Enfermos del Opus Dei: físicos y psíquicos

El tesoro del Opus Dei son los enfermos (frase repetida hasta la saciedad por el Fundador del Opus Dei). Con esto se quiere decir, que se cuidan como la cosa más preciada, se miman, se vela por ellos y se hace y se gasta lo que sea necesario. En este sentido, y si sirve de algo la comparación es una relación en cierto sentido a la que tiene Gollum con el anillo: hace lo que sea por poseer el anillo. En este caso, salvando las distancias, ocurre lo mismo; se hace lo que sea necesario para aligerar la carga que conlleva cualquier enfermedad. Es una Seguridad Social sin peligro de bancarrota en cuanto a desvelo humano y derroche económico se trata.

Como se hace en cualquier familia, no ya solo católica, sino normal y con sentido común, cuando algún miembro cae enfermo, se convierte en el centro de atención del resto de los miembros de la familia. Y esto es así hasta que el interesado fallece (a pesar de que a veces, sobre todo cuando se es mayor se hace un poco pesado). No se deja a nadie en la estacada, ya que todos, enfermos o no, pertenecemos a la misma familia.

Junto a esta realidad, las personas del Opus Dei hacen todo lo posible por no tener enfermedades. A pesar de que a un enfermo se le trata muy bien, siempre se está mejor sano. Por lo que he podido conocer, el Fundador dejó escrito unas reglas muy taxativas. Decía -no es textual- que los directores tienen el grave deber de que las personas del Opus Dei duerman las horas necesarias y descansen lo debido, entre otras medidas para salvaguardar la salud. Parece ser que este era uno de los puntos que le hacían enfadarse al Fundador del Opus Dei cuando no se cumplían y echaba broncas serias para que sus hijos se cuidasen realmente.

No obstante si la enfermedad llega, todos procuran aceptarla gustosamente: el interesado y los que le rodean.

Dentro de este capítulo, y en particular en estos últimos años, guardan especial importancia las enfermedades psíquicas, que son quizá las más duras de llevar por parte del interesado y los que conviven con él.

Lo he comprobado en el tiempo que llevo en el Opus Dei, y es una realidad: los del Opus Dei son personas normales, y como tales, hay algunos que también sufren enfermedades psíquicas. Al principio pensaba que para ser del Opus Dei sólo podías ser una mente privilegiada, o al menos ser listo y trabajador y estar bien de la cabeza. Pues he conocido ya a varios que tienen enfermedades psíquicas y siguen siendo tan del Opus Dei como yo (por no decir los que son talentos medios, que según mis cálculos pueden ser el 98 % del total de personas del Opus Dei). Y no me estoy refiriendo sólo a personas con depresiones, sino también a personas con enfermedades psíquicas que no van a desaparecer y son crónicas y serias. Después de preguntar a varios médicos doctos en la materia, y sin querer entrar en polémicas médicas pues no soy experto, esto ocurre en un tanto por ciento muy elevado por cuestiones naturales o hereditarias. En cierto sentido esto da mucha tranquilidad, y es que pase lo que pase todos tenemos asegurado nuestro futuro en el Opus Dei.

Esto, dicho así de manera genérica, necesita una serie de aclaraciones.

Como en todas las familias, a medida que uno crece se van adquiriendo más responsabilidades. Primero son encargos materiales como poner la mesa, sacar al perro a pasear; luego se ayuda en la educación de los hermanos pequeños, se les lleva al colegio; más tarde se colabora en el mantenimiento económico, etc. En el Opus Dei ocurre exactamente lo mismo, cada uno asume responsabilidades, según sus capacidades, gustos, aficiones y deseos, a medida que va teniendo más años en el Opus Dei: unos encargos tienen más peso que otros, aunque todos son igual de importantes, y es mejor el que lo hace mejor, independientemente de la responsabilidad que se tenga. Por la forma de ser de cada uno, hay aspectos que pueden afectar negativamente en su personalidad, que hagan que una persona se agobie, se estrese, etc. Cuando, por la razón que sea, empieza a sentir alguno de estos síntomas, a parte de poner todos los medios al alcance para que médicamente se recupere, se le quita de todas las responsabilidades que tenga y que puedan influir negativamente en el desarrollo de su enfermedad.

Desde el punto de vista técnico se acude a un médico: unas veces a otra persona del Opus Dei, otras no, esto ya depende del interesado. Que yo sepa hay muchos médicos no son del Opus Dei y han resuelto este tipo de situaciones brillantemente.
Humanamente se derrocha más cariño si cabe y se le suple en las cosas que ya no puede hacer.

Cuando uno se restablece, empieza de nuevo a tomar progresivamente aquellas responsabilidades que cree que puede asumir. Se cuenta además con un cabeza de familia (en este caso el director de cada Centro) que vela por que el ritmo sea el adecuado y que nadie haga cosas que le sobrepasen.

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