Sentido de la mortificación y el sacrificio

A continuación publico un comentario que hizo ayer Fernando a “Mortificación en el Opus Dei: pinchos y látigos”. Me ha parecido muy interesante, y por ello lo subo del rango de comentario al de post. Aquí va:
Sentido de la mortificación y el sacrificio Opus DeiLo de la mortificación no logro entenderlo muy bien. Se habla de la mortificación para purificar el “cuerpo” o la carne, ¿es que acaso el cuerpo es malo?
¿y para redimir los pecados? A mi me han transmitido una fe en Dios misericordioso. Entiendo que a Dios le apene mi pecado, pues significa que me pierdo la fiesta de ser feliz y como criatura suya que soy siente que me equivoque, pero cuando vuelvo a casa y, perdonado, soy recibido en su seno, no tengo que hacer nada… he recibido un regalazo y eso no tiene precio. Podría ser que al mortificarme esté comprando ese regalo, entonces dejaría de lado la humildad para obtener en derecho la gracia.

Ayunar, sin embargo conduce a una situación de intimidad con Dios, significa dejar de lado todo para aderntrarse en el Desierto, lugar de encuentro con Aquel. Similar a lo que hacían los primeros monjes.

Por otro lado, es cierto que el sufrimiento se puede tornar en oración, no lo niego. Es común ofrecer los dolores propios del cuerpo, o las faltas, los insultos y los desprecios de los demás, pero esos sufrimientos nos vienen dados, no nos resistimos, y a imitación de Jsucristo, ofrecemos todo ello.
Pero lo que no logro entender es lo de provocar el sufrimiento, ¿acaso Jesús provocó su muerte? Creo que no, sucedió y el la aceptó, no se resistió al mal. Creo que en ningún momento dijera:”Podría ser un latigazo más, por favor”

Por último, lo que si entiendo son las mortificaciones, que yo más bien llamaría actos de caridad, a los que te refieres, salvo la de sonreir a los “cargantes” (un tio palizas que te está dando la brasa)porque creo que a parte de mortificación es también mentir, ¿o acaso se está siendo sincero con esa persona? ¿No es mejor hablar con libertad?
Un abrazo,(reza x mi)

Siento que en esta pregunta voy a saltarme a la torera la filosofía de mi blog: contar vivencias personales, sin dar argumentos muy profundos. Pero esta pregunta va al fondo, y, para resolverla, yo también tendré que ir al fondo. Espero que se entienda todo bien. Y me disculpo de antemano si me voy demasiado por las nubes:

No me extraña que no lo entiendas muy bien, si así fuese serías uno de los más eminentes teólogos de la historia de la Iglesia. Esto lo digo porque Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio dice que -cito de memoria, no es textual- el gran escollo que se encuentra el entendimiento humano es el misterio de la Cruz. Ante él todos chocan; pero de la respuesta que le den dependerá en gran medida su vida entera.

Sentido de la mortificación y el sacrificio Opus DeiPor ello, para responderte adecuadamente a esta pregunta necesitaría escribir un libro o algo así. Como no sé ni puedo hacerlo, te remito a otro documento de Juan Pablo II, en el que explica el problema del dolor: Salvifici doloris.

De todas formas, si se te hace pesado leerlo, te responderé con una de las pocas doctoras de la Iglesia, S Teresita de Liseux, que murió cuando tenía mi edad. Ella consiguió adentrarse más que los demás en este misterio de la Cruz. Enseñaba que las mortificaciones han de buscarse como el más preciado tesoro, porque lo son. También dice en “Historia de un Alma” que hemos de buscar el dolor en toda su pureza, sin mezcla de compensaciones, pero buscando sólo consolar a Dios con ello.

Antes de decirte mi opinión, te cuento lo que dijo un tercero, S Juan de la Cruz, que también fue un buen catedrático en esto de la ciencia de la Cruz. En la “Subida al monte Carmelo” cuenta -valiéndose de una bella alegoría- cómo Dios es un Padre amoroso, que quiere alimentanos a todos nosotros, sus hijos. Para nutrirnos bien, lo ideal sería darnos un buen filete -esto es la Cruz, los dolores, la mortificación-; pero algunos no estamos preparados para ello, porque somos pequeños, no tenemos dentadura, no nos apetece, etc. Entonces nos alimenta con chucherías, como a los niños. Estas chucherías son los consuelos del alma: el estar agusto con Dios y que todo vaya bien. Pero todo esto nos lo da pensando en los sacrificios -buenos filetes-, que nos dará cuando estemos preparados. Su único objetivo es que consigamos una nutrición adecuada, para poder crecer sanos. A su divino Hijo le alimentó abundantemente con alimentos de los buenos: desprecios, latigazos, burlas, corona de espinas… y la Cruz.

Para acabar, y bajo la sombra de estas tres figuras, te contaré mi versión sobre el tema:

El cuerpo y el mundo no son malos, porque “Yave lo creó y vió que era bueno” (esto es del Génesis). Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo con nuestros pecados y nuestras infidelidades. Aquí entra otro misterio: el de la Providencia y la libertad. Pero no se puede hablar de todo de un golpe.

Por otro lado, la mortificación no compra el perdón de Dios. Todo es gracia. Dios nos da todo, porque nos ama. Nosotros únicamente recogemos -o no- esas gracias: la gracia de su perdón, la de los pequeños o grandes sacrificios, y tantas otras. Todo eso lo comenzamos por una inspiración de Dios, lo continuamos ayudados por Él, y lo llevamos a término con su gracia.

Dios claro que es misericordioso. Y una de las muestras de su misericordia es que nos envía dolores. Cuando nos manda dolores, nos trata como a su Hijo Jesús, a quien más quiere, con la cruz. Cada contrariedad es para llevarse una gran alegría, porque es señal de que el Padre nos está bendiciendo con la Cruz, como a su Hijo. (Los sacerdotes bendicen con la señal de la Cruz, porque imitan al Padre).

Tampoco quiero que olvides que el Espíritu Santo es fruto de la Cruz. Como dicen los teólogos, utilizando un clásico símil, el Espíritu Santo brotó del costado abierto de Cristo tras su muerte y la lanzada. Además, en la Última Cena dijo que necesitábamos que se fuese -que muriese-, para que nos pudiese enviar al Paráclito. Pues en nuestra vida pasa lo mismo: tras las mortificaciones, nos llenamos más de Dios (del Espíritu Santo).

Para acabar te diré algunos motivos para la mortificación: parecernos a Jesucristo, amor de nuestra vida; tener el cuerpo sujeto, para que no se revele (un dualista explicaría esto diciendo que es mejor que nuestro cuerpo sea nuestro esclavo, a serlo suyo); desagraviar por nuestros pecados, y por los de los demás; fomentar el desprendimiento de los bienes de este mundo; pedir por los demás. Creo que la mortificación es como la oración de los sentidos. Una forma de oración muy grata a Dios.

Pienso que sonreír a los cargantes no es hipocresía, sino caridad de la buena. Es pocurar alegrar la vida a los demás, viendo en ellos a Cristo, independientemente de cómo sean. Esto requiere mucha virtud y mucha gracia de Dios.

En fin, no sé si te habré aclarado algo con todo este rollo. Al menos he intentado que profundicemos los dos un poco más en este misterio, que no creo que llegemos a comprender nunca en esta vida. No pretendía convencerte de nada, sino sólo comprender tu opinión y explicarte lo que pienso.

Antes de acabar quiero decirte que pienso que la vida cristiana no es sólo teoría. También hay práctica. Para comprender mejor el misterio de la Cruz, es importante practicarlo (siempre moderado por un director espiritual, claro). Un claro ejemplo de esto son los tres santos que te citaba al principio.

Insisto en lo de antes: es clave la la carta del Papa Juan Pablo II: Salvifici doloris. Un saludo. Rezo por ti.

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