Sin volver la vista

Sin volver la vista Opus Dei (Este el equipo que nos hizo soñar. No busquéis que no estoy)

En tu vida hay dos piezas que no encajan: la cabeza y el sentimiento.

La inteligencia iluminada por la fe te muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos.

El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual… Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.

Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que El te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, ipse Christus! el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes. (Surco, 166)

Después de un fin de semana ajetreado (un poco desilusionante en el apartado deportivo) y una semana completa, hay muchas temas de los que me gustaría hablar. Se está jugando en Roma una Liga de Campeones "paralela" a la disputada el miércoles en Atenas. Mañana es la final y leyendo unas declaracines de Monseñor Bertone, creo que era así, manifestaba que el fútbol es un medio de evangelización. Me produjo alegría leerlo, pues hay algunos que piensan que en la élite del deporte (de cualquier deporte) no es bueno introducirse. ¡Hay que llegar a todos y en todos los sitios!

En el deporte para competir con posibilidades de éxito hay que estar en forma. Hay que cuidarse físicamente (trabajo físico específico, comida y descanso), prepararse para mejorar técnicamente y trabajar tácticamente los sistemas de juego. Debemos añadir a esto el trabajo psicológico necesario para saber manejar adecuadamente los momentos de máxima tensión y superar la ansiedad o los minutos malos que se dan en cada partido. De igual manera nosotros en nuestra vida corriente necesitamos de todos los medios para funcionar en el calle como cristianos maduros y coherentes.

Tenemos que dar importancia a nuestra formación (humana y cristiana), así no nos quedaremos con argumentos pobres a la hora de las conversaciones con nuestros amigos. Esa formación también nos ayudará a cimentar y fortalecer nuestra vida interior. La formación debe ir acompañada de una sólida vida de piedad, en la que tenemos que dar la relevancia necesaria a la Eucaristía, la oración, el examen y el trato con Santa María.

Valoremos las cosas pequeñas en su justa medida, lo pequeño es lo más fácil de ir dejando y luego el acostumbramiento nos lleva a poder tragarnos casi cualquier cosa. Pongamos la lucha diaria en sitios lejanos a las murallas de nuestra vida interior, sepamos decir que no a una vida fácil y cómoda, sepamos vivir como autenticos cristianos. Si luchamos en lo "pequeño" será más fácil que en lo "grande" también nos venzamos. Al corazón le atribuimos los apegos, los afectos, los sentimientos, hay que tener controlado a "este órgano", pues si le damos consuelos luego pide más.

Es curioso, cambiando algunos términos, obviamente, esto mismo le diría a mi equipo antes de un partido de competición.
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