Escrivá.

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Cronología del Opus Dei y su fundador

Fechas fundamentales de la historia del Opus Dei y su fundador, desde 1902 hasta 2002 1902 El 9 de enero nace el Fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, en Barbastro (Huesca).

1912-1915 Hace los tres primeros cursos de Bachillerato, examinándose en el Instituto de Lérida.

1914 Se traslada a Logroño.

1915 Estudia en el Colegio de San Antonio y termina el Bachillerato en el Instituto de Logroño. Primeros barruntos de su vocación. En las navidades de 1917-1918, las huellas en la nieve de los pies descalzos de un Carmelita le suscitan un fuerte deseo de amor a Dios. Tomará la decisión de hacerse sacerdote.

1918 Comienza los estudios eclesiásticos como alumno externo del Seminario de Logroño.

1920 Terminados sus estudios de Humanidades y de Filosofía, y el primer curso de Teología, se traslada a Zaragoza para completar los estudios sacerdotales en la Universidad Pontificia de esa Archidiócesis. Vive en el Seminario de San Francisco de Paula.

1923 Inicia la carrera de Derecho en la Universidad Civil de Zaragoza. Hasta junio de 1924, en que terminará los estudios eclesiásticos, simultánea una y otra carrera.

1924 Muere don José Escrivá y Corzán, padre del Fundador.

1925 El 28 de marzo recibe la ordenación sacerdotal en la Iglesia Seminario Sacerdotal de San Carlos. Tres días después ocupó su primer cargo pastoral como Regente Auxiliar de la parroquia de Perdiguera. A su vuelta a Zaragoza, el 18 de mayo, se hace cargo de una capellanía en la Iglesia de San Pedro Nolasco. Para sostener a su familia da clases de Derecho Románo y Derecho Canónico, mientras continua con sus estudios.

1927 En enero completa su Licenciatura en Derecho. Del 1 al 17 de abril se ocupa de la parroquia de Fombuena. El 19 de abril se traslada a vivir a Madrid. En Madrid, desde el 1 de junio es Capellán del Patronato de Enfermos de Santa Engracia.

1928 El 2 de octubre fundación del Opus Dei.

1930 El 14 de febrero, mientras celebraba la Santa Misa, Josemaría Escrivá de Balaguer entendió que también debería haber mujeres en el Opus Dei.

1930 El 24 de agosto pide la admisión en el Opus Dei Isidoro Zorzano.

1931 El Fundador del Opus Dei comienza a trabajar como capellán del Real Patronato de Santa Isabel.

1933 En diciembre abre la Academia DYA, en la calle de Luchana, primera labor apostólica corporativa del Opus Dei.

1934 En septiembre comienza la Academia-Residencia DYA en la calle de Ferraz, 50. Josemaría Escrivá, que ha sido nombrado en este mismo año Rector del Patronato de Santa Isabel, publica "Consideraciones Espirituales". También sale a la luz "Santo Rosario".

1937 El Fundador del Opus Dei, junto con algunos miembros se refugia en la Legación de Honduras. El 19 de noviembre sale hacia el Pirineo, en una larga marcha que le llevó a Andorra, adonde llegó el 2 de diciembre, acompañado por un pequeño grupo. El 12 de diciembre llega a San Sebastián.

1938 El Fundador del Opus Dei se traslada a Burgos y desde allí continúa el trabajo apostólico comenzado antes del inicio de la Guerra Civil.

1939 Al terminar la Guerra Civil el Fundador regresa a Madrid.

1939-1946 El Opus Dei se extiende por España: Valencia, Barcelona, Valladolid, Zaragoza, Bilbao, Sevilla, Santiago. Durante este período de inmediata posguerra arrecian las incomprensiones. Algunos no entendían la llamada universal a la santidad que enseñaba el Fundador del Opus Dei.

1941 El Obispo de Madrid, que había conocido y bendecido su labor apostólica desde los comienzos, aprobó el Opus Dei como Pía Unión, el 19 de marzo. El 22 de abril muere la madre del Fundador que tantos servicios había prestado en los primeros pasos del Opus Dei.

1943 Mientras celebra la Santa Misa en un centro de mujeres del Opus Dei situado en la calle de Jorge Manrique, de Madrid, el día 14 de febrero, Josemaría Escrivá funda la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, inseparablemente unida al Opus Dei. El 11 de octubre el Opus Dei recibe el Nihil Obstat de la Santa Sede para su erección diocesana. Es erigido, en la diócesis de Madrid el 8 de diciembre.

1944 El 25 de junio, tiene lugar la primera ordenación sacerdotal de fieles del Opus Dei: don Álvaro del Portillo, don José María Hernández de Garnica y don José Luis Múzquiz.

1946 Comienza la labor del Opus Dei en Portugal, Italia, Inglaterra, Irlanda y Francia. El 23 de junio el Fundador llega a Roma.

1947 El 24 de febrero el Opus Dei obtiene el Decretum laudis de la Santa Sede.

1948 El 29 de junio se erige el Colegio Romano de la Santa Cruz.

1949 El Fundador impulsa desde Roma la expansión del Opus Dei en todo el mundo. Antes de acabar este año irán los primeros miembros del Opus Dei a Estados Unidos y México.

1950 El 16 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Pío XII concede la aprobación definitiva al Opus Dei.

1951 El 14 de mayo el Fundador hace la Consagración de las familias de los miembros del Opus Dei a la Sagrada Familia. El 15 de agosto consagra el Opus Dei, en Loreto, al Dulcísimo Corazón de María. Se celebra en Molinoviejo (Segovia) el primer Congreso General del Opus Dei.

1952 El 26 de octubre consagra el Opus Dei al Sagrado Corazón de Jesús. Comienza la labor del Opus Dei en la República Federal Alemana. En Pamplona tiene su comienzo el Estudio General, que se convertirá, pocos años después, en la Universidad de Navarra.

1953 El 2 de octubre celebra, en Molinoviejo (Segovia), en la intimidad, las Bodas de Plata de la Obra. El 12 de diciembre erige el Colegio Romano de Santa María.

1955 El 4 de diciembre, en Viena, el Fundador comienza a invocar a la Virgen con la jaculatoria Sancta Maria Stella Orientis, filios tuos adiuva, encomendándole la labor de apostolado con las personas de Europa oriental.

1956 Tiene lugar el Congreso General del Opus Dei en Einsiedeln (Suiza).

1957 El 20 de junio fallece en Roma su hermana Carmen, que tanto le había ayudado en la administración material de los primeros centros del Opus Dei. La Santa Sede encarga a algunos miembros del Opus Dei la Prelatura territorial de Yauyos (Perú).

1958 En diciembre se comienza la labor del Opus Dei en Japón, el primer país del Extremo Oriente, y en Kenya, el primer país de Africa.

1961 En noviembre tiene lugar el Congreso General Ordinario del Opus Dei, en Roma.

1963 Comienza la labor del Opus Dei en Australia.

1964 La expansión del Opus Dei llega a Filipinas.

1966 Congreso General Ordinario del Opus Dei, en Roma.

1967 Se publica "Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer". En ese libro se recogen varias entrevistas concedidas a destacados periodistas de diversos lugares del mundo.

1970 Del 15 de mayo al 22 de junio el Fundador llega a México en romería penitente a la Virgen de Guadalupe.

1971 El 30 de mayo consagración del Opus Dei al Espíritu Santo.

1972 Durante los meses de octubre y noviembre el Fundador recorre distintas ciudades de España y Portugal en un viaje de catequesis.

1973 Se recogen en un tomo, bajo el título de "Es Cristo que pasa", parte de las homilías que el Fundador ha predicado durante los últimos años.

1974-1975 En estos años el Fundador hará dos largos viajes a América del Sur y Central. Estará en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala.

1975 El 26 de junio fallece el Fundador del Opus Dei.El 15 de septiembre Don Álvaro del Portillo y Diez de Sollano es elegido, por unanimidad, para suceder al Fundador del Opus Dei, en el Congreso convocado con este fin, de acuerdo con sus Estatutos.

1981 El 19 de febrero el Cardenal Poletti, como Vicario del Papa para la diócesis de Roma, con el nihil obstat de la Santa Sede, promulga el Decreto para la Introducción de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer.

1982 El 28 de noviembre Juan Pablo 11 erige el Opus Dei en Prelatura Personal. En aquella misma fecha el Papa nombra a Monseñor Álvaro del Portillo como primer Prelado del Opus Dei, que es, a la vez, Presidente General de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

1986 Se publica "Surco".

1987 Se publica "Forja".

1985 Se inaugura el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz, centro universitario de estudios eclesiásticos con sede en Roma.

1991 El día 6 de enero Juan Pablo II ordena obispo al Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo.

1992 El 17 de Mayo Josemaría Escrivá es beatificado en la plaza de San Pedro (Roma).

1994 El 23 de marzo fallece en Roma Álvaro del Portillo, pocas horas después de volver de un viaje a Tierra Santa. El 20 de abril Javier Echevarría es nombrado por Juan Pablo II Prelado del Opus Dei, al confirmar la elección canónica realizada en el Congreso General electivo celebrado en Roma.

1995 El 6 de enero el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría es ordenado Obispo por Juan Pablo II.

1998 Concesión del título de Pontifica Universidad al Pontificio Ateneo de la Santa Cruz.

2001 Audiencia concedida por Juan Pablo II, el 17 de marzo, a los fieles del Opus Dei participantes en el Congreso sobre la carta apostólica del Santo Padre Novo Millenio Inneunte, celebrado en Roma.

2002 Primer Centenario del nacimiento del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer.Canonización del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

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Apellido Balaguer

Hola; Quisiera saber por que razon san Josemaría se agrego el "de balaguer" a su apellido, si era escrivá (y por ahi lei que era escriba)y de hecho en las biografias oficiales mencionan a su padre como don José Escrivá. Gracias y espero vuestra respuesta. Creo que eres tú el que ha preguntado esto mismo dos o tres veces últimamente. Marqué tus mensajes con la etiqueta "ya contestado", que tengo en mi Gmail. Lo hago muchas veces, con muchas preguntas, para no aburrir a los lectores habituales.

Pero como veo que tienes interés, aprovecho para decirte a ti y a todos los lectores que se puede buscar en el blog, para tratar de ver si lo que se pregunta ya está contestado.

En tu caso, yo buscaría "apellido balaguer" en el buscador que tengo puesto en el blog, y que es cortesía de Google. El buscador está en dos sitios: arriba del todo a la izquierda, donde dice "Blogger … Search". Y el otro sitio es, en la columna de la derecha, abajo del todo, donde dice "Buscar".

En ambos casos, Google busca exclusivamente en las páginas de este blog. ¿Está bien, no?

Por ejemplo, si buscas "apellido balaguer", verás esto:

_________________________________

Opus Dei – Blog no oficial: mayo 2005
El apellido "de Balaguer", como te podrás imaginar, no fue un capricho, porque en el registro no te cambian de apellido así como así.

opus-dei.blogspot.com/2005_05_01_opus-dei_archive.html – 212k – En caché – Páginas similares
_________________________________

Con lo que fácilmente encuentras el lugar donde está explicado.

Y perdona la demora y todo este rollete.

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¿Algunos fieles de la Obra exageran en la devoción a San Josemaría?

Eres fuerte, amigo: más que bravo (el sitio es completo, tiene una bella gráfica y es también amigable para el usuario). Después, se ve que tienes un cerebro que piensa, un corazón que late y sangre en las venas. Pasemos a una pregunta teológica: hay quien dice que algunos fieles de la Obra exageran en la devoción a San Josemaría, convirtiéndola en culto. ¿Qué me dices? ¿Es también cierto que en los medios de formación se habla más de cosas internas que de Dios?
Sei forte amico: oltre che bravo (il sito è completo, ha una bella grafica ed è anche user friendly). Poi si vede che tu hai un cervello che pensa, un cuore che batte e sangue nelle vene. Passiamo a una domanda teologica: qualcuno dice che alcuni fedeli dell'Opera esagerano nella devozione a S.Josemaria, facendola diventare culto. Che mi dici? E' poi vero che nei mezzi di formazione si parla più di cose interne che di Dio?

Gracias por esas cosas que dices: creo que no son verdad, hago esta página a ratos libres y dista mucho de lo que me gustaría que fuese. Pero te agradezco tus cumplidos.

1. Sobre la devoción a San Josemaría, te diré que ocupa, en el corazón de la gente de la Obra, un lugar importante, pero dentro de la “escala” católica habitual. Tenemos, colectivamente, muy pocas devociones: a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. A la Santísima Virgen. A San José. A los Angeles Custodios. Y también a los patronos e intercesores de la Obra. Y por ese orden: nadie pone, como ningún católico, a un santo por delante de Dios: es una tontería y una herejía. Si alguno lo hiciera, es porque es tonto (o hereje), sea o no del Opus Dei.

No ha sido el esta página.

Cuando Josemaría Escrivá murió en 1975, pidieron por escrito su canonización 1.300 cardenales, arzobispos y obispos de todo el mundo: un tercio del episcopado mundial. Todos ellos, y muchos otros que quizá no escribieron, pensaban que era santo. Y tenían mucha responsabilidad y mucho conocimiento de la Iglesia y de la Obra. Y también otros miles de personas, de todas las condiciones sociales, de muchísimos países.

En el Opus Dei tenemos la suerte de tener un fundador santo, y se lo agradecemos a Dios. San Josemaría ha sido propuesto por la Iglesia como modelo de santidad. El Santo Padre dijo de él, en la misa de canonización, que es “el santo de lo ordinario”. Es muy bonito tener en la Iglesia un santo de las cosas normales, de la vida diaria, de las tareas de todos los días. Comprende que es lógico que los del esta otra pregunta, donde se explica el gran esfuerzo de transparencia que ha hecho y hace el Opus Dei. Ojalá todo el mundo pueda y quiera conocer los tesoros que conforman la historia y la vida de la Obra (muchos están ya publicados), y la vida tan maravillosa y tan poco llamativa de muchos de sus miembros, que pasan por el mundo sembrando paz y alegría, sin llamar la atención, pero muy unidos a Dios y ayudando a los que están cerca a ser felices y a encontrar la luz de Dios en sus vidas.

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Un apóstol de la amistad

Mons. Franz Hengsbach, Obispo de Essen
Artículo publicado en RUHRWORT
Essen, 29–VI–85
Hace diez años, el 26 de junio de 1975, un repentino paro cardíaco dio fin a la vida terrena de Monseñor Josemaría Escrivá. Falleció al filo del mediodía en la sede central del Opus Dei en Roma, en su cuarto de trabajo en Viale Bruno Buozzi. En 1981 se incoó su causa de beatificación.

Hasta 1971 no le conocí personalmente en Roma. Desde el pri­mer momento nos unió una cordial amistad. Posteriormente estuve con frecuencia con él. Siempre quedé conmovido por el calor de su palabra y el cariño de su forma de ser. Y esto que vivía es lo que también enseñaba: «La santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas» (cf. 5. Bernal: Apuntes sobre la vida del fundador del Opus Dei, Madrid, 1976, pág. 123). Estas palabras suenan del mismo modo que la intención que las anima: algo normal y corriente; y precisamente por eso han llegado a ser revolucionarias. El cristiano «normal y corriente», el cristiano en el laboratorio, en la fábrica, en el bufete de abogado, en las tareas del hogar, en el taller, en el campo, ¿ése es el que ha de poder ser santo?

Puede y debe serlo por el hecho de estar bautizado. Esto es lo que Escrivá predicó desde 1928 cuando, a la edad de veintiséis años, vio la fundación y la extensión del Opus Dei como la tarea que

Dios quería que realizara con su vida. Desde entonces enseñó la vocación universal a la santidad para el «cristiano de una pieza» para el que no lleva una doble vida: «la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Madrid, 4ª ed., 1969, pág. 224). Por este motivo, a Escrivá se le ha denominado frecuentemente y con toda razón uno de los pio­neros del Concilio Vaticano II, como lo expresó hace algunos años el Papa Juan Pablo II ante miembros del Opus Dei: «Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio» (L 'Osservatore Romano, 26–VIII–l979).

En la época inmediatamente anterior al Concilio. al preparar el Decreto sobre el apostolado de los laicos, sin saber aún muchos datos concretos sobre el Opus Dei, tuve que ocuparme de una de las ideas centrales en el espíritu de la Obra: de la santificación de la vida cotidiana, es decir, de la realización del encargo de Dios a cada cristiano de vivir esa vida cotidiana tal como pasó Jesucristo los treinta años de su vida en Nazaret. Al comenzar, a finales de los años sesenta, la labor del Opus Dei en nuestra diócesis de Essen fui sabiendo cada vez más de este gran empeño del fundador del Opus Dei. Como el grano de trigo, que cae en la tierra y da fruto, el grano de trigo sembrado por Josemaría Escrivá y extendido por sus hijos en todo el mundo ha dado frutos esperanzadores. A la Prelatura Opus Dei pertenecen hoy en día más de 74.000 fieles de 87 países.

A quien se acercara personalmente al fundador del Opus Dei no le quedaba más posibilidad que llegar a ser amigo suyo para siempre. Esta es mi experiencia y la de muchas personas, tal como constata uno de sus biógrafos en sus apuntes: «Era muy alegre y comprensivo, y muy sencillo y sin recámaras, se hacía amigo de todos, y todos le querían. Yo no supe de nadie que tuviera enemistad con él personalmente» (Apuntes…, pág. 147). Quería ser amigo de todos, incluso de aquéllos que no veían con simpatía al Opus Dei y a él mismo.

¿Qué es lo que animaba a este Siervo de Dios a querer tener tantos amigos y no sólo unos pocos, como suele ser corriente? Se había dado cuenta de que una amistad verdadera es más que la sim­patía personal, que siempre está enraizada en Jesucristo, el verda­dero Amigo, que murió en la Cruz por cada persona. Por eso, cada persona vale toda la Sangre de Jesucristo, como solía decir Escrivá. Y por eso, no había persona que le fuera indiferente, no podía dejar de lado a nadie. Le urgía acercar a Jesucristo a todo aquel con quien tuviera que ver. «Al amar al amigo, se ama también lo que para él es un bien», decía Aristóteles. Y para el fundador del Opus Dei no existía un bien mayor que el Amor de Dios. Por eso quería lle­varlo a los hombres como lo mejor que tenía.

Cuando pienso en mi amistad con él (y lo mismo podría decir de mi amistad con su sucesor en la dirección de la Obra, el Prelado Alvaro del Portillo), necesariamente me vienen a la cabeza las pala­bras de Nuestro Señor en la Última Cena: «Os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Ioh 15,15).

Monseñor Escrivá estaba lleno del espíritu de una tal amistad. Medía la calidad de la amistad por la mirada conjunta hacia Jesu­cristo. «Los amigos no se miran el uno al otro (…), su mirada se dirige hacia las cosas por las que se interesan en común» –dice Josef Pieper. Y ya Cicerón definía la amistad como «un acuerdo en lo humano y lo divino en simpatía y cariño». Donde no hay metas comunes, no hay amistad. La amistad necesita un contenido. Quien nada tiene, no tiene nada que compartir; quien no tiene una meta, no puede tener un acompañante. La amistad sólo surge cuando se comparte lo que es personal, cuando se da al otro lo que es propio de uno, cuando se abre como Jesucristo: «Os he llamado amigos, porque todo os lo he dado a conocer» (Ioh 15,15).

Amistad y apostolado: para Monseñor Escrivá estas dos pala­bras formaban una sola realidad. No conocía diferencia alguna entre amistad y apostolado. Le era extraño el denigrar lo uno con­virtiéndolo en instrumento de lo otro. Seria algo que contradiría radicalmente la esencia de la amistad y la esencia del apostolado. Él amaba real y verdaderamente a las personas por amor de Cristo. Por eso, nada había que deseara más que el hacer posible que cada uno encontrara a Jesucristo. De este modo, su apostolado pasaba a ser una prueba de su amistad; lo llamaba el «apostolado de amistad y confidencia». Por el contrario, cualquier empeño apostólico sin un cariño verdadero para cada persona en particular hubiera estado condenado radicalmente al fracaso. La amistad y el apostolado para el fundador del Opus Dei eran las dos caras de una misma moneda.

Amistosa y abiertamente hablaba de lo divino y de lo humano: «Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional que mejora su labor uni­versitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospe­chados horizontes de celo… Todo eso es apostolado de la con­fidencia"» (Camino 973).

Monseñor Escrivá abrió este camino ayudando a meditar sobre la amistad que Jesucristo mantuvo con los Apóstoles, con sus dis­cípulos, con la familia de Betania y con tantas otras figuras de los Evangelios. Jesús era el Amigo de sus amigos un Amigo verdadero, y ellos lo sabían. Con toda confianza se dirigen a El cuando no han entendido algo. Y El les revela los misterios del Reino de los Cielos. Otras veces es El quien en conversaciones personales comparte sus alegrías y sus preocupaciones con sus amigos Les da ánimos y les abre los ojos para los amplios horizontes de la te de la esperanza y de la caridad

La amistad entre los hombres solo encuentra su sentido pleno en la amistad con Jesucristo. Nadie puede dar lo que no tiene: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros sino permanecéis en mí» (Ioh. 15,4). Convencido de la verdad de estas palabras, el Siervo de Dios bus–caba la amistad personal con Jesucristo, es decir, el trato con Él en la oración y en los sacramentos, meditando su vi da, para apren­der de Él cómo ha de tratar un hombre de fe a sus amigos.

Hablar de Cristo, difundir su doctrina con la palabra y con el ejemplo: ésta es una parte fundamental, irrenunciable de la voca­ción cristiana. «id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). En esta tarea no se dejaba dominar por falsos respetos humanos, no confundía la prudencia con la cobardía y el respeto por la libertad de los demás con la indiferencia. También en este aspecto Monseñor Escrivá puede ser considerado como heraldo del Concilio Vaticano II: «La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado (…). El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo Cabeza. Insertos por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, es el mismo Señor el que los destina al apostolado (…). Son los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, los que comunican y alimentan en los fieles la caridad, que es como el alma de todo apos­tolado» (Decreto Apostolicam Actuositatem, núm. 2-3).

Escrivá no se limitó a señalar ideales. Describió también el cami­no para llegar a ser apóstol de Jesucristo en medio de la vida coti­diana: « ¿Quién ha dispuesto que para hablar de Cristo, para difun­dir su doctrina, sea preciso hacer cosas raras, extrañas? Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, cre­ciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado» (Amigos de Dios, Madrid, 1977, pág. 384).

Los cristianos de la Prelatura del Opus Dei y muchas otras per­sonas intentan recorrer este camino. Y, siendo iguales a los demás, trabajadores, estudiantes, empleados, funcionarios, etcétera, no se les ocurre por ello hacer cosas extravagantes para encontrar a Dios o para llevar los demás a Dios. Se limitan a trabajar, a cumplir sus deberes profesionales, a ser amigos de sus amigos, a comportarse lo más ejemplarmente posible en la vida familiar. A pesar de ello, la labor apostólica de la Prelatura ha experimentado la contradic­ción, por ejemplo, cuando se acusa de abusar de la confianza propia de la amistad, porque siempre estaría involucrado el empeño por acercar alguien a Cristo. ¿Es posible hablar así cuando existe la expe­riencia de la verdadera amistad y de la vida de fe?

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Dígame qué opina de las siguiente citas.

Dígame qué opina de las siguiente citas:

Monseñor Escrivá de Balaguer: "La mujer debiera de ser un felpudo donde le hombre pudiera pisar"
Álvaro del Portillo: "Los niños deficientes son el resultado de prácticas sexuales pecaminosas por parte de sus padres"

Muy fuerteee ¿no?

Esas citas son falsas. Tú mismo no sabes dar la fuente, porque no existe.

Eso se llama calumniar y es una falta de ética bastante grande.

Te invito a leer las obras de San Josemaría y las de Álvaro del Portillo: comprobarás que su pensamiento está muy lejos de esas tonterías que les atribuyes.

Pero antes debería preguntarte si amas la verdad. Y si estás dispuesto a buscarla.

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Un hombre de fe

Mons. Laureano Castán Lacoma. Obispo de Sigüenza (Guadalajara)
Artículo publicado en LA PROVINCIA
Las Palmas de Gran Canaria, 1–X–78
Cuando se cumplen los cincuenta años de la fundación del Opus Dei querido evocar por escrito algunos de mis recuerdos sobre Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer.

Le conocí hacia 1926, cuando era un joven sacerdote recién ordenado, y yo cursaba los primeros años del seminario. Solía acu­dir con su familia, durante el verano –hasta l934, a Fonz, mi pueblo natal, en la provincia de Huesca, para realizar algunas cortas visitas a su tío don Teodoro Escrivá, beneficiado de la capellanía de la Casa Moner.

En varias ocasiones pude ayudarle a celebrar la Santa Misa en la capilla de los señores de Otal barón de Valdeolivos–, con quie­nes me unía una gran amistad. Desde entonces, guardo la viva impresión que me produjeron la piedad y el extraordinario fervor con los que celebraba el Santo Sacrificio. Ya entonces vivía lo que más tarde habría de enseñar: «La misa es acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que celebra sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra en nombre propio, sino in persona et in nomine Christi, en la persona de Cristo, y en el nom­bre de Cristo» (1).

En alguna de aquellas ocasiones, entre los años 1929 y 1932 dimos vanos paseos, a solas, conversando largamente. Recuerdo una de aquellas conversaciones en la que, con gran fuerza, me habló de lo improcedente que resultaba la injerencia de los gobiernos en los asuntos internos de la Iglesia. En otra, paseando por la era Ferragut, cerca de la casa de su tío don Teodoro, me habló de la fundación que el Señor le pedía llamándola la Obra de Dios. Aunque decía que estaba trabajando para realizarla, me hablaba de todo como si fuese una cosa ya hecha: tal era la claridad con la que ayudado por la gracia de Dios– la veía proyectada en el futuro. La llamaba Obra de Dios, porque decía que no era suya, afirmaba: yo no quería fundar nada. El tiempo ha demostrado de modo impalpable que Dios escogió, para fundar el Opus Dei, un instrumento bueno y fiel

Me pidió entonces que rezara por la Obra de Dios, y lo he seguido haciendo, a diario, con intensidad y fervor. Reflexionando ahora desde la perspectiva de mi larga vida dedicada al servicio de la Igle­sia Santa y tantos años pastor en mi diócesis, no encuentro más explicación a mi perseverancia en rezar a diario por el Opus Dei que la profunda impresión que me causó la fe con la que hablaba Monseñor Escrivá de Balaguer y la santidad que se traslucía de su persona.

Su fe en Dios patente y fuera de lo común: de ahí su convencimiento de que los hombres somos sólo instrumentos, libres y responsables, en las manos de nuestro Padre Dios. Por eso –me insis­tía– en el apostolado lo primero es la oración; después, el espíritu de mortificación y de penitencia; sólo en tercer lugar, muy en tercer lugar como más tarde escribiría en Camino la acción (2).

Recuerdo también de aquella primera conversación sobre el espíritu de la obra, cómo me hizo ver que no estaría circunscrita a España, ni a una clase social determinada. Dios la quena universal, católica: abierta a los hombres de todas las condiciones sociales, de todas las razas, de los cinco continentes.

LA HORA DE LA INCOMPRENSIÓN
El primer desarrollo del Opus Dei en España estuvo acompa­ñado de graves incomprensiones, de una campaña de falsedades y calumnias, que Monseñor Escrivá de Balaguer supo sufrir con un profundo sentido sobrenatural y grandeza de corazón, sin guar­dar rencor a nadie.

En una ocasión –siendo yo obispo auxiliar de Tarragona– me refirió don Leopoldo Eijo y Garay, entonces obispo-patriarca de Madrid–Alcalá, que unas personas católicas fueron a hablar con él para sugerirle que interviniera contra la Obra y su fundador, como algo herético. Monseñor Eijo y Garay, después de escucharles, les explicó que él había actuado directamente y con pleno conocimien­to de causa en su aprobación. «Esa criatura –les dijo refiriéndose al Opus Dei– ha nacido en estas manos». Con esta expresión quería hacerles entender que conocía bien lo que había aprobado, lo que había hecho a ciencia y a conciencia.

En aquellos años no se hablaba de la llamada universal a la san­tidad. Esto puede explicar –humanamente– el recelo que en algunos provocó la predicación del fundador del Opus Dei a la par que hace destacar la unión íntima con Dios y la fortaleza heroica con la que –siempre con una sonrisa en los labios– continuó su labor. Escrivá de Balaguer, verdadero pionero del Concilio Vaticano II, que años más tarde vendría a promulgar solemnemente el contenido de su predicación.

Nunca guardó la menor animosidad contra nadie: al contrario, su gran corazón se agrandaba ante esos ataques injustos. Cuando tuvo que defender la Obra como era su deber– lo hizo siempre sin acritud, evitando referirse por su nombre a los que le habían calumniado. Y cuando era atacado personalmente, nunca se defen­dió, imitando de forma admirable el ejemplo del Divino Maestro: Jesús autem tacebat, pero Jesús permanecía en silencio (3). Como norma de conducta, que mantuvo siempre, trató tan sólo –son pala­bras suyas– de ahogar el mal en abundancia de bien.

DESPRENDIMIENTO
Junto con un gran respeto por la autoridad legítima que le llevaba a apreciar como es debida las muestras de honor y de dis­tinción que la acompaña– en Monseñor Escrivá de Balaguer noté siempre una absoluta carencia de afán de cargos o distinciones honoríficas.

Esta actitud de desprendimiento fue constante, a lo largo de su vida; cuando, al paso de los años, recibió merecidas distinciones pontificias y condecoraciones civiles; cuando rehabilitó un viejo título de nobleza de nuestra tierra aragonesa –le correspondía hacerlo al ser el primogénito– por considerarlo como un deber de estricta justicia hacia su familia. Paradójicamente, esta decisión constituyó una muestra de la humildad de don Josemaría, a quien no se le ocultaba que con seguridad, podría dar lugar a interpre­taciones torcidas que –para los que le conocíamos bien– resultaban ridículas.

AMOR A LA IGLESIA Y AL PAPA
Mi última conversación con el fundador del Opus Dei tuvo lugar en Roma en enero de 1974, durante cerca de hora y media. Fue una charla muy afectuosa, extraordinariamente espiritual y, a la vez, enormemente optimista: se mostró firmemente confiado en la Pro­videncia, aunque la Iglesia estaba pasando momentos difíciles. Me insistió mucho en que rezara –convencido de la eficacia de la ora­ción– por la Iglesia y por el Papa.

Manifestándose con gran realismo en la apreciación de las difi­cultades por las que atravesaba –y atraviesa– la Iglesia, me llamó la atención verlo profundamente esperanzado y optimista; más que en motivos humanos, fundamentaba su esperanza en la Providencia de Dios sobre su Iglesia: «Tu optimismo será necesaria consecuen­cia de tu fe» (4).

Se quedó grabado su amor por el Romano Pontífice. Al comen­tar la noticia de la audiencia que acababa de concederle el Santo Padre Pablo VI, me dijo que había procurado hablarle de las mara­villas que Nuestro Señor llevaba a cabo en tantas labores apostólicas de todo el mundo. Me comentó que el Papa ya tenía bastantes preo­cupaciones, y que había querido darle sólo alegrías. Me confió que a diario ofrecía la Santa Misa por la Iglesia y por el Papa; sólo en tercer lugar la ofrecía por el Opus Dei. Salí de aquella conversación con Monseñor Escrivá de Balaguer contento y esperanzado: confortado por el gran sentido sobrenatural que pude apreciar en este gran amigo. Indudablemente, en armónico desarrollo con las demás virtudes, el amor a la Iglesia y al Papa que ya había notado en esa alma egregia en los años lejanos de nuestra juventud, se había hecho grande, más intenso, mas profundo. Sé que, con frecuencia, repetía a sus hijos lo que en esa ocasión me dijo a mí: que con alegría muy grande daría su vida, y mil vidas que tuviera, por el Romano Pon­tífice, sea quien sea; siempre–subrayaba– con la gracia de Dios, porque sin ella no podría hacer nada.

Si tuviera que realizar un resumen –muy limitado, como todos los resúmenes– sobre la persona del fundador del Opus Dei, diría que este extraordinario pionero de la espiritualidad laical, que tantos y tan altos servicios ha prestado a la Iglesia, se caracterizaba por una profunda vida interior, que le llevaba a conducir a Dios todas sus acciones y conversaciones, de manera que cuantos le tratábamos nos sentíamos arrastrados por ese amor de Dios que con­tagiaba; vida interior unida a una profunda alegría y sentido del humor, que llevaba a sentirse feliz a su lado. Y energía de carácter, que se compaginaba perfectamente con la exquisita delicadeza en el trato, con una gran serenidad y ponderación en sus acciones.

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¿De verdad crees?

¿De verdad cree el Opus Dei que el cristianismo es la única verdad y fuente de salvación? ¿En serio cree que los homosexuales son obra del demonio? ¿Realmente cree que Escribá de Balaguer es santo?
Menos en que los homosexuales "son obra del demonio", creo en lo otro que dices, sí. Con algunos matices, claro, porque también hay "verdad" y "bondad" fuera de la Iglesia.

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¿El fundador gozaba de grandes riquezas?

Pensaba que el fundador de una orden con tantos seguidores debería de ser el primero en predicar con la austeridad, y bien sabemos que Monseñor gozaba de grandes riquezas ¿qué me puede usted decir de esto?
No sé cómo puedes afirmar eso. San Josemaría vivió pobremente. Nunca tuvo riquezas.

Cuando murió, recogieron su habitación y no tardaron diez minutos en recoger la ropa que usaba y sus objetos personales.

¡Ah!… y el Opus Dei no es ninguna orden, ni nunca lo ha sido, sino una prelatura.

De todo esto deduzco que quizá te falta información.

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