Historias de un viaje

Historias de un viaje Opus DeiMonasterio de Carracedo

Este fin de semana estuve en Lugo. Se celebraba la Copa de España de fútbol sala y el viernes, después de trabajar, tomamos la carretera y salimos hacia tierras gallegas. Contaré tres detalles del viaje.

El primero.

Antes de un viaje de estos, suelo visitar una página en internet para conocer los horarios de Misas del lugar. Tuve la suerte de que al lado del hotel donde nos alojábamos estaba la Catedral. Fui tanto el sábado como el domingo a Misa de 9 de la mañana. Me alegré de ver expuesto el Santísimo siempre, hacer la oración de este modo es mejor, estar más cerca del cielo, por decirlo de algún modo. Por otro lado, me hizo pensar la poca gente que asistió a la Santa Misa, no tanto el sábado, pero sí el domingo. Más llamativo se me hacía que la gente, al finalizar, salía antes incluso que el sacerdote. Doy gracias a Dios porque hayan metido en mí la costumbre de quedarme a dar gracias al Señor por haberle podido recibir en la Comunión. Procuro que sean diez minutos y me tengo que decir muchas veces, que "pierdo" más tiempo en otras cosas mucho menos importantes y que en esos momentos tengo a todo un Dios dentro de mí. Cuidar y esmerarse en las acciones de gracias.

El segundo.

Nos facilitaron para ver los partidos en el Pabellón unas entradas VIP. Este tipo de entradas tienen la ventaja de que todo lo que tomas es gratis: bebidas, comidas, café, etc. Algunos actuaban como si fuera a llegar una temporada de hambre en el mundo, les entraban las cosas más por los ojos que por lo que realmente les hacía falta para llenar sus estómagos. Consideraba en lo egoístas y consumistas que somos, como no nos cuesta económicamente pensamos que la virtudes de la sobriedad, de la templanza o de la misma pobreza, se pueden no vivir. Doy gracias a Dios, que me haya encontrado con personas que me enseñaran a vivir las virtudes cristianas. Cuesta el vivirlas y cada minuto de nuestra existencia es un buen momento para pelear, importa el presente, del pasado aprendamos de los errores para mejorar. Del presente vivamos cada instante poniendo todo nuestro afán.

El tercero.

Camino de Lugo, creo recordar que era en León pero no sé el lugar, pasamos por el Monasterio de Carracedo. Se veía desde la carretera y era impresionante. El que conducía comentó: que pena los frailes, se quedan sin vocaciones. Pensaba en la vocación y en que el Señor no ha dejado de llamar nunca. Somos nosotros los que nos hacemos los sordos. La vocación es un bien precioso, una llamada personal de Dios por nuestro nombre, un beso en la frente. ¡Una maravilla! y Dios no se deja ganar en generosidad. Posiblemente no sea el más adecuado para hablar del asunto, pero vivo el momento actual y se que para "forzar" la voluntad de Dios tengo que ser fiel y estar más cerca de Él.
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