Los amigos

Los amigos Opus Dei

Una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida es la de no entrenar, me repito. Posiblemente por desorden, convertí esta afición en algo malo para mi vida social. No soy amigo de las medias tintas y cuando me implico en algo me esfuerzo para que lo sea plenamente. Cuando aparecí en Tres Cantos con el equipo, éramos un club modesto, muy normal en la categoría. Con el ascenso a la segunda categoría a nivel nacional, llamada División de Plata, crecimos considerablemente, gracias al esfuerzo y al tiempo de unos pocos, y en la actualidad somos uno de los clubes con prestigio en la Liga Nacional.
En este deporte, como en cualquier otro supongo, cuando se comienzan a manejar presupuestos importantes, el valor de la amistad queda al margen. Existe mucho "trepa" y virtudes como la honestidad, lealtad, sinceridad, trabajo … desaparecen. Hubo un tiempo en el que creí que tenía muchos amigos en el fútbol sala, pero el tiempo ha demostrado, una vez más, que el título de amigo hay que ganárselo bien ganado. En los momentos difíciles sé con quién puedo contar y doy gracias a Dios por haber conocido a personas como José Luis, Zamo, Angelito (no soy yo mismo), Diego, Julio, Luis, Toto, David, Paco, Manolo, Álvaro y muy poquitos más. Se que con estos puedo contar, ¡seguro!.

Ahora viene la segunda parte. Ellos han experimentado en mí un cambio, dicen algunos que me ven más tranquilo. Me doy cuenta de que en justicia debo darles a conocer todo lo que de bueno conozco y procuro, anticipándolo -como me enseñaron- con oración y con mi ejemplo, ir mostrándoselo. Rezar por ellos para que se pongan a huevo, es una forma de decir, lo del ejemplo, para que les entre por los ojos que vale la pena lo que les propongo.

Cuando noto que me cuesta hablar de Dios, me viene a la cabeza ¿en qué estoy pensando, dónde tengo puestas mis ilusiones, qué hago? Cuando de verdad queremos al Señor, el hablar de Él se nos debería hacer natural, el apostolado "sale" solo: Practica una caridad alegre, dulce y recia, humana y sobrenatural; caridad afectuosa, que sepa acoger a todos con una sincera sonrisa habitual; que sepa comprender las ideas y los sentimientos de los demás. —Así, suavemente y fuertemente, sin ceder en la conducta personal ni en la doctrina, la caridad de Cristo —bien vivida— te dará el espíritu de conquista: tendrás cada día más hambre de trabajo por las almas. (Forja, punto 282). Saber sonreir y saber escuchar, la gente necesita esto de nosotros.

Propósito firme: basta ya de poner peros para que mis amigos conozcan a Cristo. Una de las mejores formas de reparar es acercando almas a Dios.
Vota esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *