La sonrisa de David

El pasado 19 de abril, a punto de cumplir 14 años, David nos dejó, víctima de un trágico accidente doméstico.

Nació en una familia numerosa, en la que gracias al amor y ejemplo de sus padres (y también de sus hermanos), descubrió el valor de la familia, de la amistad y de otras muchas cosas más.
Los que hemos tenido la suerte de compartir el trato de David (en mi caso, como profesor y amigo de la familia), estamos muy agradecidos por semejante privilegio.

Su franca sonrisa, con la que nos obsequiaba a todos, nos sirve como acicate para afrontar el futuro, al tiempo de apoyarnos en su firme fe, sabedores que la Virgen, como Madre Nuestra que es, lo ha tomado de la mano de su madre, para llevarle al mejor de los lugares, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman”.

Hasta siempre David, y acuérdate de nosotros.

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