¿Por qué algunos no podéis ir al cine?

¿Porqué algunos no podéis ir al cine?

Esta pregunta tiene trampa, porque no hay nadie, ni dentro ni fuera de la Obra, que “no pueda” ir al cine, en un país libre. ¡Qué tontería! Aunque estuviera “prohibido” (que no lo está) al que le diese la gana iría cuando quisiera. ¿Cómo lo impedirías tú?
Pero es que no está prohibido. Es una mentira y un retorcimiento decir eso. La verdad es muy distinta: algunos miembros de la Obra, que viven una entrega total a Dios y una disponibilidad total para atender los apostolados, renuncian libremente a algunas cosas, como la asistencia a ciertos espectáculos públicos. Si no quieren renunciar a eso o a otras cosas, pueden marcharse y ya está: nadie dice que la vida en la Obra sea cómoda o facilona. Pero quede claro que nadie hace nada “por obligación” en el Opus Dei. Además, como es lógico, si alguno tiene que ir al cine, por ejemplo porque es crítico de cine, como hay muchos numerarios que lo son, o por alguna otra razón, va sin ningún problema.

Esta renuncia, entre otras cosas, es un pequeño sacrificio, un detalle de austeridad. Si te sirve mi caso, antes de ser del los datos del EGM, publicados cada trimestre, el 48% de los españoles no van nunca o casi nunca al cine: y no es porque no les guste. De modo que no exageremos.

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Colaboro buscando fondos

 Colaboro buscando fondos Opus DeiJoseph Griffin es actor de cine. Vive en Toronto, Canadá, con su esposa y sus cinco hijos. Cuando estaba en el colegio participé durante unos años en actividades para estudiantes en Montreal. Así conocí el Opus Dei.

A los 31 años volví a interesarme por la dirección espiritual que ofrecía la Obra y las puertas de la fe se comenzaron a abrir para mí. Colaboro buscando fondos para financiar actividades apostólicas. Ser ccoperador me ha ayudado en mis luchas por vivir la presencia de Dios. La Santa Misa diaria, el retiro mensual y el círculo son el ealimento de mi vida espiritual; me impulsan a tener mayor intimidad con Cristo y a tratar de hacer lo que Él espera de mí en cada momento. En una palabra, han traído "unidad" a mi vida. Quiero añadir que, aunque no conocí a san Josemaría, no hay día en que no oiga que me dice, animándome: "¡Vuelve a empezar, Joseph!"

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