ALEGRIA!

Para hablar de la Alegría quiero contarles una experiencia personal. Es la historia de una de las grandes amistades que hice en mi etapa de Veracruz.

(Copio una colaboración que me envía un amigo).

Yo era muy feliz, estaba aprendiendo sobre temas de Comercio Exterior y sobre operación aduanera, pero sin duda,  el tema que más me costo fue la materia de: 

“Arte de las relaciones publicas con funcionarios del gobierno”, materia que al final de mis días por aquel puerto aprobé con la ayuda de Dios.

 

Como se imaginaran de cuando en cuando tenia problemas con la Autoridad aduanera, porque trabajaba  para una agencia aduanal (las empresas que hacen los trámites para los importadores) en la cual se cometían errores. Un día ocurrió mi primer gran problema con la aduana. De esos problemas en que muchos expertos sobre la materia suelen declarar: “…mmm bueno … hay posibilidades, pero depende del criterio y de la resolución tomada por el área de reconocimiento y  la fundamentacion del área legal en el levantamiento del acta correspondiente…” (la palabra criterio en términos de aduanas generalmente no es una palabra que determina claridad o certidumbre, sino todo lo contrario)

 

Se trataba de un embarque de juguetes. Las declaraciones en el documento oficial (pedimento de importación) eran diferentes a las características de la mercancía lo cual dio como resultado que el  Embarque fuera embargado precautoriamente. Todo conforme a las disposiciones de la Ley Aduanera de mi país y entonces mi  Alegría de esos días empezó a venir a menos, a embargarse también precautoriamente.

 

Un problema de esta naturaleza ameritaba que un representante de Agencia Aduanal, – como lo era yo – pasara muchas horas en la sala de espera esperando el turno para dialogar con la autoridad. (Se debía esperar en los casos como el que yo tuve aquel tiempo entre tres y cuatro horas promedio por día, durante por lo menos cuatro días) Frente a esta situación uno se hace de sus mañas, entonces caminas, ves el techo, comparas los colores  del mobiliario, entras y sales de la sala, te abrochas las agujetas mas fuerte, te las aflojas, lees todo lo que sea leíble, (siempre esperando a que el tramitador de al lado desocupe el periódico hasta que me lleve mi librito), ves quien entra y quien se va (observación de seres de todo el primer reino), emites juicios internos, mides los azulejos del piso, buscas figuras en ellos, vas a la maquinita de refrescos, compras galletas, comes papitas, y bueno… se hace uno amigo de varias personas, hasta de cada plantita de las jardineras.

 

Fue por el problema de aquella importación que conocí a Américo, este hombre Alegre y grande como mi problema. Hombre corpulento de más de 100 kilogramos de peso. Ya lo había visto en visitas anteriores a la aduana y me causaba cierto temor, porque hacia cara de malo con mucha facilidad y parecía tener un genio algo voluble. En mis observaciones sociológicas notaba que se llevaba medio pesado con los tramitadores que llegaban al recinto. Los ya de por si agitados tramitadores entraban, y Américo les decía: Identifícate! A ver tu Gaffete?

Entonces cuando se lo mostraban, el  los jalaba del Gaffette con una mano y con la otra les ponía un golpecillo “cariñoso” en la cara o cuello. (con unas manotas como del tamaño de una raqueta de tenis). En fin, era de irse con cuidado, con respetillo…

 

 Era pues el vigilante más famoso en las oficinas administrativas de la Aduana de Veracruz y tenia una reconocida trayectoria de dichos y hechos, motivo de conversación entre los que hemos tenido relación con el sagrado recinto administrativo de aquella aduana.

 

Este personaje reflejaba siempre el valor de la Alegría porque es un tipo muy agradable a quien le gusta platicar y dar sus puntos de vista. Recuerdo que siempre estaba resolviendo sus Crucigramas y entonces yo pensaba: Además de los problemas que ya existen en esta aduana, el todavía se quema así el coco! Este si que sabe como no aburrirse! Si no estaba en los crucigramas leía algún periódico o revista…

 Y mas te valía – siendo tramitador – que le invitaras una coca de vez en cuando, si no querías recibir una caricia de sus venerables manos. Yo realmente me divertí mucho con el, por sus comentarios, por sus gestos y sus aventuras. Y aunque yo tuviera mercancía embargada por la aduana, Américo siempre desembargaba mi corazón.

 

Tuve la fortuna de hablar con el sin miramientos durante horas, hablábamos de cualquier tema y siempre sentí mucha libertad y confianza para hacerlo. Creo que el hablar abiertamente con alguien y entablar diálogos de tal profundidad es un resultado de la Alegría.. de esa alegría que caracteriza a mi buen amigo guardián.

 

De lo que me contaba en aquellas horas de espera, deduzco que Américo ha tenido una vida muy intensa. Fue galán, enamorado, apasionado por el trabajo y por la fiesta. En el ámbito laboral entro desde abajo y fue creciendo en la estructura de la organización. Recuerdo que me contó que de ser uno de los últimos en el organigrama llego a ser el Jefe de una Sala del aeropuerto del DF. De ser notificador llego a ser Jefe del Departamento de Pliegos petitorios. Llego incluso a cobrarle omisión de contribuciones al Secretario de Hacienda en turno, y todavía mas…

 

En su juventud gustaban las mujeres, el vino y el “cotorreo” (como dicen algunos jóvenes hoy en día). Y la verdad es que nada ha cambiado:

 

         Todavía le gustan las mujeres, (basta ver como trata a las bellezas que entran a la aduana, aunque a algunas les pueda parecer atrevido…)

         Todavía le gusta el vino (Prueba de ello es que le prometí una botellita de Tequila de regalo por Navidades, y no me la perdonaba… cada vez que me veía me decía con su voz grave:  “Me debes un vino ca… hijo de la ch… así que cumplí mi promesa).

         Todavía le gusta el “Cotorreo”, porque me contaba que se reunía con frecuencia con sus amigos para conversar y jugar domino.

 

Américo me enseño varias lecciones:

 

1. La Alegría no tiene edad: Américo es un maestro de alegría que vive disfrutando cada momento. Se ve que se acordaba de sus aventuras y estoy seguro que así como a mí también se las contaba a otros, y aunque tuviera muchos problemas de salud nunca lo vi triste o decaído.

 

Ya cuando le tenia confianza (después de varios golpes recibidos) yo le decía: Américo, Fumas demasiado, deberías de bajarle al cigarrito o Ya no Fumes! y entonces el me contestaba: “ De todo me he de morir, menos de parto”… así que no estés ch…

Como pueden ver, disfrutaba cada cigarro, cada conversación con alguien, cada coca y cada crucigrama.

 

2. La Importancia de la Unidad familiar: Por las pláticas que tuvimos me di cuenta de que – aunque le gusta el relajo – ha sido una persona que esta el pendiente de su esposa y sus hijos. Su esposa trabaja también en la Aduana y siempre se le ve juntos cuando llegan y cuando se van.

 

3. La verdadera Alegría es un valor que se comparte: Américo no solo reflejaba su Alegría en su persona, sino que la transmitía y la contaba a quien quisiera escuchar. La Alegría debe comunicarse igual que las penas. Si alguien tiene cierta alegría  y no la expresa a los demás, creo que no se trata de alegría pura.

 

4. Quien decide vivir Alegre tiene muchos amigos: Américo es conocido por su peculiar forma de ser. Pero lo que pude ver es que su fama se la debe a ese don de la Alegría, que el ha decidido compartir con los demás.

 

5. La Alegría es un reflejo del Amor de Dios: ¿De donde sino de Dios nos viene la Alegría? Como todas las cosas buenas que Dios nos regala, están también los motivos de la Alegría. Y el primer motivo porque el que debemos estar Alegres es por que estamos vivos. Américo vivía a fondo esta realidad, sabe que cada día es un regalo de Dios y vive con Alegría.

 

6. El trabajo bien desempeñado es causa de Alegría: En el caso de Américo se puede comprobar nuevamente que quien se mantiene activo, trabajando y creando, es más feliz. La pereza y la falta de ideales permiten que entre la tristeza en la vida de las personas. Por lo tanto, hay que trabajar siempre, y hacer deporte hasta los 99 (aunque sea domino) para vivir siempre alegres.

 

Bien por el buen Américo, de la Aduana del puerto de Veracruz, quien me enseño estas cosas, y otras más, sobre la naturaleza humana y lo que verdaderamente vale la pena en la vida,  como procurar estar siempre Alegres y compartir nuestra alegría con los demás.

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