¿Cómo se puede ser santo y colérico a la vez?

Según dicen, el fundador del Opus Dei tenía muy mal carácter. ¿Cómo se puede ser santo y colérico a la vez?

Hay que ver quién dice cada cosa y por qué lo dice. Son cuatro o cinco las personas que han difundido esta visión de Josemaría Escrivá. Luego, otros, en su afán por ser "ecuánimes" les han seguido citando, ya de segunda o tercera mano, sin haber sido testigos directos.

Quizá un ejemplo baste para arrojar un poco de luz sobre este misterio.

En un escenario auténtico –el soggiorno della Villa Vecchia, en la sede central de la Obra en Roma–, sitúan a Josemaría Escrivá «abroncando destempladamente a unas jóvenes de la Obra porque, al limpiar, levantaban una nube de polvo». Parten de unos hechos ciertos: en aquel lugar, unas cuantas mujeres de la Obra hicieron una limpieza extraordinaria, al terminarse las obras de la Villa Vecchia. Como cierto es también que, por no tener la precaución de echar un poco de agua en el suelo, antes de limpiar, aventaron gran cantidad de polvo de cal. El Padre, al pasar por allí, les llamó la atención con energía.

Hasta aquí todo es verdad. Pero ¿por qué, justo ahí, interrumpen el relato? Queda falseada la verdad total, al omitir que Escrivá les hizo ver que se había ensuciado una grande y complicada lámpara, que estaba ya instalada, y para cuya limpieza hubieron de emplearse medios extraordinarios; además, el polvo se estaba incrustando en la bóveda de aquella sala, recién pintada al temple y todavía fresca.

Pero toda la escena transcurrió en un clima tan natural que el Padre, allí mismo y en aquel momento, se entretuvo en hacer de cicerone, explicándoles el significado de las ocho escenas representadas en los medallones de la bóveda: unas, relativas a la historia de José, hijo de Jacob, y otras, del libro de Tobías. Incluso bromeó con ellas a causa del pez del joven Tobías, a quien con humor llamó «Tobías júnior».

Y, en fin, esa misma noche, a la hora de la tertulia, sacaron unas copas y una botella de licor de malvasía, una uva dulce y fragante, con una nota de puño y letra del Padre: «Para esas hijas, que han tragado tanto polvo».

(Testimonio de Helena Serrano, Archivo General de la Prelatura, Registro Histórico del Fundador, T-04641, citado en pág. 14, El hombre de Villa Tevere, Pilar Urbano, Plaza & Janés, 1995)

A partir de aquí, que cada cual decida a quién dar crédito.

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