¿Quién dijo fácil?

¿Quién dijo fácil? Opus Dei

Con motivo de varias conversaciones que mantuve ayer con amigos, consideraba el recorrido de mi vida. Buscando algún símil, me vino a la cabeza el de una carretera. Sabemos nuestro destino (el cielo) y conocemos los medios (Sacramentos y oración). Me imagina el camino para llegar al final: rectas, curvas, puertos, bajadas, autopistas, comarcales, caminos de tierra …
En las rectas, parece que vemos nítido el objetivo de nuestro viaje. Nos hace pensar ¡qué poco queda y qué bien vamos de tiempo!. Pero no vemos que la carretera da un giro y nos sorprende un puerto, al coche le cuesta tirar. Después se acentúa el imprevisto con unas curvas y encima se pone a llover. Se nos hace interminable esa parte. Nos entran dudas, "si lo llego a saber, no vengo". En ese momento perdemos de vista el final y que todo acabará cuando lleguemos.

Durante el trayecto podemos imaginarnos cualquier tipo de situación que acreciente la dificultad del viaje: nieve, granizo, sol estupendo, momentos que nos entra sueño … No se, cualquier experiencia que hayamos tenido en alguno que tuvimos.

Vivir es encontrarse con dificultades. Unas veces las buscamos nosotros, son esas en las que solemos perder la presencia de Dios, nos falta rectitud de intención en el obrar, o simplemente nos vienen dadas. Las consideramos cruces, en ocasiones grandes cruces que no nos merecemos. Comparamos, sin darnos realmente cuenta, la Cruz de Jesús con nuestras pequeñeces. Hay que ser valientes y afrontar los hechos. Oí decir alguna vez que hemos venido al Gólgota y no al Tabor, aunque durante nuestra vida obviamente tendremos momentos de Tabor. Los hubo, los hay y los habrá.

En ocasiones las pegas nos las pondrán nuestros amigos, nuestra familia, nuestros compañeros. Nos dirán, incluso se mofarán, que no se lleva el rezar, el preocuparse por demás, que hay que disfrutar de la vida (¡son cuatro días!). En esas ocasiones tenemos la oportunidad de no avergonzarnos de ser discípulos de Cristo, hijos de la Iglesia. No actuemos como hizo San Pedro, negando al Señor. No nos dejemos arrastrar por los motivos humanos.

Si fuere así, si nos arrastra la corriente, tenemos los medios para "reparar" el vehículo: los Sacramentos. Acudir a la confesión y después a la Eucaristía. Cristo presente, nos da el perdón y se nos da Él mismo. En asuntos del alma hay que ser plenamente sinceros, por nuestro bien. Seríamos bastantes torpes si por querer quedar bien mintiéramos sobre nosotros. Por eso para acudir a una confesión bien preparada nos ayudará a realizar todos los días un pequeño examen de conciencia, donde veremos las cosas que me han apartado de Dios, las cosas que hice bien, en qué virtudes debo y puedo mejorar, cómo evito las ocasiones de pecado, cómo es mi trato con los demás …

No hay que dudar, no hay que volver la vista atrás una vez comenzado el camino. Debemos dejarnos ayudar, siendo dóciles a las insinuaciones que nos pueda hacer el Señor en esos momentos de oración o cuando estamos recogidos haciendo un rato de acción de gracias por haberle recibido en Misa. Considerar que la vocación es un beso de Dios en la frente, una llamada por nuestro mismo nombre a seguirle. El Señor no se dejará ganar en generosidad por nosotros. ¿Qué es duro y difícil? Por supuesto. ¿Qué no me entienden? Aquí, en esos momentos magníficos que tuve como entrenador, en una ocasión me salió un chascarrillo con un jugador (ahora es un gran amigo, va a ser padre) y cuando hablábamos por qué le echaba alguna bronca por cosas que hacía durante el partido me decía "es que no me entiendes". Le contestaba ¿eres incomprendido o incomprensible?, es decir, lo que haces ¿te buscas a ti, te adornas, o buscas el bien del equipo?. Ahí están los resultados: gran amigo y gran jugador.

Que sepamos, que sepa, apartar lo que sobre de mi vida, que no me cree necesidades ni caprichos. Que no tenga miedo al sacrificio. Que me abandone más en Dios, ayudado por una dirección espiritual sincera, yendo a las causas y la raíz de mis conflictos, que mentir en esto es tirar piedras a mi tejado.

Hablo de vocación cuando yo dejé la mía. Es muy importante que establezcamos una jerarquía en nuestro corazón, que aprendí en la Obra: Dios, los demás y en tercer lugar … yo, muy en tercer lugar. Buena medida a la hora de hacer examen por la noche será en qué lugar ha estados ese yo durante el día. Esto me faltó, es uno de los motivos … que ya hablaré.
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