Encontré la fe y mi vocación por esos caminos de Dios

Hace unos días, llamé por teléfono a Luciana. No la conocía personalmente, pero me dio su número una de sus amigas, porque podría resultar interesante entrevistarla para mi blog.

Fui hasta su casa, me abrió la puerta con una sonrisa “de oreja a oreja”.

-¿Te puedo hacer algunas preguntas?

-Sí, por supuesto. Me gustaría mucho que a otros les ayudara mi experiencia con Dios.

-¿Cómo comienza tu “andadura”

-Comienza el la chica sin fe, de diez y siete años, y que pensaba que algo existía pero sin saber hasta que punto podía haber un Dios. Esto fue por el año 2003. Hace cuatro años. En segundo año de mi carrera universitaria vino a estudiar a mi facultad una chica del Opus Dei que congenió conmigo bastante. Me invitó a hacer voluntariado en el pueblito de Santo Tomé-Corrientes- en las vacaciones de verano.

Y en una de nuestras conversaciones salió que yo no estaba bautizada y que tampoco tenía fe.
Mi amiga me propuso asistir a clases de Catecismo-antes de viajar- para conocer la fe católica y accedí, aunque sólo fuera por cultura. Las clases eran los sábados a la mañana en un centro para jóvenes de la Obra. Poco a poco, fui conociendo las verdades de fe, aprendí a rezar el rosario y la estampa de san Josemaría… Rezaba pidiéndole que Dios me diera la fe y me fui formando. Un día entré en el oratorio y mi amiga me explicó que Dios estaba en el sagrario. Lo primero que hizo fue enseñarme a hacer la genuflexión, entonces, me dijo que, además del gesto, había que acompañarla de algo más y me sugirió que podía decir: “Señor, creo firmemente que estás aquí”. Y así lo hice, creyendo firmemente que estaba en el Sagrario. Dios me dio la fe que le pedía porque empecé a creer aquello que le decía, a hacer oración. 
El siguiente paso, era decirles a mis padres que quería bautizarme. Se los dije y me contestaron que no, que esperara a cumplir los 18 años. En noviembre de ese año los cumplí y pedí a mis padres como regalo de cumpleaños mi bautismo, y sin tener fe ni entender nada, me vieron tan convencida y contenta que me acompañaron en mi decisión.

El 8 de diciembre, me bautizó el Párroco, recibí la Primera Comunión y me confirmé junto con otras seis personas más en el Día de La Inmaculada. Mi familia no asistió a la ceremonia pero estuve muy arropada por las chicas del centro.
Antes de bautizarme ya había empezado a trabajar en la administración de otro centro de la Obra. Me daban mi sueldo, porque era un trabajo profesional Como se hace siempre en el Opus Dei me enseñaron a trabajar ofreciendo a Dios mi labor diaria… Y poco a poco mi trabajo me fue gustando cada día más. Antes de bautizarme, fui cooperadora no católica. Cooperaba con mi oración y privándome de ciertos detalles, por ejemplo en vez de tomarme un colectivo… hacía el trayecto a pié e iba juntando las monedas.

Dios me fue mostrando mi vocación y le dije a mi amiga que deseaba ser del Opus Dei. No me la hicieron fácil. Lo fui charlando con mi amiga que es numeraria y con el sacerdote con el que me confesaba. En el 2005 ya era supernumeraria. En el día de hoy no me cambió por nadie, me apasiona mi trabajo y, por supuesto, mi vocación. 
Ahora rezo por mi familia y por mis compañeras de facultad que no creen… para que encuentren la fe y entiendan un poco la Obra. 
Como verán, no hubo lugar a hacerle preguntas porque Luciana me contó todo de un tirón y muy entusiasmada. Al final, me dijo:- ¿Servirá a otros? Que maravilla sería poder compartir mi experiencia.  Ya lo estaba haciendo.

Encontré la fe y mi vocación por esos caminos de Dios
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