CARTAS DESDE EL LIBANO

 

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Antares
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Re: CARTAS DESDE EL LIBANO

Mensajepor Antares » 26 Jun 2017, 18:18

Muchas gracias por compartir este valioso testimonio.
¡¡Me encanta!!

Antares

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550four
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Re: CARTAS DESDE EL LIBANO

Mensajepor 550four » 05 Jul 2017, 23:01

Bonsoir à tous!

La llegada del nuevo año ha venido cargada de nuevas aventuras. Para empezar, he tenido que atarme bien fuerte el cinturón porque nada más volver de las Navidades he empezado a dar los medios de formación 100% en francés. El primer círculo me llevó casi 4 horas prepararlo, entre traducciones y correcciones. Gracias a Dios, cada vez tardo menos. Supongo que la presión de no tener tiempo ayuda.

A comienzos de enero hicimos una visita a ancianos en un asilo de las montañas de Byblos. Además de la asistencia de un buen número de niños solidarios, nos acompañaron 5 padres y un estudiante de económicas que no conocía de nada, pero al que le pedí viniera a echar una mano con su guitarra para amenizar la visita. El plan comenzó con una plática en el oratorio de la residencia, a la que se apuntaron todas las monjas. Después subimos al salón, donde cantamos villancicos árabes tan bonitos que me pusieron la piel de gallina. Fue la ocasión perfecta para desempolvar el viejo djembé, que recuperé de Madrid cuando pasé por allí fugazmente en Navidades. Las abuelitas regalaban besos a diestro y siniestro, emocionadas con tanto enano. Una de ellas quiso corresponder a la visita cantando a voz en grito un canto regional improvisado, refiriéndose a nosotros, seguido de un estribillo que todo el mundo conocía y al que nos uníamos entre aplausos. Fue muy emocionante! Al acabar la visita Jawad, el estudiante al que acababa de conocer, pidió poder echar una mano en verano con alguna actividad solidaria con refugiados.

Abouna Ferrán, en uno de sus viajes a Dubai para predicar retiros, volvió con un regalo un tanto peculiar. Los filipinos de allí le dieron 2 pendrives de gran tamaño, muy divertidos, con el relieve a color de San Josemaría y de Don Álvaro. Nos reímos mucho con la ocurrencia. Aquí la mentalidad es muy clerical, pero no sé si un producto así “triunfaría” en España. Ya se ve que hay iniciativas de lo más variopintas. También abouna Ferrán nos contó de un pastor anglicano de EEUU que acababa de trasladarse a Irak y, a través de la página de la Obra, pidió seguir en contacto con la labor. Es cooperador desde hace tiempo y, además de vivir todo el plan de vida, reza las preces a diario.

En lo profesional hemos tenido bastante actividad. Hasta hemos grabado un vídeo sobre el protocolo de gestión de crisis con un director de cine francés y actrices profesionales. Aun estamos a la espera de ver el producto final, pero tiene buena pinta.

Hace poco tuvimos unos trainings en un hotel de Zahle muy antiguo que tiene a gala ser el lugar donde Angelina Jolie se hospeda cada vez que viene al Líbano, cosa que ocurre con frecuencia por su compromiso humanitario con los refugiados. El motivo de su elección, lejos de ser por su encanto (que algo tiene, desde luego) responde a que es el único en tener un helipuerto en toda la Bekaa, en caso de necesitar evacuación.

El 19 de enero asistí al Serail de Beirut, una gran palacio oriental sede del Consejo de Ministros, para el lanzamiento del Plan de respuesta a la crisis siria de los próximos años. Había fuertes medidas de seguridad, y estaban representados los principales organismos implicados en la gestión de la crisis, entre políticos, líderes religiosos, ONGs y otras entidades internacionales. Aunque el inglés y el francés es la manera natural de abrirse paso entre la gente, lo cierto es que, una vez que tomé asiento y me presenté a los vecinos de butaca, en cuanto supieron que era canario, pasaron todos al español, incluidos los franceses. Viva España!

En las últimas semanas he empezado a tener un trato más directo con refugiados. Una agencia de noticias italiana viajó hasta aquí para recoger algunos testimonios de cristianos perseguidos. Como pidieron colaboración, me moví lo que pude hasta dar con una parroquia maronita de Bouchrieh, un barrio muy pobre de Beirut que acoge a miles de refugiados sirios e iraquíes. Aquí pude palpar de primera mano las condiciones en las que viven y el calvario por el que han tenido que pasar, en muchos casos, en sus países de origen por el simple hecho de ser cristianos. Pude sentarme un rato a charlar con algunos, escuchando un poco de sus vidas, sus impresionantes historias y sus necesidades. Uno de ellos, Hurmez, muy feliz de conseguir después de muchos años la visa para viajar a Australia, me dijo que me despidiera de él antes de marcharse. En efecto, pocos días después pasé con la moto por la zona. Acababa de dejar a Jason, compañero de trabajo de EEUU, en su casa tras el trabajo. Me confesó que ir en moto por Beirut había sido la experiencia más impactante que había tenido desde Afganistán. Total, que preguntando localicé a Hurmez. Me invitó a tomar té y cantó unas canciones con una especie de bangio casero que me recordaba mucho a los instrumentos que utilizan los Les Luthiers en sus giras. Juraría que la caja de resonancia era una cacerola metálica de las que se utilizan para cocinar. En cualquier caso, sonaba muy bien. Intercambiamos contactos y nos despedimos emocionados. La parroquia, un buen rato antes de la misa de la tarde, estaba abarrotada de gente haciendo oración, muchos de ellos refugiados. Me decía el párroco que en esta pequeña iglesia de Mar Takla, en los últimos 12 años habían tenido 44 vocaciones sacerdotales. Es muy bonito ver cómo en un barrio de escasez como éste, donde a veces falta hasta lo más elemental, Dios no se deja ganar en generosidad.

Con la cercanía de la primavera en el horizonte, hemos empezado a poner en marcha los preparativos de las actividades de verano. He empezado a patear distintas zonas del país en busca de un lugar donde tener un buen campamento. De paso, me está sirviendo para conocer rincones maravillosos y rechazar definitivamente el prejuicio que me había hecho antes de venir de que el Líbano es un desierto. Nada más lejos de la realidad! Es la envidia del Medio Oriente en muchos sentidos. Por ejemplo, que tiene montañas altas, nieve y agua… mucha agua!! Como soy motero, lo sufro en mis carnes y cuento los días para que termine pronto la temporada de lluvias, que me está pareciendo eterna.

Uno de estos lugares maravillosos es Deir Mkhalles, en Joun, cerca de Saida. El recepcionista se dedicó a enseñarme árabe mientras venían a atenderme. Al final hizo de guía un sirio muy simpático para mostrarme las instalaciones. El cocinero, en cuanto supo que me llamaba Pablo, se emocionó: “Boulos. Yo, Boutros. Pedro y Pablo… te invito a un café!”. Parecía la consecuencia lógica. Aunque le dije que iba con prisa, fue inútil. En hospitalidad pocos le ganan la partida a los libaneses. Me estuvo enseñando con su mujer, lleno de orgullo sano, fotos de su familia en lo que daba de sí una taza hirviendo de café. No suelo beberlo, pero por educación dije, mientras me levantaba para marcharme, que estaba riquísimo. La señora, un instante después, ya me había llenado otra taza para alargar la conversación un rato más.

Como no hay día sin contradicción, recibí una llamada de que había dejado un coche cerca de casa obstaculizando el paso. Era extraño, porque me había cerciorado de que no había problemas antes de salir. Sin embargo, el coche de un garaje cercano no podía hacer bien el giro para salir. Total, que a la vuelta me encontré con varios carteles pegados a conciencia en el parabrisas y en la ventana lateral del conductor. El mensaje, poco amable incluso en la manera en que estaba pegado, sólo podía leerse desde el interior. La persona a la que sin querer había obstaculizado la maniobra de su coche midió muy bien su venganza, que sirvió en plato frío con un insulto en árabe, inglés, francés y español. Jamás me habían insultado en 4 idiomas!!!

Otro incidente tuvo lugar volviendo de Sainte Rafqa. Una señora me golpeó por detrás con su coche. Quería huir pero la placamos a tiempo. Cuando llegó el perito a valorar los daños, resultó ser un armenio muy divertido que llevaba viajando a Tenerife de vacaciones los últimos 9 años. Por supuesto, me describió con detalle todo lo que sabía de Canarias, escupió todas la palabras en español que se sabía, y me dio su contacto para que le llame para “cualquier cosa que necesite”.

Otra de las gestiones para el verano la hice con un amigo que conocí a través del trabajo, Elie Ashkar. Visitamos los alrededores de Jeita, otro lugar para enmarcar. Desde una de las montañas pude escuchar con claridad los aullidos de una jauría de chacales. Y ya que estábamos en la zona, me quiso enseñar el monasterio de Saint Elie. Entramos en la recepción, de piedra bien trabajada, y enseguida nos invitaron a vino dulce hecho por las monjas y café. Se interesaron por nosotros y nos facilitaron nombres de lugares para la actividad de verano.

Para acabar, contaré brevemente en memoria de San Marón (el que da nombre a los maronitas y cuya fiesta celebramos hoy) que esta semana he sabido un poco de la historia de Elías Marón, un monje maronita que vive en Baalbek, bastión chiíta del valle de la Bekaa. Este hombre bueno ha bautizado ya a 799 musulmanes. Es de suponer que esto le ha acarreado algunos problemas con el entorno en el que vive. Le han secuestrado y torturado varias veces. La última, con motivo de la conversión de la hija de un jeque importante. Pero no tiene miedo a nada y ahora incluso está bajo la protección de Hezbollah. Se confirman las impresiones de los primeros meses. El Líbano es tierra de conversiones.

Me despido pidiendo oraciones por este país. En el trabajo estamos a las puertas de conseguir fondos importantes para proyectos que serían de gran ayuda a mucha gente necesitada. Y en la labor seguimos sorprendiéndonos de la gente nueva que va apareciendo y las fichas de socios que siguen llegando a los 2 clubes. Cuánto trabajo por delante! Mañana viernes nos lanzamos a un nuevo desafío: iremos con 20 chicos a las montañas de Tannourine, con la ayuda de varios padres, para pasar un fin de semana intenso en la nieve.

À la prochaine. Bien à vous!


PD: añado a continuación unas notas que tomé tras la visita a un asentamiento de refugiados en la Bekaa.


Visita al asentamiento de refugiados de Sindibad



Bekaa, 25 de enero de 2017

Siempre que se visita un campo de refugiados hay que pedir permiso a las autoridades competentes, por razones de seguridad. Salimos en coche de la clínica de Zahle a las 11:00 am. En unos 10 minutos llegamos a Sindibad (Simbad en español) un asentamiento relativamente grande de refugiados sirios en la Bekaa.

Al llegar, Mahmoud me dijo que esperara junto al coche. Pude asomarme a las verjas de un colegio improvisado de unos 200 metros cuadrados, con casetas de UNHCR que hacían las veces de aulas. Desde algunas de ellas se podía oír el barullo alegre de niños participando en una clase animada. Mientras, 2 chicas de la Cruz Roja (una palestina y la otra belga) se interesaron por nuestro proyecto e intercambiamos tarjetas de visitas.

Es costumbre localizar al Shawish, el dueño y señor de cada campo de refugiados, antes de mover un dedo. Después de rendirle los honores y pedirle permiso, le pareció bien lo que nos disponíamos a hacer. Dio órdenes a una ayudante que se dedicó a convocar por las casetas más cercanas una breve reunión. Nos dirigimos al patio de la mezquita y aparecieron hasta 15 mujeres, más niños pequeños y curiosos.

Una de las cosas que más me impresionó nada más llegar fue que casi nadie iba abrigado, a pesar del intenso frío que hacía. Yo estaba tiritando, envuelto en mi bufanda, mientras ellos, impasibles, no hacían ni el mínimo gesto de dolor. Las señoras iban con sus habituales vestidos largos y el hiyab. Y prácticamente todos, hombres, mujeres y niños, calzaban sandalias, en general sin calcetines. Hay que tener en cuenta que los alrededores del valle estaban envueltos en una gran capa de nieve. Un chico sonriente de unos 10 años vino junto a mí y me soltó una parrafada en árabe. Alaa se me acercó al oído para decirme en inglés que me estaba preguntando si podíamos ayudarle con su dolor de muelas. Mientras, varios enanos correteaban de acá para allá, felices en su ignorancia, persiguiéndose o jugando con simples piedras, los únicos juguetes a su alcance.

En cuanto acabó el goteo de gente, Mahmoud comenzó la sesión de sensibilización sobre Salud Mental. Por supuesto, todo en árabe. Antes de comenzar pedimos permiso para hacer fotos, pero se negaron. Alaa, a mi lado, se ofreció a traducirme simultáneamente al inglés. Para su sorpresa, pues tiene experiencia en este tipo de intervenciones, me dijo que hubo una interacción por parte del público asistente fuera de lo habitual. Las mujeres no suelen pronunciarse en estas circunstancias, tal vez por miedo a las represalias. Sin embargo, pronto alzaron la voz para expresar cómo hacían para superar sus problemas. Las respuestas, muy variadas, impresionaban: llorando, gritando, saliendo del Campo para darse un paseo, hablando con los seres más queridos o intentando buscar la paz en la oración. Una mujer dijo que en ocasiones quería hacerse daño a sí misma, por desesperación. Me sorprendió aun más la respuesta de un hombre que se había colado en la reunión en calidad de espontáneo: “qué puedo hacer? Nada. Golpeo a mi mujer y a mis hijos y me siento mejor“.

Tras estos impactantes testimonios, Mahmoud continuó explicando la ayuda que podíamos prestar desde el proyecto. 8 de las 15 mujeres intercambiaron datos para recibir atención médica. En muchos casos hablaban de cómo les afectaba la guerra, la falta de trabajo, la carencia afectiva, la imposibilidad de formarse en lo que les gusta, etc. Una dijo que si no podía trabajar ni tener dinero para vivir, lo mejor que podía hacer era morirse pronto.

En un momento dado, una señora irrumpió para decir que quería volverse a Siria, a su hogar, por si podíamos ayudarle. Otra pidió agua y comida. El shawish tomó la palabra para preguntar si podíamos ayudarle a liberar familiares presos en cárceles sirias. Y si podíamos prestar atención médica a los muchos ilegales que había en su asentamiento. Los que no tiene papeles no pueden apenas alejarse de sus respectivos Campos, ya que los incontables check-points del ejército libanés se lo impedirían.

Una vez que tomamos nota de sus necesidades e intercambiamos los contactos de quienes querían acercarse a la clínica, nos marchamos. Esta visita ha sido una inmersión en la crudeza de la condición humana. Algo así como una bofetada en la cara para salir de la burbuja en la que vivimos los que tenemos de todo.

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