Reflexiones en voz alta, mejor dicho, en un blog

Reflexiones en voz alta, mejor dicho, en un blog Opus Dei

Vivimos en un ambiente en el que reloj no es que vaya disparado, sino que nos cruje con su manera de devorar cada segundo. Sin darme cuenta, ya estamos prácticamente a las puertas del verano. Cuando pienso en ello, una de las consideraciones que me vienen es qué mal he aprovechado el tiempo, o por lo menos que lo podía haber hecho bastante mejor. Sobre todo en un aspecto muy concreto, a la hora de comprobar lo abandonada que tengo la actualización de este blog en la página de mi amigo Antonio.
Tenemos facilidad para, en ocasiones y más en ciertos detalles, echar las culpas a otros de nuestros errores o de nuestras frustraciones. Cuando echo un vistazo por estos espacios cibernéticos a blogs o páginas que hablan sobre el Opus Dei hay veces que “alucino”. No voy a volver a mencionar que si fui de la Obra, que si soy actualmente cooperador… Lo que tengo muy claro es que no me siento, en absoluto, manipulado por los directores del Opus Dei, como alguno me ha comentado, o me ha dejado escrito, cuando ven los blogs que mantengo y como son o de qué van. Hago las cosas porque quiero y de acuerdo, más o menos, al tiempo del que dispongo o del que soy capaz de aprovechar.
Hace casi veinte años, ¡cómo pasa el tiempo!, que dejé de ser de la Obra. Soy de los que pidieron la admisión con 15 años y nunca me he sentido engañado, fíjate. Todo lo contrario. Me he dado cuenta realmente que esto de luchar por ser santo no es para tomárselo a chirigota, es trabajo esforzado de cristianos maduros (de esto hablaré en otra ocasión, la frase no es mía, creo que de San Josemaría o de Don Álvaro). He tenido muchas experiencias, he vivido muchas cosas, el tiempo me ha dado para ello, y tengo que reconocer tres cosas:
  1. Gracias al Opus Dei conocí a Dios y allí me enseñaron a tratarle y descubrirle en mis quehaceres.

     

  2. Las cosas tienen una perspectiva muy diferente cuando uno está en gracia de Dios y acude a la confesión. Aquí aconsejo, me atrevo a deciros, leerse bien el Catecismo de la Iglesia Católica, donde se recomienda acusarse también de los pecados veniales.

     

  3. Que de mis actos, el único culpable soy yo y que en mi, sólo en mi, está el descubrir el comienzo de cada error o metedura de pata que cometa.

Hoy he intentado ponerme al día y he actualizado un poquito el resto de blogs, no sólo el de mi Club de fútbol sala.

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