Lo pequeño importa mucho

"¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. —Enamórate, y no "le" dejarás". (Camino, 999).

Cada día más nos encontramos con que la tendencia humana se inclina en buscar la felicidad en los detalles materiales. Eso está bien, pero un poco corto de miras, en mi opinión. Las puertas de la felicidad se abren más cuanto más nos damos a Dios y a los demás por Dios.
En unos momentos en los que se utilizan los medios de comunicación, series de televisión -incluidos dibujos animados-, para ironizar sobre la fe, sobre la Iglesia y sobre todo lo que supone los valores tradicionales cristianos, no podemos quedarnos indiferentes. Son unos momentos en los que hay que ser valientes y ante todo coherentes. No debemos convertirnos en cristianos de iglesias, tenemos que dar la cara en la calle, en nuestro ambiente, incluso en los que manejamos estos blogs, como el caso de Altea -y de tantos otros- hablando de ciertos comportamientos en el vestir, por ejemplo. Tenemos un medio estupendo en esta herramienta.

Poco tiene que ver, hasta ahora, lo que vengo diciendo con el inicio del punto de Camino de San Josemaría Escrivá. El inicio de un descamino, de una "traición", no se consuma de un día para otro. Todo tiene una primera vez, ¡si por una vez … no pasa nada! esta es la primera excusa que comenzamos a utilizar, luego viene la segunda, la tercera y quien sabe cuántas. Dejamos de ir dando importancia al vivir ciertos aspectos de algunas virtudes, pequeños al principio pero que progresivamente se hacen más grandes y luego nos cuesta mucho más retomar los buenos hábitos. También sufren dejación nuestras prácticas de piedad, por ejemplo en el horario previsto, sin ser plenamente conscientes de que a quien estamos dando plantón es a Dios y dejando nuestra alma aparcada; luego no rezamos algunas de estas normas, ¡si por una vez!, y el olvido o el descuido se van convirtiendo en habituales o en para nunca.

Sin darnos cuenta, pasado algún tiempo, tenemos el alma y el corazón abandonados, poniendo a éste en auténticos lodazales, nuestro corazón está hecho para amar y sino busca consuelos. Justificamos o compensamos nuestra falta de piedad, ¡trato íntimo con Dios!, con el dedicarnos a los demás y nos olvidamos que nadie da lo que no tiene. Pensamos, que Dios estará más contento con nosotros si nuestro tiempo lo empleamos a los más necesitados, y es verdad pero el Señor también quiere que le queramos a Él y el cariño se hace con el roce. Criticamos todo (no me entienden, no me quieren …), la culpa es de los otros. Escuchamos más a aquellos que no están con Dios porque dicen a nuestros oídos lo que queremos escuchar y esto, claro, nos justifica dejando en nosotros la sensación de que estamos haciendo bien las cosas. Buscamos el consuelo en fuentes que no conviene beber a nuestra alma. Nos falta valentía para decir a Jesús mirando fijamente al sagrario donde está realmente: no quiero luchar, no me da la gana. Y dejémonos de excusas, la experiencia me lo dice.

Decía San Agustín: "La mala vida lleva siempre consigo cierta oscuridad del entendimiento y cierta torpeza de la voluntad" y "deseaba y ansiaba liberación, sin embargo, seguía atado al suelo, no por cadenas exteriores, sino por los hierros de mi propia voluntad". La humildad es una virtud y por lo tanto cuesta, dicen que la soberbia abandona el cuerpo 24 horas después de muerto, así que no hay que extrañarse. Humildad para reconocer los errores personales y acudir a la confesión: ¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona. ¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia! (Camino, punto 309). Como comenté en la presentación de este blog, no cometamos la inmadurez de echar las culpas a los demás de nuestras debilidades y nuestro acomodamiento.

¡Vaya post que termino de colocar! ¿a qué viene? a que espero que un buen amigo lo lea, sabe quién es. Mi alma es mía y es obligación exclusivamente mía la de rendir los talentos que Dios me ha dado.

Hablemos a la gente de Dios, de virtudes pero que sobre todo vean nuestro ejemplo. Estoy haciendo la lectura espiritual con el tomo III de Andrés Vázquez de Prada "Los caminos divinos de la tierra", en él ya he leído en varias ocasiones mencionar al Fundador del Opus Dei el secreto de la Obra: la oración. Si en las relaciones humanas para querer a alguien hay que tratarle, no iba a ser menos también en las divinas. Dios prefiere el reconocimiento de nuestra debilidad que la vanidad de nuestra perfección.

Para ir finalizando, dos propósitos:

– El primero, el cuidado de las cosas pequeñas. Mañana jugamos el primer partido de los play off de ascenso a división de honor, en este tipo de competición los entrenadores damos más importancia todavía a los pequeños detalles, un descuido o una falta de concentración puede suponer un gol en contra. Trasmitimos a los jugadores que hay que reducir el número de errores para conseguir un buen resultado, el que me menos se equivoque ¡gana!. Si no ganamos mañana, pues no pasa nada, como tenemos el factor cancha a favor disponemos de dos partidos el siguiente fin de semana para superar a nuestro rival. ¡Siempre hay una salida!.

– El segundo, ha pasado un tercio del mes de mayo, mes de María, propongámonos detalles concretos además de hacer más de una romería con amigos nuestros.

No nos olvidemos de rezar por el Papa y por los frutos de su viaje apostólico en Brasil.
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