¿Por qué tenemos una convivencia tan puñetera?

Al margen de que la beatificación sea justa o injusta, lógica o disparatada, ¿no encuentra una actitud atávica en el español de echar por tierra todo lo suyo? ¿Por qué tenemos una convivencia tan puñetera? Me viene a la memoria una anécdota del fundador que ilustra un poco lo que me dice. (…) Un día, vestido de sotana, cogió un taxi y comenzó a charlar con el taxista de lo que había ocurrido en España, de la inutilidad de la lucha y del desastre que había ocasionado a tantas familias. Josemaría postulaba el diálogo, el enfrentamiento verbal ante las distintas posturas ideológicas, pero que éstas nunca explotaran en un río de sangre.

El taxista permaneció callado ante los comentarios de Josemaría. Al final del trayecto, le preguntó el taxista: ¿Estuvo usted en Madrid durante la guerra? "Sí", le contestó Escrivá. "Lástima que no le hubieran descerrajado cuatro tiros".

Escrivá le pagó la tarifa y al salir le entregó un billete de cinco duros. "¿Tiene usted hijos? ¿Sí? ¿Cuántos? ¿Tres? Bueno, pues ese dinero para que se compren unas chucherías." Esa reacción, me parece, es muy significativa del talante que tenía hacía la vida.

Alvaro del Portillo, Suplemento Semanal (Madrid), 10.5.92 (entrevista de Tomás García Yebra)

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