La verdadera batalla

La verdadera batalla Opus Dei

Vivimos muy deprisa, cada vez más rápido. Sin darnos cuenta se escapan los minutos, las horas, los días. Dentro de esta rapidez, suceden cosas: nos dicen, decimos, hacemos … Somos como una esponja, no percibiendo plenamente las cosas que ocurren en nuestro entorno y, en otras tantas ocasiones, la jerarquía que damos a los temas puede no ser la adecuada.
Damos al estómago o al corazón la "responsabilidad" de lo que hacemos o haremos, en lugar de poner nuestra voluntad y la cabeza en nuestras tareas. San Josemaría dice en Camino: Acto de identificación con la Voluntad de Dios: ¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!. Sería una lástima que funcionáramos por el me apetece o me gusta o no.

Los cristianos estamos contra corriente, pero tenemos que estar seguros ya que poseemos la verdad, la auténtica Verdad. Otro punto de Camino: "Y ¿en un ambiente paganizado o pagano, al chocar este ambiente con mi vida, no parecerá postiza mi naturalidad?", me preguntas. —Y te contesto: Chocará sin duda, la vida tuya con la de ellos; y ese contraste, por confirmar con tus obras tu fe, es precisamente la naturalidad que yo te pido.

En mi deporte, como entrenador, a la hora de jugar contra un equipo teóricamente inferior, solemos decir que nuestro peor rival somos nosotros mismos. Cuando el partido es contra un equipo parejo al nuestro, o incluso algo superior, lo que decimos es que ganará el que reduzca el número de errores. Damos especial importancia a la toma de decisiones del jugador, pedimos que sea rápida y ya si encima es acertada, le damos abrazos y todo. Podemos perder contra los últimos y también ser capaces de ganar a los primeros. Si se da lo primero lo que más deseamos es que llegue el próximo partido, la terapia es entrenar mucho más fuerte, más serio, más concentrado y demostrar el siguiente sábado que ha sido un tropezón. Si se pierde contra el líder, el pensamiento puede ser que entraba dentro de lo previsto. A mí esto último nunca me ha gustado.

Cuando dirigía un equipo juvenil, nuestro primer equipo jugaba (sigue jugando) en división de honor. En ocasiones jugábamos partidos de entrenamiento, antes les daba la charla técnica a los jugadores, aguantábamos diez minutos, a veces tan solo uno, porque luego nos metían goles por todos los lados. Casi siempre lo mismo, los jugadores me decían después, entre alguna risa, que yo quería ganarles, mi respuesta era que si iba a perder me quedaba en mi casa. Escuché una vez que la edad es un número, eso les decía a ellos, poniéndoles el ejemplo de que jugábamos 5 x 5, cinco hombres contra cinco hombres.

La verdadera batalla la damos en nuestro interior. En nuestros afectos, sentimientos, orgullo, amor propio, gestos, palabras, miradas … Camino, desde que lo descubrí, siempre me ha fascinado y calado, sus puntos parecen que nos lo susurran al oído sólo para nosotros: Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo.

Llega el fin de semana y la Semana Santa. Vamos haciendo planes, no dejemos de lado a Dios y a los demás. Por supuesto que nuestro primer prójimo somos nosotros mismos, pero seguro que podemos compartir nuestro descanso y nuestro tiempo. Que durante el tiempo que estemos con nuestra familia, nuestros amigos y con Dios, no estemos pendientes del reloj. Vivamos como si ese instante fuera único y el último. Disfrutaremos mejor y los demás también.
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