La situación de un equipo.

La situación de un equipo. Opus Dei

Tenemos un equipo filial que compite en Nacional A, viene a ser la tercera categoría a nivel nacional. El equipo es muy joven y en momentos decisivos de cada encuentro le falta la experiencia necesaria para saber jugar esos minutos tan díficiles, con tranquilidad y sabiendo manejar lo que los técnicos llaman el "tiempo de partido".
En la actualidad ocupamos puestos de descenso y en los dos siguientes encuentros jugaremos contra rivales directos para esas plazas. El jueves pasado me acerqué al entrenamiento, es una de mis responsabilidades en el Club, y estuve hablando con cada persona que integra la plantilla: cuerpo técnico y jugadores. Con motivo del blog que tenemos, hice una foto a cada uno y les pedía que me dieran un titular para añadirlo después.

Algunos me preguntaban que qué decían, la mayoría. Les comentaba que se olvidaran de lo hecho y pasado hasta ahora y que pensaran en lo que tenía que ocurrir desde ese momento. Conseguimos aportar un punto optimista al asunto y al que más había que animar en su trabajo era al entrenador. Entrenador = de los oficios más solitarios del mundo, tiene que animar y motivar a sus jugadores y ¿quién le anima a él? He vivido ese tipo de situaciones y francamente se pasa muy mal. Dando vueltas a posibles soluciones, en cada jugador, en cada situación.

Desesperanza. Algunos tenían esa palabra metida en su cabeza y dentro de sus sentimientos para afrontar el tramo final de la competición. Desesperanza, así nos podemos sentir nosotros cuando vemos, oimos o leemos ciertos tipos de noticias. Lo más triste es que con "ciertas" noticias podemos habernos acostumbrado o, no se qué es peor, damos por perdida la batalla.

El sábado pasado, hablando con un amigo, me comentaba que si los hombres nos quisiéramos de verdad, mirad como se quieren, las cosas tenderían a cambiar. Más díficiles tuvieron las cosas los primeros cristianos: persecución, martirio, circo … y no se escondían: vivían su fe con integridad y se querían. Eran valientes, su fe y su amor a Cristo no les permitía pactar.

Todos los días recibo un mail de la Oficina de Información del Opus Dei, hoy he recibido el siguiente que transcribo literalmente:

¡Todos somos hermanos!.

"Escribió también el Apóstol que "no hay distinción de gentil y judío, de circunciso y no circunciso, de bárbaro y escita, de esclavo y libre, sino que Cristo es todo y está en todos".

Estas palabras valen hoy como ayer: ante el Señor, no existen diferencias de nación, de raza, de clase, de estado… Cada uno de nosotros ha renacido en Cristo, para ser una nueva criatura, un hijo de Dios: ¡todos somos hermanos, y fraternalmente hemos de conducirnos!" (Surco, 317).

"Ante el hambre de paz, hemos de repetir con San Pablo: Cristo es nuestra paz, pax nostra. Los deseos de verdad deben recordarnos que Jesús es el camino, la verdad y la vida. A quienes aspiran a la unidad, hemos de colocarles frente a Cristo que ruega para que estemos consummati in unum, consumados en la unidad. El hambre de justicia debe conducirnos a la fuente originaria de la concordia entre los hombres: el ser y saberse hijos del Padre, hermanos.Paz, verdad, unidad, justicia. ¡Qué difícil parece a veces la tarea de superar las barreras, que impiden la convivencia humana! Y, sin embargo, los cristianos estamos llamados a realizar ese gran milagro de la fraternidad: conseguir, con la gracia de Dios, que los hombres se traten cristianamente, llevando los unos las cargas de los otros, viviendo el mandamiento del Amor, que es vínculo de la perfección y resumen de la ley." (Es Cristo que pasa, 157).
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