Si la Obra no es tuya ¡destrúyela ¡

 

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Antares
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Si la Obra no es tuya ¡destrúyela ¡

Mensajepor Antares » 22 Jun 2016, 08:21

Aniv.
22/6/1933: Si la Obra no es tuya ¡destrúyela!; si es, confírmame

Es el 22 de junio, jueves, vísperas del Sagrado Corazón, cuando escribe con sencilla entereza: sentí la prueba cruel que hace tiempo me anunciara el P. Postius (10).
(El padre Postius, religioso claretiano que tomó por confesor durante los meses en que el padre Sánchez anduvo escondido, le había anunciado una fuerte prueba.

Sobre ello escribió una catalina: - El P. Postius, con quien vengo confesándome desde que se escondió el P. Sánchez, al ponerse en vigor el decreto de disolución de la Compañía, me dijo también que llegará tiempo en que la prueba consista en no sentir este sobrenatural impulso y amor por la Obra (11).

Esa dolorosa prueba sería producto de un no sentir la divinidad de su Obra (12). De esto hacía ya año y medio; y el sacerdote guardaba, posiblemente, leve recuerdo del aviso).

La tarde del jueves, víspera del Sagrado Corazón, meditaba don Josemaría sobre la muerte. Si le llegara en aquel instante, ¿cuáles eran sus disposiciones?, ¿qué podría
arrebatarle? Se examinó y se halló desprendido de todo, o de casi todo: - Hoy no creo que estoy apegado a nada. Si acaso -se me ocurre- al cariño que tengo a los muchachos y a mis hermanos todos de la Obra. Y rogaba a Dios que, cuando viniese la muerte, para llevarle ante su presencia, no le encontrase atado a cosa alguna de la tierra (13).

Esa misma tarde le sobrevino la prueba suprema del desprendimiento. Era como si el Señor, por breves instantes, le arrebatase la luz clara del 2 de octubre de 1928, dejándole flotar entre los pensamientos adversos que asaltaron su mente.

El Fundador narra así su congoja:
A solas, en una tribuna de esta iglesia del Perpetuo Socorro, trataba de hacer oración ante Jesús Sacramentado expuesto en la Custodia, cuando, por un instante y sin llegar a concretarse razón alguna -no las hay-, vino a mi consideración este pensamiento amarguísimo: "¿y si todo es mentira, ilusión tuya, y pierdes el tiempo…, y -lo que es peor- lo haces perder a tantos?" (14).

Un repentino vacío sobrenatural, una suprema
angustia, le anegó de amargura el alma (Fue cosa de segundos -dice-, pero ¡cómo se padece!) Entonces, con un arranque de desprendimiento, ofreció al Señor, de raíz, su voluntad. Le ofreció desprenderse de la Obra, caso de que fuera un estorbo:
- Si no es tuya, destrúyela; si es, confírmame.
Así, anonadando toda posible vacilación, arrancándose la promesa recibida sobre la inmortalidad de la Obra, entregaba en sacrificio, como Abrahán, la criatura que venía gestando desde el 2 de octubre de 1928.

Entregaba también las esperanzas de los diez años anteriores, desde que en Logroño comenzó a suplicar: Domine, ut sit! Inmediatamente -añade don Josemaría- me sentí confirmado en la verdad de su Voluntad sobre su Obra.(15)
FOD

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