Opus Dei testimonios: llevo 30 años en la Obra

Sobre si hay gente normal en el Opus Dei
(noticia relacionada con ¿Hay gente normal en el Opus Dei? y ¿Santos de la Obra?)

Ante todo, enhorauena, Antonio, por la forma en que respondes a esa pregunta.

Sin entrar en biografías y por si te sirve para agregar a la nota, te paso experiencias vividas de este lado del Atlántico.

La Administración de un centro donde viví, era común oír a lo lejos (si quieres explicar lo que es la separación, adelante), una constante de guitarras, canciones y risas. Si eso no es normalidad, es decir, cantar mientras se hace la comida, se plancha o lava la ropa y reír, entonces me parece que vivimos no solo los del Opus Dei, sino todos, en un mundo muy raro.
(Las numerarias auxiliares y ¿Qué decía el Fundador del OpusDei de las numerarias auxiilares?)

La experiencia anterior no quita que las demás Administraciones que han atendido el centro donde haya vivido sean parecidas, idénticas nunca, pues notas que en cada casa hay un sazón distinto y un salero particular, argumento en favor de la normalidad que pretenden, o quizá esto sea lo raro.

A lo largo de tres decenas de años en la Obra he visto gente del OpusDei que ha sido intervenida quirúrgicamente de amígdalas, meniscos, estómago, nariz, en fin. Me parece que para hacer esto se necesitan dos personas, al menos de carne y hueso: el paciente y el cirujano. En algunos casos he pasado la noche en el hospital atendiendo al operado, con sus dolores, vómitos y falta de apetito, al principio. Si esto no es normalidad, me parece que todos vivimos en Marte y espero que no lo declaren falto de méritos para ser planeta, entraría yo en profunda depresión: a la normalidad personal, le quitas el status quo de planeta a tu habitat, ya se armó la de san Quintín.

Más de tres décadas en la Obra me permiten decir: hay gente que cuando Mocdades era Mocedades, les gustaba al grado que casi llegábamos a escuchar el disco de acetato por el otro lado de tanto ponerse. Otros, en cambio, en aquellos años éramos más proclives a Cat Stevens, otros a Jetro Tull (quizá esté mal escrito, perdón) y otros a Pink Floyd y todos, nada más poner canciones del terruño era cantarlas a una voz,
si nos gusta la música, entonces somos bien raros.

En cuanto al trillado tema de la mortificación, me gustaría preguntar a la aldea global que no le gusta el tema, ¿qué hacen los que madrugan para ir al gimnasio y estar en forma? En cristiano se llama mortificación, en humano, disciplina, la mortificación es grata a Dios, la disciplina también si se hace por amor a Él, entonces pasa a ser mortificación, así que dónde está lo raro?????

Por último, en estas décadas, puedo decir que hay quien muere por una cerveza, mientras que el de junto, muere por un chocolate y el de enfrente muere por una copa de tinto y el de atrás a lo mejor el pescado a la plancha lo mata, se entenderá que tanto morir en este párrafo es solo lenguaje simbólico, no vayan a pensar que nos matamos por estas nimiedades. Si esto es de anormales, me parece que soy de lo más anormal y si así es, ¿sabes? soy feliz de ser lo más anormal: me gusta el vino tinto, un buen corte de res, la tarta Sager las sinfonías de Brahams y la música de The Coors y no se diga la música de mi tierra.

Sigo con atención los abiertos de tenis, en particular el femenil, porque es muy cerrada la competencia, en hombres Federer salvo Francia, se lo lleva todo y no me parece tan interesante, pero ¿qué tal el duelo Alonso-Schumi en Fórmula 1?, leo libros de actualidad y me gusta el cine, en hombres hoy no encuentro mejores actores que Morgan Freeman y Anthony Hopkins y en mujeres Winonna Rider y desde luego y con mucho, Emma Thompson, pero en dirección, nadie como José Luis Garci y su trilogía, Canción de Cuna, La Herida Luminosa y El Abuelo. Si con todo esto soy anormal, ya quedamos, soy feliz de vivir en la anormalidad, pero ¿qué es normalidad entonces?

Saludos,

Tomás

Gracias por tu testimonio.

Antonio.

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