Encíclica Spe Salvi resumida

1º resumen

 

La Esperanza: el tesoro de los que sufren

 

Estamos salvados en esperanza. Esta es la certeza que sostiene la vida de quienes tienen fe en que son amados por Cristo, con un amor que los hace responsables de la vida del mundo y los convierte en testigos del consuelo de Dios para cuantos sufren. Esta es la evidencia de la fe, una experiencia que tenían los primeros cristianos y que hemos perdido gran parte de los creyentes de hoy a base de “acostumbrarnos” a conocer esta “información”, sin que transforme nuestra vida. Benedicto XVI ha querido ponernos delante este anuncio con la encíclica “Spe Salvi”. Una verdadera luz en las tinieblas que vive la cultura de nuestro tiempo y un fuerte impulso para reavivar la fe mortecina de no pocos creyentes.

 

El papa hace un diagnóstico acertado de la crisis de esperanza con que termina la modernidad: la ciencia y su aplicación técnica, que prometía un futuro mejor con su esperanza ciega en el progreso, y la libertad y la razón, que con la Revolución Francesa o el Marxismo prometieron un mundo de justicia, han mostrado que sus enormes posibilidades tienen unos límites  claros para fundamentar una verdadera esperanza. El progreso científico acumula recursos que sirven de poco si no se ponen al servicio de un proyecto moral; es más, la historia reciente ha mostrado que pueden servir fácilmente a la barbarie. El mundo sin Dios y las estructuras sociales más justas que prometieron las revoluciones, se han topado con los limites de la misma libertad en cada intento de hacer en la tierra “el reino del hombre” como un paraíso-. De hecho cada generación de hombre es responsable de su vida; y la libertad del hombre, siempre abierta, puede llevar al fracaso los mejores proyectos trazados por la razón.

 

Entre los creyentes Benedicto XVI ve un grave problema para acoger y vivir la esperanza anunciada en el Nuevo Testamento: el individualismo que piensa sólo en la salvación de loa propia alma o en la satisfacción personal que instrumentaliza incluso la oración.

 

Frente a unos y otros el papa pone delante la vida de los mártires, desde Josefina Bakhita a mons. Van Thuan. Son preciosamente los que sufren quienes mejor experimentan en sus vidas la realidad del amor de Cristo, que se ha hecho compasivo del dolor humano e el consuelo a cuantos padecen por la culpa, la injusticia o el dolor físico o psicológico.

 

 Este Amor no es una sensación subjetiva (Lutero) sino una certeza (Tomás de Aquino) que se nos entrega en el Bautismo: la certeza de la vida eterna, como plenitud del amor, la libertad y la gracia; la única respuesta plena al deseo que late en el corazón de todo hombre. Un tesoro que vale más que todos los bienes de la tierra y que se adquiere a base de perder y entregarlo todo como San Francisco de Asís y tantos cristianos pobres, desde la primera generación.

 

Este Amor de Cristo  hace brotar la esperanza para trabajar sin descanso por un mundo de justicia y se manifiesta de modo privilegiado en el sufrimiento, lo mismo que en la oración que busque desprender al hombre de sí mismo y de sus propias justificaciones. Es un amor que vive la certeza de un Juicio final en el que seremos purificados para que la verdad, el amor y la libertad sean plenos en nosotros.

 

Recuperar la esperanza cristiana, la experiencia creyente de los testigos de la Iglesia primitiva en toda su frescura, esto es hoy una realidad y no una utopía, en la Iglesia pobre y perseguida que preside Benedicto XVI. Una Iglesia del año de 2007 en la que vuelve a ser verdad esta frase de la encíclica: “gran parte de los primeros cristianos pertenecía a las clases sociales bajas, y, precisamente por eso, estaba preparada para la experiencia de la nueva esperanza”.

 

 

 

 

2º pistas de lectura.

Para la leer la Spe Salvi de Benedicto XVI

Ideas fundamentales

José Ramón Peláez

 

Qué es la esperanza cristiana

 

          La esperanza cristiana es la certeza del Amor de Dios y nace de la fe en un Dios personal que nos ama incondicionalmente. (1-4) Una certeza que se recibe como don en el Bautismo (10).

          Esta certeza del Amor es un tesoro que vale más que todos los bienes y sustenta realmente la vida del creyente. Se trata de la convicción realista de poseer ese Amor (7-9) y consiste en la plenitud del amor a Dios y los hermanos (10-12, 37-40).

          Son los pobres y los mártires quienes mejor dan testimonio de ella: Josefina Bakhita (3, 5), mons. Fco. Javier Van Thûan (32, 34), Pablo Leo-Bao.Thin (37) y la Virgen María (49-50); por su renuncia voluntaria al propio yo (27) y a sustentarse en los bienes materiales (8-9), y por su entrega a los que sufren (38-40).

          La esperanza cristiana responde a las aspiraciones máximas del corazón humano (amor, libertad, alegría,…) que se sintetizan en el deseo de la felicidad, (11, 15) que llega a plenitud en la vida eterna (10, 47) a la que nos guía Cristo (6).

 

 

 

Una falsa piedad impide vivir la esperanza

 

           Reducir la fe a “información” que no transforma nuestra vida nos hace perder la riqueza de la esperanza cristiana (2).

          Los estudios más serios sobre la Biblia demuestran hoy que una visión de la esperanza como una sensación subjetiva (como pretendía Lutero) no se fundamenta en el Nuevo Testamento. (7)

          La idea de la vida eterna como salvación individual de ‘mi’ alma ha tergiversado la esperanza cristiana que es siempre comunitaria, nadie se salva solo (13-14, 47-48).

          El individualismo que busca apartarse del mundo y una paz interior sin padecimientos como fin NO ES el camino de la esperanza cristiana (28-29, 37)

 

 

 

La confusión de la esperanza

con las ideologías modernas

 

Jesús no trae una experiencia de liberación política como Espartaco o  los guerrilleros judíos como Barrabás. (4) En el mismo sentido que ellos la modernidad ha intentado establecer “el reino del hombre” como un paraíso sobre la tierra (17,  20):

a)      La ciencia se ha convertido desde el siglo XVI en promesa de salvación sobre la tierra, aunque su uso para la barbarie ha hecho caer este sueño. (16-18)

b)      La razón y la libertad quisieron hacer una comunidad humana perfecta con las Revoluciones Francesa y Rusa; pero sus mismos defensores, como Kant o Lenin, reconocieron que eran incapaces de hacer un hombre nuevo, (19-21) y sus proyectos de nueva sociedad dejan sin esperanza al hombre individual (30).

 

Estos intentos demuestras que siempre queda pendiente un reto moral: la libertad del hombre debe responder en cada generación de sus propios actos, ni los medios técnicos ni unas estructuras más justas libran al hombre del reto de su propia libertad. (22-26)

Filósofos como Adorno o Horkheimer niegan a Dios y también que se pueda encontrar un sustituto inmanente, ya que este debería asegurar una respuesta a la injusticia del mundo y no la puede dar (42). Sólo Dios puede crear justicia por eso un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza (44). Así pues, el mundo de hoy comparte la decepción de que ya no hay ‘nada’ que esperar que tenia la cultura romana en que se anunció por primera vez el Evangelio, por eso hay que volver a anunciarle la esperanza que sustenta en el Amor. (2, 5-6).

 

 

 

Lugares donde aprender y ejercer la esperanza

 

La esperanza cristiana nace del anuncio de que somos salvados por el don del  Amor de Dios y podemos establecer una relación viva y personal con Él (26-27, 31); este amor nos lleva a perdernos en el amor a los demás y a dar la vida por amor a la verdad y la justicia, no nos saca de nuestra responsabilidad sino que nos hace responsables de hacer un mundo mejor para todos (28-29, 33-34).

Hay tres lugares privilegiados para aprender y ejercer esta esperanza:

a)      La oración que se dirige a Dios cuando ya no puede hablar con nadie, y busca liberarse de las justificaciones individualistas haciendo propia la plegaria de toda la Iglesia que nos hace más compasivos con los demás (32-34).

b)      El actuar y el sufrimiento. Actuar y trabajar por los otros y la justicia, pese a encontrar oposición y al fracaso, es la esperanza en acto (35); se manifiesta en la aceptación del propio sufrimiento (36), y en la compasión que lleva a remediar el dolor ajeno. Aquí se experimenta la compasión y el consuelo de Cristo solidario de cuantos sufren y la mayor grandeza del hombre: hacer frente a la adversidad y compadecer el dolor de otros (6b, 37-40)

c)      El Juicio que nos espera no es algo terrible sino la promesa de que triunfa la justicia de Dios, de que su Misericordia manifiesta la verdad que nos juzga como responsables de nuestras obras, al tiempo de que nos purifica de todo mal llevándonos a la plenitud de la felicidad y de la comunión de amor que deseamos. Dios es la esperanza del mundo porque existe la resurrección y su imagen se da en el inocente que sufre porque su imagen es Cristo crucificado. (41-48).

 


Gracias por la información.

 

Antonio.

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Una idea sobre “Encíclica Spe Salvi resumida

  1. muy buen resumen y gracias por compartirlo, aunque muchos no comenten varios de mi clase de teologia lo hemos seleccionado para ayudarnos a entender mejor la enciclica del Papa…. bendicones a todos.

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