Gente corriente, a pie de pista

Gente corriente, a pie de pista Opus Dei

Hoy hace un mes que no actualizado este blog, ¡ya me vale!. Algunos me habéis escrito para preguntarme si me pasaba algo, nada, sólo que no me organizo suficientemente bien y que el dejar las cosas para mañana suele acabar en para nunca o casi nunca. Así que… toca ladrillo.

En este tiempo han ocurrido bastantes cosas, buenas y menos buenas, nada que no pueda tener solución. Hasta unas palabras del Prelado del Opus Dei para mi durante estas Navidades, después que yo le escribiera transcurrido un tiempo de las Jornadas Marianas de la Familia en Torreciudad. Con agradecimiento y alegría las recibí, pues ni me lo esperaba, para que digan luego algunos amigos que la Obra no es una familia, hasta para los cooperadores -mi caso- saca tiempo el Padre.

Con el equipo, progresamos adecuadamente. Eso de entrenar a un grupo de mujeres supone un reto interesante y lleno de gratas sorpresas. Este sábado jugamos en Logroño, donde esperamos sacar algo positivo. El día 1 de febrero jugamos lo que sería la Copa de la Reina pero que se llama Copa de España, por esas historias burocráticas o no se qué.

Según iba conociendo a cada jugadora y viéndolas entrenar, observando su calidad, su carácter, lo primero que no lograba comprender era cómo, con la técnica que tienen, podían estar en esa situación en la clasificación. Cuando un equipo entra en la dinámica de perder el peligro es el acostumbrarse a ello. Consideraba también cómo era posible haber llegado a ciertos hábitos de juego, para nada positivos, y que la actitud ante el error (pérdidas de balón) sea el bajar los brazos y no pelear la recuperación de la pelota.

Pues bien, todo eso lo trasladaba a mi vida y el cómo de un día para otro uno no deja de hacer las cosas por que sí, que de un día para otro a uno no le entra una crisis. Todo tiene una raíz y lo que tengo que hacer, siempre tendré que hacerlo, es saber encontrar el origen de algunos comportamientos: comodidad, pereza, para mañana, desde mañana, eso no tiene tanta importancia, por un día no pasa nada, no me entienden, no me quieren (¿entiendo y quiero yo como querría que lo hicieran conmigo?)… Llegaba a la conclusión -¡vaya lumbreras que soy, verdad!- de la importancia del examen de conciencia, cada noche, con humildad y sinceridad, es un encuentro en el que estamos Dios, mi Ángel Custodio y el que suscribe ¿a quién quiero engañar? Sería del género tonto. Después de cada sesión de entrenamiento, después de cada partido, considero –lo intento por lo menos- todos los detalles, porque el éxito en la competición está en esos pequeños detalles, o que nos cuesta un gol o que metamos un gol.

Otra cosa, que no se me pase. El verano pasado me leí el Compendio del Catecismo, me llevé la agradable sorpresa de encontrar en ese documento que mi vida de piedad, la que aprendí a vivir en el Opus Dei, está ahí reflejada. Que aspectos como la oración, la Misa, los Sacramentos, el apostolado, la santidad y tantos otros, es obligación de todo hijo de la Iglesia. A esos que se molestan porque haya personas, hombres y mujeres que se esfuerzan por amar a Dios, que quieran que cada vez sean más los que traten al Señor, le conozcan y vivan en gracia, pues no se qué decirles, que consideren sobre si mismos primero y luego que seguiré rezando por ellos para que se acerquen más a Dios. Porque una persona que está cerca de Dios, no la veo capaz de faltar a la verdad, a la caridad y a la justicia.

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