Sobre mi Abuela y la confesión

Como todo el mundo tengo dos Abuelas, una italiana y otra alemana. Algo muy común en Argentina dónde las nacionalidades se amalgaman.

Hoy les quiero contar sobre mi Abuela alemana. Nació en un hogar luterano practicante, con sus consabidas costumbres y creencias. Cuando se casó con su marido-mi abuelo- lo hizo por la iglesia luterana, pero él le pidió que los hijos que tendrían serían bautizados católicos. Y así fue.

Pasaron los años, y no sé si porque siempre fue muy humilde en su forma de ser y actuar, o porque “el Espíritu sopla dónde quiere”… Pero se comenzó a cuestionar de que a ella no le alcanzaba eso de las confesiones generales en un templo. Si la salvación era individual, también lo tenía que ser la confesión de los pecados y el perdón. Uno no se salva en grupo.. y por eso la confesión de los pecados tenía que ser forzosamente personal. Tenía una necesidad verdadera del perdón de Dios. Quería irse al Cielo alguna vez, cuando Dios la llamara. Fue indagando, buscando es la palabra… hasta que llegó, sin ayuda o dirección de nadie, a la religión católica, y a un sacerdote. Supo que Dios usaba de ese u otro sacerdote

-como instrumento- para perdonar los pecados. Así fue como a los cuarenta y seis años  hizo su Conversión de Fe al catolicismo. Un año antes de que mis padres se casaran.

Es obvio que cuando yo la conocí…  mejor cuándo yo nací y ella me conoció, ya era una católica practicante. Es más, lo llevó a practicar a su marido-mi abuelo- que por esos momentos atravesaba caminos de tibieza.

Si volvemos a lo que les contaba al principio, de que mi Abuela vivió en un hogar luterano practicante y con todas sus costumbres alemanas incluidas… Es fácil deducir que muchas de las verdades de Fe y piedad católicas, le fueron arduas para incorporarlas.

Recuerdo las grandes discusiones que sostenía con ella – desde mis diez años- sobre la Virgen, entre otras. Pero, poco a poco las fue adoptando e integrando a su nueva fe.

Pasaron los años, y siendo yo supernumeraria, se convirtió en Cooperadora del Opus Dei. Estaba encantada de como se hacía tanto hincapié en la Confesión frecuente. También le caló muy hondo las palabras de San Josemaría de que la Confesión debía de ser: clara, concisa, completa y concreta.

 Vivió hasta los noventa años… y recuerdo muy bien como enfatizaba: “Bea,  hasta los noventa años y más se pueden corregir defectos”. Se esforzó hasta su último día-a pesar de todos los males que la atacaron- en trabajar. Me regaló el día antes de partir un tejido al crochet hecho por ella con una de sus manos atadas al sillón para que no le temblara el pulso por su mal de Parkinson.

Durante el tiempo de Cuaresma, todos los años, vivía con gran regocijo la invitación de la Iglesia a la conversión.

No he conocido a nadie más con una humildad tan grande que la llevó a tan grande Sacramento.

Ya que estamos en Cuaresma, saquen sus propias conclusiones… Siempre hay algo de que confesarse. ¿Qué tal si la siguen a mi Abuela?   Bea Hellers

Vota esta noticia