Recomenzamos

Recomenzamos Opus Dei

Asumo el riesgo de que lo que vaya a escribir hoy pueda ser interpretado, por algunos, como un síntoma de melancolía. Nada de eso.

Somos dados a poner por encima de los hechos –y de las personas también- nuestra propia valoración, aquella que sacamos de las cosas que ocurren en nuestro entorno. Nos consideramos capaces de saber interpretar a la perfección cada detalle. Por ejemplo –siento mucho poner esta comparación-, si mi problema de escribir o no, fuera el que tengo varios blogs, la solución sería fácil, con dejar unos cuantos en el camino ya estaría. Esa no es la solución, porque tampoco es el problema.

No deseo desviarme de lo que me gustaría dejar dicho hoy. Soy cooperador del Opus Dei, está más que comentado en varios sitios de este mismo blog. Aunque alguien opina que estoy “manipulado” para hablar bien de la Obra, tampoco hay nada de cierto en esto. Es más, por el centro donde recibo los medios de formación –porque quiero recibirlos- voy una vez a la semana, y no siempre puedo ir por otras cuestiones.

Este blog dará un ligero cambio en la forma de expresarse. Con ejemplos claros sobre la vida cristiana, intentaré que sean claros. Sobre cómo viví y vivo aspectos del espíritu del Opus Dei. Hablaré de temas –vaya forma de definirlos- que están en la boca y en la cabeza de personas que los utilizan para atacar a la Obra.

Ya anticipo que, después de tantos años que no soy del Opus Dei, cuando leí el Compendio del Catecismo, ahí estaban claramente algunos aspectos como algunas prácticas de piedad, la oración o la confesión, que a mi me enseñaron a vivirlos –¡a vivir!, de esto también se hablará- en el Opus Dei.

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