Pité con catorce y medio y aquí sigo, 23 años después

Antonio, hola.

Hace poco descubrí tu página en Internet. Es muy buena. Como dices que agradeces los elogios… y sobre todo las colaboraciones, aquí te envío la mía. Si la ves útil para colgarla, vale. Y si no, la tiras a la papelera. Saludos mil, Santi

Me hice aspirante a numerario cuando tenía catorce años y medio, en 1985. Fue en Jaén (Andalucía, España), mi querido pueblo. Ahora tengo 37 y sigo siendo de la Obra. La verdad, estos 23 años en el Opus Dei están siendo estupendos, mucho mejores de lo que yo mismo soñaba. Si Dios me ayuda a perseverar, imagino que los que me queden de vida serán tan apasionantes o más.

Bueno, el caso es que yo soy un tío de pueblo, a mucha honra. Mis padres son funcionarios ambos, ahora jubilados. Mi madre trabajaba como maestra y mi padre como inspector de trabajo. Ellos son supernumerarios, y me alegra un montón verles ayudar a mucha gente en Jaén, ahora que tienen más tiempo y que los hijos (somos 6 hermanos) somos ya mayorcitos y vivimos nuestra vida. Mi padre es el secretario del banco de alimentos de Jaén, una ong que consigue alimentos para instituciones que ayudan a gente pobre, inmigrantes, etc. Mi madre se ha apuntado a un gimnasio para hacer pilates, y echa una mano a enseñar a cocinar a chicas jóvenes en un club de la Obra. Bueno, hacen más, bastantes más cosas, pero la verdad es que no les he pedido permiso para explicar aquí su vida; y si te escribo es para contar algo de la mía.

La verdad, se me ocurren muchas cosas para contar, pero no tengo mucho tiempo ni quiero aburrir al personal, así que seré sintético, espero…

Lo primero. Cuando cuento mi vocación a amigos y colegas (soy profesor en la Universidad de Navarra y ahora estoy un semestre de investigación en la universidad de Berkeley, California, hasta septiembre de 2008) algunos se quedan como  boquiabiertos. “Pero tío… ¿te metiste con 14 años y pico? ¡¡¡Vaya locura!!! Si yo empecé a pensar en cosas serias a los 18, a los 23, a los…”. Un tipo muy gracioso me dijo que él hasta los 32 seguía pensando en cazar moscas con las manos… Bueno, pues sí, yo creo que hacerme aspirante y luego ser numerario es lo mejor que me ha pasado en la vida, con una diferencia increíble sobre lo siguiente. Y probablemente es cierto que eso fue una locura, pero con fundamento, gracias a la que mi vida no está siendo nada pero que nada aburrida. Desde luego, estoy tremendamente agradecido a Dios por ser numerario. Si vale la expresión, estoy tan orgulloso de serlo como un marido debe estarlo de su mujer y de sus hijos.

Sobre, todo, me siento útil a la Iglesia porque he conocido y ayudado a muchas personas. Y muchas –de la Obra o no- me han ayudado a mi con sus consejos y su amistad. Literalmente, gracias a Dios he conocido y tenido amistad con cientos –podría decir miles, pero sería quizá mi tendencia andaluza a exagerar- de personas, con muchas de los cuales he hablado de esta vida y de la otra; de Dios y de que hay que rezar para resolver los problemas; de dejar la droga; de confesarse; de estudiar; de disculpar al que te está haciendo la vida imposible; de reconciliarse con su mujer, sus hermanos, sus padres…; de ser un buen novio; de no ser un egoísta olímpico… Cuando el otro con el que estuve ha sido un enfermo con sida, un anciano abandonado, un niño sin padres, entonces ahí no hablé. Fue suficiente estar, viendo, oyendo o ayudando.

En fin, sé por mi misma vida –llena de los mismos problemas y dificultades que las de cientos, miles, millones de personas- que el celibato es un don …  un don increíble, sobrecogedor, inmerecido, y le pido a Dios a diario que nos ayude a mantenerlo a todas las personas que lo hemos recibido.

A lo que iba: en mi caso, nadie me planteó hacerme de la Obra. Hubiera sido legítimo: yo mismo se lo he planteado a muchos de mis amigos en estos 23 años. Para mi, sencillamente, las cosas fueron de otro modo. No hubo ninguna sugerencia por parte de los numerarios que vivían en el centro por el que yo iba. O, mejor dicho, la hubo, pero llegaron tarde, cuando yo ya me había decidido pero no había dicho nada a nadie.

Bueno, siempre habrá gente que sonría al leer y se diga: “Pobre, ¡otro incauto al que pescaron! Y encima ¡¡¡siendo un niño!!!”, o que dude que las cosas puedan ser así. Ese escepticismo es legítimo, por supuesto, pero entonces que no traten de imponerlo como si fuese imposible que Dios le hable a uno. A mi me habló. Bueno, me sigue hablando. Entonces, fui yo quien pidió ser de la Obra. Y me dijeron que no, que tenía que cambiar un buen número de cosas, pues con 14 añitos tenía yo algo de golfo. Que a esa edad bien se puede ser un desastre, como sabe cualquiera que haya tenido 14 años, o que se codee con gente que los tenga. Al mismo tiempo que yo era entonces un enano… no era un enano cualquiera… era un enano que había empezado a hacer oración y que se esforzaba por rezar algo durante el día. Lo cual es compatible con ser un poco golfo, al menos en mi caso.

El resto de tíos de mi clase del colegio ni hacían oración ni rezaban gran cosa. Pasaban del tema, sin más. Con esto no quiero decir que yo fuera mejor que ellos. No. Lo que quiero decir es que si yo quise ser entonces de la Obra y ellos no fue por la sencilla razón de que yo rezaba. Y al rezar vi cosas. No sé explicarme bien, tal vez. Vi, supe, entendí que Dios me pedía algo más que pasarlo bien y jugar a fútbol, o leer, o hacer excursiones, o zumbarme en la calle con los tipos de otras pandillas. Supe que me pedía la vida, aunque entonces y ahora me parece que no vale gran cosa. Y se la di. Y me esfuerzo cada día algo para volver a dársela. Y ya está. Creo que eso fue y es todo. Y creo que, al mismo tiempo, no es poco.

Así que le estoy agradecidísimo a Dios de que el Opus Dei se cruzara en mi camino. Ellos me enseñaron a rezar y a hacer oración en el centro de la Obra al que comencé a ir. Con gran esfuerzo, consiguieron que estudiara algo… un verdadero milagro, debieron pensar mis padres entonces. También dejé de pegarle a mis cinco hermanos pequeños, afición personal que mis sufridos padres habían intentado erradicar, en vano. En fin, la vida. Y más cosas me pasaron, porque al final solo he contado el principio. Pero veo con horror que esto es larguísimo. Así que un saludo, Santi

 


Gracias por tu testimonio.

 

Yo puedo decir algo parecido, pero sólo han pasado 10 años desde el día que pité con catorce años y medio.

Un saludo.

Antonio. 

Más información sobre el tema en Opus Dei vocación

 


Me uno a este testimonio tambien pite a los 14 y medio, nadie me lo planteo y aqui sigo asombrandome todavia de la suerte que tengo con que Dios se cruzara en mi camino. Hoy 20 años despues volveria a pitar sin dudarlo.

 

Anonimo 

 

 

 

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2 ideas sobre “Pité con catorce y medio y aquí sigo, 23 años después

  1. Os escribo para decir que soy el autor del artículo. que acabo de cumplir 30 años en la Obra. que aquí seguimos luchando por ser mejores. y que un abrazo a todos.
    santi

  2. Soy la mamá de un chico de casi 15, y al ver sus testimonios me tranquilizan. Yo pienso que es muy pequeño para una decisión tan importante, les mando un saludo.

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