Rigideces

No conocía este blog, y me lo he encontrado hoy de casualidad. Me parece que es una iniciativa muy interesante, y supongo que todos podemos aprender siempre de los demás. Conozco muy bien el Opus Dei, pues fui numerario durante más de veinte años. Durante mucho tiempo intenté hacer compatible una vida en la que, realmente, me encontrase en medio del mundo. Durante todo ese tiempo pensé que eso era posible, y prefería pensar que los problemas de rigideces que me iba encontrando eran sólo cuestión de personas concretas. Sin embargo, llegó un momento en que no pude más. La libertad de la que hablas en algunos mensajes, en muchos casos, es más "formal" que real. Es muy fuerte la presión moral que uno tiene para no hacer cosas de las que la formación y el entorno en el que vives te hacen sentir culpable si las hicieses (algunas tan importantes como ir al cine, por ejemplo, o ir al fútbol, o irte de copas, cosas que no son nada típicas de estar en medio del mundo, por cierto). El Fundador de la Obra decía que el cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada. Pero eso se ve traicionado cuando la institución acaba convirtiendo eso en una serie de normas rígidas que debes cumplir. No porque te pongan una pistola en el pecho, sino porque te obligan de un modo mucho más "sibilino", haciéndote sentir raro, distinto, "infiel" en los detalles pequeños. En fin, creo que la libertad de pensamiento tampoco es un hecho, en la actualidad, dentro del Opus Dei. Y hablo de una libertad de pensamiento acorde con la doctrina cristiana, claro, no de herejías. ¿Cuánta gente que ha pasado por la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra ha tenido que irse de la Universidad y, a la larga, muchos de ellos, han dejado la Obra? Por algo será, no crees. No obstante, espero que siga habiendo mucha gente como tú en la Obra, al menos dispuesta a hablar con valentía de estas cosas. Un abrazo, Julio

Julio: gracias por tu mensaje.

Lo que tú llamas rigideces son unos pocos detalles de austeridad, de pobreza cristiana, que viven algunos miembros, muy pocos, y además con flexibilidad.

Quizá la rigidez estaba en tu cabeza, o sencillamente no estabas dispuesto a vivir una entrega completa. No puedo ni quiero juzgarte, como es lógico, pero Dios y tú sabréis la verdad. Ir al fútbol no es pecado. Si alguna vez lo has pensado (sinceramente creo que no lo has pensado nunca), es una deformación, estoy de acuerdo, pero tuya.

Aprecio tu mensaje, y te lo agradezco de nuevo. He querido dejar claro lo anterior, con todo el respeto, porque lo que tú has dibujado no es un retrato, ni siquiera parecido, de lo que es el Opus Dei, o de lo que es mi vida, y llevo también ya casi veinte años en la Obra.

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