Seguir caminando

 Seguir caminando Opus Dei

Procurad adquirir las virtudes que creéis que faltan en vuestros hermanos, y ya no veréis sus defectos, porque no los tendréis vosotros. (San Agustín. Enarrationes in Psalmos, 30,2,7).

Es casi propio de la naturaleza humana hacer una valoración crítica de lo que nos rodea. Esto nos puede llevar a buscar las causas de algunos de nuestros males en el exterior sin pensar, o por lo menos sin profundizar lo suficiente, en la posibilidad de que algunas de esas causas provengan por nuestro comportamiento.

Yo no deseo convertirme en un defensor –tampoco hace falta- del Opus Dei, pero sí que después de leer y escuchar a los demás, también me apetece contar mis experiencias. Tengo la suerte de haberlas vivido en primera persona, por lo tanto nadie me va a engañar y no hay nada que se quede en el camino. Alguno dirá que sigo bajo las redes opusinas y que manipulan mi cabeza para escribir esto o pensar como pienso. Otro argumento que pueden decir, es que soy un sentimental que añora su pasado y que no soy capaz de salir de él. La mejor respuesta a esto sería que pasáramos un día juntos, es posible que un día pueda valer, para que pudieran percibir que no es así. ¡Vaya que no es así!

Tengo una máxima, ya le expuse en alguna ocasión: mi alma es entre Dios y yo. A mí, por lo menos a mí, la Obra me sirvió para conocer al Señor, si esto es así ¿puede ser mala? Si una persona tiene trato con Dios –trato sincero-, mediante los Sacramentos y la oración, no la veo capaz de faltar a la caridad, sin entrar a valorar si también puede estar faltando a la justicia. En todo caso, no hacer lo que critico o no hacer lo que no me gustaría que me hicieran.

Con quince años pedí la admisión en el Opus Dei, porque quise, de esto me acuerdo perfectamente. Casi doce años después me fui, también cuando quise. Nunca me sentí coaccionado. Recuerdo cómo el director del centro me intentaba ayudar. Hay que reconocer que en época de rebelión a uno la voluntad le falla –somos poco objetivos con nuestra alma, posiblemente esto sería más certero decir- y no era capaz de ver más allá de mi propia conveniencia. Es como los padres hacen con sus hijos pequeños, como estos no tienen voluntad para hacer las cosas (comer, por ejemplo), los padres la ponen por ellos.

El pasado. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, no estoy de acuerdo del todo o por lo menos no siempre, considero que cualquier tiempo pasado fue distinto. En mi caso, en unas ocasiones para dar gracias y en otras para desagraviar, también me río. Lo peor no es haber dejado la Obra, lo peor es todo ese tiempo que estuve sin querer a Dios. Agua pasada no mueve molino, esto si que es verdad. No me preocupo del pasado –ya no puedo hacer nada-, tampoco del futuro –no se qué pasará-, pero sí que me interesa el presente, el día a día. Desde luego, no podemos consentir que por pensar en el pasado nos quedemos parados en/con nuestras vidas.

Tengo un amigo que es jugador de fútbol sala de alta competición, concretamente portero. Últimamente no juega mucho, me llamó una noche de la semana pasada para desahogarse ya que lo está pasando mal (se pasa mal, de verdad, cuando uno piensa que no valoran su trabajo y su esfuerzo). Después de escuchar, le dije dos cosas. La primera, que tenía que ser un profesional y acatar las decisiones de su entrenador y que no pudieran tener reproche de él con respecto a su manera de entrenar y su compañerismo. La segunda cosa que le dije fue que hablara con el entrenador y le expusiera todo lo que pensaba, que no dejara en su cabeza nada que luego le pudiera dar quebraderos de la misma, así evitaría juicios sobre algo en lo que es posible que él viera unas cosas que no había. Después de hablar con él, me escuché a mi mismo y pensé: esto me suena ¿por qué no lo haré yo con mi vida?

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