Normas de piedad

Normas de piedad Opus DeiEl motivo que hizo que parte de mi tiempo lo dedicara a esto de internet fue el descubrimiento de una web en la que se hablaba del Opus Dei. Durante unos días me dediqué a leer casi todos sus artículos. En ellos se contaban, se cuentan, situaciones muy diversas, experiencias que no dejan indiferente al que las lee. A mí me provocó mirar hacia dentro primero y hacia delante después.

Es cierto que en nuestra vida nos encontramos con personas de todo tipo, que nos caen mejor o peor, que son más o menos simpáticas, más o menos amables… No hace falta que pertenezcan a una institución de la Iglesia para ponerla una etiqueta por el comportamiento de sus individuos. Lo mismo que pensamos de los demás, pueden hacerlo de nosotros. Y no nos damos cuenta.

Hoy me gustaría hablar de las normas de piedad. Algunos podrán considerarlas como prácticas obligatorias para que, al llegar la noche en la hora del examen, uno pueda quedarse “tranquilo” de haber “cumplido” con su piedad.

Si una cosa he descubierto en este último tiempo, hace casi 18 años que no soy de la Obra, es que esas normas de piedad no suponen para mi un cumplir con nadie, ni con el sacerdote con el que me confieso, ni con el amigo que tengo y al que le cuento mis cosas, porque quiero, ni tan siquiera con mi conciencia.

Para mí, esas prácticas de piedad suponen, cada una de ellas, un encuentro personal e íntimo con el Señor. Se que le viene muy bien a mi alma y se que sin rezar la estaría “matando” de hambre. Por eso al llegar por la noche y hacer ese pequeño examen de conciencia, lo que miro no es si las hice, sino qué cariño y atención puse en ellas. Si no las hice, saber buscar objetivamente el por qué de esa omisión. Para ello acudo a mi ángel de la guarda para que me ayude a ser sincero conmigo mismo. Sin duda, no todos los días son iguales, pero se que el día siguiente supondrá un nuevo reto y dependerá de mi, una vez más.

Una de las excusas que hay para ir dejándolas aparcadas es la falta de tiempo. He dicho excusa, sí. También es verdad que alguna jornada se pueda torcer todo y de al traste con nuestra agenda tan organizada. Pero tenemos la suerte que, y más si estamos en gracia de Dios, la oración la podemos hacer en cualquier lugar, que nada nos impide llevar un libro –los hay de bolsillo- y poder leerlo en el autobús, en el metro o ¿tan siquiera diez minutos en cualquier sitio? La experiencia me dice que quien quiere puede, me lo he demostrado a mi mismo en otras actividades de mi vida, en otros momentos de la misma, muy distintos a los que vivo actualmente.
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