Encontré a Dios en mi propio colectivo

Testimonio de Pedro, chofer del colectivo de la línea 60, en Buenos Aires desde hace más de diez años y padre de seis hijos.

“Hace ocho o nueve años, noté que a la misma hora subía a mi colectivo, un cura con sotana, es decir: vestido de sacerdote. Lo observé durante varios viajes, vi que rezaba el Rosario… pero por sobretodo me llamó la atención que cada vez que pasábamos por delante de dos iglesias que están en mi recorrido se santiguaba y movía sus labios. Como siempre le tocaba viajar conmigo, no mucho después de conocerlo y como estaba parado al lado de mi asiento, le pregunté:

-Perdóneme padre, pero me gustaría saber que dice por lo bajo cuando se santigua y pasamos por delante de una iglesia”.

Me contestó:-”Solamente le digo al Señor que está dentro del Sagrario, que lo quiero mucho, que lo acompaño, que no basta solo con hacer la señal de la Cruz, también  de alguna forma quiero decirle que lo quiero”

-“¿Y qué podría hacer yo para decirle lo mismo… sin soltar las manos del volante para no armar tremendo desastre chocando contra otro?”

-Y eso se lo puede preguntar UD a Él. ¿No le parece?

Lo cierto es que lo pensé y se lo pregunté al mismo Dios muchas veces, cuando rezaba antes de dormir con mis hijos, que era lo único que hacía por Él por aquellos años. Cuando encontré al sacerdote a la semana, le dije muy contento:

-“Padre: ¿No es una falta de respeto si cada vez que pase por una iglesia le toque a Dios tres bocinazos bien fuertes, para decirle que lo quiero?

.”¡No! Y bien contento estará Él de que le expreses tu cariño”. Cada uno debe encontrar a Dios en su trabajo, y quererlo así.”

De allí en más nos hicimos amigos. Y no solo el cura y yo, Dios y yo. Lo invité a comer a mi casita, ¡al cura! Porque a Dios ya lo tenía viviendo dentro entre nosotros. Me habló del Opus Dei, de la santificación en el trabajo de cada día, de que para querelo a Dios había que conocerlo… Y tantas cosas más. Ahora vamos todos juntos en familia los domingos, y cuando yo puedo algún día de semana. Pero lo que más agradezco al Opus Dei-después de los bocinazos, que sigo haciéndolos- es tener dirección espiritual y formación. Quiero decir, poder ir a un sacerdote o a un laico, como uno, que me ayuda en las cosas de la vida. Es algo fantástico tener una persona, en quien confiar, que desde fuera te pueda dar consejos y decirte cosas que te ayudan a pensar. Para mí ha sido muy útil como esposo y padre… Y colectivero. ¡Porque fue un cura el que me enseñó a saber que en mi colectivo encontré a Dios!

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