Preguntas sobre Dios, la fe y el Código da Vinci

(Respuesta a El Opus Dei, el Código da Vinci, la fe y la religión)

Voy respondiendo entre medias en cursivas:

ANTONIO:
Gracias por responder. La verdad es que supuse que no ibas a considerar mi mensaje, debido a la demora. Pero, de nuevo, te agradezco la deferencia.
Me gustaría puntualizar algunas de tus respuestas. Lamentablemente, en algunos casos habría que volver a remitirse al artículo original, pues parece que desviaras (no digo que intencionalmente) el centro de algunas.

Gracias por la aclaración

Haré lo posible.
1) En tu primera respuesta, por ejemplo, resaltás el hecho de que “a cada uno le agoten cosas diferentes”, sin tomar en cuenta lo más importante: advertir que estamos hablando de ficciones (sea El código Da Vinci, sean los evangelios). Claro que uno es más importante que el otro, lo cual no quita que ambos contengan grandes porciones de ficción. Si ello sucede en el Código, no hay problema, pues excepto muchos adherentes al Opus Dei, la mayoría considera la historia justamente como ficticia. El problema, en cambio, aparece cuando al leer el evangelio muchos no advierten que sucede lo mismo: que un poquitín de historia, mucho de interpretación teológica y otra gran parte de ficción. Entonces, “agotan” esas cosas “fundamentales”: que no se separe la paja del trigo.

Creo, que la opinón pública -y no sólo algunas personas del Opus Dei- opina que el Código da Vinci es una manipulación. Prefiero dar datos de artículos de periódicos sobre el tema: El Código da Vinci: críticas en periódicos de prestigio y El Código Da Vinci: la verdadera historia que manipula

2) Luego sucede algo similar. Mi pequeña crítica radicaba en que si, ciertamente como parece, tenés la valentía de ponerte al frente de un blog como éste, no habría inconvenientes en responder a las preguntas que se te haga, cualquiera sea. Si alguien te faltara realmente el respeto o tratara cosas intrascedentes, no tendrías más que borrar los comentarios. Pero ciertamente no me interesa esto, pues con su blog cada uno hace lo que quiere. Sólo para responder a tu broma, sólo diría que Dios no está del lado de nadie y menos del mío, puesto que no hay tal Dios.

Al ver tu última frase, no deja de sorprenderme la superficialidad de tus comentarios. Creo que sería mejor argumentar algo las cosas, sobre todo hablando de temas importantes. No me parece lo más adecuado hacer este tipo de afirmaciones y quedarse tan ancho. La respuesta a una afirmación tan “a la ligera” como la tuya bien puede ser: pues sí hay tal Dios.

3) No hace falta que tu artículo sea científico para apoyar una afirmación con cifras y sus fuentes. Porque sino, en todo caso, deben atemperarse las afirmaciones. Si vas a decir que el “vendaval” sobre el Opus Dei, propiciado por Dan Brown, ha provocado que muchas personas se hayan hecho cristianos, ese dicho debe ser responsable, y no basarse en meras “experiencias personales”. Si así fuera, deberías decir algo así como “conozco a algunas personas que gracias a este vendaval se han hecho cristianos”. ¿O cómo tomarías que yo, con cierta jactancia, diga que “gracias a este vendaval, muchos han salido huyendo del Opus Dei o empiezan a despreciarlo”? Mal, espero. Y está bien. Porque sería irresponsable de mi parte basarme en experiencias personales para afirmaciones generales.

Por favor, lee este último párrafo y luego lee tu párrafo 2. Tendrás que borrar uno de los dos, porque se contradicen.

4) Claro que muchos defienden su fe, ¿acaso he dicho lo contrario? No, sólo que defender la fe me parece, literalmente, “excepcional”, puesto que la fe no requiere justificación, así como no se basa más que en la asunción de una creencia sin pruebas, con pruebas insuficientes, o contra las pruebas. Que eso es la fe, y estaremos de acuerdo seguramente.
Te doy la razón en que toda ideología es tan atacable como defendible, pero ello sucede porque las adscripciones ideológicas suelen presumir de un basamento racional. Cuando no es así, cuando se da por cuestiones meramente “emocionales”, esa adscripción es atacable pero no defendible. Aunque esta es una opinión atacable, claro.
La cita que me ofrecés es una de las cosas que suelo criticar. La combinación de razón y fe no se puede negar, como intención cristiana, pero es irreconciliable. Si tu creencia puede asumirse desde la razón, no requiere la fe, como no la requiere ninguna ciencia. Si no es así, hace falta la fe, pero la fe no exige razón. Ya definí a la fe más arriba, y con esa definición, que podríamos discutir, queda claro que la razón no cuenta demasiado.

No voy a extenderme sobre el tema. Si quieres profundizar te recomiendo: el libro Fe y Razón, de Juan Pablo II. Suscribo todo lo que dice.

5) Nuevo error. A mí no me alegra particularmente que alguien se deconvierta y se haga ateo. ¿Por qué, en todo caso, te parece deshonrado que un ateo argumente que no es lo más importante pertenecer a una orden religiosa, sino practicar la caridad, la beneficiencia, la tolerancia y el respeto? Te lo puedo repetir: me parece que lo más importante de un cristiano es que practique efectivamente esas cosas, pues con la mera nominalidad no basta. Pero si me decís que para ser cristiano sí es más importante (al decir al ser del Opus ya no hay “más que pedir”) ser de una orden religiosa que practicar esas cosas, de nuevo tenemos un punto más para discutir.
Por cierto, según la definción que manejo (que es, más o menos, la de la RAE), el Opus Dei SÍ es una orden religiosa. Pareciera que en tu blog se quisiera matizar esa afirmación, pero es difícil cambiar la convención idiomática. En el diccionario de la Real Academia se define a la orden religiosa casi exactamente como se define el Opus en su propia página.

Comprendo que no lo entiendas, porque no es algo sencillo de entender.
Lo que te diré ahora viene de mi experiencia personal: puedes fiarte o no. Allá tú. (Explicarlo en detalle levaría mucho tiempo, y lo haría con gusto, pero tengo más de 50 mails pendientes por responder).
Creo que lo realmente importante es ser feliz. Para esto hemos sido creados. Y la mejor forma de ser feliz es vivir cerca de Jesucristo. Cuando alguien se preocupa de los demás está comportándose -consciente o inconscientemente- como a Jesús le gusta, y por eso es más feliz.
Sobe esto ya hablé en: No somos religiosos y en ¿Es verdad que hay monjas?

Vota esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *