La mortificación recomendada en textos de la Iglesia desde hace siglos

CONSIDERO QUE LASTIMAR EL PROPIO CUERPO PARA PARECERSE A CRISTO NO TIENE CAVIDA EN LA MENTE DE UN CRISTIANO, EL ESPIRITU SANTO ES SOBERANO PARA HACER QUE COMPRENDAMOS LA FIGURA DE JECUCRISTO Y PONGA EN NOSOTROS EL QUERER Y EL HACER LA VOLUNTAD DE DIOS, AL REALIZAR SU VOLUNTAD ME PAREZCO A CRISTO,Y SU RESURRECCION TIENE SENTIDO, CUIDENSE DE LA MENTIRA PORQUE NI AUNQUE DESCIENDA UN ANGEL DEL CIELO A CONTAR UN EVANGELIO EXTRAÑO DEBEMOS CDREERLO.JESUCRISTO YA PAGO CON DOLOR POR NOSOTROS Y NO NECESITA QUE NADIE SE LO RECUERDE,FUE PAGADO UN ALTO PRECIO POR NUESTRA S VIDAS.EL ES MEDICINA Y REFRIGERIO PARA MI ALMA Y MI CUERPO,POR SU LLAGA FUI SANADA , Y PO R SU MISERICORDIA ADOPTADA SU HIJA SIENDO YO GENTIL…EL ES EL REY NO NOSOTROS

 


Tienes toda la razón en lo que dices. Estoy de acuerdo contigo, salvo que la mortificación es una práctica recomendada en la Iglesia desde los primeros siglos.

 

Te dejo algunas citas que lo prueban, aunque también es verdad que lo normal serán los pequeños sacrificios de la vida diaria:

Necesidad de la mortificación

(La penitencia) purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad (SAN AGUSTÍN, `Sermón 73)

Al ser, pues, nocivo para el cuerpo el demasiado cuidado y un obstáculo para su alma, es una locura manifiesta servirle y mostrarse sumiso con él (SAN BASILIO, Discurso a los jóvenes)

Este gusto por la virtud no se adquiere sino a trueque de una profunda contrición del corazón y una perfecta mortificación de los sentidos (CASIANO, Colaciones, 5)

La pureza del alma está en razón directa de la mortificación del cuerpo. Ambas van a la par. No podemos, pues, gozar de la perpetua castidad si no nos resolvemos a guardar una norma constante en la temperancia (CASIANO, Instituciones, 5)

El resultado de la mortificación debe ser el abandono de las malas acciones y de las voluntades injustas. Y esto no excusa de practicarla a quienes están enfermos, pues en un cuerpo débil puede encontrarse un alma sana (SAN LEÓN, en Catena Aurea, vol. 1, pp. 281 – 282)

¡ Desde el momento en que un cristiano abandona las lágrimas, el dolor de sus pecados y la mortificación, podemos decir que de él ha desaparecido la religión! Para conservar en nosotros la fe, es preciso que estemos siempre ocupados en combatir nuestras inclinaciones y en llorar nuestras miserias (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia)

Al decir porque son pocos los que la encuentran (la senda estrecha), manifiesta la desidia de muchos; y por eso advirtió a los que le escuchaban que no atendiesen al bienestar de muchos, sino a los trabajos de los pocos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, pp. 438 – 439)

El sacrificio del cuerpo y su aflicción es acepto a Dios, si no va separado de la penitencia; ciertamente es un verdadero culto a Dios (CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromata, 5)

La Iglesia exige la mortificación externa corporal para declarar las virtudes de un siervo de Dios (BENEDICTO XIV, cfr. De beatificacione Sanctorum, III)

Quien a Dios busca queriendo continuar con sus gustos, lo busca de noche y, de noche, no lo encontrará (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 3, 3)

Si queremos guardar la más bella de todas las virtudes, que es la castidad, hemos de saber que ella es una rosa que solamente florece entre espinas; y, por consiguiente, sólo la hallaremos, como todas las demás virtudes, en una persona mortificada (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia)

El que no es perfectamente mortificado en sí, pronto es tentado y vencido en cosas bajas y viles (Imitación de Cristo, 1, 6, 1)

La oración acompañada de mortificación

Creer que admite a Su amistad a gente regalada y sin trabajos es disparate (SANTA TERESA, Camino de perfección, 18, 2)

” Mortificaciones pequeñas “. Algunos ejemplos y detalles

Es necesario […] ser muy generosas […] y tener gran valor para despreciar nuestras malas inclinaciones, nuestro mal humor, nuestras rarezas y sensiblerías, mortificando continuamente todo esto en todas las ocasiones (SAN FRANCISCO DE SALES, Plática XIV, Del juicio propio, 1. c.)

En la comida no debes sentir disgusto cuando los alimentos no sean de tu agrado; haz, más bien, como los pobrecitos de Jesucristo, que comen de buen grado lo que les dan, y dan las gracias a la Providencia (J. PECCI – León XIII – Práctica de la humildad, 24)

Difícilmente se refrenarán las pasiones ocultas y más violentas de la carne, si […] se es incapaz de mortificar siquiera un poco las delicias del paladar (CASIANO, Colaciones, 5)

Un buen cristiano no come nunca sin mortificarse en algo (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia)

Debe ponerse en guardia contra estas tres especies de gula mediante una triple observancia. Ante todo, deberá esperar, para comer, la hora fijada; luego, se contentará con una cantidad prudente, no permitiéndose llegar hasta el exceso; por último, comerá de cualesquiera manjares y especialmente de los que puedan obtenerse a un precio módico (CASIANO, Instituciones, 5)

Los cotidianos, aunque ligeros, actos de caridad: el dolor de cabeza o de muelas; las extravagancias del marido o de la mujer; el quebrarse un brazo; aquel desprecio o gesto; el perderse los guantes, la sortija o el pañuelo; aquella tal cual incomodidad de recogerse temprano y madrugar para la oración o para ir a comulgar; aquella vergüenza que causa hacer en público ciertos actos de devoción; en suma, todas estas pequeñas molestias, sufridas y abrazadas con amor, son agradabilísimas a la divina Bondad, que por solo un vaso de agua ha prometido a sus fieles el mar inagotable de una bienaventuranza cumplida. Y como estas ocasiones se encuentran a cada instante, si se aprovechan son excelente medio de atesorar muchas riquezas espirituales (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, III. 35)

También es muy cierto que aquel que ama los placeres, que busca sus comodidades, que huye de las ocasiones de sufrir, que se inquieta, que murmura, que reprende y se impacienta porque la cosa más insignificante no marcha según su voluntad y deseo, el tal, de cristiano sólo tiene el nombre; solamente sirve para deshonrar su religión, pues Jesucristo ha dicho: Aquel que quiera venir en pos de mi, renúnciese a si mismo, lleve su cruz todos los días de su vida, y sígame (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia)

Prepárate […] a sufrir por nuestro Señor muchas y grandes aflicciones, y aun también el martirio; resuélvete a sacrificarle lo que más estimas si quieres recibirle, sea el padre, la madre, el hermano, el marido, la mujer, los hijos, tus mismos ojos y tu propia vida, porque a todo ello ha de estar preparado tu corazón; pero en tanto que la divina Providencia no te envía tan sensibles y grandes aflicciones, en tanto que no exige de ti el sacrificio de tus ojos, sacrifícale a lo menos tus cabellos, quiero decir que sufras con paciencia aquellas ligeras injurias, leves incomodidades y pérdidas de poca consideración que ocurren cada día, pues aprovechando con amor y dilección estas ocasioncillas, conquistarás enteramente su corazón y le harás del todo tuyo (SAN FRANCISCO DESALES, Introd. a la vida devota, 3, 35)

Antonio.

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