Entrevista a una de las primeras supernumerarias de Argentina

Hace cuarenta años me tiré a la pileta de natación sin saber si había agua 

Me reuní con Marita, un día que llovía tremendamente en Buenos Aires. Hace mucho tiempo que habíamos hablado de poner por escrito como fueron las vocaciones de muchas al Opus Dei. Cuando le comenté de mi blog en opusdeialdia.es, y de mis ganas de contar su historia… se entusiasmó mucho. Llegamos nadando, más que caminando, a una confitería, y el frío que yo sentía-por estar empapada- se transformó en calor al escuchar sus respuestas.

Bea Hellers

                               

-¿Cómo era todo hace cuarenta años en Argentina? ¿Qué se conocía del Padre y de la Obra?
– No se conocía mucho, una iba por confianza a la persona que te llevaba a los medios de formación que brindaba la Obra. Si no tenías confianza, no ibas. A mí, me invitaron por primera vez a un Retiro mensual en el antiguo centro de Guido. Lo que se hablaba en la calle era la mitad muy bueno y la otra mitad  -por preconceptos- no tan bueno, porque como dije no se conocía casi nada. El sacerdote que predicaba  era don Emilio Bonell. Él fue el que hizo cabeza en la Región –que abarcaba Uruguay, Bolivia, Paraguay y Argentina-  como Consiliario durante tantos años, que superó el record de cualquiera en el mundo. No recuerdo exactamente el tema del cual habló, pero yo me encontraba en una posición permeable porque había cursado mis estudios en el colegio de monjas españolas “Las Esclavas”, que me dieron una formación excelente y muy parecida a lo que se decía en la Obra. Seguí asistiendo a esos retiros mensuales, sin plantearme nada más.
-Con respecto al “espíritu laical”, yo me acuerdo de los cuentos de la primer numeraria argentina Kitty Capón -ahora está en el Cielo- que decía que costó mucho. Incluso cuando llegó la primer numeraria española, los parientes de Kitty pensaban encontrar a una monjita. ¿Cómo entendiste ese “ser laicos en medio del mundo”?
– Muy naturalmente. No me llamó la atención. No me lo planteé  ni lo pensé,  me pareció que así tenía que ser.
– ¿Dónde se hacían los retiros cerrados de dos días y medio?
– En “La Chacra” en  Bella Vista. En una casa-quinta comprada a una familia, concretamente en lo que ahora se llama “la casa colonial”. Dormíamos de a muchas en esos cuartos inmensos. Lo más anecdótico que recuerdo es que  al llegar la primera vez, nos entregaron una silla. Esa silla la tuve que conservar para cualquier actividad –comedor, Oratorio, charlas de formación en el living-hasta que te ibas. No se contaban con muchos medios económicos.
-¿Cuándo vino san Josemaría-en 1974- a la Argentina ya pertenecías a la Obra?
-Sacá la cuenta, hace cuarenta años que soy supernumeraria… Sí,  ya había visto mi vocación en 1.967. Por lo tanto hacían ya siete años cuando vino el Padre.
-¿Qué te impresionó más de san Josemaría?
– La primera vez que lo vi fue en la Basílica de N. Sra. de Luján,  Patrona de la Argentina. Él irradiaba paz. A pesar de los miles que lo acompañaban… una podía sentir que la paz brotaba de su persona. Me quedó grabado el lugar dónde estuvo arrodillado, y cada vez que voy a Luján paso por allí. Se encontraba acompañado por Don Álvaro y por muchos más. Al Padre actual no lo vi, aunque sé que había venido. También lo acompañaban don Emilio Bonell y don Ignacio Echeverría.
-¿Cuántas supernumerarias eran por la década del 60?
-No sé cuantas pero pocas, porque nos conocíamos todas. No como ahora que somos tantas que ni sabemos los nombres. Hacíamos el retiro y la convivencia anuales de formación juntas, y solo éramos esas.
-¿Qué medios nuevos utilizás en estas familias tan atacadas y convulsionadas?
– Por ejemplo hacer reuniones con nietos mayores de edad, y dejarlos hablar  y hablarles.
Pensá que en la época de los primeros cristianos, el ambiente era mucho peor, y sin embargo salieron adelante y de que forma.

-¿Vos pertenecías al grupo que, cuándo se comenzó a construir La Chacra nueva iban a poner el hombro en lo que hiciera falta?
-Sí. Y festejamos cuando llegaron las primeras bolsas de cemento y delimitaron con rayas donde sería la casa nueva. Después nos explicaron que a san Josemaría le apetecía bendecir y festejar al término de una obra y no al comienzo. Y fijate que en el ritual romano solo existían bendiciones para el comienzo… pero muchos comienzan y pocos terminan, de ahí el interés del Padre por los finales. Pero igual lo que hicimos, se hizo con mucha alegría.
Otra cosa que me acuerdo de las primeras épocas, es el taller de ornamentos. Realizábamos solamente lo que pertenecía al altar hasta el alba, las casullas no.. Y como las de mi edad-76 años- habíamos aprendido a bordar desde chicas, hábito que ahora no se estila, nos sirvió de mucho. Lo hicimos con mucho amor y técnica, y salió muy fácil.

-Me interesa ¿Cómo viviste el tránsito de aquella época, a la erección de la Obra como Prelatura, la beatificación y posterior canonización de san Josemaría, añadiendo todo el material que cualquiera tiene acceso-hoy en día- a través de la WEB? A partir de allí, todo lo que pertenecía a la Obra pasó a ser patrimonio de la Iglesia, del mundo.
-Me dio tranquilidad, porque antes una tenía que dar muchas explicaciones de a dónde y para que iba. Luego de todo lo que nombrás, quedaba todo fácil y accesible. Gracias yo era muy dócil, muy permeable como dije antes, y me dejé llevar porque se me dio la gana.
– ¿Tu marido es de la Obra?
. No, solo va a Misa los sábados, por el precepto. Aunque yo no esté..
-¿Cuántos hijos tenés?
Cinco, ninguno de la Obra. Pero la defienden cuando alguien la ataca, la quieren y me joroban a mí, como es lo habitual en estos casos.
-¿Cómo atraían gente a Dios?
– En esa época muchas personas asistían a Misa diaria. Charlábamos a la salida de la iglesia, nos reuníamos a tomar té en alguna de las casas… Y bueno, era la ocasión de proponerles de que quisieran, aún un poco más al Señor, asistiendo a los retiros, rezando juntas el Rosario y luego realizando romerías a la Virgen, presentándoles a un sacerdote para que tuvieran dirección espiritual
-¿A vos personalmente, qué te atrajo del espíritu del Opus Dei?
-A mí lo que más me preocupaba era mi vida familiar, por ende lo que más me atrajo fue que yo me podía santificar en medio de los pañales, las cacerolas, la educación de mis hijos y el amor a mi marido. El material de mi santificación era mi familia, por lo tanto nunca me pidieron nada reñido con esto.
 -El apostolado de la Obra es de amistad y confidencia, el saber meterse en la piel del otro. ¿De cuántas de aquella época, que acercaste al Opus Dei, seguís siendo amiga?
– De muy pocas  debido a mis diferentes mudanzas. Pero aunque pase mucho tiempo sin vernos, cuando lo hacemos  es como si nunca nos hubiéramos separado.
-¿Qué opinas de los ataques que se le hacen ahora a la Obra? Antes se le hacían con prejuicios, sin conocer, pero ahora –como dijimos- existen muchos medios para conocerla y continúan los ataques.
-Uno de los prejuicios es que el Opus Dei busca a personas de mucho poder adquisitivo. Y no saben que hay escuelas rurales, colegios en barrios marginales, dispensarios, escuelas técnicas … y tantos otros emprendimientos aquí y en otras partes del mundo para gente de pocos recursos. He conocido a obreros que son de la Obra y son grandes santos, más que otros – o no- “de posibles medios económicos mayores”. Y es que la santidad no depende del dinero. Se hacen sin averiguar bien las críticas.
-¿Qué medios de formación imparte la Obra, diferentes a los de hace 40 años?
-Creo que son los mismos, expresados de forma más actualizada como en cualquier familia. Lo que cambió son los modos no la  esencia.
-¿Qué te aportó a tu buena formación familiar y del colegio, el Opus Dei?
-Mucha más firmeza de que lo que hacía estaba bien. Uno siempre, hasta el final, necesita más formación doctrinal y moral, y más piedad. Que te aclaren ciertas cuestiones que el en mundo actual van surgiendo.
-¿Cómo ves el cariño en la Obra, propio de una familia? ¿Cómo algo abstracto o tangible?
-En un momento muy difícil para nuestra familia, en que mi marido se encontraba lejos y era Navidad… no dudó la directora del centro al que yo acudía, en invitarme con todos mis hijos –pequeños todos- a pasar Nochebuena con ellas. Nos sentimos muy arropados y queridos. Y a pesar de todo la recuerdan como una Navidad muy feliz. En la vida diaria con el trajín de una ciudad grande, a veces habría que detenerse un poco a pensar más en los otros… Pero de cualquier manera el cariño se vive.
-¿Pensás que muchos de los ataques a la Obra derivan de que es una exigencia grande en muchos planos? Porque ahora se huye de todo lo que sea un compromiso para toda la vida, como un hijo, un matrimonio… Y por lo tanto las exigencias de la Obra son una amenaza a todo esa comodidad, a ese hedonismo.
-La exigencia es real pero posible. Es más fácil para muchos adoptar un camino cómodo, menos comprometido.
-¿Qué medios nuevos utilizás con estas familias tan atacadas y convulsionadas?
– Por ejemplo hacer reuniones con nietos mayores de edad, y dejarlos hablar  y hablarles. Pensá que en la época de los primeros cristianos, el ambiente era mucho peor, y sin embargo salieron adelante y de que forma.
-Pensás, alguna vez, entre los avatares de la vida, dolorosos y alegres, la bendición que es ser  del Opus Dei?
-Por supuesto, y casi siempre en los dolores. Te ayudan a ver la cara del dolor que uno no ve, pero está con el apoyo de Dios y de ese tratarlo todos los días de Tú a tu en la oración. Cuando nació Clarita, una de mis últimas nietas, con síndrome de Pena-Schokier… Me animaron a que le pidiera este milagro a Montse Grasés. Aunque  se lo encomendamos con mucha fuerza, no se dio el milagro. Clarita murió hace dos años y está en el Cielo. Fue una bendición para mí ser de la Obra.
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Quiero agregar que le agradezco a Dios inmensamente el que me haya dado la vocación. Fue como tirarme a una pileta de natación sin saber si había agua. Y esa es la gracia que viene aparejada con la vocación.

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