¿Se debe corregir a los directores?

Hola, no he podido evitar tomar la invitación a "¿alguna pregunta más?" en lo que respecta a una frase incluida en una pregunta-respuesta de tu página: ¿Qué valor tienen los testimonios críticos que aparecen en Internet contra el Opus Dei? ¿Y los libros "críticos" escritos por ex-miembros?

Has respondido: (…)Se agradecen las sugerencias y las críticas para mejorar las cosas. Cuando los fieles se incorporan (…) SE COMPROMETEN a hacer corrección fraterna a todos, pero ESPECIALMENTE A LOS DIRECTORES. Me ha llamado la atención que los fieles "se comprometan a" "corregir a los directores" y etc…para que así, entre todos, podamos aprender los unos de los otros.

Por favor, es evidente que esta táctica es muy hábil para descubrir en la propia casa al traidor de turno, y luego, hacerle moobing para que se vaya, y encima, que una vez fuera no pueda abrir la boca. No lo disfracéis de aprendizaje…o de Obra!!

Si en vez de comprometernos a corregir a los directores nos comprometiésemos firmemente a callarnos y a tragar con todo… entonces, ¿te parecería mejor?

He hecho muchas correcciones a los directores: a la cara, después de haber rezado por ellos y hablando con claridad y con caridad. Me ha ido muy bien, me lo han agradecido siempre. No me consideran un “bicho” peligroso ni nada por el estilo.

¿Por qué te parece mal que en la Obra se corrija a los directores? ¿Prefieres las organizaciones donde está prohibido llevar la contraria a los jefes? En ese caso, sé libre, respira aire fresco, te invito a descubrir el apasionante mundo de la libertad. Mis principios no están a merced de ningún jefecillo tirano, ni en la Obra ni fuera de ella. A los tiranos, en cualquier organización sensata, procuran echarlos a la calle y se podría decir, con dolor, pero con realismo, que “gracias a Dios, se fueron”, porque, si no quieren rectificar su tiranía, están haciendo daño a la gente.

Dices que “una vez fuera no pueden abrir la boca”: hombre, eso no es serio. Algunos están hablando todo el día, como sabes, pero no admiten que otros opinen distinto. ¿Te suena el caso de Evaristo?

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