¿De qué hablo hoy?

(Nuestros jugadores celebrando un gol el año pasado, cuando era el entrenador. Imagen de alegría).

Muchas de las veces que me aproximo al teclado para escribir algo tan solo llevo una idea, en ocasiones una idea bastante vaga. Me animo según voy escribiendo, las palabras me vienen y las voy poniendo, a veces muy rápido. Se apelotonan y tengo que revisar las meteduras de pata que quedan en la pantalla. Admiro a aquellos que poseen una gran facilidad para transmitir lo que quieren en un escrito, a mi manera también intento hacerlo, pero me queda la sensación de que me faltan/sobran comas, puntos y comas, puntos, frases no construidas correctamente. Es lo que hay.

Vivimos en el mejor momento de la historia y, cada uno de nosotros, en el mejor lugar del mundo. Tenemos la obligación de trabajar, como dice el general Máximo en la película Gladiator, para que lo que hagamos tenga un eco en la eternidad, aunque él se refiriera a la batalla que iba a comenzar. Más o menos lo mismo que ahora.

De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes. (Camino, punto 755).

Hace muchos años, no pondré más vocales de las necesarias para decir que son muuuuuchos años, escuché que nos podríamos preguntar, al hacer el examen de conciencia por la noche, ¿a quién he acercado hoy a Dios?. No seamos perezosos, cómodos o cobardes, y no dejemos escapar la oportunidad de hablar a los demás de lo mejor que podemos darles: cómo ser felices de verdad. Tampoco dejemos ni un solo día de rezar por todos aquellos que nos importan. Mejor dicho, recemos por todos, próximos o no. Ayer me comentaba un buen amigo (hay que rezar por él por un tema muy concreto), de lo que decía el Prelado del Opus Dei a uno que tenía una tienda, en una tertulia en Bélgica: la tienda la tienes para todos. No es literal lo que pongo y espero que quede clara la idea.

Llega el fin de semana. Momento de descanso y dedicarlo a otras actividades que durante la semana las dejamos apartadas por falta de tiempo. El tiempo es un tesoro que no es nuestro.
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