Historia viva del Opus Dei

 

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Gobela
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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Gobela » 25 Ago 2013, 19:09

culminación del Curso de Retiro en que vió la Obra S. Josemaría

Aniv 6/10/1928

Nuestro Padre termina el Curso de Retiro comenzado el 30-IX-1928.

En este Curso de Retiro nuestro Padre vió la Obra.

Terminado el curso de retiro, se incorporó a las tareas del Patronato de Enfermos donde venía trabajando y siguió con el mismo ritmo de trabajo: atención de enfermos, clases en la Academia Cicuéndez, atención de la Capilla del Patronato, etc.
Enseguida se puso a buscar almas a quienes transmitir el mensaje de santidad.

Repasó la lista de jóvenes que conocía de la Academia Cicuéndez.

Uno de los primeros a los que habló de la Obra —sin llamarla así— fue Pedro Rocamora, al que conoció en 1928.

Luego habló también a Julián Cortés y algún otro. 'Hablaba —dice Pedro Rocamora— como un hombre inspirado.

Nos asombraba, a los que estábamos junto a él, su conciencia plena de que tenía que entregar su vida a aquella idea. —Pero, ¿tú crees que eso es posible?, le preguntaba yo. Y él me contestaba: Mira, esto no es una invención mía, es una voz de Dios'.

Algunas veces, al terminar las clases en la Academia, por la tarde, se regresaba a su casa caminando mientras platicaba con varios de sus alumnos o se reunía a platicar con algún grupo de jóvenes, alrededor de una mesa, y les leía las anotaciones del cuaderno que llevaba consigo.

Con mucha frecuencia iban a 'El Sotanillo' —una chocolatería, cervecería y cafetería—, que estaba situado —en un semisótano— en un lugar muy céntrico de Madrid. Cerca de la Puerta de Alcalá.

Los propietarios del bar se acostumbraron a ver entrar a nuestro Padre rodeado de un grupo de estudiantes y decían siempre: 'Ya ha llegado con sus discípulos”.

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Gobela » 25 Ago 2013, 19:10

Entrada en el seminario de S. Carlos

Aniv 28/9/ 1920

Nuestro Padre ingresa al seminario de San Carlos en Zaragoza.

Pasaron cuatro años y medio —todo el tiempo estuvo adscrito al seminario de San Carlos—, hasta que recibió la ordenación sacerdotal.

Al entrar regaló al portero del seminario el tabaco y las pipas que tenía y nunca más volvió a fumar. Para nuestro Padre fue un cambio muy fuerte de vida y de ambiente: 'cuando yo entré en el seminario, solía tener, como acostumbraba antes, los zapatos y el vestido bien limpios: incomprensiblemente, por esta razón, para algunos (...) era yo el señorito.

Otro motivo curioso de asombro (...) arrancaba de que me lavaba —trataba de ducharme— todos los días: de nuevo, el epíteto de señorito'. En realidad le llamaban, despectivamente, el pijaito.

Poco tiempo después, las burlas recayeron sobre su vida de piedad.
Las visitas diarias a la Basílica del Pilar le valieron el sobrenombre de 'rosa mística'. También le llamaron 'el soñador' por el entusiasmo con que hablaba a sus compañeros del apostolado que podrían hacer.
A los diez días de entrar en el seminario se le nombró celador de la Asociación de Apostolado de la Oración para el curso 1920-1921, tal vez por descubrir en él, desde el primer momento, una sólida vida de piedad. 'Era el único de los seminaristas —cuenta un compañero— que yo conocía que bajara a la iglesia en las horas libres'.

Encontró nuestro Padre otra fuerte contradicción en el seminario: 'En Zaragoza, D. José López Sierra, el pobre Rector de S. Francisco a quien el Señor cambió de tal manera que, después de poner realmente todos los medios para que yo abandonara mi vocación (con intención rectísima hizo eso), fue mi único defensor contra todos'.

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Gobela » 25 Ago 2013, 19:13

S. Josemaría habla de la Obra a su familia por primera vez


Aniv 17/9/ 1934

Nuestro Padre habla claramente a Su madre -la Abuela-, a su hermana-tía Carmen- y a su hermano pequeño -tío Santiago- de la Obra, para pedirles que —de la herencia que habían recibido de un pariente cercano— le ayuden económicamente en la instalación de la Academia DYA.

La Abuela y tía Carmen se daban cuenta de algo, puesto que se percataban de la intensidad de las mortificaciones de nuestro Padre y de su apostolado.

Don Alvaro contaba en una tertulia el 14 de febrero de 1980: 'Nuestro Padre no contestaba nunca a la Abuela cuando, preocupada como buena madre por el futuro humano de su hijo, le decía: hijo mío, se te pasa el tiempo, tienes que hacer algo de lo que puedas vivir: ¿porqué no preparas unas oposiciones de catedrático, o para una canonjía.

Nuestro Fundador callaba, no por ser un mal hijo, sino porque consideraba que la llamada que había recibido de Dios era cosa de su alma y nada más —era el secreto del Rey— hasta que la Iglesia no se pronunciase, o hasta que las circunstancias le llevasen a hablar.

Y lo que le empujó a hacerlo fue la necesidad de medios económicos: hubo de pedir ayuda a la Abuela y a tía Carmen, después de hablarles de las dos Secciones de la Obra; ya anteriormente les había dicho que rezaran, sin explicarles más'. Contaba el modo de colaborar de tío Santiago, entonces un niño, metiendo trozos de periódicos en un fichero que usaba nuestro Fundador.

En una carta, nuestro Padre relataba a los de la Obra cómo se desarrolló la conversación: 'Al cuarto de hora de llegar a este pueblo (escribo en Fonz), hablé a mi madre y a mis hermanos, a grandes rasgos, de la Obra. ¡Cuánto había importunado para este instante, a nuestros amigos del Cielo!

Jesús hizo que cayera muy bien. Os diré, a la letra, lo que me contestaron.

Mi madre: 'bueno hijo: pero no te pegues, ni me hagas mala cara'.
Mi hermana: 'ya me lo imaginaba, y se lo había dicho a mamá'.
El pequeño: 'si tú tienes hijos..., ¡han de tenerme mucho respeto los muchachos!, porque yo soy... ¡su tío!'.

Enseguida, los tres, vieron como cosa natural que se empleara en la Obra el dinero suyo. Y esto —¡gloria a Dios!—, con tanta generosidad que, si tuvieran millones, los darían lo mismo'.

En una tertulia el 1 de enero de 1974, recordaba nuestro Padre aquella ocasión en la que les habló a la Abuela y tía Carmen claramente de la Obra: 'Fue cuando pusimos la primera Residencia. Como yo no tenía dinero, le pedí una ayuda. Hablé con mi madre y con mi hermana Carmen. Pensé que nos encontrábamos los tres solos, pero Santiago —con sus juegos de niño— había venido también. Estaba detrás de mí, y lo escuchó todo. Cuando oyó lo que les decía, me tiró de la sotana y me dijo: ¡claro!, por eso te ciliciabas. Se inventó un verbo nuevo. No me lo habían contado nunca. Yo metía los cilicios dentro de unos zapatos, en el armario, para que el chico no le los cogiera; pero en una ocasión, como lo revolvía todo, lo descubrió y se fue a mi madre:

—Mamá, fíjate lo que le he pescado a Josemaría.
—Déjalo donde estaba, le respondió.
—¿Y qué es?, preguntó Santiago. —Un cilicio.

Él se aprendió la palabra, y me la repitió al cabo de los años.

Después de hablarle de la Obra, di a mi madre una historia de don Bosco: le gustaba recibir visitas, hacer punto, leer un poco...
Pareció no hacer caso, pero al cabo del tiempo me dijo:
—¿Qué quieres? ¿Que haga como la madre de don Bosco? ¡Ni hablar!
—¡Pero si lo estás haciendo ya!, le contesté.

Nos vino muy bien que mi madre y mi hermana quisieran encargarse de la Administración de nuestros primeros Centros. Si no, no hubiéramos tenido un verdadero hogar: nos habría salido una especie de cuartel'.

El dinero que les pidió nuestro Padre se lo dieron a pesar de que aquella herencia era la esperanza de salir de muchos apuros económicos. No les importó seguir con estrecheces y privaciones por ayudar a la Obra y a nuestro Padre.

Cuenta la Baronesa de Valdeolivos que la familia de nuestro Padre se desprendió incluso de su propia hacienda y que en septiembre de 1933 estuvieron todos en Fonz, al fallecer Mosen Teodoro, hermano del abuelo, para disponer la venta de todo lo que tenían, que no era poco: 'Recuerdo que en el Palau, la familia tenía una finca bastante grande. En el pueblo extrañó que quisieran deshacerse de todo. Con el tiempo se piensa más: debió ser muy triste para ellos, pero fue una demostración palpable del desprendimiento de las cosas de la tierra'.

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Ferny
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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Ferny » 27 Ago 2013, 05:37

Gracias por las publicaciones, son maravillosas! :D

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Antares
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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Antares » 27 Ago 2013, 08:42

Están un poco a la deshabillé, no de forma cronológica, pero efectivamente son un buen recuerdo de la historia viva del Opus Dei, como dice el título.

Gracias a TCC que se le ha ocurrido la brillante idea y a Gobela por la currada.

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor mus » 06 Sep 2013, 23:25

Molinoviejo, septiembre de 1960

Enrique Monasterio, sacerdote, Madrid, España
Etiquetas: Vocación cristiana

Molinoviejo es una casa de retiros de la provincia de Segovia. Muy pequeña al principio, ha ido creciendo con los años en medio de un paisaje espléndido de pinos, abetos y álamos, al pie de la ladera Norte de la Sierra de Guadarrama.

Allí estaba yo, recién terminado el segundo curso de Derecho, pasando unos días de Convivencia con otros veintitantos chavales de toda España y Portugal, que habíamos pedido la admisión en el Opus Dei poco antes, y aprovechábamos las vacaciones de verano para recibir una formación doctrinal específica y para conocer mejor la espiritualidad de la Obra.

Lo cierto es que nos lo pasábamos en grande haciendo deporte, bañándonos en la piscina y conociendo Castilla la Vieja, cuando recibimos la insólita noticia de que venía a estar con nosotros unas horas el Padre, el Fundador del Opus Dei.


Llegó San Josemaría una tarde a las cinco en punto…

Aquí necesitaría dos docenas más de asteriscos para eludir el relato de aquellas horas inolvidables que pasamos junto a un santo. Pero yo sólo quería contar una anécdota para poner el punto final a estos recuerdos.

Había terminado la tertulia en el jardín. Los veintitantos chavales nos esforzábamos por reconstruir en un papel lo que nos había contado. Mientras tanto, nuestro Padre, acompañado por don Álvaro del Portillo y por don Manuel Sancristóbal, paseaba por el campo de fútbol de la finca.

Alguien se acercó a nosotros y se dirigió a mí:
—El Padre quiere verte.
—¿A mí?
—Sí, anda, vete corriendo, que te espera.

Corriendo no fui, porque en aquella época yo era bastante tímido y me temblaban hasta las orejas; pero, en pocos segundos estuve a su lado.


San Josemaría me preguntó si yo era Peque, que es todavía mi nombre más verdadero. Me dio un abrazo, y me contó con pelos y señales cómo se enteró del accidente en el autobús de Gaztelueta y cómo rezó desde el primer momento.

—Pedí al Señor tres favores —me dijo—: que te curaras pronto, que te curaras del todo y que, con el tiempo, recibieras la vocación al Opus Dei.

Por último me prometió un pequeño regalo por ser la vocación más antigua de Gaztelueta: una pequeña cruz de palo, de madera negra sacada del viejo artesonado de la ermita de Molinoviejo, igual a las que entregaba a los primeros de cada país. Me hizo notar que Gaztelueta es la primera obra corporativa de enseñanza que tuvo el Opus Dei en el mundo, y que Dios me pediría cuenta por haber estudiado allí. Yo estaba tan emocionado y tan avergonzado que no sabía cómo responder.

—Escríbeme a Roma y te mandaré la cruz. ¿Te acordarás?
—¡Claro!

Me temo que no fui capaz de decir ni una palabra más.

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Antares » 07 Sep 2013, 08:40

Guauuuuuuuuu, MUS, pero que bonito. Yo no lo conocía. Es inédito total.

Me encanta, a ver si seguimos engordando éste hilo... ;)

Antares

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor mus » 07 Sep 2013, 10:26

Antares escribió:Guauuuuuuuuu, MUS, pero que bonito. Yo no lo conocía. Es inédito total.

Me encanta, a ver si seguimos engordando éste hilo... ;)

Antares


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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Antares » 07 Sep 2013, 12:09

Pero que ratoncilla sabia eres!! No se que haríamos sin tiiiiiii :oops: 8-) :lol: :D

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Re: Historia viva del Opus Dei

Mensajepor Gobela » 07 Sep 2013, 12:47

1 de Agosto del 1932

(Sin día claro) Pide la admisión María Ignacia García Escobar, que está gravemente enferma de tuberculosis. Estaba internada en el Hospital del Rey (también llamado de incurables).

Murió ofreciendo todos sus dolores por la Obra.

Contaba don Alvaro en una tertulia:
'El Hospital del Rey estaba destinado a tuberculosos y a otras personas con enfermedades contagiosas. En aquellos años, casi ninguna tenía curación. Tan elevado era el número de enfermos, que habían tenido que colocar las camas muy juntas, sin espacio ni para una mesilla de noche entre cama y cama.

Nuestro Padre tenía 29 ó 30 años cuando atendía aquel hospital, y no dejó que nadie muriera sin recibir los sacramentos; como estaban las camas una pegada a la otra, para confesar tenía que acercar la cabeza a la almohada del enfermo y hablarle al oído.

Lo hacía sin ningún miedo al contagio.

En aquel hospital surgió la primera vocación de expiación, como decía entonces nuestro Fundador.
Aquella primera, María Ignacia García Escobar, falleció con dolores tremendos, pero con una alegría también enorme. Antes de morir, decía: muy grande debe ser la Obra, cuando Dios me pide tanto sufrimiento'.

Murió el 13 de septiembre de 1933.

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